S?bado, 19 de septiembre de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Péresz Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 25º del T. Ordinario A           

            A primera vista, nos da la impresión de que aquellos jornaleros que protestaban, tenían razón. No parece justo que el dueño de la viña trate por igual a todos los  obreros: a los que han trabajado de sol a sol y a los que han llegado al caer de la tarde. Por eso es fundamental la aclaración del amo: “amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete”.

     Me parece que esta parábola es fundamental para entender el corazón de Dios, el Padre del Cielo, que Jesús nos manifiesta con sus palabras y  sus obras. Ya en la primera lectura se nos advierte: “Como el Cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes”.

     Con frecuencia hago alusión a las enseñanzas de San Juan Pablo II, sobre la necesidad de introducir el perdón y la misericordia en la vida de la sociedad y de la Iglesia (Dives in M, 12). Y es que somos todos débiles y frágiles, y, de hecho fallamos muchas veces. Y este domingo nos damos cuenta de que esa ha sido siempre la forma de actuar de Dios, que, ahora en Jesucristo, alcanzará su punto culminante.

     Él les brindaba a todos la oportunidad de trabajar en su Viña, aunque fuera ya tarde. Y así llega la hora de Zaqueo (Lc 19,1-10) la de la pecadora de la casa de Simón, el fariseo, (Lc 7,36-50), la de la samaritana (Jn 4,5-42) y la de tantos otros; hasta que llega la hora del buen ladrón, ya bien atardecido, al que le dice desde la Cruz: “Te lo aseguro: Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43).

     Nosotros hemos tenido la inmensa fortuna de haber encontrado en el camino de nuestra existencia, a un Dios que es así. San Pablo nos dejará bien claro que la gracia de la justificación “no se debe a vosotros sino que es un don de Dios, ni se debe a las  obras, para que nadie pueda presumir” (Ef 2,8-9).

     Además la paga del Amo de la Viña es siempre desproporcionada a nuestros méritos. ¿No nos promete el Señor el ciento por uno y la vida eterna? (Mt 19,29). Sobre esta parábola, hay un himno en la Liturgia de las Horas en el que le decimos al Señor: “Al romper el día, nos apalabraste, cuidamos tu viña del alba a la tarde; ahora que nos pagas, nos lo das de balde, que a jornal de gloria no hay trabajo grande". (Vísp. Lun. I)

     Después de haber reflexionado en estos pasados domingos sobre algunas enseñanzas de Jesucristo acerca de la vida en comunidad, qué importante es que, a la luz de esta parábola preciosa, nuestro corazón se parezca al corazón de Dios,  para que sepamos acoger, con un inmenso cariño y comprensión, a los que llegan tarde a trabajar en la Viña; para que nunca caigamos en la tentación de “recordarle” a éste o a aquella que, en su día, llegaron tarde; para que tengamos la convicción firme de que el Amo está dispuesto siempre a acogernos en su Viña, a cualquier hora, incluso, en el atardecer del día, de la vida.

     Y ahora que estamos comenzando un nuevo curso, también en  la comunidad cristiana, me parece que el Señor, como en la parábola,  anda por las calles de nuestros pueblos y ciudades, diciendo a los que encuentra parados: “Id también vosotros a mi Viña y os pagaré lo debido”.  Y cada cual tendrá que responder a esta invitación personal, que nos hace el Señor, a través de mil formas, y descubrir cuál es el puesto de trabajo que nos tiene asignado en su Viña, porque hay mucho que hacer, y no podemos ser de aquellos que se pasan  “el día entero sin trabajar”.

     La Eucaristía del domingo o de cada día es la Mesa de la comunidad cristiana, donde el Amo de la Viña reúne a sus jornaleros, para que sea posible el trabajo que nos encomienda.

 

                                                                                                          ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!            


