Viernes, 20 de septiembre de 2019

Comentario letúrgico -XXV Domingo del Tiempo Ordinario C- por el P.  Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. septiembre 17, 2019 (zenit)

VIGÉSIMO QUINTO DOMINGO DEL TIEMPO COMÚN

Ciclo C

Textos: Amós 8, 4-7; 1 Tim 2, 1-8; Lc 16, 1-13

Idea principal: Seamos astutos, sobre todo en el uso del dinero para ayudar a las personas más pobres.

Síntesis del mensaje: con la parábola del administrador injusto y sin escrúpulos (evangelio), Jesús no nos anima a ser deshonestos, sino nos invita a ser astutos y saber hacer cálculos para hacer obras buenas. Jesús quiere suscitar en nosotros cierta emulación. Parece querernos decir: “Ese administrador no se deja desanimar por las circunstancias, sino que encuentra soluciones, aunque injustas. Así pues, vosotros, que sois discípulos míos, también debéis mostraros astutos, ingeniosos, buscar soluciones, incluso inesperadas, pero nunca injustas”. Astutos especialmente para poder ayudar a los pobres con nuestro dinero, conquistado con honestidad. Si Dios “levanta del polvo al desvalido y alza de la basura al pobre” (Salmo), ¿qué estamos dispuestos a hacer nosotros?

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, si Cristo nos invita a la astucia, habrá que definir bien lo que significa esta palabra. La palabra astucia es un término que se emplea con recurrencia cuando se quiere dar cuenta de la sagacidad que presenta un individuo a la hora de comprender o de resolver determinada situación que a la luz de cualquiera resulta ser bastante compleja de resolver. Es decir, este sentido del término lo usamos siempre que queramos indicar que tal o cual dispone de un entendimiento notable que es capaz de distinguir sin problemas aún aquello que para la mayoría es inentendible o difícil de desentrañar. También, la astucia implica la habilidad que alguien posee a la hora de desentrañar un engaño. Pero además de la mencionada referencia positiva que presenta, también nos encontramos con la contracara del término, dado que la astucia puede implicar, asimismo, la sagacidad que alguien dispone a la hora de engañar, mentirle a alguien sobre determinada cuestión para conseguir un fin.

En segundo lugar, Cristo lógicamente nos invita a la astucia positiva, sobre todo en el uso del dinero para ayudar a los más necesitados. El dinero, lo sabemos, puede ser fuente de ambición y tentación. Pero bien usado, puede ser fuente de bendiciones para pobres, enfermos y gente carenciada. Escribí en mi libro sobre Jesucristo: “Todos los bienes materiales son regalos de Dios, nuestro Padre. Debemos usarlos en tanto cuanto nos lleven a Él, con rectitud, moderación, desprendimiento interior. Al mismo tiempo, son medios para llevar una vida digna y para ayudar a los más necesitados. Lo que Jesús recrimina es el apego a las riquezas, y el convertirlas en fin en sí mismas”. Jesús nos dice que debemos elegir: o la esclavitud respecto al dinero, o el servicio a Dios. Por eso, nos invita a tener una actitud clara: ser inteligentes, ingeniosos, en el sentido del bien y, especialmente, en el sentido de la caridad generosa. Ya sabemos lo que le pasó al rico Epulón por no compartir su riqueza con el pobre Lázaro (cf. Lc 16, 19-31). Debemos encontrar soluciones para ayudar a la gente necesitada, a esos emigrantes, a esos pobres que duermen debajo de un puente, a quienes no tienen un mendrugo de pan para llevarse a la boca. No debemos vivir con una actitud de parálisis que nos impida hacer algo por esa gente; debemos mostrarnos emprendedores. ¿Cómo sacó adelante el padre Pío la “Casa para el Alivio al sufrimiento”, cuando en su bolsillo tenía unas cuantas liras? ¿Cómo construyó san Alberto Hurtado la casa “El Hogar de Cristo”? ¿Qué no hizo santa Madre Teresa de Calcuta o santa Teresa de Jesús Jornet e Ibars por los ancianos, o santa Soledad Torres Acosta por los enfermos? La Iglesia no cesa de emprender iniciativas para ayudar a las personas necesitadas: Cáritas, Vicentinos…Y esto facilita las cosas para los cristianos: cada uno puede colaborar con las iniciativas emprendidas ya por la Iglesia, para crecer en esa virtud de la generosidad, en vez de dejarse contagiar por el egoísmo y la ambición en el uso del dinero.

