S?bado, 28 de marzo de 2020

Reflexión a las lecturas de ldomingo quinto de Cuaresma A ofecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Píñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 5º de Cuaresma A

 

¡Cuánto nos preocupamos y afanamos por la vida! Y tiene que ser así, porque la vida es lo más valioso que tenemos. Se suele decir, incluso, que “mientras hay vida, hay esperanza”. Y la aspiración más profunda de nuestro corazón es vivir… Y no cualquier tipo de vida, sino vivir bien,  vivir a tope; y con “calidad de vida”, como dicen los médicos, y alejar lo más posible el “fantasma de la muerte”. ¡Es lo que constatamos esto días, cuando ponemos todos los medios para erradicar la epidemia.

Este domingo 5º de Cuaresma,  se nos presenta a Jesucristo como el “Amigo de la vida”, el “Dueño de la vida y de la muerte”. Tanto Marta como María le dicen: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”.

Resucitando a Lázaro, cuando llevaba ya cuatro días enterrado, Jesucristo manifiesta que Él es “la Resurrección y la Vida”. En medio del tiempo de Cuaresma, se nos presenta este domingo a Jesucristo como aquél que “hoy extiende su compasión a todos los hombres y, por medio de sus sacramentos, los restaura a una vida nueva”. (Pref.)

En efecto, veníamos diciendo que estos domingos de Cuaresma nos presentan tres temas en relación con el Bautismo: El agua, la luz y la vida. Hoy llegamos al tercero, “la vida”.

¿Y de qué vida se trata? ¡De la vida de Dios en nosotros! ¡Y se nos comunica en el Bautismo! Es decir, ¡en el momento del Bautismo, Dios, por su infinita misericordia, infunde en nuestro interior, una participación creada de su Ser, de su vida, de su naturaleza, y quedamos convertidos en “miembros de la familia de Dios!” (Ef 2,19).¡Sí, algo divino pasa a nosotros! ¡Y eso es asombroso! Es mucho más que si pudieran hacernos una transfusión de la vida de Dios, porque dice San Pablo que “si alguno está en Cristo es una criatura nueva” (2 Co 5,17), “un ser nuevo” que se introduce en nuestro ser. Ya dice San Juan: “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos y ser hijos de Dios” (1 Jn 3, 1).

Y comprendemos enseguida que si tenemos la vida de Dios en nosotros, no podemos ignorarla ni olvidarla, de modo que se pierda o se quede raquítica y sin desarrollo. De ahí la gravedad de los padres y padrinos que no cumplen sus compromisos bautismales.

¡Cuánto nos preocupamos de la vida humana que, en verdad,  es grande y maravillosa, pero que, sin embargo, un día, más temprano que tarde, tendremos que dejar! ¿Y de la vida divina que recibimos en el Bautismo? ¿No es verdad que, con frecuencia, nos despistamos un poco o “un mucho”? Como no se siente, ni duele, ni nada, la dejamos abandonada, y se muere y parece que no pasa nada…, O la destruimos por el pecado grave, que por eso, se llama mortal. ¡Y ya está!

Pero si se pierde, ¡oh qué maravilla!, podemos recuperarla en el Sacramento de la Reconciliación o de la Penitencia, que es como un “Segundo Bautismo” y, por  eso mismo, es algo muy propio del Tiempo de Cuaresma. “Porque es propio de la festividad pascual  -decía San León Magno- que toda la Iglesia goce del perdón de los pecados, no sólo aquellos que nacen en el sagrado Bautismo, sino también aquellos que, desde hace tiempo, se cuentan ya en el número de los hijos adoptivos”.

¡Pero dicen que el Sacramento de la Penitencia está en crisis y que se recibe poco o muy poco! Sin embargo, ¡cuánto daríamos por recobrar nuestra vida después de la muerte, o la de algún ser muy querido! Pues en el Sacramento de la Reconciliación, se trata, si estamos en pecado grave, de una verdadera resurrección. Pero, claro, ¡son tantos los que desconocen todo esto!

Este domingo a la luz de la resurrección de Lázaro, y junto a la Cruz del Señor, el “Árbol de la Vida”, se nos presentan unos interrogantes muy importantes: ¿Te interesa la vida sobrenatural que Dios te ha dado? ¿Te interesa seguir a Jesucristo, el Dios de la Vida, de la Resurrección y la Vida? ¿Te interesa el Bautismo, que recibiste, recién nacido? ¿Estás dispuesto a seguir cuidando, conservando, desarrollando, recuperando, incluso, esa vida? ¿Serás capaz de renovar tu Bautismo, en la Noche Santa de la Pascua, como si te bautizaras de nuevo esa noche, y comenzaras de nuevo a tener la vida de Dios en ti?

¡Cuántas gracias hemos de darle al Señor por su bondad y su misericordia!                


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DOMINGO 5º DE CUARESMA A           

MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

 Cada domingo de Cuaresma, recordamos algún acontecimiento de la      Historia de la Salvación. Hoy contemplamos cómo el profeta anuncia al pueblo judío que sufre el destierro, su liberación y el retorno a su tierra, con la imagen de una resurrección universal. Será como salir del sepulcro y recobrar la vida. 

SALMO

Al escuchar la voz del profeta, sentimos que se reanima nuestra esperanza. Cantemos al Señor que es fiel y misericordioso. 

SEGUNDA LECTURA

La presencia del Espíritu Santo en la vida del cristiano, le impulsa a una existencia nueva, y es garantía de la resurrección futura. 

TERCERA LECTURA

Después del Evangelio de la samaritana y del ciego de nacimiento, que hemos escuchado los domingos anteriores, la resurrección de Lázaro, que contemplamos hoy, nos invita a reconocer a Jesucristo como Señor y amigo de la vida, como la Resurrección y la Vida. 

COMUNIÓN

En la Comunión recibimos a Jesucristo, que es el Autor de la vida, la Resurrección y la Vida de todos los que creen en Él.