Publicado por verdenaranja @ 10:54  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 25º DEL T. ORDINARIO A

MONICIONES

  

 

PRIMERA LECTURA

       Dispongámonos ahora a escuchar la Palabra de Dios. Nos enseña el Señor, en esta primera lectura, que su manera de pensar y de actuar es distinta de la nuestra. Nos vamos disponiendo así para escuchar el Evangelio. 

 

SALMO

       Como respuesta a la Palabra del Señor, que hemos escuchado, proclamamos, en el salmo, que Dios es clemente y misericordioso. 

 

SEGUNDA LECTURA

       San Pablo, desde la cárcel, presenta a los filipenses la alternativa propia de todo corazón cristiano: sus deseos de morir para estar con Cristo, y sus deseos de vivir para poder seguir anunciándoles el Evangelio. 

 

TERCERA LECTURA

       El Evangelio nos presenta la parábola, preciosa y desconcertante, al mismo tiempo, de los obreros enviados a la viña.

       Aclamemos al Señor, que nos habla, con el canto del aleluya.      

 

COMUNIÓN

       En la Comunión recibimos a Jesucristo, que nos invita a todos a trabajar en su Viña, y que siempre nos alimenta y fortalece, para que no desfallezcamos en nuestra tarea.


Publicado por verdenaranja @ 10:51  | Liturgia
 | Enviar
S?bado, 12 de septiembre de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo veinticuatro del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 24º del T. Ordinario A

 

A Pedro le costaba perdonar como a nosotros y sabía que los rabinos enseñaban que hay obligación de perdonar hasta cuatro veces, y es  posible que pensara que si él le proponía al Señor perdonar hasta siete veces, llegaría a un “entendimiento” con el Maestro, y podría quedarse tranquilo.

       Pero el Señor le responde que no, que hay que perdonar hasta setenta veces siete, es decir, siempre; que al que no perdona, le va a tocar la suerte del empleado de la parábola; y, además, que el perdón es algo que debe ser fácilmente comprensible para uno que ha sido perdonado por Dios muchas veces y de las más diversas cosas, y le enseña la “lógica del perdón”.

       El rey de la Parábola había perdonado a aquel empleado diez mil talentos, una cantidad muy grande, enorme;  equivalía a sesenta millones de denarios. Y un denario era lo que ganaba un obrero  trabajando un día, de sol a sol. El compañero le debía al empleado cien denarios; era una cantidad un tanto respetable, porque hacían falta cien días de trabajo para ganarlos. Pero ¿qué era eso comparado con los sesenta millones de denarios?

       De este modo el Señor presenta el hecho de no perdonar al hermano, como algo completamente absurdo;  es lo que le dice el rey al empleado: “¡Siervo malvado! Toda aquella cantidad te la perdoné porque me lo pediste ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero como yo tuve compasión de ti?”  

       Y concluye la Parábola diciendo: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre del Cielo si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.

       ¡No basta, pues, con perdonar. Hay que perdonar de corazón!

       El perdón no puede ser algo “estratégico”, algo que tengo  que  hacer si quiero conseguir el perdón de Dios. No; no es así, porque no se trata de hacer “un simulacro” de perdón. El Señor dice que hay que perdonar “de corazón”.

       Además, ¡el perdón es un bien! para el que lo que recibe, que se siente liberado de la ofensa, y también para el que perdona, porque se siente liberado en su corazón. Hay personas que dicen que tienen que perdonar, porque si no “se les crea como un tumor en el corazón”.

       Pero, en la actualidad, esta Parábola está en crisis, porque la mayoría de la gente dice que no tiene pecados. Por tanto, es gente que no se siente perdonada, que no se siente en deuda con el Señor. ¡Es terrible e incomprensible, pero es así!

       En un primer momento, da la impresión de que la Parábola no vale para ellos.  En efecto, si yo no he sido perdonado, no me vale la argumentación de la Parábola. Lo más que podríamos decir es que Dios estaría dispuesto a perdonarnos todo y siempre; y, por tanto, de algún modo, quedaríamos dentro de su espíritu.

