S?bado, 08 de diciembre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Adviento C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 2º de Adviento C

 

              En nuestro camino haciala Navidad, se presenta este domingo, en medio de nuestra asam-blea,  la figura de Juan, el Bautista. ¡Con qué relieve, con qué veneración,  lo hace el evangelista S. Lucas!

              La Iglesia acoge hoy la voz y la misión del Bautista, porque ella, toda entera,  tiene que prepararse para la Navidad;  y, además, tiene ahora el encargo de preparar al Señor, como hizo Juan, el Bautista,  “un pueblo bien dispuesto” para celebrar la Navidad y para su Venida Gloriosa.

              El Evangelio de este domingo nos dice: “Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados...” Y, además, que se cumple lo anunciado por el profeta Isaías: “Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos… Y todos verán la salvación de Dios”.

               El planteamiento que se nos hace es muy sencillo: Dios quiere que cada cristiano, que todo su pueblo santo, goce de la salvación que nos trae y nos ofrece, cada año, la Navidad. Y cada uno tiene que preguntarse seriamente: ¿Qué es lo que impide, o qué es lo que obstaculiza que llegue a mí, este año, la gracia de la Navidad o que llegue en mayor plenitud?

               Siguiendo el texto, podríamos preguntarnos, en concreto: ¿Cuáles son, en mi vida,  los valles, las deficiencias, que tengo que rellenar? ¿Cuáles, los montes y colinas que tengo que allanar? ¿Qué es lo torcido que tengo que enderezar y lo escabroso que tengo que igualar?

               ¿Quién no ve aquí la necesidad de una labor espiritual, de un esfuerzo, serio y decidido, para conseguirlo? ¿Quién no ve aquí la necesidad del Adviento?

               Y a todo esto se llama en la Iglesia, conversión. El Adviento, lo sabemos, es tiempo de conversión. Y ésta consiste en pasar  del pecado a la gracia, o de la gracia a más gracia, a mejor gracia. En definitiva, a la santidad, a la que nos llama el Señor.

               Precisamente, en la segunda lectura, S. Pablo quiere que los cristianos lleguemos al “Día de Cristo”, su Segunda Venida, “santos e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, a gloria y alabanza de Dios”. ¡Es un reto muy grande el que nos presenta el Apóstol!

               ¿Quién no descubre aquí la necesidad del sacramento de la Penitencia? ¿No debería terminar el Tiempo de Adviento con la recepción, humilde y confiada, de este sacramento?

               La primera lectura es un bello cántico, una invitación a la alegría, que se hace, entonces,  a Jerusalén, y ahora, a la Iglesia, la nueva Jerusalén, al contemplar a sus hijos que vuelven a ella.

               Y es que la preparación y la celebración de la Navidad no es algo sólo de tipo individual, sino también, de tipo comunitario y misionero. Tiene que ser la Navidad de una “Iglesia en salida misionera”, que anuncia a todos  la llegada de la salvación, que no puede dejar a nadie indiferente, que no olvida que tiene que llegar también a las periferias geográficas y existenciales, donde un día nació el Señor, como se nos recuerda este año, en el Plan Pastoral, en la Misión Diocesana.

                Ojalá que lo hagamos así. Entonces, en las fiestas  de Navidad, proclamaremos, gozosos, con el salmo responsorial de este domingo: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres”.                                                                                                              

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR


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DOMINGO 2º DE ADVIENTO C             

MONICIONES

  

PRIMERA LECTURA

        Con un lenguaje, lleno de colorido y poesía, anuncia el profeta que el Señor trazará, por sí mismo, la ruta de su pueblo, que retornará del destierro de Babilonia lleno de alegría y esperanza. Escuchemos con atención.

 

SALMO

        El salmo canta el retorno del pueblo de Israel del destierro de Babilonia. También nosotros, como pueblo liberado por la Sangre de Cristo, podemos unirnos a la alegría de aquel pueblo, y proclamar también la dicha de nuestra propia liberación.

 

SEGUNDA LECTURA

        S. Pablo siente gran aprecio por los cristianos de Filipos, como se expresa en esta Carta. Él ruega por ellos para que se mantengan limpios e irreprochables para el Día de Cristo, la  Venida Gloriosa del Señor que esperamos.

 

TERCERA LECTURA

        S. Lucas nos presenta hoy, con toda solemnidad, la inauguración del ministerio de Juan el Bautista, que viene a preparar el camino del Señor, predicando un bautismo de conversión.

