Viernes, 11 de enero de 2019

Reflexión a las lecturas de la fiesta del Bautismo del Señor ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Fiesta del Bautismo del Señor C

 

Con ocasión del Bautismo de Jesucristo, se produce una gran manifestación de su persona y de su misión. Por eso, este acontecimiento pertenece a la Solemnidad de la Epifanía, como recordábamos el otro día.

El Evangelio de hoy nos dice que “en un bautismo general Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre Él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.

Es, por tanto, una gran manifestación de Jesucristo, e incluso, de la Santísima Trinidad. El himno de Vísperas dice: “Y así Juan, al mismo tiempo, vio a Dios en personas tres, voz y paloma en los cielos y al Verbo eterno a sus pies”.

De este modo, se hace realidad lo que escuchamos en la primera lectura: “Se revelará la gloria del Señor y la verán todos los hombres juntos…” En efecto, en la Navidad se experimenta, de un modo especial, lo que leemos en el Evangelio de S. Juan: “Hemos contemplado su gloria, gloria propia del Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14).

Juan el Bautista nos habla en el Evangelio, de aquel que nos “bautizará con Espíritu Santo y fuego”. Es el fuego que purifica y el agua que, además de purificar, da vida. El prefacio de la Misa dice: “En el Bautismo de Cristo en el Jordán has realizado signos prodigiosos para manifestar el misterio del nuevo Bautismo…” Éste es purificación del pecado y nacimiento de la vida de Dios en nosotros; porque cuando alguien es bautizado, el Espíritu Santo infunde en su interior una participación creada del “Ser de Dios”, de la naturaleza divina, por lo cual nos llamamos y somos hijos de Dios (1 Jn 3, 1). San Pablo dirá que “somos miembros de la familia de Dios” (Ef 2, 19).

Precisamente, los santos Padres resumen todo el Misterio de la Navidad diciendo que “El Hijo de Dios se hizo hombre para hacer al hombre hijo de Dios”. ¡Cuánta grandeza!

Hoy es un día apropiado para reflexionar sobre el Bautismo, para celebrar el Bautismo, para renovar nuestro Bautismo y para tratar de la problemática del Bautismo de niños.

Bautizar a un niño, recién nacido, es algo muy hermoso y muy importante. ¡Recordemos nuestro propio Bautismo! Pero garantizar su educación cristiana, por parte de los padres y padrinos, se hace, a veces, difícil o muy difícil. Y me parece que hemos de proceder como mucha cautela, porque se trata de una vida,  “la vida de Dios en nosotros”.

Se nos exige, por tanto, mantener un equilibrio, muchas veces difícil, entre la grandeza y gratuidad del don de Dios, y la necesidad de que, desde muy pronto, el niño lo descubra y lo viva. ¡Hemos reconocer que muchas veces la realidad del Bautismo queda como sepultada en la vida del niño! ¡Y esa es una realidad  muy grave, qué tendríamos que estudiar y resolver con urgencia!

Y los sacerdotes tenemos en esto una gran responsabilidad, y no hemos de tener miedo, porque hacemos un gran bien, cuando, según las orientaciones de la Iglesia, aplazamos el Bautismo, o empleamos otros medios en orden a garantizar la formación cristiana del niño. ¡Se trata de un problema de conciencia para el sacerdote que bautiza! ¡Y aquí “la pastoral de conjunto” se hace más necesaria que nunca!

Esta Fiesta del Bautismo del Señor es también  muy apropiada, como decíamos antes,  para renovar nuestro propio Bautismo. Si lo hacemos así, revivimos el don de Dios en nosotros, y actualizamos nuestra adhesión a Jesucristo y nuestro deseo de avanzar en su seguimiento. Y de este modo, salimos de la Navidad con los ojos fijos en el Hijo de Dios, que comienza su Vida Pública.                                                         

                                                                                            ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 14:04  | Espiritualidad
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 FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR C

  MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

        Entre los desterrados de Babilonia irrumpe la buena noticia de su liberación, que les llena de confianza y de alegría. En Jesús de Nazaret, hecho uno de nosotros, se revela la gloria de Dios y los hombres contemplan su salvación.

     Escuchemos con atención.

 

SALMO RESPONSORIAL

El salmo es una invitación a cantar las maravillas del Señor en la Creación, en la liberación del destierro, en la llegada del Mesías.

Hagámoslo así en el salmo responsorial. 

