S?bado, 25 de febrero de 2006
(ZENIT) Intervenci?n del cardenal Javier Lozano Barrag?n, presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, pronunciada en Adelaida (Australia) el 9 de febrero en el congreso que inaugur? la Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero).



?Es el enfermo mental una imagen deformada de Dios?



I. Algunos datos sobre la enfermedad mental


1. Situaci?n actual


Seg?n los datos de la Organizaci?n Mundial de la salud, 450 millones de personas en el mundo son afectadas por problemas mentales neurol?gicos o de comportamiento; 873,000 se suicidan cada a?o. La enfermedad mental constituye una verdadera y propia emergencia socio sanitaria: el 25 % de los pa?ses no poseen una legislaci?n de la materia, el 41% no tiene una pol?tica definida para la salud mental, en m?s del 25 % de centros sanitarios, los enfermos no tienen acceso a las medicinas psiqui?tricas esenciales, el 70% de la poblaci?n dispone de menos de un psiquiatra para 100,00 personas.

Refiri?ndonos a los trastornos mentales podemos decir que estos ?ltimos 50 a?os nos han dado a conocer progresos importantes, muestra clara el progreso tecnol?gico de los nuevos psicof?rmacos, mejorando de manera no indiferente la calidad de vida del enfermo mental. Sin embargo las condiciones del cuidado del enfermo mental sufren de grandes deficiencias, como resultado de la restricci?n de fondos disponibles, de la falta de comprensi?n por parte de las autoridades, del grave tema de la estigma que padece el paciente y la familia y que condiciona tanto el deterioro de las redes de apoyo social de muchos pa?ses. El n?mero de pacientes mentales ?sin techo? ha crecido mucho en varios de los pa?ses ricos. Es alarmante el modo como son tratados los trastornos mentales graves dando s?lo respuestas burocr?ticas o de tipo legal y forense, sin tomar en cuenta las necesidades diarias y la calidad de vida del enfermo y de sus familias [1].

Los disturbios mentales golpean con mayor frecuencia las poblaciones menos favorecidas desde el punto de vista intelectual, cultural y econ?mico. Millones de criaturas son obligadas a llevar en sus cuerpos y sus mentes la consecuencia psicol?gica de una escasa alimentaci?n, de conflictos armados y el sucederse de cat?strofes naturales gigantescas con su pesada carga de morbilidad y de mortalidad.

2. La Acci?n de la Iglesia Cat?lica

Con ocasi?n de la Jornada Mundial del Enfermo que estamos celebrando en Ocean?a, el Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud realiz? una investigaci?n acerca de la Pastoral de la Salud mental en 84 Centros dedicados a estos enfermos en la Iglesia Cat?lica, ubicados en los diversos pa?ses del mundo, en los 5 Continentes.

Un cuestionario cuidadosamente elaborado por expertos en la materia se envi? a 129 Obispos, responsables de la Pastoral de la Salud en los diversos pa?ses del mundo. Obtuvimos la respuesta de 23 pa?ses: 9 Centros de ?frica, 17 de Am?rica, 6 de Asia, 51 de Europa y uno de Ocean?a. Los datos recibidos son en ?frica, de Camer?n, Ghana, Senegal y Sud?frica; en Am?rica, de Bolivia, Canad?, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, M?xico, y Trinidad y Tobago; en Asia, de China, Indonesia y Turqu?a; en Europa, de Austria, B?lgica, Espa?a, Irlanda, Italia, Polonia y Portugal; en Ocean?a, de Australia.

Se trata de Centros de salud mental, de ?Day Hospital?, de Servicios psiqui?tricos, de estructuras residenciales o semiresidenciales, de Centros o Cooperativas de reinserci?n, de Consultorios y de Dispensarios. El 43,4% de financiamiento p?blico; el 33,3% de financiamiento privado, y el 23,3% de financiamiento por donaciones.