Finalmente, ahora toca el turno a nuestra conciencia y a nuestros bolsillos. ¿Cuánto hay contante y sonante en nuestra cartera? El profeta Amos en la 1ª lectura ya critica duramente a esos ricos explotadores que esquilman al pobre y pisotean la piedad, la justicia y la verdad. Fiel a su programa, el profeta estigmatiza las trampas de los comerciantes insaciables, las cuales consistían en achicar la medida y usar balanzas falsas. Así se enriquecían y por medio del dinero injustamente adquirido, oprimían al pobre. Las trampas y la corrupción de aquella época no son muy diferentes de las actuales. Pero Dios considera como hechas a Él mismo estas injusticias: “el Señor no olvidará jamás vuestras acciones”. Sabemos que no siempre el dinero es injusto, pero sí peligroso. A los aprovechados de entonces y a los de ahora les gustaría que Dios no se metiese en estas cosas, y que la Iglesia tampoco tocase este tema. Pero la Palabra de Dios es clara, viva y tajante en este campo del dinero y la explotación, como vemos en Amós. Y san Pablo en la 2ª lectura nos abre la perspectiva de la generosidad, no tanto en el sentido material –dar dinero-, sino en el sentido espiritual: rezar por los grandes y ricos de la tierra, para que todos llevemos una vida digna, piadosa y honesta. Este consejo espiritual de san Pablo lo ponemos en práctica en la oración de los fieles cada domingo. Ahora nos toca vaciar nuestros bolsillos para dar una sonrisa el pobre. Firmemos un cheque para ayudar a una obra de caridad y de promoción humana.

Para reflexionar: ¿Me tendrá Dios que echar en cara lo que Amós a los corruptos de su tiempo? ¿Tengo la conciencia tranquila en el uso o abuso del dinero, adquirido incluso con mañas, con sangre y con mentiras? ¿El dinero me obstaculiza en el crecimiento de mi fe y amor? ¿Soy también inteligente para las cosas del espíritu?

Para rezar: Señor, dame la gracia de usar el dinero, ganado con honestidad, para vivir con dignidad, sacar adelante a mi familia, dar una educación de calidad a mis hijos, y para ayudar a los más necesitados. Líbrame de la avaricia y la tacañería. Tú nos diste todo. Es más, te diste totalmente. Nada te reservaste. Que imite tu ejemplo y eso me basta. Lo que estoy dando aquí es lo que recibiré en el cielo. Y lo que me reservo aquí, se queda aquí. Amén.

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected]

 


Publicado por verdenaranja @ 14:12  | Espiritualidad
 | Enviar

Reflexión a las lecturas del domingo veinticinco del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"               

Domingo 25º del T. Ordinario C

 

      ¿Quién duda de que el dinero y los bienes materiales son buenos y necesarios? Tenemos la obligación de trabajar para conseguir las cosas que necesitamos para nosotros mismos, para nuestra familia y, además, para compartir con los que no tienen nada, o tienen menos que nosotros;  y,  especialmente, ahora, en esta época de crisis, que no acaba de terminar. ¡A cuántas personas y familias se les hace muy difícil o casi imposible encontrar lo necesario para vivir!

      Pero con el dinero y los bienes materiales sucede como con todo: Que se pueden usar bien o mal. El Señor nos advierte en el Evangelio que no podemos servir a Dios y al dinero. El Señor habla en términos de esclavitud, de servicio total. Los cristianos a los que se dirigía el Evangelio, entre los que había amos y esclavos, entendían perfectamente que un siervo no puede servir a dos amos.

      El apego excesivo a los bienes materiales nos hace esclavos, nos incapacita para muchas cosas y hasta puede destruirnos. Y podemos llegar incluso a convertirlos en un dios. San Pablo nos invita a huir de “la avaricia, que es una idolatría” (Col 3, 5). Todos hemos conocido personas que no piensan sino en tener, tener más, que viven obsesionadas con el dinero y que llegan a perder la salud de exceso de trabajo o de preocupaciones.  Es “la fiebre del oro”.

      ¡Y es que todo el mundo constata cada día que “poderoso caballero es don dinero!”

