Jueves, 21 de julio de 2022

Por gentileza de Sofía Villalba. Association Hozana | Alternante en Webmarketing & Communication 

La gracia de una vida interior

El 6 de agosto, la Iglesia celebra la Transfiguración de Jesús: este episodio de la vida de Cristo -que se narra en los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas- nos ofrece una pequeña visión de Jesús en su Gloria, es decir, ¡una antesala del Cielo!

Recordemos que cuando esto ocurrió, Jesús estaba en oración, al igual que sus discípulos Pedro, Juan y Santiago, quienes pudieron presenciar tan precioso suceso:

“Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz” (Mateo 17:2).

De hecho, la transfiguración es un acontecimiento muy importante para los cristianos, y corresponde al cuarto misterio luminoso en la oración del Santo Rosario. Debido a que cada uno de los misterios del Rosario se asocia a un fruto espiritual, el misterio de la transfiguración se relaciona con el fruto de la gracia de una vida interior.

En pocas palabras, se puede decir que la vida interior se alimenta de la oración y el recogimiento, y nos permite desarrollar esta relación íntima con Dios que proviene de lo más profundo de nuestro ser. Sin embargo, en ocasiones, los ritmos diarios de nuestra sociedad actual, los diferentes estilos de vida y la diversidad de estímulos externos pueden dificultar el desarrollo adecuado de una vida interior.

¡Pero esto no es una excusa para buscar a Dios!... Por ejemplo, el verano, especialmente las vacaciones, pueden ser una buena oportunidad para bajarle un poco al ritmo que llevamos, eliminar ciertos hábitos y apartar un espacio para tener momentos de calidad con Dios. Es cierto que hacerlo puede parecer un poco complejo, al punto que quizá te estés preguntando: ¿cómo puedo regalarme cada día un tiempo de oración adicional durante el verano?

Pues, entonces te proponemos las siguientes ideas:

● ¿Qué tal si tomas unos minutos para leer y meditar en un pasaje de la Biblia?

● ¿Te animas a rezar un Rosario (o una decena del Rosario) durante un paseo diario?

● ¿Por qué no intentas tener un momento de recogimiento en la iglesia más cercana a tu destino de vacaciones?

● O sencillamente, ¿qué tal te parece si sacas unos minutos de tu tiempo, por la mañana o por la noche, para simplemente sentarte en silencio, tomar conciencia de la presencia de Dios en tu vida y escucharlo?

¡Anímate y disfruta la gracia de cultivar una vida interior hoy mismo!

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org -Traducido del francés por Sharael Sánchez


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 Por gentileza de Sofía Villalba. Association Hozana | Alternante en Webmarketing & Communication

 

7 HERMOSAS FRASES DE SANTOS CATÓLICOS SOBRE LA VIRGEN MARÍA 

Durante el mes de agosto, celebramos la Asunción de María, y esta es una bella oportunidad para rezar un poco más a nuestra madre y reina del cielo, pues, como decía Don Bosco: “quien confía en María nunca quedará defraudado”.

A continuación, te invitamos a descubrir 7 hermosas frases de santos católicos sobre la Virgen María, que nos muestran infinidad de motivos para acercarnos a nuestra madre, sabiendo que tiene abundantes gracias para darnos:

● “Con fe, [María] escucha la Palabra de Dios, la acoge, la proclama, la venera, la distribuye a los fieles como pan de vida y, a su luz, escruta los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia” (San Pablo VI).

● “... El silencio de la mente y del corazón: la Virgen María conserva cuidadosamente todas las cosas en su corazón. Este silencio la aproximó tanto al Señor que nunca tuvo que arrepentirse de nada… ” (Madre Teresa de Calcuta).

● “Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre” (San Juan Pablo II).

● “María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno. María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo” (San Agustín).

● “Si Ella te tiene de la mano no te puedes hundir. Bajo su manto nada hay que temer” (SanBernardo de Claraval).

● “La inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien Ella es y someternos por completo a Ella y a su reinado, el cual es todo bondad” (San Maximiliano Kolbe).

● “Me gustaría tener una voz tan fuerte para invitar a los pecadores de todo el mundo a amar Nuestra Señora. Ella es el océano que debemos cruzar para llegar a Jesús” (San Padre Pío).

Y después de haber leído estas frases tan dicientes, ¿qué tal si te animas y elevas una oración a la Virgen María para que derrame sus gracias sobre tu vida? 