Trabajan en estos Centros m?dicos, psic?logos, soci?logos, expertos en rehabilitaci?n, educadores profesionales, asistentes sociales, enfermeros, operadores t?cnicos auxiliares, personal administrativo, voluntarios, capellanes, religiosas y religiosos, expertos en ?counselling? y personal de servicio. El 75% de los Centros reporta que apenas dispone del n?mero suficiente de los m?dicos requeridos; en general carecen de recursos profesionales suficientes.

Los servicios que ofrecen son de consulta, rehabilitaci?n, medicina escol?stica, sost?n al n?cleo familiar, servicios sociales, orientaci?n para el trabajo, acompa?amiento, asistencia domiciliaria y farmacia.

Las enfermedades mentales m?s significativas atendidas en estos Centros, son: disturbios de la personalidad, disturbios motivados por el abuso de estupefacientes, psic?ticos, disturbios del humor, disturbios por el ansia, disturbios cognitivos y disociativos, disturbios causados por la alimentaci?n, disturbios por insomnio, disturbios de adaptaci?n, enfermedades org?nicas degenerativas graves, insuficiencia mental cong?nita. Las recurrencias m?s se?aladas fueron las referentes a la personalidad, a la psicosis y al humor. Los disturbios de la personalidad, por el abuso de la droga y por la psicosis, los acusan especialmente personas entre los 17 y 25 a?os. Es interesante notar en cuanto a la prevenci?n de las enfermedades mentales, que ?stas se revelan en un porcentaje m?nimo en la etapa de edad que va de 0 a 16 a?os, indicando que en esta etapa es donde m?s eficazmente opera un cuidado preventivo.

En estos Centros se trabaja especialmente en equipo, pero generalmente no de una manera sist?mica. Las terapias innovativas que se usan son en particular la Hipnoterapia, la M?sico terapia, la Ludo terapia y trabajos teatrales y art?sticos.

Para la prevenci?n de la enfermedad se implementa una cultura de acogida a los enfermos mentales y programas pastorales adecuados, dando justa atenci?n a los aspectos psicol?gicos. Ya frente a la enfermedad declarada se ofrecen intervenciones terap?uticas, algunas sist?micas, reducci?n de las consecuencias que deshabilitan al paciente, screening, grupos de autoayuda, formaci?n de los profesionales de la salud, actualizaci?n, sost?n del grupo familiar, an?lisis del contexto, intervenciones de contenido, reconstrucci?n del tejido afectivo y religioso, programas pastorales, plegaria colectiva y evaluaciones.

Estos centros se conectan con Universidades, con hospitales p?blicos con los Ministerios de Justicia, de Educaci?n, del Trabajo, de Relaciones P?blicas, de Salud; Entes locales, Di?cesis, Parroquias, Fuerza p?blica, patrones de trabajo, vecinos de casa, vecinos de barrio, sindicatos y patronatos.

Se dan cursos de Pastoral Sanitaria apropiada para los enfermos mentales; se enfrentan problemas ?ticos conectados con el abuso de la droga, de tratamientos coercitivos y sobre la manera de aproximarse a un enfermo mental.

Al origen de la enfermedad mental se piensa que existe un fuerte influjo cultural y religioso por la crisis de valores de referencia, por el Hedonismo y el Materialismo, por la cultura tecnol?gica, por la exasperaci?n de los deseos y la b?squeda de lo imposible, por la conflictualidad religioso cultural, por el ritualismo m?gico de algunas sectas religiosas, por la negaci?n del Trascendente y por el Relativismo ?tico religioso.

Las situaciones de m?s riesgo las catalogan como la precariedad de los medios de subsistencia, de trabajo, de formaci?n y educaci?n, falta de redes de ayuda, alienaci?n de los derechos humanos, exclusi?n y marginaci?n, guerras, terrorismo, falta de educaci?n de la vida sentimental, procesos de alejamiento de la realidad, condicionamiento del contexto ambiental, falta de protecci?n social, corrupci?n, desequilibrio entre el papel femenino y masculino, falta de los propios padres, separaci?n y divorcio, p?rdida del valor de la instituci?n matrimonial, falta de comunicaci?n, falta de tiempo para convivir en familia, inmadurez de la figura paterna y materna, delegaci?n de su responsabilidad en terceras personas o en instituciones varias, debilidad del proyecto de vida, inadecuada preparaci?n para la vida matrimonial, conflictos entre padres e hijos, comportamientos agresivos y violentos [2].