      Cuando esto sucede, para el Señor, “el Amo del Cielo”,  no tenemos tiempo ni nada. y, en ocasiones, tampoco nos interesa mucho. Los demás llegan a convertirse en objetos de explotación, como nos enseña el profeta Amós en la primera lectura de este domingo: Aquellos ricos abusan sin compasión de los pobres y viven obsesionados con tener más.

      Por este camino llegamos a  ser insensibles ante el sufrimiento de los demás y ante otros valores que no son materiales. 

      ¡Pensemos en la inteligencia y en la astucia del administrador de la parábola de hoy!, y tengamos muy en cuenta lo que nos dice el Señor, como conclusión de la parábola: “Los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz”.

      Y en realidad, ¡cuánto esfuerzo, cuánto, trabajo y cuánta ilusión, ponemos. a veces, en cosas que nos dan una seguridad engañosa, porque son frágiles y pasan! Y ¡qué poco interés y qué poco entusiasmo ponemos, tantas veces, en las cosas de Dios!

      Cuánta verdad y sabiduría contienen aquellas palabras del Señor: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6, 33).

                                                                       ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR


Publicado por verdenaranja @ 13:56  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 25º DEL TIEMPO ORDINARIO C

MONICIONES

 

 PRIMERA LECTURA

        En la primera lectura constatamos cómo el amor desordenado al dinero endurece el corazón del hombre, le cierra al sufrimiento de los demás, y le lleva a cometer injusticias, incluso con los más pobres. Escuchemos.

 

SEGUNDA LECTURA

         Orar por los que gobiernan y por todos los hombres es la recomendación que hace S. Pablo en esta lectura que vamos a escuchar.

  

TERCERA LECTURA

        En el Evangelio el Señor nos habla de nuestra relación con el dinero y los bienes materiales, y del uso que debemos hacer de ellos. Acojamos con alegría su enseñanza, cantando el aleluya.

  

COMUNIÓN

        Para el cristiano Dios es su mayor riqueza y la fuente de todo bien. Sus mandatos son “más preciosos que el oro, más que el oro fino, más  dulces que la miel de un panal que destila”, como leemos en los salmos.

                Por todo ello, se fía plenamente de su palabra que dice: "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás vendrá por añadidura".


Publicado por verdenaranja @ 13:53  | Liturgia
 | Enviar
S?bado, 14 de septiembre de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo veinticuatro del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Perez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"              

Domingo 24º  del T. Ordinario C

 

          Es impresionante constatar que, cuando Dios viene hasta nosotros, no anda con la gente buena, que la había, ni con la gente de cultura, ni siquiera con la gente más religiosa, sino que anda con gente de mala fama: publicanos y pecadores de todo tipo.

          ¡Nunca reflexionaremos bastante sobre este misterio!

          Es lógico que los fariseos y escribas, que se creían buenos cumplidores de la Ley de Moisés, se extrañen y murmuren entre ellos: “Ese acoge a los pecadores y come con ellos”.

          Pero Jesucristo trae una misión concreta: viene “a buscar y salvar lo que estaba perdido”. (Lc 19, 10).

          De este modo, nos revela el rostro de Dios Padre, que tiene un corazón bueno, misericordioso y compasivo, que, en el pecado, da lugar siempre al arrepentimiento. ¡Con Él siempre se puede comenzar de nuevo!, ¡comenzar de cero! Con razón, el Papa Francisco ha escrito un libro que se titula: “El nombre de Dios es Misericordia”.

          El Evangelio de este domingo nos recuerda que el Cielo no está tan lejos de nosotros como a veces pensamos; que hay una cierta relación entre la tierra y el Cielo. Que lo que pasa en la tierra tiene repercusión en la Casa del Padre: “Os digo que así también habrá más alegría en el Cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse”. Y también: “Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.

          Las lecturas de este domingo nos recuerdan la grandeza infinita de la misericordia del Padre. La primera lectura nos presenta el momento en el que el pueblo de Israel, liberado de la esclavitud Egipto y testigo de “las maravillas de Dios”, se fabrica un becerro de oro, lo adora y le hace fiesta; y cómo el Señor le perdona ante la intercesión de Moisés. S. Pablo nos enseña, en la segunda lectura, que Cristo vino a salvar a los pecadores, y que él es el primero. El Evangelio nos presenta “las Parábolas de la Misericordia”. Es la respuesta de Jesús a las críticas de los fariseos y escribas, porque “acoge a los pecadores y come con ellos”. ¡En estas parábolas les enseña por qué Él actúa así!