        Pero antes de escuchar el Evangelio cantemos el aleluya.

 

COMUNIÓN

        En la Comunión recibimos el Cuerpo entregado y la Sangre derramada para el perdón de los pecados.

                    Pidámosle al Señor  que nos ayude a preparar en nuestros corazones, el camino del Señor, especialmente, con la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia, que Él ha instituido para el perdón y la santificación de su pueblo.

 

 

 


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Comentario en el 2º Domingo de Adviento por el P. Antonio Rivero. diciembre 04, 2018 (zenit)

Segundo Domingo de Adviento
Ciclo C
Textos: Ba 5, 1-9; Filp 1, 4-6.8-11; Lc 3, 1-6

¿QUÉ ES LA CORONA DE ADVIENTO?

Origen

La Corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica. La corona está formada por una gran variedad de símbolos:

La forma circular

El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.

Las ramas verdes

Verde es el color de esperanza y vida, y Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.

Las cuatro velas

Nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.

Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de Adviento al inicio de la santa misa o al hacer la oración en familia.

Las manzanas rojas que adornan la corona representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo, pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.

El listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.

Los domingos de Adviento la familia o la comunidad se reúne en torno a la corona de Adviento. Luego, se lee la Biblia y alguna meditación. La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.

Y ahora resumamos el mensaje de las lecturas de este segundo domingo de Adviento.

Idea principal: ¡Preparemos el camino! Necesitamos la voz de un nuevo Isaías o de un nuevo Juan que nos recuerde lo que Dios quiere de nosotros en este Adviento: rellenar valles, rebajar montañas, enderezar lo torcido en nuestra vida para caminar y recibir dignamente a Cristo que viene en la Navidad.

Síntesis del mensaje: El domingo pasado Dios nos invitaba en la liturgia a estar despiertos sin dejarnos distraer por las preocupaciones de aquí abajo; ocuparnos, sí, preocuparnos, no. Hoy nuestro buen Dios nos estimula a caminar durante el Adviento al encuentro de Cristo, animosos, quitando de nuestro camino lo que nos estorbaría para llegar a Dios o para que Él se acerque a nosotros (evangelio), sin cara de luto y aflicción porque se acerca nuestra completa liberación (1ª lectura) y llevando una vida irreprochable y santa, dando frutos de caridad (2ª lectura).

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, Juan nos recuerda la gran promesa del Antiguo Testamento: viene alguien importante, el gran libertador de la humanidad, Cristo. ¡Caminemos a su encuentro! En tiempo del profeta Isaías, cuando venía alguien importante con su cortejo, se cortaban malezas, se llenaba la hondonada, se aplanaba un obstáculo, se reparaba un puente o se acomodaba un vado. De ahí se inspira también Juan Bautista: está por llegar alguien que está por encima de todos, alguien a quien él denomina “el que ha de venir”, el esperado por la gente. Hay que trazar un camino en el desierto para que pueda llegar. Tres cosas fundamentales hay que arreglar en ese camino: primero, “todo valle será rellenado”. ¡Cuántos valles de depresión, desaliento y tristeza encontramos en nuestra vida que nos hunden y, por lo mismo, nos impiden llegar a Cristo! Segundo, “toda montaña será rebajada”. ¡Cuántos montañas de orgullo, soberbia y engreimiento también encontramos a la izquierda y derecha de nuestra vida que nos llevan a desterrar a Dios! Y tercero, “lo tortuoso, enderezado”. ¡Cuántos sendas tortuosas nos salen en nuestro caminar hacia Dios: la senda de la mentira, del egoísmo, de la corrupción, de la lujuria, de la violencia, de la moral sin escrúpulos, de la teología de la prosperidad! Esas tres acciones se llevan a cabo en el corazón de cada uno de nosotros.

En segundo lugar, pero ¿qué pasa? El hombre complicó sus caminos con el pecado y se quedó atrapado adentro como en un laberinto. Inspirados en el mito antiguo, necesitamos el “hilo de Ariadna” para salir del laberinto donde se encuentra el Minotauro de tres cabezas –mundo, demonio y carne-, que nos quiere devorar los valores y la dignidad cristiana. Y no sólo salir, sino dar muerte al monstruo que nos incita al pecado, llámese orgullo, pereza, superchería, hipocresía, superficialidad, embriagueces de todo tipo: no sólo de vino o de drogas, sino de la propia belleza, de la propia inteligencia o de uno mismo que es la peor ebriedad. Ariadna le dio a Teseo una espada para matarlo, y así Teseo salió victorioso, incólume y salvo. Cristo nos dio la espada de su Palabra y así nos libra del terrible tributo a que el demonio nos estaba obligando: dar pábulo a nuestras pasiones ya sea del espíritu o de la carne. Y así, matado este Minotauro, podemos caminar expeditos y seguros al encuentro de Cristo, nuestro Salvador.