II. El desequilibrio mental


A Dios gracias, la labor que est? desarrollando la Iglesia cat?lica en este ramo, es muy encomiable; es una labor que ha venido efectuando a trav?s de varios siglos como lo atestiguan Ordenes y Congregaciones religiosas cuyo carisma en particular es cuidar de los enfermos mentales.

Dada sin embargo la difusi?n tan grande de esta enfermedad, habl?bamos al principio de 450 millones de personas afectadas, la decisi?n de los Sres. Obispos de Ocean?a de poner como punto b?sico de consideraci?n para esta Jornada Mundial del Enfermo los enfermos mentales ha sido un acierto, pues incitar? a continuar desde la Iglesia Cat?lica esta labor que se est? realizando, y ayudar? a incrementarla cada vez m?s en di?logo y colaboraci?n con las diversas Instituciones encargadas de ello en las sociedades modernas.

Nos centraremos ahora en reflexionar desde el punto de vista cristiano sobre el enfermo mental. Partiremos de algunas indicaciones b?sicas cient?ficas sobre el desequilibrio mental para de all? partir a considerar c?mo el enfermo mental no deja de ser una imagen de Dios, y all? est? su excelencia, su t?tulo por el cual merece todo respeto [3].


1. El desequilibrio

No cabe duda que el enfermo mental aunque siga siendo humano, es alguien que como tal se sale de la norma; esto es, est? m?s all? del equilibrio que se necesita para hablar de una persona en pleno uso de sus facultades humanas. Sufre de una alteraci?n del orden interno como individuo y podr?amos decir que es una alteraci?n del orden externo mismo de todo el universo.

En efecto, grandes pensadores de la humanidad han hecho consistir la felicidad en el orden, en el conformarse c?smico. En el pensamiento oriental se encuentra el Tao?smo seg?n el cual el principio activo masculino, el ying, debe adaptarse a la flexibilidad del principio femenino, el yang, que en ?ltimo t?rmino es el orden del universo, pero un orden hasta cierto punto flexible que va cambiando seg?n cambia el mismo universo. M?s o menos en este mismo pensamiento abundaron los estoicos en la cultura griega, que propugnaban que se deb?a estar siempre de acuerdo a todo el engranaje c?smico y que la perfecci?n consist?a en estar de acuerdo con el inexorable orden. Al principio del Renacimiento encontramos el pensamiento organol?gico de Teofrasto Bombasto von Hoheneim, Paracelso, seg?n el cual en una flor se pod?a intuir el orden perfecto y total del universo, el macrocosmos en el microcosmos: todo el Universo es como un gran organismo vivo del cual todos somos parte y s?ntesis, y la actividad de cada quien est? regida por un orden superior al que hay que conformarse bajo pena de ser una anomal?a c?smica. En cierta coincidencia se acerca el pensamiento de Nicol?s de Cusa con su ideal de la coincidencia de opuestos, como orden entre lo aparentemente desordenado. Incluso, en el concepto de la misma Redenci?n, especialmente bajo el influjo de San Anselmo de Canterbury, la concepci?n en la Teolog?a occidental de la obra de Cristo se cataloga como la restauraci?n del orden jur?dico violado.

2. El desequilibrio de las sinapsis neuronales

Atendiendo a los estudios recientes sobre la actividad neruronal, el desequilibrio mental tendr? que ver con la alteraci?n del orden de las neuronas. En efecto seg?n la descripci?n de las funciones org?nicas en el campo de la neurociencia, se constata la complejidad de la comunicaci?n entre las c?lulas neuronas que emiten mensajes y que reciben los mismos; se trata de una red de conexiones en las que a trav?s de una serie muy complicada de las mismas se llega a percibir y catalogar, juzgar y actuar en el trayecto que va desde la sensaci?n exterior de cualquier tipo hasta llegar a la corteza cerebral y poder, por decirlo as?, organizar el organismo, esto es, poder llevar a cabo el orden interno del organismo y obtener el equilibrio y la armon?a.