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org -Traducido del francés por Sharael Sánchez


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Domingo, 26 de junio de 2022

 Por gentileza de Inés de Noray Association Hozana | Alternante en Webmarketing & Communication 

Orar por los hijos: ¿cómo y por qué hacerlo?

 

¿Alguna vez te has preguntado por qué debemos orar por nuestros hijos? Quizá puede parecer que como padres, ya tenemos suficientes exigencias, e incluso, en algunas ocasiones nos sentimos obligados a hacer ciertas cosas para que nos consideren buenos padres, y poder dar lo mejor a nuestros hijos. Aun así, aunque parezca contradictorio, orar por nuestros hijos no es una tarea que ha sido asignada para cargar más nuestro día a día, sino para hacerlo más llevadero, puesto que, aunque no nos convertirá en padres perfectos, ¡al menos nos permitirá aceptar nuestras falencias con alegría!

A decir verdad, tenemos la dicha de poder contar con un Dios que es Padre de muchos hijos, y no todos hemos alcanzado (¿aún?) la santidad… Entonces, ¿quién mejor que Él para acoger y entender nuestras preocupaciones, alegrías, preguntas, asombro, ira, y todas esas emociones que sentimos como madres y padres? 

En ese orden de ideas, te proponemos:

 Orar para compartir. No nos quedemos solos con las dificultades que experimentamos ante nuestros retos como padres, más bien, acudamos a la oración para expresar, aunque sea en el secreto de nuestro corazón, lo que estamos viviendo y sintiendo. De hecho, confiarnos al Señor, de manera individual o colectiva (por ejemplo con los grupos de oración de madres o de padres), nos permite abrirnos a la gracia divina.

 Orar para delegar. Un proverbio africano dice que “hace falta un pueblo para educar a un niño”, pero nosotros como cristianos somos afortunados, pues tenemos todo el Cielo de nuestro lado para acompañar a nuestros hijos en su diario vivir: ¡dejémonos guiar por el Espíritu Santo, pidamos a la Santísima Virgen que desate los nudos de nuestras vidas, permitamos que San José y los santos patronos de nuestros hijos nos ayuden, y recemos a nuestros ángeles de la guarda para que velen por ellos!

 Orar para recargar las pilas: para poder dar mucho amor, debemos estar llenos de él. No olvidemos que, como padres, es necesario acoger constantemente nuestra posición de hijos de Dios y dejarnos llenar del amor infinito y misericordioso del Padre. ¿Qué tal si nos acercamos a Él y le decimos “Abba, Padre”, cada vez que necesitemos volver a recargar nuestros corazones de padres?

 

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org -Traducido del francés por Sharael Sánchez


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Por gentileza de Inés de Noray Association Hozana | Alternante en Webmarketing & Communication 

 

6 hermosas expresiones de origen bíblico

 

… La manzana de Adán, llorar como una Magdalena, lavarse las manos, cargar con la cruz… Muchas de las expresiones cotidianas que oímos y utilizamos a diario han sido tomadas de la Biblia, es decir, de los relatos o de los personajes bíblicos; incluso, algunas de ellas retoman, casi que al pie de la letra, una parte de algunos versículos de las Escrituras. En otras palabras, sin siquiera darnos cuenta, en nuestro diario vivir podemos estar citando la palabra de Dios más a menudo de lo que pensamos.

Por tal motivo, en esta ocasión queremos presentar 6 hermosas expresiones, de origen bíblico, que pueden ayudarnos a dar un toque sutil de sabiduría de Dios a nuestras conversaciones diarias.

“No hay nada nuevo bajo el sol”: esta expresión proviene del libro del Eclesiastés (también llamado Qohelet) que fue escrito varios siglos antes de Jesucristo: “Lo que fue, eso mismo será; lo que se hizo, eso mismo se hará: ¡no hay nada nuevo bajo el sol!” (Eclesiastés 1:9). De hecho, este pasaje es una invitación a tomar distancia y ¡ver la vida desde otra perspectiva!

“Cada día trae su propio afán”: esta es una expresión preciosa, que nos invita a abandonar nuestras preocupaciones y angustias por el futuro, para vivir el momento presente. Recordemos que, aunque Jesús nos compartió estas palabras en su Sermón del monte hace muchos siglos atrás, ellas siguen siendo vigentes y se pueden aplicar a nuestra realidad actual: “Así que, no se afanen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propio afán. Basta a cada día su propio mal” (Mateo 6:34).