El Cuerpo de Cristo  es el alimento principal de la vida divina, que recibimos en el Bautismo, y es garantía de nuestra resurrección futur


Publicado por verdenaranja @ 11:57  | Liturgia
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Viernes, 13 de marzo de 2020

Comentario litúrgico al Tercer Domingo de Cuaresma por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. MARZO 10, 2020  (zenit)

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Ciclo A

Textos:  Éxodo 17, 3-7; Romanos 5, 1-2.5-8; Juan 4, 5-42

Idea principal: Tengamos sed del Dios vivo.

Resumen del mensaje: la Cuaresma es tiempo para tener sed del Dios viviente. Dios nos ofrece agua restauradora y vivificante en el Costado abierto del Salvador. Y en la Pascua quedaremos saciados sin necesidad de ir a otras fuentes o pozos del mundo. El domingo pasado Jesús nos invitaba a subir al Tabor. Hoy nos ofrece su agua viva, que es Él. Pero tenemos que pedírsela, como hizo el pueblo de Israel con Moisés (primera lectura) y la samaritana (evangelio). Y pedirla con fe y esperanza (segunda lectura). Su agua, que brotará del Costado abierto en la Pascua, sacia nuestros anhelos de felicidad completa (evangelio). ¿Para qué ir a las cisternas rotas, infectadas y podridas de este mundo?

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, el agua es uno de los símbolos que con más frecuencia aparece en la Sagrada Escritura, cuyo correlato en el hombre es la sed. Símbolo algo difícil de percibir en toda su fuerza para nosotros, que habitamos un país en el que, por lo general, el agua abunda. No nos cuesta trabajo. Basta abrir el grifo. En Palestina, en cambio, cuando había escasez era uno de los elementos más apreciados, el primero y fundamental para la supervivencia del hombre. El agua es también condición de fecundidad de la tierra. Sin ella, tenemos desierto árido, zona de hambre y de sed, y la consecuencia, si no hay pozos o cisternas, muerte de hombres, animales y vegetales. Poseer fuentes de agua en Palestina es signo de riqueza y de bendición divina.

En segundo lugar, la Biblia recurre con frecuencia a la imagen del agua para expresar el misterio de la relación entre Dios y el hombre. Dios es la fuente de la vida para el hombre y le da la fuerza de florecer en el amor y la fidelidad. Apartarse de él es morir de sed. Preguntemos a la samaritana del evangelio de hoy.  Lejos de Dios, el hombre no es sino tierra árida, sin agua, destinado a la muerte. El alma siente la nostalgia de Dios porque tiene el cántaro del corazón vacío (evangelio). Pero si Dios está con el hombre, éste se transforma en un huerto florido, poseyendo en sí la fuente misma que lo hace vivir. El agua es así símbolo del Espíritu de Dios, capaz de transformar un desierto en floreciente vergel y un pueblo infiel en verdadero Israel (primera lectura). Y con esa agua podremos abrevar también a nuestra familia y nuestros sueños.

Finalmente, Jesús ha venido a traernos sus aguas vivificantes, como a la samaritana. Él es la roca de donde sale esa agua. Lo que tenemos que hacer nosotros es golpear con la fe y la esperanza esa roca (primera lectura). Esa roca para nosotros es el Costado abierto de Jesús que destila agua viva y sanadora en los sacramentos. Necesitamos llevar el balde de nuestra vida, aunque esté agujereado y seco, y Jesús lo arreglará, como hizo con la samaritana (evangelio). Jesús, con ternura y tiento, fue elevando poco a poco a esta mujer al nivel de fe, para que pudiera auparse hasta su Costado abierto y beber.

Para reflexionar: ¿Dónde encuentro a Jesús hoy como agua viva? ¿Tengo el balde preparado ya para recibir esa agua vivificante, santificadora y sanadora? ¿Dónde suelo ir a saciar mi sed: a los pozos contaminados de este mundo o a la fuente de Cristo que la Iglesia conserva intacta y viva en los sacramentos y en la piedad popular?

Para rezar: Recemos con la canción: “Que venga a Mí

Quien tenga sed, que venga a Mí, yo lo saciaré, yo lo saciaré con el agua de mi libertad. Yo lo saciaré. ¡Que venga a Mí!

Quien sienta hambre, que venga a Mí, yo lo alimentaré, yo lo alimentaré con mi cuerpo hecho comida. yo lo alimentaré. ¡Que venga a Mí!

Quien viva cansado, que venga a Mí, yo lo aliviaré, yo lo aliviaré con la ternura de mi bondad. yo lo aliviaré. ¡Que venga a Mí!

Quien sufra el dolor, que venga a Mí, yo lo curaré, yo lo curaré con el aceite de mi bendición, yo lo curaré. ¡Que venga a Mí!


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Viernes, 06 de marzo de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Cuaresma A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"  

Domingo 2º de Cuaresma

 

Después de que el hombre y la mujer fueron expulsados del Paraíso, como contemplábamos el domingo pasado, la vida es una lucha, a veces desesperada, por alcanzar la felicidad perdida.

¡Y lo fundamental es descubrir el camino para poder encontrarla! ¡Y son tantos los que no lo encuentran, e incluso, la dan por imposible!

Por supuesto, que, enseguida, se descarta el camino que nos ha señalado el Señor, “el camino del Evangelio”. Y, en realidad y, a primera vista, parece que es todo lo contrario a un camino de dicha y de alegría. Son muchos los que  dicen: “¡Todo lo bueno, o hace daño o está prohibido!”

De ahí la importancia del mensaje de este 2º domingo de Cuaresma. El prefacio de la Misa lo resume y lo expresa todo de un modo precioso: (Jesucristo) “después de anunciar su muerte a los discípulos, les mostró en el monte santo el esplendor de su gloria, para testimoniar, de acuerdo con la Ley y los Profetas, que por la Pasión, se llega a la gloria de la Resurrección”.