       Pero, además, el Papa San Juan Pablo II nos enseñó que la justicia no basta, por sí sola, para regular la vida social. Que hace falta introducir la misericordia y el perdón, como formas más perfectas de justicia. (Dives in M. 12).

       Por poco que reflexionemos, comprendemos enseguida lo importante que es la misericordia  y el perdón en la convivencia de los seres humanos, que  estamos llenos de faltas y limitaciones,  y que, incluso, no siempre hacemos lo que realmente queremos. (Rom 7, 15-25).

       En las enseñanzas sobre la vida de la comunidad cristiana, que escuchamos estos domingos, es lógico, por tanto, que Mateo haya querido introducir estas enseñanzas del Señor sobre el perdón, como una exigencia necesaria para la buena marcha de la comunidad cristiana. ¡Sin perdón y sin misericordia, fracasa toda institución humana!

       ¿Quién no descubre aquí la necesidad de una luz y de una fuerza superiores, para poder realizar todo esto, para poder vivir así?

                                                                                                      ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:37  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 24º DEL TIEMPO ORDINARIO A  

MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

            En la primera lectura, la Palabra de Dios nos enseña lo inútil y absurdo que es tratar de obtener el perdón de Dios, si no perdonamos primero a los hermanos. Escuchemos con atención. 

 

SALMO

            Con las palabras del salmo cantemos ahora a nuestro Dios que nos ama y nos perdona siempre. 

 

SEGUNDA LECTURA

Escuchemos ahora la segunda lectura. Es el último fragmento de la Carta a los Romanos, que hemos venido escuchando hace ya muchos domingos. Es una invitación a vivir toda nuestra existencia, unidos a Jesucristo. 

 

TERCERA LECTURA  

Acojamos ahora las palabras de Jesucristo que nos hablan de la necesidad de perdonar siempre, de perdonar como el Padre del Cielo nos perdona. 

 

COMUNIÓN

            Al acercarnos a recibir al Señor no podemos olvidar que “se trata de una doble comunión: con Cristo y entre nosotros.

            Comulgar es unirnos íntimamente a Jesucristo y a todos los hermanos, que están unidos a Él por la fe y el Bautismo. Por tanto, acercarnos a comulgar exige estar en comunión con todos.

            Pidámosle que nos dé un corazón semejante al suyo.


Publicado por verdenaranja @ 11:34  | Liturgia
 | Enviar
Viernes, 04 de septiembre de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 23º del T. Ordinario A

 

       A primera vista, puede sorprendernos el mensaje de la Palabra de Dios de este domingo: "Si tu hermano peca contra ti,  repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano".

       Estamos en una época de mucho individualismo, que hace que, incluso, en la vida cristiana, se pretenda, a veces, ir por libre, sin ninguna relación con los demás. Esto hace también que mucha  gente se sienta autónoma en su vida moral, inaccesible a una pequeña corrección u observación. Y si ésta se produce, no es raro que se reaccione desde un espíritu orgulloso y herido. Y en la vida de cada día, qué difícil se hace hoy hacer una corrección. Eso se le permite sólo al jefe porque es el que paga y el que puede echarnos del trabajo.

     Sin embargo, la vida cristiana no es así. Es vida de familia, de comunidad, una vida de hermanos, que se ayudan mutuamente a seguir a Jesucristo, a amar a los demás y a avanzar por el camino de  la perfección cristiana, de la santidad. Por eso, quedan lejos del espíritu cristiano expresiones como éstas: “No te metas en mi vida”. “¿Y quién eres tú para llamarme la atención?” “¿Por qué no te metes en tus cosas?”.

     Este domingo comienzan en el Evangelio de Mateo unas enseñanzas del Señor sobre la vida de la comunidad. Vamos a escucharlas durante algunos domingos.