“Nadie es profeta en su tierra”: no nos sintamos mal cuando nos falte la gratitud de nuestros seres queridos, o cuando nuestros allegados rechacen nuestros consejos, más bien pensemos en que ¡Jesús ya nos lo había advertido en su palabra!: “Después agregó: «Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra»” (Lucas 4:24).

“Eres la niña de mis ojos”: esta es una hermosa frase para dirigirse a las personas que queremos y que son de gran estima para nosotros. De hecho, la Biblia describe varias veces esta relación tan cercana de Dios con su pueblo: “Lo halló [su pueblo], en tierra desértica, en medio de la soledad rugiente del desierto. Lo rodeó, lo cuidó, lo guardó como a la niña de sus ojos” (Deuteronomio 32:10).

“Sembrar la cizaña”: esta expresión proviene de la parábola del trigo y la cizaña que Jesús compartió a sus seguidores, y se refiere a la manera como el adversario puede actuar a través de las personas para sembrar la discordia, la contienda y generar desacuerdos en un grupo: “Y les propuso otra parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue»” (Mateo 13:24-25). 

“Quien siembra vientos recoge tempestades”. Esta expresión no solo es muy hermosa, sino también muy poderosa, pues retoma las palabras del profeta Oseas, quien al ver que el pueblo de Israel se alejaba de Dios, les habló diciendo: “Porque siembran vientos, recogerán tempestades” (Oseas 8:7).

¿Qué tal si nos llenamos de la Palabra de Dios para irradiar su luz en nuestras conversaciones cotidianas?

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org -Traducido y adaptado del francés por Sharael Sánchez


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Viernes, 24 de junio de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo trece del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 13º del T. Ordinario C

 

La segunda parte del Evangelio de San Lucas que comenzamos hoy, está estructurada como un camino hacia Jerusalén. El libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito también por San Lucas, se estructura al revés: De Jerusalén, a toda Judea, a Samaría y hasta los confines de la tierra como había dicho el Señor (Hch 1, 8).

Domingo tras domingo, iremos contemplando los “hechos y dichos” de Jesús en medio de este caminar hacia la ciudad santa. ¡Y el seguimiento de Cristo se va planteando en este contexto!

Nosotros no conocemos con exactitud la naturaleza de las exigencias concretas de Cristo que contemplamos en el Evangelio de hoy. Algunos dicen, por ejemplo, que “enterrar al padre” puede significar cuidarle hasta que muera para seguir después al Señor. No lo sabemos.

Pero ¿a qué va Jesucristo a Jerusalén?

San Lucas nos lo indica cuando dice: “Cuando se completaron los días en que iba a ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de caminar a Jerusalén. Y envío mensajeros delante de él”.

Lo cierto es que acaba de anunciarles a los discípulos, por segunda vez, su muerte y resurrección (Lc 9, 44). Por tanto, desde ahora, el camino de Jesús a Jerusalén va en la dirección de su pasión y su gloria que culminará en la Ascensión.

En este contexto, el discípulo tiene que comprender que no puede ser superior al Maestro y es lógico que éste se presente particularmente exigente.

De esta manera, se quiere subrayar que el Reino de Dios está por encima de todo, también de los deberes familiares y personales.

Además estas exigencias están situadas en medio de ese caminar hacia la ciudad santa, y, por tanto, se necesita una respuesta rápida y radical.

Pero usar la fuerza, la violencia y la venganza aunque sean del cielo, como quieren los hijos de Zebedeo, no entra en los planes de Dios. Por eso Jesús les regaña y se marchan a otra aldea.

Según lo que venimos diciendo nosotros tenemos que seguir a Jesucristo con la libertad recta y madura que nos enseña Pablo en la segunda lectura, y en la que nos anima a un seguimiento valiente de Cristo viviendo según el Espíritu y renunciando a los deseos y a las obras de la carne.

En otro contexto se sitúa la lectura del libro de los Reyes, que escuchamos en primer lugar: Elías llama a Eliseo a un seguimiento radical pero le da ocasión de despedirse de su familia y resolver sus asuntos más urgentes antes de seguirle. Se trata de circunstancias distintas a las del Evangelio y con un planteamiento diferente.