Los discípulos, imbuidos por la mentalidad de un “Mesías-Rey”, no podían entender que Jesucristo tuviera que padecer: ser detenido, despreciado, condenado  y morir en una cruz. ¡Y era lógico! Si esperaban del Mesías la liberación y el Reino, ¿cómo iban a comprender y a aceptar que  todo terminara en un fracaso, en una cruz, en nada? ¡Porque lo de resucitar ellos no lo entendían en absoluto. Y además, ¿no se pasaron  todo el tiempo discutiendo quién iba a ser el primero en el Reino?

Por eso Jesús  lleva a  tres predilectos a lo alto de una montaña y se transfigura, es decir, les concede vislumbrar algo de la grandeza divina, que ocultaba su Humanidad, y les hace esta gran revelación: “Que la pasión es el camino de la resurrección”, es decir, que aquellos sufrimientos y la misma muerte, que les había anunciado, no iban a ser el fin de todo. ¡Sólo serían camino, paso, Pascua!,  es decir, ¡Resurrección y Vida sin fin! ¡Dicha, triunfo, alegría y gozo para siempre!

Y allí aparecieron Moisés y Elías como testigos de que todo eso estaba anunciado en la Ley (Moisés) y en los Profetas (Elías), es decir, en  todo el Antiguo Testamento. Por eso, Jesús la tarde de la Resurrección, les reprocha a los discípulos de Emaús: "¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los Profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras”(Lc 24,26-28). ¡Dichosos ellos!

Cristo, por tanto, siguiendo el camino del sufrimiento y de la cruz, alcanza su perfecta glorificación como hombre y la salvación del mundo entero. ¡Jamás nadie ha extraído del mal tanto bien! Y ello es un reto para nosotros, llamados continuamente a convertir el sufrimiento en algún bien (Rom 8, 28).

Y a seguir este camino nos invita el Señor cuando nos dice: “El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga” (Mc 8, 34).

Y el Padre, desde la nube, nos urge a aceptar, a acoger y a seguir aquel camino, cuando nos dice o nos grita: “Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo”.

En resumen, ¡He aquí el camino! ¡Lo hemos encontrado! ¡Nos lo ha revelado el Señor en la Montaña de la Transfiguración! ¡Por aquí se llega a la alegría desbordante de la Pascua, que es temporal y eterna, a la dicha sin fin…! ¡Este es el camino de la verdadera y de la máxima felicidad, imperfecta, ciertamente, en la tierra, y perfectísima, en el Cielo, como nos repetían tantas veces en el Seminario, cuando estudiábamos Filosofía.

 ¿Y por qué todos los años, en el 2º domingo de Cuaresma se nos presenta este mismo Misterio?

 Porque el camino de la verdadera Cuaresma es difícil; y puede venir el desánimo y podemos entrar en crisis como los discípulos en Cesarea de Filipo. Y en un caso u otro, todos necesitamos como ellos, la experiencia del Tabor, que prefigura la vida del Cielo, donde estaremos, por toda la eternidad, repitiendo lo que Pedro balbucía en lo alto de la Montaña: “Señor, ¡qué bueno  es que estemos aquí!”.                                                                                                                                             

                                                                                                        ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 16:56  | Espiritualidad
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DOMINGO 2º DE CUARESMA A    

MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA     

Continuando con la narración de los principales hechos de la Historia de la Salvación, que iniciábamos el domingo pasado, hoy se nos narra la llamada de Dios a Abrahán, nuestro padre en la fe. Es ésta una llamada y una respuesta que son modelo para todos los creyentes de todos los tiempos. Escuchemos con atención. 

 

SEGUNDA LECTURA     

S. Pablo, desde la cárcel, urge a su discípulo Timoteo a comprometerse  en los duros trabajos del Evangelio. Este texto se dirige hoy a nosotros, como segunda lectura de Palabra de Dios de este domingo, y debe animarnos en nuestro esfuerzo por anunciar el Evangelio de Jesucristo con palabras y obras. 

 

TERCERA LECTURA 

En el Evangelio acompañaremos a Jesucristo  a lo alto de la Montaña de la Transfiguración como los discípulos predilectos. En nuestro camino cuaresmal, también nosotros necesitamos la experiencia del Tabor. Pero antes, aclamémosle con fe cantando.

 

COMUNIÓN     

En la Comunión Jesucristo, el Señor, nos ofrece fuerza sobreabundante para seguirle, con prontitud y generosidad, por el camino de la vida cristiana, con la certeza de haber encontrado la senda que nos conduce a la vida, a la auténtica felicidad: Por la cruz a la gloria de la Resurrección.


Publicado por verdenaranja @ 16:53  | Liturgia
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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo segundo de cuaresma A.

LOS MIEDOS EN LA IGLESIA 

Probablemente es el miedo lo que más paraliza a los cristianos en el seguimiento fiel a Jesucristo. En la Iglesia actual hay pecado y debilidad, pero hay sobre todo miedo a correr riesgos. Hemos comenzado el tercer milenio sin audacia para renovar creativamente la vivencia de la fe cristiana. No es difícil señalar alguno de estos miedos.

Tenemos miedo a lo nuevo, como si «conservar el pasado» garantizara automáticamente la fidelidad al Evangelio. Es cierto que el Concilio Vaticano II afirmó de manera rotunda que en la Iglesia ha de haber «una constante reforma», pues «como institución humana la necesita permanentemente». Sin embargo, no es menos cierto que lo que mueve en estos momentos a la Iglesia no es tanto un espíritu de renovación cuanto un instinto de conservación.

Tenemos miedo para asumir las tensiones y conflictos que lleva consigo buscar la fidelidad al evangelio. Nos callamos cuando tendríamos que hablar; nos inhibimos cuando deberíamos intervenir. Se prohíbe el debate de cuestiones importantes, para evitar planteamientos que pueden inquietar; preferimos la adhesión rutinaria que no trae problemas ni disgusta a la jerarquía.