          Y les habla de un pastor, que tiene cien ovejas y se le pierde una, y busca por todas partes hasta encontrarla, y entonces se llena de una gran alegría, que comparte con los amigos y los vecinos. O la mujer que tiene diez monedas valiosas y se le pierde una, y busca en toda la casa hasta que la encuentra, y se llena también de alegría, que comparte con las vecinas. Y la tercera es la Parábola impresionante del Hijo Pródigo, que, habiéndose marchado de la casa y derrochado toda la herencia, vuelve a la casa del Padre, que no sólo lo recibe y lo acoge con alegría, sino que hace una gran fiesta porque, por fin, le ha encontrado. Me parece que la enseñanza fundamental de esta Parábola con relación a los fariseos y escribas, está en lo que dice el padre al hijo mayor: “deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado”.

          Ellos no son capaces de alegrarse, de comprender esta actitud de Jesucristo, porque no tienen el corazón de un buen pastor, ni  de buena ama de casa, ni de un padre bueno, como nos presentan las parábolas. Y, sobre todo, no tienen la experiencia de ser perdonados.

           Este es el camino de la Iglesia, de todos los cristianos que, como Cristo, el verdadero hijo mayor de la parábola, tenemos que mostrar, cada día, el verdadero rostro del Padre, que es rico en misericordia, como auténticos constructores de “la civilización del amor”.      

          Las fiestas de “Los Cristos” de Tenerife, que celebramos en el mes de septiembre, en distintos lugares y con diversas advocaciones, nos brindan una ocasión propicia para reflexionar sobre todas estas cosas.                    

                                                                                                        ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 10:55  | Espiritualidad
 | Enviar

 DOMINGO  24º DEL TIEMPO ORDINARIO C

MONICIONES 

 

PRIMERA LECTURA

                        Escucharemos, en la primera lectura, cómo el pueblo de Israel, apenas establecida la alianza con Dios en el monte Sinaí, peca gravemente contra Él. El Señor quiere exterminar al pueblo, pero la mediación de Moisés consigue el perdón.  Escuchemos. 

 

SALMO

            También nosotros necesitamos el perdón de Dios, también hemos quebrantado su alianza. Por eso expresamos en el salmo, nuestra voluntad de acogernos a su misericordia. 

 

SEGUNDA LECTURA

                        Durante algunos domingos escucharemos, en la segunda lectura,  fragmentos de las cartas que S. Pablo escribe a su discípulo Timoteo, responsable de la Iglesia de Éfeso. Hoy  expresa su ánimo agradecido al Señor que se ha mostrado con él rico en misericordia. 

 

TERCERA LECTURA

                        Acojamos con el canto del aleluya la buena noticia que Jesús nos trae: ¡Hay mucha alegría en el Cielo por la vuelta a Dios Padre, de un  pecador arrepentido! 

 

COMUNIÓN

                        En la Comunión recibimos a Jesucristo, que fue criticado porque acogía a los pecadores y comía con ellos.

Ojalá que nosotros, tantas veces perdonados por Él, imitemos su misericordia y su generosidad, compadeciéndonos de tantos que andan alejados de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 10:51  | Liturgia
 | Enviar
S?bado, 07 de septiembre de 2019

Reflexión a las lecturas del domingo veintitrés del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"               

Domingo 23º del T. Ordinario C

 

          Este domingo Jesús nos habla con toda claridad, de su seguimiento. Si queremos ser discípulos suyos, tenemos que posponer todo lo demás: “No anteponer nada a Cristo”, que diría S. Benito. Podríamos decir que es como el primer mandamiento aplicado a Jesucristo nuestro Señor.

          ¡Nos sorprende la claridad y la franqueza con la que habla el Señor! Normalmente, no sucede así. Los que quieren captar a la gente para su partido, para su movimiento, para su grupo…, en una campaña electoral, por ejemplo,  suelen resaltar las ventajas de sus programas y ocultar o disimular las cosas menos atrayentes o negativas. ¡Jesucristo no actúa así! ¡Lo hace casi al revés! Es lo que contemplamos en el Evangelio de este domingo: “¡Si alguno quiere venirse conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.  Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío”.

