Viernes, 20 de abril de 2018

La audiencia general de esta mañana ha tenido lugar  a las 9:30 horas en la Plaza de San Pedro  donde el Santo Padre Francisco ha encontrado grupos de peregrinos y fieles de Italia y de todo el mundo. (ZENIT  18 abril 2018)

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Continuamos, en este tiempo de Pascua, la catequesis sobre el Bautismo. El significado del bautismo resalta claramente en su celebración, por lo que nuestra atención se dirige a ella. Si examinamos los gestos y las palabras de la liturgia, nos daremos cuenta de la gracia y del compromiso de este sacramento, que siempre debemos redescubrir. Lo recordamos en la aspersión con agua bendita que se puede hacer los domingos al comienzo de la Misa, así como en la renovación de las promesas bautismales durante la Vigilia Pascual. De hecho, lo que sucede en la celebración del bautismo despierta una dinámica espiritual que atraviesa toda la vida de los bautizados; es el comienzo de un proceso que permite vivir unidos a Cristo en la Iglesia. Por lo tanto, regresar a la fuente de la vida cristiana nos lleva a comprender mejor el don recibido en el día de nuestro Bautismo y a renovar el compromiso de responder a él en la condición en que nos encontramos hoy. Renovar el compromiso, comprender mejor este don, que es el bautismo, y recordar el día de nuestro bautismo. El miércoles pasado puse esos deberes para casa y para cada uno de nosotros: Recordar el día del bautismo, el día en que fui bautizado. Sé que algunos de vosotros lo saben, otros, no; aquellos que no lo saben, que lo pregunten a los parientes, a esas personas, padrinos, madrinas… preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?” .Porque el bautismo es un renacimiento y es como un segundo cumpleaños. ¿Entendido? Haced estos deberes, preguntad: “¿Cuál es la fecha de mi bautismo?”.

En primer lugar, en el rito de recibimiento, se pregunta el nombre del candidato, porque el nombre indica la identidad de una persona. Cuando nos presentamos, inmediatamente decimos nuestro nombre: “Yo me llamo así”, para salir del anonimato; el anónimo es el que no tiene nombre. Para salir del anonimato decimos inmediatamente nuestro nombre. Sin nombre, eres un desconocido, sin derechos ni obligaciones. Dios llama a cada uno por su nombre, amándonos individualmente, en la concreción de nuestra historia. El bautismo enciende la vocación personal de vivir como cristianos, que se desarrollará a lo largo de la vida. E implica una respuesta personal y no prestada, con un “copiar y pegar”. De hecho, la vida cristiana está entrelazada con una serie de llamadas y respuestas: Dios sigue pronunciando nuestro nombre a lo largo de los años, haciendo resonar de mil maneras su llamada a conformarse a su Hijo Jesús. ¡Así que el nombre es importante! ¡Es muy importante! Los padres piensan en el nombre que quieren  dar a sus hijos ya  antes de que nazcan: esto también forma parte de la espera de un niño que, con su propio nombre, tendrá una identidad original, también para la vida cristiana vinculada a Dios.

Por supuesto, convertirse en cristiano es un don que viene de lo alto  (véase Jn 3: 3-8). La fe no se puede comprar, pero puede pedirse y  puede recibirse como un don. “Señor, regálame el don de la fe”, es una oración hermosa. ¡Que yo tenga fe!, es una oración hermosa. Se puede pedir como don, pero no se puede comprar. Efectivamente,”el Bautismo es, en primer lugar, el sacramento de la fe con que los hombres, iluminados por la gracia del Espíritu Santo, responden al Evangelio de Cristo. “(Rito del Bautismo de los Niños, Introducción Gen., n. ° 3). La formación de los catecúmenos y la preparación de los padres tienden a suscitar y a despertar una fe sincera en respuesta al Evangelio, así como la escucha de la Palabra de Dios en la misma celebración del bautismo.

Si los catecúmenos adultos manifiestan en persona lo que quieren recibir como don de la Iglesia, los hijos son presentados por sus padres, con los padrinos. El diálogo con ellos les permite expresar la voluntad de que los niños reciban el Bautismo y a la Iglesia la intención de celebrarlo. “Expresión de todo esto es la señal de la cruz, que el celebrante y sus padres trazan en la frente de los niños” (Rito del Bautismo de los Niños, Introd., N. ° 16). “La señal de la cruz expresa el sello de Cristo sobre el que está a punto de pertenecerle y significa la gracia de la redención que Cristo ha adquirido para nosotros a través de su cruz” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1235). En la ceremonia, hacemos a los niños la señal de la cruz Pero me gustaría volver a un tema del que ya os he hablado. ¿Nuestros niños saben cómo hacer bien la señal de la cruz? uchas veces he visto niños que no saben hacer la señal de la cruz. Y tú, padre, madre, abuelos, abuelas, padrinos, madrinas, debéis enseñar a hacer bien la señal de la cruz porque es repetir lo que se hizo en el Bautismo. ¿Lo habéis entendido? Enseñad a los niños a hacer bien la señal de la cruz. Si lo aprenden de niños, lo harán bien más tarde, cuando crezcan.

La cruz es la insignia que muestra quiénes somos: nuestro hablar, pensar, mirar, trabajar está bajo la señal de la cruz, es decir, bajo el signo del amor de Jesús hasta el final. Los niños son signados en la frente.  A los catecúmenos adultos también se les signan los sentidos, con estas palabras: ” Recibid la señal de la cruz, para que oigáis la voz del Señor”;en los ojos para que veáis la claridad de Dios”, “en la boca, para que respondáis a la palabra de Dios”; “en el pecho para que Cristo habite por la fe en vuestros corazones”, en la espalda para que llevéis el suave yugo de Cristo” (Rito de iniciación cristiana de adultos, n. ° 85). Nos convertimos en cristianos en la medida en que la cruz se imprime en nosotros como una marca de “Pascua” (véase Apocalipsis 14: 1, 22: 4), haciendo visible, incluso exteriormente, la manera cristiana de enfrentar la vida. Hacer la señal de la cruz cuando nos despertamos, antes de las comidas, antes de un peligro, para defendernos del mal, la noche antes de dormir significa decirnos a nosotros mismos y a los demás a quién pertenecemos, quién queremos ser. Por eso es tan importante enseñar a los niños a hacer bien la señal de la cruz. Y, como hacemos cuando entramos en la iglesia, podemos hacerlo también en casa, teniendo un poco de agua bendita –algunas familias lo hacen- en un jarrón pequeño: así que, cada vez que entramos o salimos, haciendo la señal de la cruz con esa agua recordamos que estamos bautizados. Repito, no lo olvidéis, enseñar a los niños a hacer la señal de la cruz.

© Librería Editorial Vaticano

 


Publicado por verdenaranja @ 14:11  | Habla el Papa
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