Tenemos miedo a la investigación teológica creativa. Miedo a revisar ritos y lenguajes litúrgicos que no favorecen hoy la celebración viva de la fe. Miedo a hablar de los «derechos humanos» dentro de la Iglesia. Miedo a reconocer prácticamente a la mujer un lugar más acorde con el espíritu de Jesús.

Tenemos miedo a anteponer la misericordia por encima de todo, olvidando que la Iglesia no ha recibido el «ministerio del juicio y la condena», sino el «ministerio de la reconciliación». Hay miedo a acoger a los pecadores como lo hacía Jesús. Difícilmente se dirá hoy de la Iglesia que es «amiga de pecadores», como se decía de su Maestro.

Según el relato evangélico, los discípulos caen por tierra «llenos de miedo» al oír una voz que les dice: «Este es mi Hijo amado… escuchadlo». Da miedo escuchar solo a Jesús. Es el mismo Jesús quien se acerca, los toca y les dice: «Levantaos, no tengáis miedo». Solo el contacto vivo con Cristo nos podría liberar de tanto miedo.

José Antonio Pagola

2 Cuaresma – A (Mateo 17,1-9)

Evangelio del 08 / Mar / 2020

Publicado el 02/ Mar/ 2020

por Coordinador - Mario González Jurado

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Publicado por verdenaranja @ 14:02  | Espiritualidad
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Sigue el mensaje completo del Santo Padre para la 35ª Jornada Mundial de la Juventud. (ZENIT)

“¡Joven, a ti te digo, levántate!” (cf. Lc 7,14)

Queridos jóvenes:

En octubre de 2018, con el Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, la Iglesia comenzó un proceso de reflexión sobre vuestra condición en el mundo actual, sobre vuestra búsqueda de sentido y de un proyecto de vida, sobre vuestra relación con Dios. En enero de 2019, encontré a cientos de miles de coetáneos vuestros de todo el mundo, reunidos en Panamá para la Jornada Mundial de la Juventud. Eventos de este tipo –Sínodo y JMJ– expresan una dimensión esencial de la Iglesia: el “caminar juntos”.

En este camino, cada vez que alcanzamos un hito importante, Dios y la misma vida nos desafían a comenzar de nuevo. Vosotros los jóvenes sois expertos en esto. Os gusta viajar, confrontaros con lugares y rostros jamás vistos antes, vivir experiencias nuevas. Por eso, elegí como meta de vuestra próxima peregrinación intercontinental, en el 2022, la ciudad de Lisboa, capital de Portugal. Desde allí, en los siglos XV y XVI, numerosos jóvenes, muchos de ellos misioneros, partieron hacia tierras desconocidas, para compartir también su experiencia de Jesús con otros pueblos y naciones. El tema de la JMJ de Lisboa será: «María se levantó y partió sin demora» (Lc 1,39). En estos dos años precedentes, he pensado en que reflexionemos juntos sobre otros dos textos bíblicos: “¡Joven, a ti te digo, levántate!” (cf. Lc 7,14), en el 2020, y “¡Levántate! ¡Te hago testigo de las cosas que has visto!” (cf. Hch 26,16), en el 2021.

Como podéis comprobar, el verbo común en los tres temas es levantarse. Esta expresión asume también el significado de resurgir, despertarse a la vida. Es un verbo recurrente en la Exhortación Christus vivit (Vive Cristo), que os he dedicado después del Sínodo de 2018 y que, junto con el Documento final, la Iglesia os ofrece como un faro para iluminar los senderos de vuestra existencia. Espero de todo corazón que el camino que nos llevará a Lisboa concuerde en toda la Iglesia con un fuerte compromiso para aplicar estos dos documentos, orientando la misión de los animadores de la pastoral juvenil.

Pasemos ahora a nuestro tema para este año: ¡Joven, a ti te digo, levántate! (cf. Lc 7,14). Ya cité este versículo del Evangelio en la Christus vivit: «Si has perdido el vigor interior, los sueños, el entusiasmo, la esperanza y la generosidad, ante ti se presenta Jesús como se presentó ante el hijo muerto de la viuda, y con toda su potencia de Resucitado el Señor te exhorta: “Joven, a ti te digo, ¡levántate!” (cf. Lc 7,14)» (n. 20).

Este pasaje nos cuenta cómo Jesús, entrando en la ciudad de Naín, en Galilea, se encontró con un cortejo fúnebre que acompañaba a la sepultura a un joven, hijo único de una madre viuda. Jesús, impresionado por el dolor desgarrador de esa mujer, realizó el milagro de resucitar a su hijo. Pero el milagro llegó después de una secuencia de actitudes y gestos: «Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: “No llores”. Y acercándose al féretro, lo tocó (los que lo llevaban se pararon)» (Lc 7,13-14). Detengámonos a meditar sobre alguno de estos gestos y palabras del Señor.

Ver el dolor y la muerte

Jesús puso su mirada atenta, no distraída, en ese cortejo fúnebre. En medio de la multitud percibió el rostro de una mujer con un sufrimiento extremo. Su mirada provocó el encuentro, fuente de vida nueva. No hubo necesidad de muchas palabras.

Y mi mirada, ¿cómo es? ¿Miro con ojos atentos, o lo hago como cuando doy un vistazo rápido a las miles de fotos de mi celular o de los perfiles sociales? Cuántas veces hoy nos pasa que somos testigos oculares de muchos eventos, pero nunca los vivimos en directo. A veces, nuestra primera reacción es grabar la escena con el celular, quizás omitiendo mirar a los ojos a las personas involucradas.

A nuestro alrededor, pero a veces también en nuestro interior, encontramos realidades de muerte: física, espiritual, emotiva, social. ¿Nos damos cuenta o simplemente sufrimos las consecuencias de ello? ¿Hay algo que podamos hacer para volver a dar vida?