          Por eso nos invita a pensarlo bien antes de decidirnos a seguirle, como lo hace el que proyecta la construcción de una torre o se ve atacado por un enemigo.

          Por tanto, el seguimiento de Jesucristo se sitúa después de un proceso de reflexión, estudio, oración, incluso de consulta, para ver si vamos a ser capaces de afrontar todas las condiciones y exigencias que lleva consigo. De otro modo, podríamos hacer el ridículo, presentándonos como seguidores de Jesucristo, cuando, en realidad, no lo somos. Es lo que sucede con frecuencia. No resulta aceptable el tipo de seguimiento de Jesucristo que llevan muchos cristianos, que hasta presumen de serlo.

          Si nos situamos en el contexto del camino hacia Jerusalén –con su Pasión y su Gloria- lo entendemos todo con más claridad. ¡El discípulo no puede ser mejor que su Maestro!

          Pero no pretende el Señor de amargarnos la vida con una serie de exigencias, de renun-cias…, sino presentarnos el camino de la verdadera liberación, de la verdadera grandeza, de la verdadera dicha y alegría en el tiempo y en la eternidad. ¡Y Él ha ido delante para que nosotros sigamos sus pasos! (1 Pe 2, 21). ¡Nada se consigue en la vida sin sacrificio y esfuerzo!

          La vida del mismo Jesucristo y de los santos avalan la importancia y trascendencia de este camino; su validez permanente y definitiva.

          ¡Si recordamos las parábolas del Reino, nos resulta todo más inteligible! Nos dice el Señor que su Reino se parece a “un tesoro escondido” en el campo, que el que lo descubre, es capaz de vender todo lo que tiene para comprar el campo aquel. O a un comerciante en perlas finas que, al descubrir “una perla de gran valor”, va y vende lo que tiene para conseguirla (Mt, 13, 44-46). ¡Se nos presenta aquí, por tanto, al discípulo de Cristo como una persona inteligente, sabia y despierta, que descubre un tesoro o una perla preciosa, donde los demás no ven nada!

     El problema está en que “nacemos cristianos” y, tal vez, a lo largo de nuestra vida, no hemos tenido un verdadero encuentro personal con Jesucristo, un redescubrimiento de su persona y de su mensaje, que nos lleve a una opción real y radical por Él. Además, ¿no es verdad que estamos acostumbrados a dejar tantas veces a Cristo y a su Reino para el final o para el último lugar? ¡Sí, la sobras como al perro de la casa!

     ¡El descubrimiento de Jesucristo, por tanto, es fundamental para seguirle de verdad, como nos pide el Evangelio de hoy! Entonces le diremos como el aquel escriba entusiasmado del Evangelio: “Maestro, te seguiré  a dondequiera que vayas (Mt 8, 18). ¡Y lo dejaremos todo con la alegría del que encuentra una ganga, un negocio excelente!

     Ya escribía el Papa San Juan Pablo II, el año 1984, a los jóvenes con quienes se iba a reunir  en  Santiago: “El descubrimiento de Jesucristo es la aventura más importante de vuestra vida”.

 

                                                                                ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 10:55  | Espiritualidad
 | Enviar

 DOMINGO 23º DEL TIEMPO ORDINARIO C          

  MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

            La primera lectura de hoy nos presenta las reflexiones de un hombre sabio del Antiguo Testamento, inspirado por el Espíritu Santo. Se pregunta cómo se puede saber lo que Dios quiere que hagamos. La respuesta la hallaremos en el Evangelio.      Escuchemos. 

 

SEGUNDA LECTURA

            La segunda Lectura es un fragmento de una carta pequeña pero muy importante, de S. Pablo. Se refiere a un esclavo llamado Onésimo, que se había fugado de la casa de su amo, un cristiano de buena posición, llamado Filemón. San Pablo le pide que lo reciba como a un hermano cristiano, como si fuera él mismo. ¡Cuánto había cambiado ya, con el cristianismo, la concepción y la relación con los esclavos! 

 

TERCERA LECTURA

            El Señor quiere que todo el que esté dispuesto seguirle, sepa bien de qué se trata y piense primero si será capaz de llevarlo a cabo.

            Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos con alegría el aleluya 

 

COMUNIÓN

            El camino que nos señala Jesucristo es, a primera vista, muy difícil. Por eso, necesitamos venir aquí a alimentarnos con su Palabra y con su Cuerpo Santo.