 

SEGUNDA LECTURA

                 S. Pablo nos recuerda que con Cristo ha venido la salvación. No es obra humana sino del poder y de la misericordia de Dios. Y hemos de obrar en consecuencia.

Escuchemos. 

 

TERCERA LECTURA

El Evangelio nos presenta el acontecimiento gozoso, que celebramos hoy: Jesús es bautizado por Juan en el Jordán. Él es el autor del nuevo Bautismo, el Bautismo cristiano, que hemos recibido.

Acojamos ahora al Señor con el canto del Aleluya. 

 

COMUNION

                  El Bautismo de Jesucristo prefigura el nuevo Bautismo, que todos nosotros hemos recibido: el Bautismo que nos libera del pecado y nos  da la vida nueva de Cristo Resucitado. De esa vida, la Eucaristía es el alimento más importante, imprescindible, que hace posible que la conservemos y acrecentemo


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Comentario litúrgico en la Fiesta del Bautismo de Jesús  por Mons. Enrique Díaz Díaz: ‘Hijo amado de Dios’. enero 10, 2019 (zenit)

Fiesta del Bautismo de Jesús

Isaías 42, 1-4. 6-7: “Miren a mi siervo en quien tengo mis complacencias”

Salmo 28: “Te alabamos, Señor”

Hechos de los Apóstoles 10, 34-38: “Dios ungió con el Espíritu Santo a Jesús de Nazaret”

San Lucas 3, 15-16. 21-22: “Después del bautismo de Jesús, el cielo se abrió”           


Hijo de Dios

Hace un año, celebrábamos la fiesta del Bautismo del Señor, y resaltábamos la importancia de ser hijos de Dios. Después de casi un mes, se acercó a mi una mujer, de aproximadamente treinta años de edad, y me comentó: “Vengo a darle las gracias. El año pasado estaba yo completamente decepcionada. Las fiestas de Navidad en lugar de llenarme de alegría me sumieron en una profunda depresión y ya había decidido quitarme la vida. No le veía sentido, me sentía inútil, despreciada, sucia, sin valor. No sé por qué vine a la catedral. Usted insistió varias veces que hoy Papá Dios nos repetía a cada uno de nosotros: ‘Tú eres mi hijo amado, mi hija amada’. No sabe cómo penetraron esas palabras en mi corazón y tomé la decisión de enfrentar la vida como viniera puesto que Dios me amaba. Todavía me llegan las depresiones y no supero bien mis crisis, pero recuerdo esas palabras y me ayudan mucho. Gracias” Yo no recuerdo mucho qué dije ese día, ni he sabido qué sucedió después con esta persona, solamente sé que si pensamos seriamente en que somos hijos de Dios y que Él nos ama, nuestra vida tendrá otro sentido.

Manifestación de Jesús

El ciclo de la Navidad se cierra con la celebración del bautismo de Jesús que es una manifestación más de su persona. El nacimiento nos lo muestra como el “Dios-con-Nosotros”, el “Verbo Encarnado”, el “Verdadero Salvador”. La Epifanía nos abría nuevos horizontes con el universalismo de la salvación, es un Dios para todos, que rompe las barreras y hermana a todos los pueblos, “Luz que alumbra a todas las naciones”. El Bautismo de Jesús, como un preludio de su vida apostólica, nos muestra por una parte su vinculación y hermanamiento con todos los hombres que en el Bautismo de Juan buscaban el arrepentimiento y la conversión, pero por otra es la revelación de Jesús como Hijo de Dios y enviado del Espíritu Santo. Así al mismo tiempo que asume el bautismo de Juan, con agua, para la purificación según el uso judaico antiguo, muestra la gran diferencia  con el bautismo según el Espíritu, que transforma el corazón, dando una vida nueva. El Espíritu revela la verdadera identidad de Jesús y marca cuál es su misión en la historia.