Pienso en tantas situaciones negativas vividas por vuestros coetáneos. Hay quien, por ejemplo, se juega todo en el hoy, poniendo en peligro su propia vida con experiencias extremas. Otros jóvenes, en cambio, están “muertos” porque han perdido la esperanza. Escuché decir a una joven: “Entre mis amigos veo que se ha perdido el empuje para arriesgar, el valor para levantarse”. Por desgracia, también entre los jóvenes se difunde la depresión, que en algunos casos puede llevar incluso a la tentación de quitarse la vida. Cuántas situaciones en las que reina la apatía, en las que caemos en el abismo de la angustia y del remordimiento. Cuántos jóvenes lloran sin que nadie escuche el grito de su alma. A su alrededor hay tantas veces miradas distraídas, indiferentes, de quien quizás disfruta su propia happy hour manteniéndose a distancia.

Hay quien sobrevive en la superficialidad, creyéndose vivo mientras por dentro está muerto (cf. Ap 3,1). Uno se puede encontrar con veinte años arrastrando su vida por el suelo, sin estar a la altura de la propia dignidad. Todo se reduce a un “dejar pasar la vida” buscando alguna gratificación: un poco de diversión, algunas migajas de atención y de afecto por parte de los demás… Hay también un difuso narcisismo digital, que influye tanto en los jóvenes como en los adultos. Muchos viven así. Algunos de ellos puede que hayan respirado a su alrededor el materialismo de quien sólo piensa en hacer dinero y alcanzar una posición, casi como si fuesen las únicas metas de la vida. Con el tiempo aparecerá inevitablemente un sordo malestar, una apatía, un aburrimiento de la vida cada vez más angustioso.

Las actitudes negativas también pueden ser provocadas por los fracasos personales, cuando algo que nos importaba, para lo que nos habíamos comprometido, no progresa o no alcanza los resultados esperados. Puede suceder en el ámbito escolar, con las aspiraciones deportivas, artísticas… El final de un “sueño” puede hacernos sentir muertos. Pero los fracasos forman parte de la vida de todo ser humano, y en ocasiones pueden revelarse también como una gracia. Muchas veces, lo que pensábamos que nos haría felices resulta ser una ilusión, un ídolo. Los ídolos pretenden todo de nosotros haciéndonos esclavos, pero no dan nada a cambio. Y al final se derrumban, dejando sólo polvo y humo. En este sentido los fracasos, si derriban a los ídolos, son una bendición, aunque nos hagan sufrir.

Podríamos seguir con otras condiciones de muerte física o moral en las que un joven se puede encontrar, como las dependencias, el crimen, la miseria, una enfermedad grave… Pero dejo para vuestra reflexión personal tomar conciencia de lo que ha causado “muerte” en vosotros o en alguien cercano, en el presente o en el pasado. Al mismo tiempo, recordemos que aquel muchacho del Evangelio, que estaba verdaderamente muerto, volvió a la vida porque fue mirado por Alguien que quería que viviera. Esto puede suceder incluso hoy y cada día.

Tener compasión

Con frecuencia, las Sagradas Escrituras expresan el estado de ánimo de quien se deja tocar “hasta las entrañas” por el dolor ajeno. La conmoción de Jesús lo hace partícipe de la realidad del otro. Toma sobre sí la miseria del otro. El dolor de esa madre se convierte en su dolor. La muerte de ese hijo se convierte en su muerte.

En muchas ocasiones los jóvenes demostráis que sabéis con-padecer. Es suficiente ver cuántos de vosotros se entregan con generosidad cuando las circunstancias lo exigen. No hay desastre, terremoto, aluvión que no vea ejércitos de jóvenes voluntarios disponibles para echar una mano. También la gran movilización de jóvenes que quieren defender la creación testimonia vuestra capacidad para oír el grito de la tierra.

Queridos jóvenes: No os dejéis robar esa sensibilidad. Que siempre podáis escuchar el gemido de quien sufre; dejaos conmover por aquellos que lloran y mueren en el mundo actual. «Ciertas realidades de la vida solamente se ven con los ojos limpios por las lágrimas» (Christus vivit, 76). Si sabéis llorar con quien llora, seréis verdaderamente felices. Muchos de vuestros coetáneos carecen de oportunidades, sufren violencia, persecución. Que sus heridas se conviertan en las vuestras, y seréis portadores de esperanza para este mundo. Podréis decir al hermano, a la hermana: “Levántate, no estás solo”, y hacer experimentar que Dios Padre nos ama y que Jesús es su mano tendida para levantarnos.

Acercarse y “tocar”

Jesús detiene el cortejo fúnebre. Se acerca, se hace prójimo. La cercanía nos empuja más allá y se hace gesto valiente para que el otro viva. Gesto profético. Es el toque de Jesús, el Viviente, que comunica la vida. Un toque que infunde el Espíritu Santo en el cuerpo muerto del muchacho y reaviva de nuevo sus funciones vitales.

Ese toque penetra en la realidad del desánimo y de la desesperación. Es el toque de la divinidad, que pasa también a través del auténtico amor humano y abre espacios impensables de libertad, dignidad, esperanza, vida nueva y plena. La eficacia de este gesto de Jesús es incalculable. Esto nos recuerda que también un signo de cercanía, sencillo pero concreto, puede suscitar fuerzas de resurrección.

Sí, también vosotros jóvenes podéis acercaros a las realidades de dolor y de muerte que encontráis, podéis tocarlas y generar vida como Jesús. Esto es posible, gracias al Espíritu Santo, si vosotros antes habéis sido tocados por su amor, si vuestro corazón ha sido enternecido por la experiencia de su bondad hacia vosotros. Entonces, si sentís dentro la conmovedora ternura de Dios por cada criatura viviente, especialmente por el hermano hambriento, sediento, enfermo, desnudo, encarcelado, entonces podréis acercaros como Él, tocar como Él, y transmitir su vida a vuestros amigos que están muertos por dentro, que sufren o han perdido la fe y la esperanza.