Finalmente, y, para resumir, ahí está la consigna: “rellenar, rebajar, enderezar los caminos”. Sólo así al final del camino del Adviento, estaremos preparados para recibir a Cristo. Sólo así Cristo se parará al pie de nuestra alma y nos pedirá la llave de nuestro corazón para entrar y comer e intimar con nosotros y volcarnos su gracia, y celebrar la Navidad. Sólo así seremos veredas asequibles para que nuestros hermanos también lleguen a Cristo al final del Adviento, y no pozos o acantilados donde caigan. Sólo así también nosotros, parafraseando el evangelio de hoy, podemos decir: “En el año 2018 del reinado de emperadores, reyes y presidentes del mundo entero, bajo el pontificado del Papa Francisco, vino la Palabra de Dios que el Espíritu Santo nos hizo entender, para que preparemos el camino al Señor Jesús”.

Para reflexionar: ¿Qué sector de mi vida debo enderezar para hacer bien este camino hacia Cristo: mi mente, cerrada a algunas verdades de la fe y moral católica; mi afectividad, que anda desajustada y loca; mi voluntad, floja y sin ganas para cumplir con mis compromisos?

Para rezar: Recemos esa canción:

  1. 1.      Mientras recorres la vida
    tú nunca solo estás;
    contigo por el camino
    Santa María va.

Ven con nosotros al caminar;
Santa María, ven.
Ven con nosotros al caminar;
Santa María, ven.

2. Aunque te digan algunos
que nada puede cambiar,
lucha por un mundo nuevo,
lucha por la verdad.

3. Si por el mundo los hombres
sin conocerse van,
no niegues nunca tu mano
al que contigo está.

4. Aunque parezcan tus pasos
inútil caminar,
tú vas haciendo caminos:
otros los seguirán.

diciembre 04, 2018 13:31Espiritualidad y oración


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Reflexión de josé Antonio Pagola al evangelio del domingo segundo de Adviento C 

ABRIR CAMINOS NUEVOS 

 

Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permiten acoger a Jesús entre nosotros.

Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: «Preparad el camino del Señor». ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarnos solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

En medio del «desierto espiritual» de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una nueva fe, no por vía de «adoctrinamiento» o de «aprendizaje teórico», sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de toda evangelización consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva.

José Antonio Pagola


Domingo 2 Adviento – C (Lucas 3,1-6)

Evangelio del 09 / Dic / 2018

Publicado el 03/ Dic/ 2018

por Coordinador - Mario González Jurado 


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Viernes, 30 de noviembre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo primero de Adviento C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 1º de Adviento C

 

          Cuando llegue la Navidad no faltarán lamentaciones. Muchos cristianos dirán que eso no es la Navidad. Que lo que celebrábamos antiguamente, ¡aquello sí que era Navidad…!

          La respuesta es muy sencilla: Una fiesta que no se prepara, sale mal o no se celebra.

    ¡Y eso es lo que pasa, como veremos, con la Navidad!

         Para prepararnos para esas celebraciones entrañables, comienza hoy el Tiempo de Adviento, que significa venida, llegada, advenimiento.

       Se trata de la venida del Señor a Belén, y sus primeras manifestaciones.

        Pero, si no aprovechamos el Adviento, ¿qué tipo de Navidad vamos a celebrar?

        ¡Aquí está, pues, la clave de todo!

       ¡Muchos cristianos, tal vez, la mayoría, necesitan descubrir el Adviento!

        Y comenzamos nuestra preparación para la Venida del Señor, recordando y celebrando su objetivo final: su Vuelta Gloriosa, su Segunda Venida, para la que tenemos que estar disponiéndonos siempre, como en un permanente adviento, porque Dios Padre no ha querido revelarnos el día y la hora en que vendrá Jesucristo, su Hijo, lleno de gloria, para juzgar a vivos y muertos; y para llevar a plenitud el Misterio de la Redención, dar comienzo a la Humanidad nueva, a la Creación nueva, liberada del mal y de la muerte, transformada y glorificada (Rom 8,20-23).