Hijo amado de Dios

Aunque ya Juan el Bautista lo proclamaba como “otro más poderoso que yo, a quien no merezco desatarle las correas de sus sandalias”,es la voz del Padre Celestial y la confirmación por la presencia del Espíritu quienes dan la plena manifestación de la persona y de la tarea de Jesús. La declaración: “Tú eres mi Hijo, el predilecto; en ti me complazco”,ratifica la misión que realizará Jesús en la historia de la salvación. Jesús se compromete con entera libertad en la obra de Dios Padre, camina en la construcción de un Reino nuevo, donde los pobres y los olvidados tienen un lugar especial. El sentido del bautismo de Jesús es insertarse en el Proyecto de Dios Padre que quiere que todos tengan vida y la tengan en abundancia. Pero estas palabras y este proyecto no quedan sólo en Jesús, se extienden a todo ser humano que debe reconocerse y reconocer a los hombres y mujeres como “hijos predilectos de Dios”. Si nos miramos con verdaderos hijos de Dios no podemos tener complejos de inferioridad ni arrastrar a cuestas una vida considerada inútil. Si reconocemos que tenemos la dignidad de ser hijos de Dios, ahí radica toda la fuerza y vitalidad del creyente. Pero también nos compromete en el reconocimiento de los demás como verdaderos hijos de Dios con quienes tenemos que construir su sueño y su plan de salvación. Por eso, cuando realmente nos reconocemos como hijos de Dios, son absurdas tantos las tentaciones del desaliento, como las discriminaciones e injusticias en contra de los que participan de la misma filiación divina.

Participación trinitaria

La manifestación de Jesús como una persona de la Santísima Trinidad, tiene también una gran importancia para enseñarnos lo que acontece en el bautismo de cada creyente. Cada bautizado es recibido e invitado a vivir plenamente esta comunión trinitaria. Por eso son absurdos esos bautismos que queriendo hacerlos más solemnes, se hacen privados y especiales, pues rompen la comunidad y el sentido de hermandad que el bautismo nos otorga. El bautismo, siendo un compromiso muy personal, en nuestro caso asumido por los padres y padrinos, se sitúa como el inicio de un camino espiritual pero no puede quedarse en un ámbito interior, sino que implica una responsabilidad para con los demás, un reto de hacer de nuestro mundo, un mundo nuevo: el Reino de Jesús.

Bautizados en Cristo

Muchos miran el bautismo como una especie de iniciación social y casi como un pretexto para una reunión o fiesta familiar. Pero es mucho más, es el inicio de la participación de la vida divina. Otros lo miran como un requisito o un pasaporte a la eternidad, o como si fuera una credencial o un boleto que nos acredita para participar en eventos religiosos, pero el bautismo es más: un regalo de divinidad y un compromiso personal para sumarnos a la propuesta de Jesús. Cada día deberíamos renovar los compromisos bautismales. Bastaría que recordáramos las renuncias a vivir en un mundo de pecado, de egoísmo y de muerte, y asumiéramos los compromisos de creer en  un Dios Padre, de unirnos a su Hijo Jesús y de dejarnos conducir por Dios Espíritu Santo. Tendremos que renovar fuertemente este sentido bautismal tanto los padres y padrinos, como los propios bautizados. Por el Bautismo nos injertamos en el Cuerpo Místico de Jesús y nos hacemos templos del Espíritu Santo, no para vanagloriarnos en falsas dignidades, sino para asumir nuestro especial papel de discípulos y misioneros unidos a la misma misión de Jesús.

¿Qué sentido le hemos dado a nuestro bautismo? ¿Cómo estoy viviendo mi dignidad de Hijo de Dios? ¿Cómo construyo mi comunidad a semejanza del Dios Trino de cuya vida participamos por el bautismo? ¿Cómo respeto mi persona y la de los demás, sabiendo que es templo del Espíritu Santo?

Dios Padre Bueno, que en el bautismo de Jesús nos invitas a participar de tu vida Trinitaria, concédenos que, asumiendo con alegría nuestra dignidad de hijos tuyos, trabajemos en la búsqueda de la verdadera unión, armonía y paz de todos los pueblos. Amén

enero 10, 2019 16:56Espiritualidad y oración


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Viernes, 28 de diciembre de 2018

Reflexión a las lecturas de la fiesta de  la Sagrada Familia C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Fiesta de la Sagrada Familia

 

                 ¡Es un misterio sobre el que nunca reflexionaremos bastante: el Hijo de Dios vive en familia la mayor parte de su vida!  En Navidad  lo contemplamos así a cada paso: En Belén, en el destierro de Egipto y, sobre todo, en Nazaret. Con todo, ¡dedicamos un día de la Navidad a celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia!

                 La Navidad se celebra en familia y conscientes de que pertenecemos a la gran familia de los hijos de Dios, que es la Iglesia.

                 ¡La Jornada de hoy, que promueve la Conferencia Episcopal,  centra nuestra  atención en la Familia y la Vida!