“¡Joven, a ti te digo, levántate!”

El Evangelio no dice el nombre del muchacho que Jesús resucitó en Naín. Esto es una invitación al lector para que se identifique con él. Jesús te habla a ti, a mí, a cada uno de nosotros, y nos dice: «¡Levántate!». Sabemos bien que también nosotros cristianos caemos y nos debemos levantar continuamente. Sólo quien no camina no cae, pero tampoco avanza. Por eso es necesario acoger la ayuda de Cristo y hacer un acto de fe en Dios. El primer paso es aceptar levantarse. La nueva vida que Él nos dará será buena y digna de ser vivida, porque estará sostenida por Alguien que también nos acompañará en el futuro, sin dejarnos nunca, ayudándonos a gastar nuestra existencia de manera digna y fecunda.

Es realmente una nueva creación, un nuevo nacimiento. No es un condicionamiento psicológico. Probablemente, en los momentos de dificultad, muchos de vosotros habréis sentido repetir las palabras “mágicas” que hoy están de moda y deberían solucionarlo todo: “Debes creer en ti mismo”, “tienes que encontrar fuerza en tu interior”, “debes tomar conciencia de tu energía positiva”… Pero todas estas son simples palabras y para quien está verdaderamente “muerto por dentro” no funcionan. La palabra de Cristo es de otro espesor, es infinitamente superior. Es una palabra divina y creadora, que sola puede devolver la vida allí donde se había extinguido.

La nueva vida “de resucitados”

El joven, dice el Evangelio, «empezó a hablar» (Lc 7,15). La primera reacción de una persona que ha sido tocada y restituida a la vida por Cristo es expresarse, manifestar sin miedo y sin complejos lo que tiene dentro, su personalidad, sus deseos, sus necesidades, sus sueños. Tal vez nunca antes lo había hecho, convencida de que nadie iba a poder entenderla.

Hablar significa también entrar en relación con los demás. Cuando estamos “muertos” nos encerramos en nosotros mismos, las relaciones se interrumpen, o se convierten en superficiales, falsas, hipócritas. Cuando Jesús vuelve a darnos vida, nos “restituye” a los demás (cf. v. 15).

Hoy a menudo hay “conexión” pero no comunicación. El uso de los dispositivos electrónicos, si no es equilibrado, puede hacernos permanecer pegados a una pantalla. Con este mensaje quisiera lanzar, junto a vosotros, los jóvenes, el desafío de un giro cultural, a partir de este “levántate” de Jesús. En una cultura que quiere a los jóvenes aislados y replegados en mundos virtuales, hagamos circular esta palabra de Jesús: “Levántate”. Es una invitación a abrirse a una realidad que va mucho más allá de lo virtual. Esto no significa despreciar la tecnología, sino utilizarla como un medio y no como un fin. “Levántate” significa también “sueña”, “arriesga”, “comprométete para cambiar el mundo”, enciende de nuevo tus deseos, contempla el cielo, las estrellas, el mundo a tu alrededor. “Levántate y sé lo que eres”. Gracias a este mensaje, muchos rostros apagados de jóvenes que están a nuestro alrededor se animarán y serán más hermosos que cualquier realidad virtual.

Porque si tú das la vida, alguno la acoge. Una joven dijo: “Si ves algo bonito, te levantas del sofá y decides hacerlo tú también”. Lo que es hermoso suscita pasión. Y si un joven se apasiona por algo, o mejor, por Alguien, finalmente se levanta y comienza a hacer cosas grandes; de muerto que estaba, puede convertirse en testigo de Cristo y dar la vida por Él.

Queridos jóvenes: ¿Cuáles son vuestras pasiones y vuestros sueños? Hacedlos surgir y, a través de ellos, proponed al mundo, a la Iglesia, a los otros jóvenes, algo hermoso en el campo espiritual, artístico, social. Os lo repito en mi lengua materna: ¡hagan lío! Haced escuchar vuestra voz. De otro joven escuché: “Si Jesús hubiese sido uno que no se implica, que va sólo a lo suyo, el hijo de la viuda no habría resucitado”.

La resurrección del muchacho lo reúne con su madre. En esta madre podemos ver a María, nuestra Madre, a quien encomendamos a todos los jóvenes del mundo. En ella podemos reconocer también a la Iglesia, que quiere acoger con ternura a cada joven, sin excepción. Pidamos, pues, a María por la Iglesia, para que sea siempre madre de sus hijos que permanecen en la muerte, y que llora e invoca para que vuelvan a la vida. Por cada uno de sus hijos que muere, muere también la Iglesia, y por cada hijo que resurge, también ella resurge.

Bendigo vuestro camino. Y vosotros, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 11 de febrero de 2020, Memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes.


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S?bado, 29 de febrero de 2020

Reflexión a las lecturas del domingo primero de Cuaresma A ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DIA DEL SEÑOR"

Domingo 1º de Cuaresma A

 

En todos los trabajos, ocupaciones y realidades de la vida,  hay épocas de mayor esfuerzo, preocupación e intensidad. Pensemos, por ejemplo, en los trabajos del campo o en los estudios. Lo mismo pasa en la vida cristiana. Es lo que sucede ahora en el tiempo de Cuaresma.

¡Se trata de preparar una fiesta! Y una fiesta exige mucho esfuerzo y mucho trabajo ¡Y esta, la Pascua es la más grande e importante de los cristianos! Y si es la más importante, será la que más y mejor se prepara. ¡Se nos exige, por tanto, un gran esfuerzo! ¡No es cosa de última hora!

¡En este sentido, cuánto nos ayudan las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo! Podríamos decir que se trata de dos hechos de la historia y de un comentario.