            ¡Nadie puede decir que es imposible seguir a Jesucristo, cuando nos ofrece tantos medios para conseguirlo! 


Publicado por verdenaranja @ 10:51  | Liturgia
 | Enviar
Viernes, 30 de agosto de 2019

VIGÉSIMO SEGUNDO DOMINGO DEL TIEMPO COMÚN Ciclo C por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos.

Textos: Eclesiástico 3, 19-21.31.33; Hbr 12, 18-19.22-24a;Lc 14, 1.7-14

Idea principal: Todo seguidor de Jesús en el “banquete de la vida” debe ser humilde para ponerse en el último lugar y generoso, cuando invite a comer a los demás.

Síntesis del mensaje: No es fácil vivir los dos consejos que Cristo hoy nos invita a poner en práctica: primero, ponernos en el último lugar – ¡qué locura! -, y después, invitar a comer, no a nuestros amigos y familiares, sino a los que no conocemos, – ¡el colmo! – e incluso a quienes nos resultan antipáticos. Razones habrá tenido Jesús al darnos estos dos consejos que no son a primera vista naturales. Ya la 1ª lectura nos decía: “Hazte pequeño y alcanzarás el favor de Dios”.

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, toda la liturgia de hoy es una invitación a vivir la virtud de la humildad. Virtud que antes de Cristo no era cotizada, al contrario, era infamia y defecto, porque los grecolatinos siempre buscaban la excelencia, el sobresalir, la “areté”. La palabra humildad proviene del latín humilitas, que significa “pegado a la tierra”. Es una virtud moral contraria a la soberbia. Virtud que nos hace reconocer nuestras debilidades, cualidades y capacidades, y aprovecharlas para obrar en bien de los demás, sin decirlo.De este modo esta virtud nos hacer mantener los pies en la tierra, sin vanidosas evasiones a las quimeras del orgullo.Santo Tomás estudia la humildad en la 2-2, 161, y dice: “La humildad significa cierto laudable rebajamiento de sí mismo, por convencimiento interior“. La humildad es una virtud derivada de la templanza por la que el hombre tiene facilidad para moderar el apetito desordenado de la propia excelencia, porque recibe luces para entender su pequeñez y su miseria, principalmente con relación a Dios. Humildad es ponernos en nuestro sitio exacto: soy pecador, redimido por Cristo. ¿De qué puedo presumir? Y poner a Dios en su lugar, el primero. Por eso, también la humildad es virtud derivada de la justicia, por la que damos a Dios lo que es de Dios: nuestras cualidades y talentos. La humildad es el cimiento de todo el edificio, como escribió santa Teresa en las Moradas Séptimas 4, 9. Sin humildad todas las demás virtudes se derrumban o son postizas.

En segundo lugar, ¿por qué tenemos que ponernos en el último lugar? Metámonos en el corazón de Jesús. Para evitarnos humillaciones en la vida – “oye, amigo, cede ese lugar a otro más importante que tú”-, Cristo nos aconseja humillarnos a nosotros mismos. A nosotros nos resulta difícil seguir este consejo de Cristo. Nos gusta ocupar siempre, en la medida que podemos, los puestos principales, ¿a quién no? Está en nuestra naturaleza humana. No aceptamos de buena gana ser tan modestos que nos pongamos en el último lugar. Lo que hay detrás de este consejo de Jesús es esto: primero, que sólo Dios nos dé honor y gloria, y no los hombres; segundo, que sólo al humilde Dios le da sus gracias y lo quiere (1ª lectura), y finalmente, Cristo nos dice que para entrar en el banquete del Reino tenemos que ser humildes. Tenemos hambre y sed de honor y gloria personales; pero si cedemos a esta inclinación caemos en egoísmo, soberbia y vanidad, y no andaremos en la verdad, pues como decía santa Teresa de Jesús: “La humildad es andar en verdad; que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada”(Moradas 6, capítulo 10).Buscar nuestra gloria nos rebaja. Los grandes santos tuvieron que luchar también contra esta tendencia: santa Teresa de Jesús, san Ignacio de Loyola, por poner unos ejemplos. La humildad es una virtud que vino Jesús a enseñárnosla en persona, porque solos no podríamos aprender esta lección. Pero es la humildad la que definitivamente abre el corazón de Dios y el corazón de los hombres. Una persona soberbia y vanidosa cae mal en todas partes. La búsqueda de honores y sillones demuestra una actitud posesiva. Quien busca directamente honores, no los merece. Otro motivo para ser humildes: es que nos hace bien sobre todo a nosotros mismos, pues nos hace conocernos y aceptarnos mejor a nosotros mismos. El que es humilde, se ahorra muchos disgustos y goza de una mayor paz y armonía interior y psicológica.