                 A mí me gusta siempre hablar del “secreto del Hogar de Nazaret”:  ¿Por qué en la familia de María y José, a pesar de la pobreza y las dificultades, se encuentra ese ambiente de paz, bienestar, comunión y alegría?

                  ¡Yo no tengo ninguna duda! ¡Por la presencia de Jesucristo allí! Porque Jesús no estaba presente sólo físicamente en aquel bendito Hogar, sino también en el corazón de la Virgen María y de S. José.

                 Me parece que es esta una gran lección para nuestras familias en el ambiente en el que vivimos. Y también para la Iglesia: ¡Jesús en el corazón de todos y de cada uno!

                  Y en la familia cristiana esta presencia viene garantizada por un sacramento. ¡El sacramento del matrimonio! En la introducción que hace el sacerdote al consentimiento matrimonial, dice: “Cristo bendice copiosamente vuestro amor conyugal. Y Él, que os consagró un día con el santo Bautismo, os enriquece hoy y os da fuerza, con un sacramento peculiar, para que os guardéis mutua y perpetua fidelidad y podáis cumplir las demás obligaciones del matrimonio”.

                  Retengamos estas tres palabras:  Bendice, enriquece y da fuerza!  Y si esto es así, ¿qué más se puede pedir?

                   “Nuestra capacidad viene de Dios”, decía S. Pablo (2 Co 3, 5). Y esto lo podemos aplicar al matrimonio. ¡Es la única manera de llegar a ser buenos esposos y buenos padres!

                  Como aprendemos siempre en la Palabra de Dios, ¡el éxito en la vida, y también en el matrimonio, viene de Dios, y Él lo quiere dar a todos! Por eso, dice el salmo: “Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos” (127, 1-2).

                   Recuerdo que este año,  en unas Bodas de Oro en la parroquia, decía que aquel matri- monio no había  llegado a los 50 años, porque habían “tenido suerte” o porque  vida de familia les ha resultado más fácil, sino por estos tres motivos: a) Porque se han casado por la Iglesia y han aprovechado la gracia del sacramento que recibieron. b) Porque ha sido siempre un matrimonio de cristianos practicantes, y c) Porque han acertado a ir construyendo y reconstruyendo su matrimonio cada día, a lo largo de toda la vida.

                   ¡Esto se me quedó grabado y suelo repetirlo algunas veces!

                   Hoy  es un día apropiado para recordar y renovar el “Credo de la Familia y de la Vida”. Recordarlo y renovarlo, especialmente, cuando desciende el número de matrimonios por la Iglesia y nos invade un cierto pesimismo ante la realidad del matrimonio cristiano en el futuro. Y también ¡cuando hay tantas deficiencias y tantas faltas de respeto a la vida!

                    Además, siempre me sorprende constatar cómo el Señor no libera a la Sagrada Familia de ningún problema. ¡Sólo les acompaña y les ayuda! Lo contemplamos en el Evangelio de hoy, cuando se pierde el Niño y sus padres lo andan buscando, angustiados, tres días, hasta que lo encuentran en el templo, escuchando y haciendo preguntas a los maestros de Israel.

                    En esta fiesta preciosa se nos recuerda que ¡La familia es fuente y guardiana de la vida! Que sepamos acogerla y respetarla desde su concepción hasta su término natural.

                                                                                                          

                                                                                                                 ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!                          


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DOMINGO SAGRADA FAMILIA    

MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

En la lectura que ahora escucharemos, la Palabra de Dios recoge la antigua sabiduría popular acerca de la vida de familia. Se trata de un canto y una exhortación a cumplir el cuarto Mandamiento de la Ley de Dios 

SALMO

El salmo nos recuerda que el secreto del éxito y del bienestar en la vida familiar reside en vivir unidos al Señor y cumplir sus mandatos. 

SEGUNDA LECTURA

     Las actitudes de los cristianos, en sus relaciones con los demás, es preciso vivirlas, de una manera especial, en la familia. S. Pablo nos ayuda hoy a concretarlas. 

TERCERA LECTURA

     La protección de Dios Padre se extiende sobre la familia de Jesús, a pesar de que no siempre le libera de las dificultades. Todo se va entretejiendo bajo la Providencia divina y se va cumpliendo lo que habían anunciado los profetas, como subraya S. Mateo.

Pero, antes de escuchar el Evangelio, aclamemos al Señor con el canto del aleluya. 