A nosotros puede sorprendernos todo esto porque no estamos acostumbrados a poner a Jesucristo y a su Reino en el lugar que le corresponde. Si somos sinceros, cuántas veces lo dejamos para el último lugar: Primero yo, mi familia, mis cosas y mis intereses; después, Cristo y su Reino. ¡Así, muchas veces, pretendemos dar a Dios las sobras como hacemos con el perro de casa!

¡Pero esto es inaceptable; y Jesucristo nos lo recuerda en este texto con mucho vigor!          

También debemos retener aquellas palabras del Señor: “El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios”.

Jesús habla, por tanto, de su seguimiento con toda claridad, para que no haya engaños. Por eso, cuando le dice aquel hombre: “Te seguiré adonde vayas”, Jesús le advierte: “Las zorras tienen madriguera y los pájaros, nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”.

Termino deseándoles todo lo mejor en este largo camino hacia Jerusalén que constituye, este año, la Liturgia de cada domingo en la segunda parte del Tiempo Ordinario.

Ojalá que, a cada paso, podamos ir repitiéndole al Señor la expresión de aquel que le dice: “Te seguiré adonde vayas”.

                                                                                                   ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:44  | Espiritualidad
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Viernes, 17 de junio de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo del Corpus Christi ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Corpus C

 

Desde antiguo, los cristianos acostumbramos a considerar en la Eucaristía tres cosas: Presencia Sacramental de Cristo, Sacrificio Pascual del Señor y Banquete de los cristianos. La Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo que celebramos este domingo, trasladada del jueves, centra nuestra atención en estas tres realidades.

Desde el origen de esta fiesta, se ha querido subrayar, de un modo especial, la presencia de Cristo en la Eucaristía también fuera de la Santa Misa. En la procesión con el Santísimo, tan característica del Corpus, se hacen todos los esfuerzos para conseguirlo.

Esta presencia de Cristo tiene su origen en el “memorial” de la Cena Pascual que se realiza en el altar cada vez que se celebra la Santa Misa. Es lo que escuchamos en la segunda lectura de hoy: “Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva”.

Memorial es un neologismo que se hace necesario para poder expresar, de algún modo, lo que no sucede en ningún otro orden de la naturaleza: Un hecho del pasado, la Cena del Señor, que adelanta allí su muerte y resurrección, y que ahora, en nuestro tiempo, no sólo se recuerda sino que además, se actualiza y se hace presente como si estuviera sucediendo de nuevo.

El sacrificio de pan y del vino que ofrece Melquisedec, y que contemplamos en la primera lectura, prefigura el Sacrificio de Cristo bajo las especies de pan y de vino. Es el Cuerpo “que se entrega”; es la Sangre “que se derrama”. ¡Y se hace necesario siempre avivar nuestra fe ante un misterio tan grande!

Pero nunca podemos olvidar que la Eucaristía es siempre comida y bebida, la más grande, sabrosa y sagrada del pueblo cristiano.

En el Evangelio de hoy contemplamos cómo los discípulos están preocupados por la comida de aquel inmenso gentío y van a decírselo al Señor: “Hace falta que vayan a los lugares cercanos donde puedan encontrarla”.

¡Nosotros, como ellos, constatamos que sin alimento no hay vida. Es imposible.

Y cuando Jesús se decide realizar la multiplicación de los panes y de los peces, pronuncia una bendición que recuerda la de la Última Cena.

Hoy y siempre deben resonar en nuestros corazones las palabras del Señor en aquella noche memorable: “Tomad y comed…” “Tomad y bebed…” ¡Y de esta manera, nos manda celebrar la Santa Misa y hace sacerdotes de la nueva alianza a sus discípulos!

Y ya sabemos que en la solemnidad del Corpus se celebra la Jornada Nacional de Caridad. ¡Es normal que sea así, porque la Eucaristía es signo, fuente y exigencia de amor! Y se nos advierte siempre que, después de la comunión eucarística, tenemos que “demostrar con obras de caridad, piedad y apostolado lo que ha recibido por la fe y el sacramento”.

Con aquel milagro Cristo nos manifiesta que el Reino de Dios no consiste sólo en palabras sino también en pan y en atención material además de la espiritual. De aquí, en la Iglesia, la realidad de Cáritas y otras más. Por eso Él proclama: “Buscad sobre todo el Reino de Dios y su justicia y todo esto se os dará por añadidura”. (Mt 6, 33).