Finalmente, ¿por qué tenemos que invitar a comer a quienes no conocemos o son pobres, y ser generosos y espléndidos en nuestros dones y regalos? Metámonos en el corazón de Jesús. Cristo nos dio todo: su Iglesia, sus sacramentos, su vicario el Papa, su Madre, sus vestiduras, su evangelio, su testamento. No se quedó ni se reservó nada para Él. Fue siempre generoso. Lo normal es que cuando hacemos un banquete invitemos a parientes y amigos. Es la ley de la “reciprocidad comercial”. Ellos nos retribuirán después. Y Jesús nos dice que ahí no hay mérito, y propone la ley de la “generosidad gratuita”. Tenemos que buscar la recompensa divina, distinta de la recompensa humana que vicia las relaciones, inoculando el interés personal en una relación que debería ser generosa y gratuita. Invitar a los pobres, sí. En el Salmo de hoy nos dice que Dios prepara casa a los desvalidos y pobres. Ellos, los pobres, serán los mejores guardianes de nuestra humildad. Su indigencia los tiene habituados a considerarse vacíos y despojados, experimentando cada día la necesidad del auxilio ajeno para poder vivir, y así pueden enseñarnos con su ejemplo a practicar esta virtud tan valiosa pero tan ardua.  Y no olvidemos lo que nos dice san Pablo: “Hay más alegría en dar que en recibir” (Hech 20, 35).

Para reflexionar: Meditemos este párrafo de santa Teresa de Jesús: Una vez estaba yo considerando por qué razón era nuestro Señor tan amigo de esta virtud de la humildad, y púsoseme delante a mi parecer sin considerarlo, sino de presto­ esto: que es porque Dios es suma Verdad, y la humildad es andar en verdad, que lo es muy grande no tener cosa buena de nosotros, sino la miseria y ser nada; y quien esto no entiende, anda en mentira. A quien más lo entienda agrada más a la suma Verdad, porque anda en ella. Plega a Dios, hermanas, nos haga merced de no salir jamás de este propio conocimiento, amén” (Moradas VI, 10, 7).

Para rezar: Señor Jesús, manso y humilde.Desde el polvo me sube y me domina esta sed de que todos me estimen, de que todos me quieran.Mi corazón es soberbio. Dame la gracia de la humildad, mi Señor manso y humilde de corazón. No sé de donde me vienen estos locos deseos de imponer mi voluntad, no ceder, sentirme más que otros… Hago lo que no quiero. Ten piedad, Señor, y dame la gracia de la humildad. La gracia de mantenerme sereno en los desprecios, olvidos e indiferencias de otros. Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz, cuando no figuro, no resalto ante los demás, con lo que digo, con lo que hago.Ayúdame, Señor, a pensar menos en mi y abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar Tu y mis hermanos.En fin, mi Señor Jesucristo, dame la gracia de ir adquiriendo, poco a poco un corazón manso, humilde, paciente y bueno (P. Ignacio Larrañaga).

Para cualquier duda, pregunta o sugerencia, aquí tienen el email del padre Antonio, [email protected] 


Publicado por verdenaranja @ 13:59  | Espiritualidad
 | Enviar

Reflexión a las lecturas del domingo veintidos  del Tiempo Ordinario C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"               

Domingo 22º del T. Ordinario C

 

Por el camino hacia Jerusalén, el Señor nos habla este domingo de la humildad.

A primera vista, sus palabras pueden parecer unas lecciones de cortesía o unas tácticas para ocupar los primeros puestos, sin peligro de perderlos. Pero enseguida, nos damos cuenta de que se trata de unos ejemplos que pone el Señor, nuestro Maestro, para que entendamos la importancia y la necesidad de vivir en  humildad: "El que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido".