En la primera lectura contemplamos cómo nuestros primeros padres sucumben ante la tentación, que se presenta como, una trampa, como un engaño: “Seréis como Dios”. Es la tentación del hombre de todos los tiempos: ¡Ocupar en la vida el puesto de Dios! ¡Ser grande y feliz, al margen de Dios o en contra de Dios!

¿Y qué es lo que consiguieron con ello nuestros primeros padres? Su desgracia y la nuestra. Se meten en un callejón sin salida: Pudieron alejarse libremente de Dios, pero ahora, por si mismos, no pueden volver a Él. Tendrá que venir Dios mismo a salvarles y a salvarnos, como veremos.

El segundo hecho histórico, es la “Tentación del Desierto”. Jesucristo es llevado al desierto por el Espíritu, y allí es tentado por el diablo. La tentación aparece de nuevo, como una trampa, como un engaño. El diablo, que tiene un conocimiento perfecto de Jesucristo y de la Sagrada Escritura, se atreve a acercarse a Él para tentarle.  

Hay comentarios interesantes sobre cada una de las tentaciones. A mí me gusta contemplarlas en su conjunto, ir a lo fundamental. El diablo no se anda con rodeos. ¡Va a la raíz de la misión de Jesucristo! Ahora, que va a comenzar su Vida Pública, le presenta, con todos sus halagos, otro tipo de mesianismo, otra forma de ser Mesías. ¡Distinta, por supuesto, de la que el Padre le había encomendado!

Es un mesianismo más brillante y más atrayente que el otro, un mesianismo espectacular, que también a Jesús, como hombre, en cierto sentido, le atrae (Mt 16,23).

Éste consiste, por ejemplo, en convertir las piedras en pan, o en tirarse por el alero del templo sin  peligro, sin miedo de hacerse daño, porque le recogerán los ángeles, y un mesianismo de poder y de gloria, que quedaría garantizado hasta con un pacto con el mismo Satanás: “Todo esto te daré, si te postras y me adoras”.

¡Pero Jesucristo no se deja engañar! ¡Él es más fuerte y más inteligente que el diablo! Y sale vencedor de “la Gran Tentación”, y “se acercaron los ángeles y le servían”.

La segunda lectura, es como un comentario de las otras dos, y nos presenta las consecuencias tan graves, que  tuvo para todos el primer pecado, y la grandeza de la Redención, por la que hemos conseguido más bienes que los que habíamos perdido por “la envidia del diablo”.

S. Pablo se nos presenta así como testigo de la existencia de un pecado que no es personal, y que se conoce, en la fe de la Iglesia, con el nombre de “pecado original”.

¡La necesidad de un Salvador es evidente!, y, por tanto, la necesidad de la Pascua, para la que hemos de prepararnos en la Cuaresma con toda intensidad.

¡Al comenzar este Tiempo, retengamos esa imagen magnífica e impresionante de “Cristo Vencedor!” La Cuaresma es tiempo de lucha y de esfuerzo, y, por eso mismo, de tentación; y el Señor nos ofrece en la oración y en los sacramentos, especialmente, en la Eucaristía, alimento y fortaleza sobreabundante para luchar y vencer siempre, a su imagen.

¡Él nos ha dado su Espíritu que nos acompaña, nos impulsa y nos guía! Él, que es el mejor y mayor fruto de su Pascua, es también la mejor garantía de nuestra victoria!            

 

                                                                                                                                             ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!              


Publicado por verdenaranja @ 10:52  | Espiritualidad
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   DOMINGO 1º  DE CUARESMA A   

   MONICIONES 

 

 

PRIMERA LECTURA

            En el camino hacia la Pascua, que hemos iniciado, la primera lectura de cada domingo, nos irá recordando los principales acontecimientos de la Historia de la Salvación. Comenzamos hoy por la Creación y el pecado original. Recordaremos así como apareció entre los hombres la primera semilla del pecado y del mal.

 

SALMO RESPONSORIAL

            También nosotros somos pecadores, herederos y continuadores de este mal que entró desde el principio, en el mundo, por el pecado. Expresemos en el salmo nuestro arrepentimiento y pidamos el auxilio de Dios. 

 

SEGUNDA LECTURA

            Escuchemos ahora, en la segunda lectura, la respuesta salvadora de Dios ante el pecado de los hombres. 

 

TERCERA LECTURA

            Jesús sale vencedor de las tentaciones, que tratan de desviarle por el camino de un mesianismo terreno y triunfalista, que tanto atraía a sus discípulos y a sus contemporáneos. Pero Jesús quiere seguir el camino que el Padre le ha trazado, y que lleva consigo la contradicción, la persecución y la cruz, pero que le conduce a su glorificación y a la salvación de todos los hombres.

            Aclamémosle ahora cantando. 

 

COMUNIÓN

            La Comunión es el alimento de los que se esfuerzan y luchan por llevar a la práctica el mensaje de la Palabra de Dios. Al ofrecernos su Cuerpo y su Sangre, Jesucristo nos ofrece auxilio sobreabundante para luchar y vencer como Él.


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Mi?rcoles, 26 de febrero de 2020

Comentario litúrgico al Primer Domingo de Cuaresma por el P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, profesor en el Noviciado de la Legión de Cristo en Monterrey (México) y asistente del Centro Sacerdotal Logos en México y Centroamérica, para la formación de sacerdotes diocesanos. FEBRERO 25, 2020 (zenit)

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA

Ciclo A

Textos: Génesis 2, 7-9; 3, 1-7: Romanos 5, 12-19; Mateo 4, 1-11

PRIMERO, UNA INTRODUCCIÓN A LA CUARESMA

Las lecturas dominicales del tiempo de Cuaresma muestran una organización muy bien pensada para conducirnos por el camino cuaresmal hacia la plenitud de la Pascua de Cristo. Nos muestran, en seis semanas, el camino catecumenal del cristiano hacia la Pascua. La séptima semana es ya Domingo de Ramos.