COMUNIÓN

     En la Comunión recibimos a Jesucristo, el Hijo de María, concebido por obra del Espíritu Santo, y a quien llamaban el hijo del carpintero. Que Él nos ayude a ser en medio de nuestras familias y en medio de la Iglesia, la familia de los hijos de Dios, constructores de paz, concordia, progreso y alegría.

 


Publicado por verdenaranja @ 20:10  | Liturgia
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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo de la Sagrada Familia C

UNA FAMILIA DIFERENTE

 

Entre los católicos se defiende casi instintivamente el valor de la familia, pero no siempre nos detenemos a reflexionar el contenido concreto de un proyecto familiar, entendido y vivido desde el Evangelio. ¿Cómo sería una familia inspirada en Jesús?

La familia, según él, tiene su origen en el misterio del Creador que atrae a la mujer y al varón a ser «una sola carne», compartiendo su vida en una entrega mutua, animada por un amor libre y gratuito. Esto es lo primero y decisivo. Esta experiencia amorosa de los padres puede engendrar una familia sana.

Siguiendo la llamada profunda de su amor, los padres se convierten en fuente de vida nueva. Es su tarea más apasionante. La que puede dar una hondura y un horizonte nuevo a su amor. La que puede consolidar para siempre su obra creadora en el mundo.

Los hijos son un regalo y una responsabilidad. Un reto difícil y una satisfacción incomparable. La actuación de Jesús, defendiendo siempre a los pequeños y abrazando y bendiciendo a los niños, sugiere la actitud básica: cuidar la vida frágil de quienes comienzan la andadura por este mundo. Nadie les podrá ofrecer nada mejor.

Una familia cristiana trata de vivir una experiencia original en medio de la sociedad actual, indiferente y agnóstica: construir su hogar desde Jesús. «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos». Es Jesús quien alienta, sostiene y orienta la vida sana de la familia cristiana.

El hogar se convierte entonces en un espacio privilegiado para vivir las experiencias más básicas de la fe cristiana: la confianza en un Dios Bueno, amigo del ser humano; la atracción por el estilo de vida de Jesús; el descubrimiento del proyecto de Dios, de construir un mundo más digno, justo y amable para todos. La lectura del Evangelio en familia es una experiencia decisiva.

En un hogar donde se le vive a Jesús con fe sencilla, pero con pasión grande, crece una familia acogedora, sensible al sufrimiento de los más necesitados, donde se aprende a compartir y a comprometerse por un mundo más humano. Una familia que no se encierra solo en sus intereses, sino que vive abierta a la familia humana.

Muchos padres viven hoy desbordados por diferentes problemas, y demasiado solos para enfrentarse a su tarea. ¿No podrían recibir una ayuda más concreta y eficaz desde las comunidades cristianas? A muchos padres creyentes les haría mucho bien encontrarse, compartir sus inquietudes y apoyarse mutuamente. No es evangélico exigirles tareas heroicas y desentendernos luego de sus luchas y desvelos.

José Antonio Pagola


Sagrada Familia – C (Lc 2,41-52)

Evangelio del 30 / Dic / 2018

por Coordinador - Mario González Jurado



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Viernes, 21 de diciembre de 2018

Reflexión a las lecturas de ldomingo cuarto de Adviento C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 4º de Adviento C

 

      ¡Estamos a las puertas de la Navidad!

Por el camino del Adviento, hemos sido acompañados por algunos personajes de la Historia Santa, que nos han ayudado en nuestra preparación, y que se convierten en “los iconos” de este Tiempo: Los profetas, particularmente, Isaías, el profeta de la esperanza, Juan el Bautista,  y  la Virgen María, especialmente, en su Concepción Inmaculada.

El cuarto domingo centramos nuestra atención, cada año, en la Maternidad Divina de María.

¡Qué bien celebraríamos la Navidad de la mano de la Virgen María, tratando de hacer nuestros sus pensamientos y sentimientos inefables,  y su modo peculiar de vivir los distintos acontecimientos que celebramos!

El Evangelio de hoy nos presenta la escena magnífica de la  Visitación de María a su prima Isabel: “Por aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías, y saludó a Isabel”.

¡Qué provechoso sería contemplar a la Virgen de camino, llevando a Cristo en su seno! “¡Ah, qué procesión del Corpus la que se inició aquel día!”, dice un himno de Corpus.

¡En ella llegan a su cumplimiento las promesas de la Historia de la Salvación!