Ésta no es una virtud de personas débiles, enfermizas, que andan siempre diciendo que no sirven para nada. La humildad no puede ser eso, porque la humildad es una virtud. Ésta consiste, siguiendo el lenguaje del Evangelio de hoy, en ocupar nuestro puesto con dignidad, sea el primero o el último. El Papa ocupa el primer puesto, y también tiene que practicar la humildad.      Ocupar nuestro puesto supone “andar en verdad”, como diría Santa Teresa. Ella decía que la humildad es la verdad.

Y ¿qué es la verdad? La verdad consiste en darnos cuenta de que somos seres llenos de bienes en el orden de la naturaleza y de la gracia, pero bienes que son dones. "¿Qué tienes que no hayas recibido?”, dice Pablo. “Y si lo has recibido, ¿a qué tanto orgullo como si no lo hubieras recibido?” (1 Co 4, 7).

Un ejemplo de verdadera humildad es lo que dice la Virgen en el Magnificat: “Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”.

Y el apóstol Pablo escribe: "Yo no soy digno de llamarme apóstol, porque perseguí a la Iglesia de Dios, pero, por la gracia de Dios, soy lo que soy, y su gracia no ha sido estéril en mí. Más bien, he trabajado más que todos ellos (los demás apóstoles), pero no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo" (1 Co, 15, 9-10).

La humildad se distingue de la soberbia en que en ésta nos enorgullecemos de las cosas que tenemos, como si fueran exclusivamente nuestras. Yo tenía un sacristán que, cuando algo salía bien, me decía: “Y eso gracias a mí”. ¡Era una broma, pero expresa lo que quiero decir!

Hay mucha gente que vive en el orgullo, en la soberbia; dicen que todo lo que tienen procede de su esfuerzo, de sus cualidades y que no deben nada a nadie; ni siquiera a Dios.

Esto de la humildad puede parecernos algo del pasado, propio de otros tiempos, de un sentido distinto de la vida y de las cosas. Pero es fácil darnos cuenta de que una verdadera humildad es imprescindible a la hora de dar un paso adelante en la vida cristiana. Si no somos humildes, es decir, si no nos sentimos pobres, frágiles, necesitados de Dios y de los hermanos, no tenemos nada que hacer en el Reino de Dios: “Él resiste a los soberbios para dar su gracia a los humildes", escribe Pedro. (1 Pe 5,5) "A los hambrientos los colmó de bienes y a los ricos los despidió vacíos", proclama La Virgen María en su célebre cántico (Lc 1, 53).

Toda la vida del Señor es considerada por San Pablo como un acto continuado de humildad: "Siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos..." "Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre sobre todo nombre..." (Fil 2, 6-11).

Una mala inteligencia de esta virtud y de otras semejantes, en tiempos pasados, hizo a muchos tropezar en la fe. Les parecía que la religión alienaba a la gente, que les inutilizaba para la lucha y el progreso y llegaron a considerarla "opio del pueblo". A esta actitud, propia del marxismo, trató de responder el Concilio Vaticano II en algunos documentos.

La virtud de la humildad, en fin, hace al hombre un ser equilibrado y agradable, aún en el orden humano: La primera lectura de este domingo nos dice: "Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso. Hazte pequeño en las grandezas humanas y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios y revela sus secretos a los humildes".

                                                                                  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 12:30  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO 22º DEL TIEMPO ORDINARIO C 

MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

            Escuchemos ahora unas reflexiones en torno a la virtud de la humildad. En el Evangelio también el Señor nos hablará hoy de esta virtud.

            Escuchemos con atención y con fe. 

 

SALMO

            Con las palabras del salmista aclamemos a Dios, que ama y salva a los justos y desvalidos. 

 

SEGUNDA LECTURA

            Se nos invita ahora a reflexionar sobre la experiencia del pueblo de Israel al pie del Sinaí, y a compararla con la situación de los cristianos en la Iglesia, que es el nuevo pueblo de Dios, que, de algún modo, ha sido introducido ya en el Cielo, junto con Cristo, los ángeles y los santos. 

 

TERCERA LECTURA

            En el Evangelio Jesús nos exhorta a vivir en la humildad, la sencillez, el desinterés. Escuchemos con atención.

            Pero antes, aclamemos al Señor con el canto del aleluya 

 

COMUNIÓN

            En la Comunión recibimos a Jesucristo, modelo perfecto de humildad y desinterés. Recordemos ahora aquellas palabras del Evangelio: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.


Publicado por verdenaranja @ 12:27  | Liturgia
 | Enviar