     El amor es la señal que nos dejó el Señor de nuestra condición de cristianos (Jn 13, 35); y “amar es cumplir la ley entera”, nos dice hoy S. Pablo en la segunda lectura. Por lo tanto, hemos de preocuparnos de los hermanos que tienen necesidad por cualquier motivo: material o espiritual. Este domingo se nos invita a reflexionar sobre las necesidad espirituales, y se nos habla de un tema muy clásico en las páginas del Evangelio, de la corrección fraterna. Un cristiano no puede permanecer insensible e inactivo ante la situación de un hermano, que vaya equivocado de camino; o que, incluso, pueda perderse para siempre. Y, como el amor tiene que impregnarlo todo en la vida del cristiano, el Evangelio nos enseña a practicar la corrección fraterna con delicadeza, con amor, de modo que “pueda ganarse al hermano”. A veces, preferimos echar en cara a un hermano sus defectos en un momento de enfado, que hacer el ejercicio de corrección fraterna con delicadeza, humildad y amor, como nos dice el Evangelio de hoy.

     Y esa obligación puede ser grave, como nos enseña el Señor en la primera lectura: “Si yo digo al malvado: malvado, eres reo de muerte, pero tú no hablas, para advertir al malvado  que cambie de conducta, él es un malvado y morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre. Pero si tú adviertes al malvado que cambie de conducta, y no lo hace, él morirá por su culpa, pero  tú has salvado la vida”.

     Ese espíritu responsable y fraterno es el  que debe vivirse en la comunidad cristiana; Jesús, el Señor, nos enseña, incluso, lo que debemos hacer cuando el hermano no acepta la corrección.

     Y cada uno de nosotros necesita también de la ayuda de los demás para corregirse de sus faltas y permanecer y avanzar en la vida cristiana. Necesitamos también nosotros la corrección fraterna; más todavía, hemos de preguntarnos con frecuencia: ¿Qué piensan de mí los demás?: mis familiares  y amigos; las personas que tienen más relación conmigo? ¡Este es un buen espejo para mirarnos con frecuencia! Y en la medida que la corrección responda a lo que Dios quiere de nosotros, el objeto de la corrección fraterna puede expresar su voluntad y hemos de recibirla con gratitud, con alegría y con un amor, que corresponde al amor con que el que está hecha.

     El salmo responsorial de este domingo es una síntesis de todo: “Ojalá escuchéis hoy su voz: “No endurezcáis vuestro corazón”.                                    

                                                                                                   ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:48  | Liturgia
 | Enviar

DOMINGO 23º DEL TIEMPO ORDINARIO A

MONICIONES 

 

   PRIMERA LECTURA

                Tanto la primera lectura como el Evangelio de hoy, constituyen una llamada a sentirnos responsables de nuestros hermanos, también en su conducta, en su forma de vivir y de proceder. Somos miembros de una misma familia, participamos en un mismo combate, debemos alentarnos y corregirnos mutuamente. 

 

SALMO

                Sintamos, con el salmo, la invitación del Señor a escuchar su voz, también cuando llegue hasta nosotros a través de cualquier hermano, que quiera ayudarnos. 

 

SEGUNDA LECTURA

                "Amar es cumplir la ley entera", nos dirá S. Pablo en la segunda lectura. Escuchemos con atención. 

 

TERCERA LECTURA

                Este domingo el Evangelio comienza a presentarnos una serie de recomen-daciones del Señor, acerca de la vida de la comunidad cristiana.

                Pero antes de escucharlo, aclamemos al Señor con el canto del aleluya. 

 

COMUNIÓN

                                Recibir a Jesucristo en la Comunión, exige de cada uno de nosotros, una preocupación efectiva por la vida de nuestros hermanos y un esfuerzo por ser constructores de comunidades verdaderamente cristianas. Y el Señor nos brinda el alimento y la fuerza de su Cuerpo y de su Sangre para conseguirlo


Publicado por verdenaranja @ 11:44  | Liturgia
 | Enviar
Mi?rcoles, 02 de septiembre de 2020

Comentario del Evangelio del domingo, 6 de septiembre de 2020, Domingo XXIII del Tiempo Ordinario, escrito por el padre Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. (ZENIT)

DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Ciclo A

Textos: Jr 33, 7-9; Rm 13, 8-10; Mt 18, 15-20

Idea principal: La corrección fraterna, no como fiscal o espía, sino como hermano que ama, pues sólo quien ama tiene derecho a corregir.