¡Ella centra y encierra  los anhelos, las ilusiones y las esperanzas de todos los hombres, sedientos de salvación… de todos los pueblos, de todos los tiempos. ¡Ella es, en efecto, “la Madre del Enmanuel!”, del Dios con nosotros. ¡Porque, por medio de ella, Dios mismo ha acampado entre nosotros!

¡Ella es “la Madre de Jesús”, que significa “Yahvé salva”, porque el Señor viene como Salvador!

En la Montaña, su prima Isabel, llena del Espíritu Santo, proclama la grandeza de la Virgen Madre convertida en “La Mujer”, la nueva Eva, que nos trae al Salvador del mundo, diciéndole: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”

El Espíritu Santo es la clave para entender la sabiduría y las actitudes admirables de Isabel y la santificación de Juan Bautista en su seno.  

¡Y ella, la Mujer sencilla de Nazaret, es también “la Madre del Mesías!” Por eso añade Isabel: “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”

Isabel representa a todo aquel que celebra la Navidad con alegría desbordante, porque está experimentando la salvación que ha llegado: “En cuanto tu saludo llegó a mis oídos la criatura saltó de alegría en mi vientre.”

¡Y representa también a todos los que, en estas fechas, se esfuerzan por llevar a los hermanos la Buena Noticia de la Navidad! Ella, en efecto, proclama en la Montaña , como decía antes, la grandeza de su prima, la Virgen Madre.

Isabel nos presenta a María como el prototipo de aquel que ha recibido el don de la fe y experimenta, en la Navidad, la dicha de creer: “¡Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá!”.

Mis queridos amigos: ¡Llega el Señor! ¡Él es el Rey de la gloria! ¡Dichosos los que están preparados para salir a su encuentro!

                                                           

¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! ¡FELIZ NAVIDAD!


Publicado por verdenaranja @ 20:32  | Espiritualidad
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DOMINGO 4º DE ADVIENTO C 

MONICIONES

 

 

PRIMERA LECTURA

Ocho  siglos antes de que sucediera, el profeta anuncia el lugar del nacimiento de Jesucristo: Belén, donde había nacido el rey David. Él es el  descendiente de David por antonomasia, el Mesías.

          Escuchemos con atención y con fe.

 

SALMO

Unámonos a las palabras del salmo. Ya, cercana la Navidad, pidamos al Señor que venga a restaurarnos y a salvarnos. 

 

SEGUNDA LECTURA

En la lectura que vamos a escuchar, se nos revelan las disposiciones del corazón de Cristo cuando entró en el mundo: “Tú no quieres sacrificios ni ofrendas por los pecados, pero me has preparado un cuerpo. Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad”.   

 

TERCERA LECTURA

Dispongámonos a escuchar ahora el anuncio gozoso del Evangelio, que centra nuestra atención en la mujer elegida para ser la Madre del Señor.

Aclamemos a Jesucristo, que viene de María, la Virgen, con el canto del aleluya. 

 

COMUNIÓN

En la Comunión recibimos a Jesucristo, que un día se hizo hombre en el seno de la Virgen María. Pidámosle, por su intercesión, que nos ayude a celebrar las fiestas que se acercan con auténtico espíritu cristiano.

 

 


Publicado por verdenaranja @ 20:29  | Liturgia
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Comentario litúrgico del IV Domingo de Adviento por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. diciembre 19, 2018 (zenit)

CUARTO DOMINGO DE ADVIENTO

Ciclo C

Textos: Mi 5, 1-4; Heb 10, 5-10; Lc 1, 39-45

Idea principal: La visita de María a su prima Isabel es un gesto de caridad y misericordia.