Sabemos que el sistema nervioso central recoge la informaci?n recibida de nuestros ?rganos sensoriales, misma que procesa y act?a seg?n la misma. Este conjunto de operaciones es el sustrato material de las funciones superiores como el pensamiento, la memoria y la conciencia. Son dos en especial los instrumentos para recorrer el trayecto sensorial-neuronal-cerebral: la propagaci?n del mecanismo de acci?n y la sinapsis; o sea, la transmisi?n del impulso el?ctrico de las neuronas y el paso de la se?al de una neurona a la otra. Cada una de c?lulas nerviosas de los cien billones de las mismas de que consta el cerebro se conecta a trav?s de 1000 a 10,000 sinapsis (transmisiones) a las otras neuronas. El aprendizaje y la adquisici?n de nuevas capacidades en el organismo humano requiere cambios de sinapsis, llamados ?cambios pl?sticos?. Para realizar cada cambio, se implican la totalidad de las sinapsis que, a su vez, simult?neamente cambian en cada nueva conexi?n. Se afirma que ciertas capacidades y habilidades humanas, dependen de los diversos patrones de conexi?n existentes en cada persona.

Las conexiones se realizan debido a impulsos el?ctricos que se reciben en las neuronas a trav?s de los llamados canales i?nicos como una onda de carga el?ctrica positiva que se propaga a lo largo de la extensi?n cil?ndrica del cuerpo celular llamada axon. Estos canales son puntos especiales de permeabilidad en cada c?lula nerviosa. Dichos puntos son prote?nas especiales que forman poros en la membrana celular de la neurona que permiten el paso de fluidos exteriores y que se abren cuando son estimulados en forma adecuada, y a trav?s de los canales i?nicos transforman los fluidos en impulsos el?ctricos. Los impulsos el?ctricos de varias sinapsis son integrados en las dendritas de las neuronas, generando as? un potencial de acci?n el cual se transmite sucesivamente a otras neuronas. Se suele decir que el patr?n b?sico del conjunto de conexiones entre las neuronas es la base material de la memoria, tanto de la llamada memoria ?declarativa?, consciente, como de la memoria de ?procedimiento? (aquella parte de la memoria que se utiliza en la realizaci?n de tareas y reacciones inconscientes). En esta forma, la informaci?n sensorial se procesa mediante su paso progresivo en capas consecutivas de neuronas.

Se ha tratado de dise?ar los patrones de sinapsis de las redes de diversas capas de neuronas bas?ndose en t?cnicas computacionales (redes neuronales); sin embargo, aunque estas t?cnicas han funcionado en niveles neuronales inferiores no se ha logrado comprender la sinapsis propia de las operaciones cerebrales del todo del complejo de la actividad neuronal; en especial atendiendo a las funciones mentales superiores como la cognici?n, la conciencia y las emociones [4].
3. Comprensi?n a base de las sinapsis neuronalesLa mera concepci?n de la acci?n de las neuronas y su complejidad de conexi?n, siendo muy importante para comprender la actividad cerebral, sin embargo, no es suficiente para entenderla adecuadamente. Por un lado el cerebro funciona simult?neamente como un todo a trav?s de grandes complejos de neuronas, y esta totalidad de acci?n no se ha logrado penetrar; por otra parte, en especial al llegar a las funciones superiores mencionadas, en especial referentes a la abstracci?n y a la conciencia se ve que la explicaci?n meramente de qu?mica biol?gica es inadecuada; se puede ver claramente en lo referente a la conciencia, si ?sta es un regresar sobre s? mismo, y la conciencia consiste s?lo en un mero elemento biol?gico material ?c?mo un elemento cuantitativo puede regresar sobre s? mismo?: al mismo tiempo ser?a y no ser?a el mismo, lo que implica el absurdo de violar el principio de contradicci?n. Los estudios que hoy se hacen en el campo cient?fico aludido, son sin embargo muy ?tiles, pues aunque un desequilibrio neuronal de por s? no explica toda la realidad de la enfermedad mental, no cabe duda que es un elemento sumamente importante para su explicaci?n y para su tratamiento.