Resumen del mensaje: Hoy Dios nos invita a la corrección fraterna. Somos vigías y centinelas (primera lectura) que debemos avisar si se acerca algún peligro para nuestra salvación y la salvación de nuestros hermanos, pues Dios nos pedirá cuenta de nuestro hermano. Cristo en el discurso comunitario presentado por Mateo nos da las pautas para esta corrección: primero en particular y en privado; después con ayuda de otro hermano como testigo para que el corregido se dé cuenta que la cosa es seria e importante; y si tampoco el corregido hace caso, hay que decirlo a la comunidad eclesial para decirle que ese hermano no quiere pertenecer a la comunidad. Esta corrección fraterna tiene que estar motivada por el amor (segunda lectura), síntesis de toda la ley, y con humildad.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, la corrección fraterna parece una de las constantes de la pedagogía de Dios ya en el Antiguo Testamento. ¡Cuántas veces tuvo Moisés que corregir, en nombre de Dios, a ese pueblo de dura cerviz, y los mismos profetas! Dios “golpea” para que aprendamos (cf. Jr 2, 30; 5, 3; Ez 6, 9), o para purificarnos (cf. Is 1, 24), o para expiar nuestras culpas (cf. Mi 7, 9). ¡Feliz el hombre a quien corrige Dios! (cf. Job 5, 17). Dios al que ama, reprende (cf. Deut 8, 5; Prov 3, 11). El mismo Dios pide corregir al prójimo (cf. Lev 19, 17).

En segundo lugar, la corrección fraterna la ejercitó Jesús con sus apóstoles, con los jefes religiosos y políticos de su tiempo, y con la turba. Jesús corrige a sus discípulos sus miras raquíticas, horizontalistas, demasiado humanas y ambiciosas. Jesús corrige la hipocresía de los jefes religiosos, y por querer manipular a Dios. Jesús corrige los desmanes, injusticias y abusos y corrupción de los jefes políticos y les dice que la autoridad es servicio y no dominio. Jesús corrige de la turba su inconstancia, sus caprichos, sus intereses egoístas; muchos le siguen para arrancar curaciones y pan, sin las debidas disposiciones de fe y confianza en Él. Jesús corrige porque ama y porque quiere la salvación de todos.

Finalmente, también nosotros deberíamos poner en práctica esta corrección fraterna. Amar al prójimo no es siempre sinónimo de callar o dejarle que siga por malos caminos, si en conciencia estamos convencidos de que es este el caso. Amar al hermano no sólo es acogerle o ayudarle en su necesidad o tolerar sus faltas; también, a veces, es saberle decir una palabra de amonestación y corrección para que no empeore en alguno de sus caminos. Al que corre peligro de extraviarse, o ya se ha extraviado, no se le puede dejar solo. Si tu hermano peca, no dejes de amarle: ayúdale. Corrección fraterna, primero en nuestra familia, corrigiendo al esposo o esposa, a los hijos, puntos objetivos que tienen que superar. Después, entre nuestros amigos, si nos consta que caminan por malos caminos. Más tarde, en nuestros trabajos, si vemos que hay corrupción, malversación de fondos o engaños. El obispo o el párroco deben ejercer su guía pastoral en la diócesis o parroquia, respectivamente. Y lógicamente también en nuestros grupos y comunidades eclesiales y parroquiales, para que no nos corroan la envidia, la murmuración y las ambiciones. “Cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puede ser tentado” (Gal 6, 1).