          Así todas las generaciones cristianas pueden tener la experiencia gozosa de vivir y morir esperándole.

         El Evangelio de este domingo emplea unas palabras, un tanto extrañas, para hablarnos de ese tema. Son los géneros literarios, de los que hablábamos el otro día. Éste es el género apocalíptico.

           S. Lucas, el evangelista que nos guía este año, nos dice: "Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación”. Y nos advierte: "Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y los agobios de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra…”

            La segunda lectura es preciosa: S. Pablo nos exhorta a vivir de tal manera que, cuando  vuelva Jesucristo, el vástago legítimo de David (1ª Lect..), nos presentemos santos e irreprensibles ante Dios nuestro Padre.

            ¡Entremos, pues ya, en el Adviento, con la ayuda de Dios! ¡Es la única forma de poder celebrar, de un modo adecuado y provechoso, la Navidad, el Tiempo de Navidad! Desde el Nacimiento del Señor y sus primeras manifestaciones, hasta su Bautismo, cuando va a comenzar su Vida Pública.

           Por todo ello, ¡es tan grande y maravilloso celebrar, cada año, la Navidad!

 

                                                     ¡BUEN ADVIENTO!  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:00  | Espiritualidad
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DOMINGO 1º DE ADVIENTO C  

MONICIONES

 

ENTRADA

Bienvenidos, hermanos y hermanas. Hoy comienza un nuevo Año Litúrgico. Hoy comienza el Tiempo de Adviento, que nos prepara para la Navidad.

Fijando los ojos en la Segunda Venida del Señor, hagamos hoy un esfuerzo, para ponernos en camino enseguida. Con gratitud, alegría y buenos deseos. La celebración que comenzamos nos ayudará a ello. 

PRIMERA LECTURA

            La esperanza cristiana se apoya en que Dios es fiel a sus promesas.

Escuchemos, en esta lectura, el gran anuncio del cumplimiento de la promesa de la Venida del Mesías, “el vástago legítimo de David”.

 SEGUNDA LECTURA

            S. Pablo nos exhorta a vivir de tal manera, que, cuando vuelva el Señor Jesucristo, podamos presentarnos ante el Padre, santos e irreprensibles.      

 TERCERA LECTURA

            En este año litúrgico que comienza iremos siguiendo al evangelista San Lucas.

            Hoy nos habla el Señor de su venida gloriosa. Sus palabras no son una descripción concreta de cómo será, sino que nos anuncia ese gran acontecimiento, con expresiones propias de un lenguaje característico que se usaba entonces.

            Aclamémosle con el canto del aleluya.

 COMUNIÓN

            En la Comunión recibimos el alimento santo que necesitamos, para comenzar adecuadamente el Tiempo de Adviento, la preparación para la Navidad y para perseverar en la espera del Señor, que viene.

 


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Viernes, 23 de noviembre de 2018

Reflexión a las lecturas del domingo de la solemnidad de Cristo Rey del Universo ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 34ª del T. Ordinario B

 

          Por fin, hemos llegado al término del camino, del Año Litúrgico. El próximo domingo  comenzaremos uno nuevo, por el Adviento.

          Cuando se ha tomado todo este tiempo con seriedad y responsabilidad, se llega al último domingo con alegría, con gratitud y con una cierta señal de alivio.

          La Liturgia centra hoy nuestra atención en Cristo Rey del Universo. De esta forma, en estas fechas en las que recordamos y celebramos su Segunda Venida, como comentábamos el domingo pasado, esta solemnidad nos enseña cuál va a ser el final de la historia humana: La manifestación plena y gloriosa del Reinado de Cristo; Reinado que también es nuestro, como escuchamos en la segunda lectura de hoy: “Aquel que nos amó, nos ha librado de nuestros pecados por su Sangre, nos ha convertido en un Reino, y hecho sacerdotes de Dios, su Padre…”

          La afirmación de Cristo de que es Rey, cuando está ante Pilato detenido, maniatado e imposibilitado, es la prueba más evidente de  que su Reino no es de aquí, de este mundo.

          El Hijo de Dios vino a la tierra, precisamente, a iniciar aquí, el Reino de los cielos; y los que acogían su Palabra, se iban incorporando al Reino. Los que la rechazaban, se  quedaban fuera.