4. El factor an?mico

Para una comprensi?n m?s integral del enfermo mental, a los factores neuronales hay que a?adir la comprensi?n hol?stica ps?quica; en efecto ya desde antiguo se entend?a que la vida humana necesariamente conten?a dos aspectos fundamentales, y que sus relaciones de subsistencia ten?an que proyectarse atendiendo a lo que cl?sicamente hemos llamado el alma y el cuerpo. Al referirse al enfermo mental, en la antigua Grecia, S?crates prefer?a centrarse s?lo en el alma y dec?a c?mo las enfermedades del alma s?lo se resolv?an con la ?may?utica?, t?cnica que lleva al conocimiento de s? mismo purificando al alma enferma porque revela as? su verdad interior y queda curada por el conocimiento y pr?ctica de las virtudes. Plat?n y Arist?teles por su parte se refieren m?s bien al conjunto, para Plat?n en su mentalidad dualista, la causa predominante de la enfermedad mental es el cuerpo, la enfermedad mental ser?a como el fango corporal que afea al alma del enfermo mental, la que compara con una bella ?nfora hundida en lo profundo del mar, ensuciada por el fango y la lama. Arist?teles se inclina tambi?n a esta perspectiva pero con mayor equilibrio, afirmando c?mo es el entendimiento el que debe de imponer la armon?a al cuerpo, una alma arm?nica dar? lugar a formas corp?reas adecuadas, evitando la enfermedad que es tambi?n corp?rea, pero que principalmente se debe a una alma inarm?nica.

Podr?amos de alguna manera decir que el pensamiento cl?sico griego no se supera del todo en la manera actual de concebir el modelo bioqu?mico de los trastornos psiqui?tricos: hoy se identifica el alma con el bioquimismo activo de los sistemas neuroqu?micos, neuroend?crinos y neurovegetativos de la corteza cerebral, del hipot?lamo, del tronco encef?lico, de la ep?fisis y del sistema vegetativo; estas estructuras est?n coordinadas entre s? seg?n un plan que tiende al autoequilibrio, finalizado a impedir una eventual irregularidad. Los des?rdenes mentales expresan un desequilibrio de este poli-sistema difundido como una red en todo el cuerpo; basta con que se desequilibre uno de estos sistemas y se desequilibra todo el resto [5].

El enfermo mental padece este desequilibrio que var?a de acuerdo a la clase de enfermedad ps?quica que padezca. En todas ellas se turba alguna de estas conexiones, o parte de ellas y se produce un desequilibrio interno que lleva a un desequilibrio relacional externo en el ?mbito social.

A prop?sito de la complejidad y profundidad que conlleva este desequilibrio no se puede ignorar adem?s la opini?n de algunos psiquiatras seg?n la cual la pulsi?n de vida se conecta de modo indisoluble a la pulsi?n de la muerte. Ambas pulsiones se compenetran y la Psiquiatr?a las estudia completando el ?principio del placer? con el ?principio de la realidad?; pilares que sustentan la psicoterapia encontrando la pulsi?n de la muerte como necesidad interna de la vida [6]. El desequilibrio afecta a ambas pulsiones y complica m?s el estado de la enfermedad mental.

Por otra parte, refiri?ndonos a la cura del enfermo mental la Psiquiatr?a presenta una amplia ?rea gris de incertidumbres que la practica cl?nica e la investigaci?n cient?fica consienten individuar en tres aspectos: La precariedad de las teor?as sobre la enfermedad mental y sobre las estrategias di tratamiento, la alta implicaci?n emotiva del trabajador en salud mental y la tecnolog?a. Alguien opina que el nivel tecnol?gico en Psiquiatr?a es bastante bajo, ya que la terapia que usa no es tanto tecnol?gica sino de tipo interpersonal [7].