Para reflexionar: abramos hoy las siete cartas del ángel a las siete iglesias del Apocalipsis, en las que, con las alabanzas y ánimos, se mezclan también palabras muy expresivas de corrección y acusación de parte de Dios. En la regla de san Benito se dice: “El abad se preocupará con toda solicitud de los hermanos culpables, porque no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Por tanto, como un médico perspicaz, recurrirá a todos los medios; como quien aplica cataplasmas, esto es, enviándole monjes ancianos y prudentes, quienes como a escondidas consuelen al hermano vacilante y le muevan a una humilde satisfacción, animándole para que la excesiva tristeza no le haga naufragar, sino que, como dice también el apóstol, la caridad se intensifique y oren todos por él” (n. 27).

Para rezarSeñor, corrígeme con cariño y ternura. Señor, que sepa corregir a mis hermanos con recta intención y por amor. Señor, doy permiso a mis hermanos para que me corrijan lo que en mí vean torcido y no acorde a tu evangelio. Amén.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected] 


Publicado por verdenaranja @ 11:32  | Espiritualidad
 | Enviar
Viernes, 28 de agosto de 2020

Reflexión al evangelio del domingo veintidos del Tiempo Ordinario A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 22º del T. Ordinario A

 

¡Pensar como los hombres! ¡Pensar como Dios!

La diferencia es muy grande, a veces, radical, total.

En el Evangelio de este domingo, contemplamos como Jesucristo le dice a Pedro: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios”.

¡Son, tal vez, las palabras más duras y más graves que salen de los labios del Señor!

¡Qué diferencia tan grande con lo que escuchábamos el domingo pasado!:  “Bienaventurado tú, Simón…” Eso te lo ha revelado “mi Padre que está en el Cielo…” Y también: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…”

¿Qué ha pasado?

Está claro. ¡Jesucristo alaba y felicita a Pedro cuando piensa como Dios, y le corrige duramente cuando su pensamiento se desvía, y piensa como los hombres!

¿Pero quién podría aceptar ni siquiera imaginar en todo Israel que el Mesías tuviera que padecer? Ellos pensaban en un Mesías vencedor, un Mesías Rey… Si él era el libertador que tenía que venir, ¿cómo iba a terminar humillado, vencido, y, sobre todo, condenado en una cruz? ¡Ellos no entendían nada! Por eso, Jesús tendrá que llevar enseguida a los tres predilectos a una montaña alta, para transfigurarse y enseñarles “que, de acuerdo con la Ley y los Profetas (Moisés y Elías), la Pasión no el término de todo, no es el fracaso absoluto, sino el camino de la Resurrección”. ¡Y este acontecimiento dejará en sus corazones una huella muy profunda! (1 Pe 1, 16-18).

Las palabras de Pedro hacen que Jesús se sienta tentado: “me haces tropezar…” También a Él le gusta más el otro camino, pero reacciona con energía como siempre que se pone en cuestión la voluntad del Padre.

Algo parecido le sucede al profeta Jeremías (1ª lect.). Tampoco a él le gusta la manera de ser profeta que le ha tocado, y piensa, en un primer momento, como los hombres, y decide dejarlo todo. ¡Pero no puede!, la Palabra de Dios no se lo permite, no le deja tranquilo… Y tiene que pensar como Dios, y seguir adelante.

¡Y lo mismo nos puede pasar a nosotros muchas veces!

La cuestión que se nos plantea a todos este domingo, es, pues, muy clara: ¿Tú piensas como los hombres o piensas como Dios?

Y pensar como Dios supone para cada uno negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Jesucristo. ¡Es lo que nos dice a continuación el Evangelio de hoy!

Entonces, ¿qué hacer?

S. Pablo, en la segunda lectura, nos da la respuesta: “Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. Y eso exige conversión, abrirse a la conversión. Nos explican que la “metanoia”, la conversión bíblica, supone, en primer lugar, un cambio de mente, de manera de pensar y, después, un cambio de conducta. ¡Y eso no se consigue solamente con el esfuerzo humano, sino que es, además, don de Dios! Por eso, La Sagrada Escritura nos enseña a decir: “Conviértenos, Señor y nos convertiremos a ti” (Lam 5, 21).