       El prefacio de la Liturgia de hoy habla de “un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”; y coloca el origen de ese Reinado sobre toda la Creación, en la Cruz del Señor. 

          Me parece que lo primero que se nos pide, en esta solemnidad, es una firme y decidida adhesión personal a Jesucristo por la fe, la renovación del Bautismo, y la voluntad de perseverar fieles en su seguimiento, aún en medio de las mayores dificultades, hasta el fin, es decir, hasta su Vuelta Gloriosa, animados por el ejemplo de aquellos, que, en la persecución religiosa de España, entregaron su vida a Jesucristo, al grito de “¡Viva Cristo Rey”.

          Todo esto nos urge también a esforzarnos por extender su Reino, como Jesús nos mandó (Mc 16, 15-17). De este modo, se hará realidad en plenitud, lo que escuchamos en la primera lectura: “Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron”.

           A veces nos da la impresión de que Jesús, el Señor, no reina en distintos lugares, personas, instituciones y situaciones de la vida y de la historia. El  ritmo de crecimiento del Reino nos parece, muchas veces, muy lento. Pero el Reino de Cristo, como decíamos, no es visible, no es de este mundo, y cada uno de nosotros tenemos que entregarnos a su servicio, de acuerdo con nuestra vocación y los dones recibidos, especialmente,  en la circunstancias ordinarias de la vida.

          ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor porque ha querido compartir con nosotros su Reinado y nos concede la gracia de celebrar hoy esta fiesta tan hermosa!

          En medio de las dificultades, que nunca faltan en nuestra condición de peregrinos, le podemos decir este día a Jesucristo, con una inmensa e invencible confianza: “Tú eres el Rey del Universo. Tú eres el Señor de la Historia. Tú eres nuestro Rey. Tú conoces el corazón de cada uno. Tú lo sabes todo. Llévanos a tu Reino eterno. Amén. Aleluya”.                                             

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


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DOMINGO 34º DEL TIEMPO ORDINARIO B

MONICIONES

 

 PRIMERA LECTURA

            El profeta nos anuncia, en una visión misteriosa, cómo el Hijo del Hombre conseguirá una realeza eterna y universal.

Escuchemos con atención y con fe.

 

SEGUNDA LECTURA

            Escuchamos ahora un himno a Cristo glorioso, que, por su Misterio Pascual, ha hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, y un día vendrá lleno de gloria. 

 

  TERCERA LECTURA

            La afirmación de Cristo de que es rey, cuando está detenido e imposibilitado ante Pilato, es la prueba más evidente de que su Reino no es aquí, de este mundo. Pero Él es Rey. Escuchemos con atención y con fe, el Evangelio de este domingo.

          Pero antes, aclamemos al Señor con el canto del aleluya. 

 

COMUNIÓN

          En la Comunión, bajo las sencillas especies de pan y de vino, recibimos a Jesucristo, Rey del Universo. Pidámosle que nos ayude a pertenecer de verdad a su Reino, a trabajar por extenderlo por toda la tierra, comenzando por nosotros mismos,  y que un día, cuando Jesús, el Señor, vuelva en su gloria, contemplemos y participemos de la plena manifestación su Reinado  para siempre; porque su Reino no tendrá fin.


Publicado por verdenaranja @ 17:39  | Liturgia
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Comentario litúrgico de la Solemnidad de Cristo Rey por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. noviembre 20, 2018 (zenit)    

DOMINGO 34

Ciclo B

Textos: Dn 7, 13-14; Ap 1, 5-8; Jn 18, 33-37

Idea principal: La realeza y la verdad de Cristo frente a los demás reinados mundanos.

Síntesis del mensaje: Estamos terminando el año litúrgico. El domingo que viene, con el Adviento, iniciaremos de nuevo ese proceso celebrativo que nos hace participar un año más de la gracia de la salvación aquí y ahora para cada uno de nosotros, si estamos preparados. La fiesta de Cristo Rey del Universo antes se celebraba el último domingo de octubre, desde el año 1925 en que la instituyó el Papa Pío XI. Pero en la reforma litúrgica de Pablo VI, el 1969, se trasladó al último domingo del año cristiano, el domingo 34 del Tiempo Común. Cristo Rey de Universo se enfrenta hoy a las tres grandes políticas de la historia universal: la política imperial de Roma, representada en Pilato; la política teocrática de Israel, representada por los sacerdotes y letrados; y la política soteriológica de Dios, representada en Cristo. ¿Quién ganará? 