Sin embargo, a pesar de todas las dificultades para profundizar m?s en las ciencias psicol?gicas sobre la realidad de una enfermedad mental, lo que en cualquier caso es evidente es que la enfermedad mental consiste en un desequilibrio de la raz?n, pero no en su p?rdida. Fuera del pensamiento cristiano se ha dicho que el hombre es imagen de Dios precisamente por su alma racional, o si queremos precisarlo con la cl?sica definici?n, porque el hombre es un animal racional; ahora bien, si este hombre ha perdido la racionalidad, no hay objeci?n si se le trata como a quien tiene s?lo apariencia humana pero que no es m?s humano [8].

Es claro que este modo de pensar es un sofisma ya que el enfermo mental no es que haya perdido la racionalidad, ?sta sigue existiendo, s?lo que no funciona como deb?a funcionar.

III. ?Qu? hacer?

1. El desequilibrio en el pensamiento cristiano

En el pensamiento cristiano se ha dicho que estos graves trastornos reducen al hombre a un estadio lastimoso como una imagen deformada de Dios, que se compara con el estadio del Siervo sufriente de Isa?as (Is 53,1-7). Sin embargo, a pesar de esta deformaci?n, m?s aun, por ella misma, el enfermo mental se parece m?s a nuestro Se?or en la cruz, y como la cruz es el ?nico camino para la resurrecci?n, entonces el enfermo mental, por decirlo as?, tiene una excelencia mayor, es m?s digno; y su excelencia la obtiene precisamente en raz?n directa de la gravedad de su enfermedad y del sufrimiento que conlleva [9].

2. ?Imagen deformada de Dios?


Siendo v?lido lo anterior, quisiera sin embargo tratar de avanzar un poco en estas consideraciones y aventurar una afirmaci?n que quiz? pudiera iluminar el problema desde el ?ngulo de la Teolog?a Moral. La afirmaci?n ser?a, el enfermo mental no es una imagen deformada de Dios sino una imagen fiel de Dios nuestro Se?or.

Esta afirmaci?n lo intuyo en el pensamiento del Se?or cuando dice, ?El Reino de Dios est? dentro de Ustedes? (Lc 17,21) y ?Lo que mancha al hombre procede de su boca y de su coraz?n? (Mt 15,17) ?Del interior del coraz?n del hombre proceden los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los robos, las avaricias, los enga?os, lo imp?dico, las malas miradas, las blasfemias, la soberbia, la insensatez; todos estos males proceden de adentro y envuelven al hombre? (Mc 7,19).

Esto es, el Reino de Dios, la existencia de la Sant?sima Trinidad en cada uno de nosotros, se encuentra en el coraz?n. El coraz?n que se entiende como la fuente ?ltima de decisiones que conforma toda la vida, no solamente lo que anteriormente se llamaba opci?n fundamental, sino todo lo que significa dicha opci?n y todos los actos que llevamos a cabo para cumplirla. O en otras palabras, el coraz?n significa todo nuestro dinamismo puesto al servicio de la misi?n que Dios nos ha encomendado.

El Reino de Dios toca el conocimiento amoroso y la decisi?n tomada en lo m?s ?ntimo de nuestra personalidad que se lleva a cabo mediante la fuerza del Esp?ritu Santo que nos conduce como Hijos de Dios y la cooperaci?n absoluta de nuestras acciones que configuran nuestra vida seg?n la Ley de Dios. Para separarnos de este Reino s?lo lo podemos hacer mediante el mal coraz?n al que se refiere Cristo nuestro Se?or, y del que proceden todos los pecados.