El trato con Dios, la meditación de su Palabra, la participación en la Eucaristía, el testimonio de los santos, la recepción frecuente del Sacramento de la Penitencia y la práctica de la dirección o acompañamiento espiritual, irán transformando nuestra mente y nuestro corazón  hasta llegar a “pensar como Dios”; hasta que podamos decir como S. Pablo: “Y nosotros tenemos la mente (la forma de pensar) de Cristo”. (1 Co, 2, 16).

                                                                                                 ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 13:20  | Espiritualidad
 | Enviar

  DOMINGO 22º DEL  T.  ORDINARIO A

  MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

                El profeta Jeremías se encuentra en una situación angustiosa. Abrumado por las dificultades, que lleva consigo su misión,  se siente tentado a dejarlo todo. Veamos cómo reacciona ante estas dificultades.

 

SEGUNDA LECTURA

                El Apóstol S. Pablo nos invita a presentarnos a Dios como una ofrenda agradable, y a no ajustarnos a este mundo. Escuchemos. 

 

TERCERA LECTURA

                En el Evangelio, escucharemos unas palabras muy duras, que el Señor dirige a Pedro, y la invitación que nos hace a todos a seguirle por el camino de la cruz.

                Pero antes de escuchar el Evangelio, aclamemos al Señor con el canto del aleluya. 

COMUNIÓN

                En la Comunión recibimos a Cristo, que, a pesar de su condición divina, conoció la tentación y soportó la cruz. Que Él nos ayude a seguir sus pasos. 


Publicado por verdenaranja @ 13:08  | Liturgia
 | Enviar

“¿El mundo vs Dios?” es la reflexión del Evangelio del próximo 30 de agosto de 2020, Domingo XXII del Tiempo Ordinario, escrita por monseñor Enrique Díaz Díaz. En esta ocasión, el prelado se refiere a la contraposición entre los valores de Dios frente a los valores del mundo y sobre la importancia y el sentido de “tomar la cruz”. AGOSTO 27, 2020 (ZENIT)

“¿El mundo vs Dios?”

Jeremías 20, 7-9: “Soy objeto de burla por anunciar la palabra del Señor”

Salmo 62: “Señor, mi alma tiene sed de ti”.

Romanos 12, 1-12: “No se dejen transformar por los criterios de este mundo”

San Mateo 16, 21-27: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo”

 ¿Dios vs. el mundo?

 Hay en las lecturas de este día una especie de contraposición entre los valores de Dios, los valores de Jesús, frente a los valores del mundo. La gran reprimenda que se lleva Pedro al recomendar a Jesús que no asuma la cruz, la muerte y la resurrección, se basa en “tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres”. San Pablo también exhorta a los Romanos para que “no se dejen transformar por los criterios de este mundo, sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto”. Y Jeremías exclama entre gritos de dolor y desesperación que se ha dejado seducir por el Señor y que proclama un mensaje que no aceptan los hombres. Se muestran sorprendidos, pues, los hombres de Dios, Pedro, Jeremías y Pablo, porque la forma de actuar de Dios se aleja del mundo de ilusiones y de ambiciones de los hombres. Una de las características de Jesús es este estilo de vida que trastoca los planes del mundo, que actúa desde lo pequeño y que construye desde lo despreciable.

 Sin entender la cruz

Pedro había encontrado la alabanza al confesar que Jesús era el Mesías, y se muestra orgulloso y seguro al proclamarlo como Hijo de Dios vivo. Y tiene toda la verdad, pero nunca se imagina que el camino del Mesías será a través de un enfrentamiento a muerte con los poderes de este mundo hasta verse excluido, marginado y condenado. El camino de Jesús no es el camino de los éxitos y los triunfos, del poder y de la fama. El camino de Jesús es el camino de la verdad, del servicio, del encuentro. A muchos de nosotros nos encanta vitorear a Jesús, pero, al igual que a Pedro, nos cuesta entender que la tarea de Jesús y su proyecto de salvación se tengan que realizar mediante el sufrimiento, la exclusión, el fracaso y la muerte. Igual que a Jeremías, nos fascina y nos seduce la misión de Jesús, pero después, cuando encontramos las consecuencias, tenemos miedo, nos angustiamos y quisiéramos volver a los criterios del mundo pues anunciar la palabra del Señor nos convierte en objeto de burlas.