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, Jesús y Poncio Pilato, cara a cara. Pilato, prefecto de Judea del año 26 al 36, era un funcionario del Imperio; por tanto, un hombre del “ius romanum” -la ley es la ley-, antimonárquico de nacimiento e imperialista de profesión, que odiaba a los judíos como Roma, como muchos, como nadie. Pilato y Jesús, la república y la monarquía, frente a frente: “¿Tú eres el rey de los judíos?”. ¿Rey como Numa Pompilio, sucesor de Rómulo, o como el David y Salomón de los libros sagrados? Cristo no le esconde la verdad: “Lo soy…pero no como los reyes de aquí abajo”. Pilato quedó desconcertado: Entonces, rey ¿de dónde, de quién? ¿Rey político, quimérico, democrático, militar…? Jesús ante Pilato y ante los jefes políticos, es respetuoso con ellos. Les hace ver cuál es la verdad de su misión, recibida de Arriba. Les pone en su lugar: al César lo que es del César. Intenta abrirles a la verdad de su mensaje. Incluso los excusa, como hizo a Pilato. Pilato no quiso aceptar la verdad, que era el mismo Cristo que tenía delante. Prefirió “su propia verdad”, con componenda y todo, lavándose las manos. Ya sabemos: por política, la razón de la fuerza vence a la fuerza de la razón, la fuerza bruta embrutece entonces a la gente y la gente entonces apuesta por delincuente contra inocente: “¡A éste no; a Barrabás!”. Jesús, rey de los hombres y del universo, porque los creó y son suyos, es la más preclara víctima política de la historia universal.

En segundo lugar, Jesús y los sacerdotes y letrados, cara a cara. Estos querían deshacerse de Cristo. Extraigo algunos párrafos de mi libro sobre Jesucristo: “Algunos de ellos lo consideraron un enemigo y un peligro, porque se arrogaba la autoridad de llevar a plenitud la ley, porque rechazaba ciertas interpretaciones que de ella hacían, porque desenmascaraba el legalismo y la hipocresía en sus relaciones con Dios y con los hombres. Jesús los desnudó y les puso de manifiesto un pecado fundamental: la falta de verdad en sus vidas, de desamor a la verdad, e incluso de odio a la verdad. Ellos no soportaban que Jesús dijera: “Yo soy la Verdad”. Su rechazo de Jesucristo no fue por razones de honestidad. Lo rechazaron por ser precisamente Él, con su modo de vida singular, con su doctrina específica y nueva, con sus enseñanzas particulares nunca oídas antes. Por eso Jesús les dijo: “Yo he venido en nombre de mi Padre y vosotros no me recibís”. La confianza de Cristo en su Padre era como una llamada de atención a su presunción. La verdad de Cristo dolía a su doblez. El desprendimiento de Cristo chocaba con la avaricia farisea. La humildad de Jesús era una lección difícil a su soberbia y orgullo. Muchas cosas de Cristo les molestaban a los fariseos: su seguridad, su virilidad, su amor a los pobres y pecadores, su autoridad, su arrastre, su sencillez, su porte distinguido, su sonrisa serena, el brillo de sus ojos…Muchas cosas eran para los fariseos motivo de fastidio”.Estos sacerdotes y letrados tampoco aceptan la verdad que era y es Jesús. Prefirieron quedarse “con su verdad”, cosida con remiendos de ley y el hilo de su soberbia y vanidad.