Síntesis del mensaje: Hoy tenemos el ejemplo de caridad misericordiosa de María. Ain Karim es el lugar de la misericordia de María para con su prima Isabel, embarazada, que necesitaba los cuidados y la ternura de María. El mayor holocausto agradable a Dios es la caridad misericordiosa para con nuestro hermano. Resuena todavía en nuestro corazón el año de la misericordia, convocado por el papa Francisco en el año 2016.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, el viaje de María a Ain Karim tiene resonancias bíblicas: el traslado entre danzas y alegría del Arca de la Alianza en tiempos de David: ¡presencia de Dios lleno de misericordia con su pueblo elegido! El Arca de la Alianza es ahora la Madre del Mesías: ¡Dios continúa derramando su misericordia ahora a través de María! El encuentro de las dos mujeres creyentes está lleno de simbolismo misericordioso: María lleva en su seno al Mesías, el Dios de la ternura y misericordia, y también Isabel va a ser madre del Precursor. Las dos están llenas de alegría, las dos han aceptado el plan de Dios sobre sus vidas y le entonan sus alabanzas, cantando la misericordia divina. El encuentro entre estas dos mujeres sencillas, representantes del Antiguo y del Nuevo Testamento, es también el encuentro entre el Mesías, lleno de misericordia, y su precursor. Es más, entre Dios misericordioso y la humanidad pecadora. Encuentro cargado todo de gran misericordia. De Dios con la humanidad, simbolizada en esas dos mujeres, María e Isabel.

En segundo lugar, veamos los gestos de misericordia de María en este evangelio de la Visitación a su prima Isabel. ¿Quién debe sembrar en nosotros esa misericordia? El Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el amor del Padre y del Hijo; amor hecho ternura, detalles, bondad, caridad, servicio. María sale con prisa de Nazaret movida por el Espíritu Santo para ayudar a su prima, pues la caridad misericordiosa madruga. María entra en la casa de su prima impulsada por el Espíritu Santo y la saluda y abraza deseándole la paz, “Shalom”, pues la caridad misericordiosa siempre desea la paz a todos. Será el Espíritu Santo quien hace saltar de gozo a Juan que estaba en el seno de su madre Isabel al enterarse del fruto que María llevaba en su vientre, Jesús lleno de misericordia. Será el Espíritu Santo quien hará exclamar a Isabel: “Bendita tú entre las mujeres”, pues la caridad misericordiosa siempre sabe reconocer las bendiciones de Dios para con sus hijos, sin dejarse llevar por la envidia. María canta el Magnificat, porque reconoce con humildad la misericordia de Dios para con Ella. Y María se queda con Isabel tres meses porque la misericordia es generosa y se da hasta el final sin medida alguna.

Finalmente, decía el Papa Francisco en el año de la misericordia: “¡Cómo deseo que los años por venir estén impregnados de misericordia para poder ir al encuentro de cada persona llevando la bondad y la ternura de Dios! A todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros”(Misericordiae Vultus, n. 5).  Y más adelante en la misma bula de proclamación del año santo dice esto: “Es determinante para la Iglesia y para la credibilidad de su anuncio que ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre” (n. 12). Al igual que María manifestó su misericordia con Isabel con gestos, así también nosotros en nuestro día a día, en casa, en el trabajo, en el colegio y universidad, en la calle, en el comercio, en la parroquia, entre los amigos y vecinos, y también para con aquellos con los que no simpatizamos naturalmente. Gestos de perdón, ternura, bondad, comprensión, consuelo, servicio, atención, ayuda. Sigue el Papa: “Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia que suele reinar campante para esconder la hipocresía y el egoísmo” (n. 15)

Para reflexionar:¿mi corazón esta lleno de misericordia para con todos mis hermanos? ¿Cómo vivo las 14 obras de misericordia que la Iglesia me ha enseñado en el catecismo, n. 2447? Ahí están resumidas: Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al necesitado, vestir al desnudo, visitar al enfermo, socorrer a los presos, enterrar a los muertos (materiales). Enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que lo necesita, corregir al que está en error, perdonar las injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos de los demás y rogar a Dios por vivos y difuntos (espirituales).

Para rezar: Hoy con más fervor, si cabe, recemos la Salve que aprendimos desde niños, oración que rezuma misericordia: “Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!”.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]

diciembre 19, 2018 17:44Espiritualidad y oración

 


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Reflexión de josé Antonio Pagola al evangelio del domingo cuarto de Adviento C. 

MUJERES CREYENTES

 

Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha «deprisa», con decisión. Siente necesidad de compartir con su prima Isabel su alegría y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena de espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima en nombre de Dios.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Angel: «Alégrate llena de gracia».

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como «saltos de alegría». Enseguida bendice a María «a voz en grito» diciendo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre».

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: «Dichosa porque has creído».

Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. «Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?».

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos está haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por los varones, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer. Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

José Antonio Pagola

 

Domingo 4 Adviento – C (Lucas 1,39-45)

Evangelio del 23 / Dic / 2018

por Coordinador - Mario González Jurado


Publicado por verdenaranja @ 20:19  | Espiritualidad
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