En medio de tantas necesidades de todo tipo que la terrible crisis actual manifiesta y acentúa, los cristianos hemos de considerar también dirigido a nosotros lo que dice Jesucristo a los discípulos en el Evangelio de esta solemnidad: “Dadles vosotros de comer”.

                                                              

                                                                                                  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:21  | Espiritualidad
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Viernes, 10 de junio de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo de la Santísima Trinidad ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de la Stma. Trinidad C

 

¡La Solemnidad de la Santísima Trinidad es una fiesta preciosa! Es como si dijéramos, “la fiesta de Dios”.

Nos acercamos al misterio más grande que Jesús nos ha revelado acerca de Dios. Podríamos decir, en términos humanos, que se nos manifiesta algo, lo fundamental, de lo que es “Dios por dentro”: Que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los textos de la Misa de este domingo nos presentan varias veces a las tres Personas de la Santísima Trinidad, diferentes unas de otras, y, al mismo tiempo, muy integradas en un solo Ser y una misma misión salvadora. Me parece importante el Evangelio que nos presenta al Espíritu Santo, como el que nos guía hasta “la verdad plena”.

Pero aquí no se trata de satisfacer una curiosidad intelectual sino de acercarnos al Misterio que Dios nos ha dado a conocer a lo largo de la historia de la salvación y que recordamos y celebramos a lo largo del año.

Por eso, terminadas las fiestas pascuales, celebramos, con inmensa alegría, el Domingo de la Santísima Trinidad, que centra nuestros ojos en Dios, que nos enseña cómo tenemos que relacionarnos con Él y que nos anima a la adoración, la acción de gracias, la alabanza, la súplica y el culto verdadero y constante.

A primera vista, hablar de la Santísima Trinidad parece que no tiene mucha importancia. Incluso, pudiera parecernos, a primera vista, que entorpece más que aclara el Misterio. Pero, por poco que reflexionemos, cuánto nos dice acerca de Dios.

¡Decir que Dios es Padre es decir mucho de Dios!

Nuestro Dios no es, por tanto, un “ser sin corazón”, que vaga sobre las nubes del cielo, indiferente a cuanto sucede en la tierra; ni es “el dios del palo”, que nos acecha siempre para “castigarnos”, ni “el dios abuelo”, que, por el contrario, todo lo justifica. No. Dios es el verdadero Padre del cielo que es el Creador y Señor del Universo y que, lleno de amor y de ternura, vive siempre velando sobre nosotros.

¡Decir que Dios es Hijo es decir mucho de Dios!

Dios es el Hijo único del Padre engendrado desde toda la eternidad.

Él es la Persona divina que se hace hombre para mostrarnos el verdadero rostro del Padre. Y Él, hombre y Dios, tiene la posibilidad de “pagar nuestra deuda original” y de reconciliar al mundo, náufrago por el pecado, con el Padre; de abrirnos a una vida nueva – la vida divina - que, comenzada en el tiempo, no termina jamás. Él, que es el camino, la verdad y la vida, nos enseña a vivir como verdaderos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres.

¡Esto supone que el hombre no puede salvarse solo! ¡Por sí mismo, puede alejarse de Dios pero no puede volver a Él. Tendrá que venir Dios a salvarle!

¡Decir que Dios es Espíritu Santo es decir mucho de Dios!

Cuando Cristo se va y vuelve al Padre, no nos deja huérfanos, sino que nos envía al Espíritu Santo como “el otro Defensor”, para que esté siempre con nosotros.

¡Él es Espíritu de la verdad, de la fortaleza, del consuelo y de la esperanza!

¡Ya vemos cuánto nos dice, nos enseña, nos grita, incluso, esta Solemnidad!

La Jornada “Pro Orantibus”, es decir, “por los que oran”, que se celebra siempre este día, centra nuestra atención en tantos hombres y mujeres, monjes y monjas, que dedican su vida entera a la oración y al trabajo en los monasterios de clausura que son como unos faros de luz, que nos orientan constantemente a todos hacia el verdadero Dios, uno y trino, hasta que lleguemos a contemplar, cara a cara, la hermosura infinita de su gloria.                              

    ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:52  | Espiritualidad
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Jueves, 09 de junio de 2022

Por gentileza de Inés de Noray Association Hozana | Alternante en Webmarketing & Communication 

Cuatro formas de orar con los Salmos

 

En el libro de los Salmos, la Biblia esconde un hermoso tesoro para todos los cristianos. De hecho, esta colección poética, cuya autoría se atribuye principalmente al rey David, puede ser de gran ayuda para nosotros en diferentes momentos de nuestra vida diaria.