Finalmente, Cristo es y debe ser el Rey de mi vida y de mi familia y quiere salvarnos; su “política” es la salvación. ¿Cómo es este Rey? De mi libro sobre Jesucristo, les comparto este párrafo: “No un rey temporal, político, social que subyuga, esclaviza a sus súbditos. Más bien, es un Rey pobre materialmente, pero rico espiritualmente; es un Rey entregado a la Causa encomendada por el Padre; es un Rey humilde, pero consciente de su Realeza. Es un Rey que sirve, sale de palacio para caminar por nuestros caminos polvorientos y ver las necesidades de cada uno de sus súbditos y así poner soluciones. Nuestro Rey sufre nuestras miserias y dolores y los comparte. Es un Rey especial, porque tiene como trono, la cruz; como cetro, la verdad; como ley, el amor y el perdón; como vestidura, la humildad y la pureza; como corona, una de espinas labrada con todos los pecados nuestros. Su Reinado son las naciones, las familias, cada corazón, donde Él quiere reinar, si le dejamos. No quiere que nadie quede fuera de su Imperio de amor y de paz. Este Rey pide súbditos fieles y felices de enarbolar su bandera, de servirle, de transmitir su ley y su mensaje. Estos súbditos fieles no cambian este Rey Jesús ni por el rey de copas, que sería el rey-placer, ni por el rey de oros, el rey-dinero, ni por el rey de bastos o de espada, el rey-violencia. Dicen “Viva Cristo Rey” con los labios y con la vida. No quiere ni súbditos infieles ni cobardes o mediocres, que viven éstos últimos en el ejército de Cristo, pero no luchan, no trabajan, no se esfuerzan, por seguir la ley del mínimo esfuerzo, de la queja continua, del sabotaje y de la mentira”.Miremos a san José Sánchez del Río, un joven cristero de 14 años, procesado y ejecutado por oficiales del gobierno mexicano del masón Plutarco Elías Calles, durante la Guerra Cristera en México. Gritó con toda su fuerza, estando su madre a un lado: “¡Viva Cristo Rey!”, antes que renegar de su fe cristiana.

Para reflexionar: ¿Cristo es rey de mi corazón, de mi mente, de mi voluntad? ¿A cuántos reyes sirvo: al dinero, al poder, al placer?

Para rezar: Recemos con san Ignacio de Loyola: “Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.Todo es tuyo.Dispón de todo según tu voluntad. Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta. Amén”.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]

noviembre 20, 2018 21:43Espiritualidad y oración

 


Publicado por verdenaranja @ 17:37  | Espiritualidad
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Reflexión de josé Antonio pagola al evangelio del domingo de  la solemnidad de Cristo Rey. 

LO DECISIVO 

 

El juicio contra Jesús tuvo lugar probablemente en el palacio en el que residía Pilato cuando acudía a Jerusalén. Allí se encuentran una mañana de abril del año 30 un reo indefenso llamado Jesús y el representante del poderoso sistema imperial de Roma.

El evangelio de Juan relata el diálogo entre ambos. En realidad, más que un interrogatorio parece un discurso de Jesús para esclarecer algunos temas que interesan mucho al evangelista. En un determinado momento, Jesús hace esta solemne proclamación: «Yo para esto nací y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que pertenece a la verdad escucha mi voz».

Esta afirmación recoge un rasgo básico que define la trayectoria profética de Jesús: su voluntad de vivir en la verdad de Dios. Jesús no solo dice la verdad, sino que busca la verdad, y solo la verdad de un Dios que quiere un mundo más humano para todos sus hijos.

Por eso Jesús habla con autoridad, pero sin falsos autoritarismos. Habla con sinceridad, pero sin dogmatismos. No habla como los fanáticos, que tratan de imponer su verdad. Tampoco como los funcionarios, que la defienden por obligación, aunque no crean en ella. No se siente nunca guardián de la verdad, sino testigo.

Jesús no convierte la verdad de Dios en propaganda. No la utiliza en provecho propio, sino en defensa de los pobres. No tolera la mentira o el encubrimiento de las injusticias. No soporta las manipulaciones. Jesús se convierte así en «voz de los sin voz, y voz contra los que tienen demasiada voz» (Jon Sobrino).

Esta voz es más necesaria que nunca en esta sociedad atrapada en una grave crisis económica. La ocultación de la verdad es uno de los más firmes presupuestos de la actuación de los poderes financieros y de la gestación política sometida a sus exigencias. Se nos quiere hacer vivir la crisis en la mentira.

Se hace todo lo posible para ocultar la responsabilidad de los principales causantes de la crisis y se ignora de manera perversa el sufrimiento de las víctimas más débiles e indefensas. Es urgente humanizar la crisis poniendo en el centro de atención la verdad de los que sufren y la atención prioritaria a su situación cada vez más grave.

Es la primera verdad exigible a todos si no queremos ser inhumanos. El primer dato previo a todo. No podemos acostumbrarnos a la exclusión social y la desesperanza en que están cayendo los más débiles. Quienes seguimos a Jesús hemos de escuchar su voz y salir instintivamente en defensa de los últimos. Quien es de la verdad escucha su voz.

José Antonio Pagola

 

Jesucristo, Rey del universo – B (Juan 18,32-37)

Evangelio del 25 / Nov / 2018

Publicado el 19/ Nov/ 2018

por Coordinador - Mario González Jurado


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