En el centro de la cruz

Algunos han querido dar un significado de “tomar la cruz”, como una aceptación masoquista del sufrimiento y la miseria, o una actitud conformista ante la pobreza y la injusticia. No es éste el sentido que le da Jesús. Jesús no ama ni busca arbitrariamente el sufrimiento ni para Él ni para los demás, como si éste encerrara algo especialmente grato a Dios. Una de las características de su misión fue precisamente aliviar el sufrimiento, buscar la verdadera justicia, saciar el hambre y sanar los dolores. Simbólicamente la cruz de Jesús manifiesta la plenitud de las relaciones del hombre: relación con Dios expresada en la parte superior; encarnada en la naturaleza y en el cosmos como lo manifiesta la parte inferior; y abierta y comprometida con todos los hombres como lo indican sus brazos. En el centro encontramos el cruce de los caminos de Dios y del hombre hecho carne en Jesús mismo. No es pues ninguna negación del universo, ni una vida de angelismo; no agrada a Dios el sufrimiento y la pobreza, sino el verdadero equilibrio en las relaciones interiores y exteriores de cada persona. Cuando se asumen los criterios que el mundo nos propone como la ambición, el egoísmo, la fuerza, el placer, acaba destruyéndose el hombre a sí mismo, a la naturaleza y a sus hermanos. En el centro de la cruz encuentra el hombre su propia realización.

 ¿De qué le sirve al hombre?

Cristo viene a darnos la verdadera dimensión de cada persona que no está limitada ni encuadrada en las barreras que le ponen los intereses mundanos del utilitarismo, del comercio y triunfalismo. La propuesta de Jesús es construir un mundo de hermanos, un mundo de dignidad, un mundo que se reconozca amado por Dios Padre. Y por querer construir este mundo, Jesús se encontró con el sufrimiento y el rechazo. Sus discípulos asumirán también esas cruces que nacen del seguimiento fiel a Cristo. Es posible ese otro mundo, pero para lograrlo hay sufrimientos, rechazos, conflictos y cruces que el cristiano ha de asumir siempre, pero sólo así será posible una vida plena. Parecerían contradictorias las palabras de Jesús: “¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida?”  Pero es la realidad, cuando rechazamos vivir la dinámica de la cruz todo se vuelve en nuestra contra. Al haber roto con Dios, la vida pierde el sentido y vagamos sin rumbo; al haber destrozado la naturaleza, nos sentimos agredidos y como extraños en nuestro propio mundo; y al haber roto con los hermanos nos perdemos en nuestra soledad y egoísmo. Perdemos el centro y el equilibrio de nosotros mismos. ¿De qué ha servido nuestro esfuerzo si nos encontramos en la peor de las infelicidades? El hombre sólo puede ser feliz cuando se encuentra en armonía con Dios, con la naturaleza y con los hermanos. Parecería una pesada cruz, pero es una cruz que da vida y más si lo hacemos al estilo de Jesús: por amor, con amor y en el amor. ¿Cómo cargamos nuestra cruz? También para nosotros son las palabras de Jesús: “Toma tu cruz y sígueme”, entonces encontraremos la verdadera felicidad. Sólo la cruz de Jesús da vida.

Padre lleno de ternura, de quien procede todo lo bueno, inflámanos con tu amor y acércanos más a ti, a fin de que descubriendo la vida que nos trae la cruz de Jesús, la llevemos con alegría y fidelidad para construir su Reino de Amor. Amén


Publicado por verdenaranja @ 13:05  | Espiritualidad
 | Enviar