Si bien es cierto que, en ocasiones, podemos pensar que el contexto de algunos salmos parece un poco alejado de nuestra realidad cotidiana, también es cierto que en ellos, el salmista describe algunos sentimientos y emociones que son universales, por ejemplo, la alegría, el asombro, la gratitud, la desesperación, la ira, la duda, el miedo, etc… De este modo, se puede decir que a través de los salmos, Dios nos presta sus palabras, para describir aquello que a veces nos cuesta tanto expresar con las nuestras:

 Algunos versículos bíblicos nos tocan de manera muy especial gracias al lenguaje pictórico y poético que contienen. De hecho, cuando los recordamos y repetimos constantemente, comienzan a hacer parte de nuestras vidas, y esto nos lleva a sentir a Dios de una manera más cercana e íntima.

“Tú creaste mis entrañas, me plasmaste en el seno de mi madre” (Salmo 139:13).

 También podemos meditar en los textos bíblicos mediante la lectio divina, la cual nos ayuda a profundizar en ellos, para comprender mejor cómo y por qué su lectura resuena en nuestro ser de manera tan viva: ¿qué me enseña la Palabra sobre mis propias luchas, mis propias heridas, mis propias preguntas? 

 Además, los salmos forman parte de la liturgia, por lo tanto, la Iglesia nos anima a cantarlos y a alzar nuestras voces para proclamarlos de manera colectiva, ya que permiten expresar fervientemente nuestra oración, especialmente si queremos manifestar nuestra alabanza y acción de gracias al Señor.

 Por último, tengamos presente que, algunos salmos constituyen verdaderas oraciones de sanación y liberación, pues nos ofrecen un camino interior que nos permite recorrer diversas etapas: expresar nuestro sufrimiento, aceptar nuestras limitaciones, reconocer nuestras carencias, y finalmente, abandonarnos totalmente en las manos de Dios con confianza. En otras palabras, los salmos nos permiten abrir nuestros corazones para dejar entrar la paz de Dios en nuestro interior. 

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org

*Texto traducido del Francés por Sharael Sánchez


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Por gentileza de Inés de Noray Association Hozana | Alternante en Webmarketing & Communication

¿Cuándo y cómo invocar al  espíritu Santo?

 

¡Podemos hacerlo cuantas veces lo queramos, por supuesto!

Sin embargo, también es posible adoptar hábitos buenos y saludables para que se convierta en nuestro compañero diario… Es cierto que durante la pandemia, hemos aprendido o recordado un gesto bastante sencillo y sano para nuestros espacios de vida: ventilar y abrir la ventana regularmente. Esto parece obvio, ¿cierto?, pero, ¿acaso tenemos el mismo reflejo saludable cuando se trata de ventilar, purificar y renovar la atmósfera de nuestro corazón?... Valdría la pena reflexionar unos minutos en ello, pues, por si no lo sabías, invocar al Espíritu Santo significa abrir de par en par nuestras ventanas interiores.

A continuación, te invitamos a descubrir estos cuatro consejos para invocar al Espíritu Santo:

 Cada mañana, al levantarnos, así como corremos a abrir la ventana de nuestra habitación para sentir el olor del nuevo día, también podemos apresurarnos a abrir nuestro corazón y recibir al aliento de vida, diciendo: “¡Ven Espíritu Santo, ven a renovarme!”. De hecho, podemos hacer que la invocación vaya al ritmo de nuestra respiración para ofrecernos en cuerpo y alma a su renovación.

 Antes de comenzar una actividad, por ejemplo, una reunión, una conversación, etc. Podemos tomar un minuto para dejar entrar al soplo vivificante, puro y dulce del Espíritu de Dios en nuestras vidas. Dejemos que Él sople sobre nuestro cansancio, nuestras ideas preconcebidas, nuestro estrés... Dejemos que saque todo ese polvo interior que impide la escucha y la creatividad, y digamos: “¡Ven Espíritu Santo, ven a inspirarnos!”

 Cuando debamos tomar una decisión importante o elegir, podemos sacar un tiempo para renovar completamente la atmósfera de nuestro corazón. Dejemos que el Espíritu de Verdad saque todo aquello que nos atormenta, quite lo que nos impide seguir y sane lo que está herido, para que podamos discernir realmente cúal es el camino a seguir, diciendo: “Ven Espíritu Santo, ven a iluminarme”.