Las primeras lecturas del Antiguo Testamento nos presentan seis grandes momentos de la historia de la salvación, desde el principio hasta la llegada de Jesús. Aquí están los temas:

  1. La creación cósmica y el primer pecado de Adán y Eva.
  2. La vocación de Abrahán, que da origen al pueblo elegido.
  3. La marcha de Israel por el desierto, camino de la libertad plena, guiados por Moisés.
  4. La unción de David como rey de ese pueblo.
  5. La visión del profeta Ezequiel: de los huesos saldrá vida.
  6. El Siervo de Yahvé que se entregará para salvar a todos.

Las segundas lecturas, de Pablo, a veces complementan a modo de aplicación espiritual el mensaje de la primera lectura:

  1. Opone a la caída del primer Adán la victoria y la gracia del nuevo y definitivo
  2. Adán, Jesús.
  3. Junto a la vocación de Abrahán, nos habla de nuestra vocación cristiana.
  4. Será derramado el Espíritu sobre los creyentes.
  5. Nos invita a vivir como hijos de la luz.
  6. Nos invita también a vivir como resucitados.

Los evangelios tienen una línea clásica y nos presentan a Jesús como el modelo viviente del camino pascual.

  1. Jesús tentado y vencedor es nuestra victoria.
  2. Jesús se transfigura en el Tabor para darnos ánimo y subir al Calvario.
  3. Jesús es el agua viva para la samaritana.
  4. Jesús es la luz para el ciego de nacimiento.
  5. Jesús es la vida que recobra Lázaro.

Debemos vivir la Cuaresma unidos a Cristo en su dolor mediante la oración, la penitencia, el ayuno y las obras de misericordia. Sólo así nos hará partícipes de su Pascua.

Idea principal: la tentación es compañera de viaje aquí en la tierra.

Resumen del mensaje: Dios por amor crea al hombre y a la mujer para hacerles partícipes de su amor. El enemigo, envidioso del amor que Dios tenía a estas primeras creaturas humanas, les asedió con la más terrible de las tentaciones, la soberbia, “seréis como dioses”, invitándoles a que se desligaran de Dios como él había hecho. Ellos cayeron. Y las consecuencias fueron desastrosas, no sólo para ellos, sino para toda la humanidad, pues de ellos heredamos el pecado original, y los frutos del mismo: pecado y más pecado (primera lectura). Si creció el pecado, más abundante fue la gracia en Cristo Jesús que nos justificó (segunda lectura), venciendo al enemigo y haciéndonos partícipes de su victoria (evangelio).

Puntos de la idea principal:

En primer lugar, la tentación de nuestros primeros padres, Adán y Eva, fue diabólica. Nada menos que desterrar a Dios de sus vidas para ser como Dios, sin depender de nadie ni obedecer a nadie. Es el pecado de la soberbia que el enemigo inoculó en las facultades nobles que Dios había puesto en sus primeras creaturas para hacerles partícipes de su amor y ternura: mente para conocer a Dios, voluntad para elegir a Dios y servirle, y corazón para amarlo. La tristeza y la decepción de Dios Padre fue inmensa. No se esperaba eso. No se merecía eso.

En segundo lugar, menos mal que vino Jesús para enseñarnos a luchar contra las tentaciones y para darnos la fuerza para vencerlas. Las tres tentaciones de Jesús abarcan los tres campos atractivos para todos: el ansia de disfrutar, el deseo de vanidad y la ambición del poder. Tentaciones que atentaban su misión como Mesías y Salvador: llevarle a un mesianismo triunfal, fácil, favorable a sí mismo, con prestigio y poder. De todas estas tentaciones Jesús sale vencedor y se mantiene fiel y totalmente disponible al plan salvador de Dios, dándonos el ejemplo a seguir y la gracia para vencer, que pasará por la oración, el sacrificio y los sacramentos.

Finalmente, la Cuaresma es tiempo propicio para ir con Jesús al desierto y fortalecer los músculos de nuestra alma y así estar preparados para los embates de las tentaciones de nuestro enemigo. Nuestras tentaciones tienen el mismo sabor que las de Jesús, pues el enemigo conoce muy bien nuestro talón de Aquiles. ¿Queremos vencer las tentaciones? Aliémonos, como Jesús, a la Palabra de Dios que es espada bien afilada, hagamos ayuno de todo aquello que nos corrompe la voluntad y mancha la afectividad; alimentémonos con los sacramentos, y no hagamos caso a las mentiras y propuestas del enemigo.

Para reflexionar: Dice san Agustín: “¿Te fijas en que Cristo fue tentado, y no te fijas que venció la tentación? Reconócete a ti mismo tentado en él, y reconócete a ti mismo victorioso en él”. ¿Cuáles son tus tentaciones más frecuentes? ¿Qué medios pones para vencerlas?

Para rezar: recemos con el salmo 140, 1-9

1 Señor, te estoy llamando, ven de prisa, escucha mi voz cuando te llamo.

2 Suba mi oración como incienso en tu presencia, el alzar de mis manos como ofrenda de la tarde.

3 Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios;

4 no dejes inclinarse mi corazón a la maldad, a cometer crímenes y delitos; ni que con los hombres malvados participe en banquetes.

5 Que el justo me golpee, que el bueno me reprenda, pero que el ungüento del impío no perfume mi cabeza; yo seguiré rezando en sus desgracias.

6 Sus jefes cayeron despeñados, aunque escucharon mis palabras amables;

7 como una piedra de molino, rota por tierra, están esparcidos nuestros huesos a la boca de la tumba.

8 Señor, mis ojos están vueltos a ti, en ti me refugio, no me dejes indefenso;

9 guárdame del lazo que me han tendido, de la trampa de los malhechores.


Publicado por verdenaranja @ 11:35  | Espiritualidad
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