 En los momentos difíciles, en las pruebas, acordémonos siempre de dejar la ventana entreabierta, de tal modo que el Consolador pueda venir muy suavemente, a calmarnos, a refrescarnos, a abrazarnos... Dejemos que su caricia divina nos toque en nuestros momentos de tristeza, ira, dolor, y digamos: “Ven Espíritu Santo, ven a consolarme”. 

Escrito por: Alice Ollivier de Hozana.org

*Texto traducido del Francés por Sharael Sánchez


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Viernes, 03 de junio de 2022

Reflexión a las lecturas del domingo de Pentecostés C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo de Pentecostés C

 

¡Por fin, hemos llegado al día de Pentecostés! ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor que nos ha concedido la gracia incomparable de celebrar, un año más, estos cincuenta días de alegría y de fiesta que constituyen el Tiempo de Pascual, y que culminan con esta gran solemnidad!

Hay una pregunta en el antiguo Catecismo que dice: ¿Qué celebramos el Domingo de Pentecostés? Y contesta: “Que Jesucristo ha enviado sobre los apóstoles el Espíritu Santo y que continúa enviándolo sobre nosotros”.

¡Qué importante y luminosa es esta respuesta! Porque no se trata sólo de un acontecimiento del pasado, que de, algún modo, se hace presente en la Liturgia de la Iglesia, sino que, además, se trata de un acontecimiento, que se está realizando siempre en la vida del pueblo de Dios: Jesucristo sigue enviando su Espíritu sobre nosotros, sobre cada uno de nosotros, especialmente, en el sacramento de la Confirmación que es como “nuestro pentecostés”.

Y es lógico que comencemos preguntándonos: ¿Y quién es el Espíritu Santo? Y nos responde el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”.

La primera lectura de hoy nos presenta la Venida del Espíritu del Señor sobre los apóstoles. ¡Qué hermoso y espectacular resulta todo! ¡Cómo los transforma y los capacita para la misión!

Pero los apóstoles no sólo recibieron el Espíritu Santo sino también la misión de darlo a todos los cristianos. ¡Y cuánto interés mostraban en que lo recibieran todos! El libro de los Hechos de los Apóstoles nos presenta algunas ocasiones en que esto sucede.

La segunda lectura nos recuerda que, sin el Espíritu Santo no podemos hacer ni decir nada, ni siquiera lo más elemental: que Jesús es el Señor, el Hijo de Dios.

Y en realidad, ¿qué es un ser humano sin espíritu? Un muerto, un cadáver. Y decimos expiró, es decir, exhaló el espíritu. ¡Sin espíritu, por tanto, no hay vida, no hay nada! Pues eso sucede al que no recibe el Espíritu Santo: Que es un cadáver en el ser y en el hacer cristianos. Por eso, en el sacramento del Bautismo se recibe ya, de un modo inicial, el Espíritu Paráclito, y, en plenitud, en la Confirmación.

El Evangelio de hoy nos presenta cómo Jesús, el mismo día de la Resurrección, al atardecer, infunde en los apóstoles el Espíritu Santo. ¡Jesús Resucitado se convierte en el dador del Espíritu, que es el don, el fruto, más importante de la Pascua!

Lástima que tantos cristianos estén como aquellos de Éfeso, que no sabían ni siquiera que había un Espíritu Santo; pero tuvieron la dicha de que Pablo se los explicara y lo hiciera bajar sobre ellos (Hch 19, 1-7).

Uno de los síntomas del desconcierto actual en la vida cristiana, es la cantidad de jóvenes y adultos que dejan de confirmarse. ¡Y les parece que no tiene importancia, que no pasa nada! Pero el asunto es grave, entre otras cosas porque se trata de uno de los tres sacramentos de Iniciación Cristiana, es decir, de los que hacen o construyen un cristiano. ¡Por eso, el que no se confirma no puede sentirse cristiano del todo! ¡Es como una casa a medio hacer! Ya decía San Pablo: “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo” (Rom 8, 9).

¡Qué importante es, por tanto, que contemos con el Espíritu del Señor! ¡Que lo invoquemos y acojamos con frecuencia en nuestro acontecer cristiano! De modo personal y en grupo como hace la Acción Católica.                    

¡ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:41  | Espiritualidad
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