3. Imagen fiel de Dios

Ahora bien, cuando la enfermedad mental ha causado tal desequilibrio que ya no exista la responsabilidad de la acci?n del enfermo mental que la califique como separaci?n de la voluntad divina, como pecado, el enfermo mental no se puede separar de Dios; esto es, la imagen de Dios en ?l no se puede distorsionar. En este caso su conocimiento o su opci?n volitiva, no son suficientes para motivar un acto humano que verdaderamente lo desligue de Dios; su estado ps?quico y som?tico no le permite cometer un pecado grave pues en su desequilibrio no tiene el pleno conocimiento y el pleno asentimiento requeridos para que pueda pecar.

Si las cosas se contemplan desde este ?ngulo, en el caso de que el enfermo mental no posea el conocimiento y el consentimiento pleno requeridos para poder cometer un pecado mortal, no es una imagen deformada de Dios, pues ?sta s?lo se puede deformar por el pecado. Es una imagen sufriente de Dios, es cierto, pero no una imagen deformada. En ?l resplandece el misterio de la cruz victoriosa del Se?or. Aproxim?ndose m?s a la imagen del Siervo de Yahv? (Is. 53,1-7) nos impele a un acto m?s consciente de fe en Cristo que padece.

No en balde antiguamente, en el lenguaje popular mexicano, a un loco se le llamaba ?bendito?, ya que no gozando del pleno uso de la raz?n, sin poder pecar, estaba destinado a la vida eterna.

El desequilibrio objetivo del pecado y sus consecuencias se manifiestan en el enfermo mental, es verdad, pero al mismo tiempo reluce en ?l el equilibrio hist?rico del ?nico orden actualmente posible, el orden y el equilibrio de la Redenci?n.

No es comprensible esto en una mentalidad secularizada pero si en un optimismo cristiano, que adem?s, nace de una fe razonada que nos dice por otra parte c?mo nuestra obligaci?n acerca de un enfermo mental en estas circunstancias por un lado va a cumplir con el deber de ver a Cristo sufriente en los m?s pobres y desprotegidos, pero por otra parte va tambi?n en el sentido de ver en ?l el amor de Dios que lo ha se?alado como sus predilectos en el sentido de que no se podr? separar de El.

Son as? una prueba del mismo amor crucificado de Dios. Por esto es que el mejor tratamiento que se les puede dar es el tratamiento del amor.

Como el enfermo mental es tambi?n una imagen de Cristo resucitado, de aqu? nace la obligaci?n de ser ?Buen Samaritano? para ?l, esto es, poner todo el empe?o para curar al enfermo mental. Idear toda clase de tratamientos para sacarlo de su postraci?n que es tanto m?s dolorosa cuanto m?s profunda es el padecimiento ps?quico que sufre, ya que tantas veces el enfermo mental pierde el sentido de relaci?n humana y siente al ambiente circundante como un ambiente hostil en el cual es perseguido o bien la subjetividad del ambiente desaparece y las personas para ?l son otros tantos objetos o indiferentes o amenazas para su propio yo y su propia seguridad.

4. Tratamiento del enfermo mental

As? el tratamiento hacia un enfermo mental debe descollar como un tratamiento de amabilidad, delicadeza y ternura que le ayude a superar su mundo imaginario como enemigo en el que tan frecuentemente se encuentra sumergido. Este tratamiento deber? ser altamente personalizado y exigente: llevar? as? la diligencia para encontrar toda clase de medicamentos y terapias. Implicar? todos los recursos puestos a disposici?n tanto por las ciencias como por las artes y t?cnicas m?dicas y una investigaci?n que siempre progrese para encontrar los remedios m?s adecuados en el marco psico-som?tico.

L?neas pr?cticas de acci?n

Desde esta perspectiva me permito sugerir algunas l?neas que pudieran proponerse como pistas pr?cticas para preocuparnos amablemente de los enfermos mentales:

Generales:

? Establecer en los sistemas educativos bases religiosas firmes que fijen horizontes s?lidos y estables para toda la vida
? Ser conscientes del sistema de valores sobre el que descansa toda vida humana y apoyarse en ?l para evitar en especial tipos de enfermedad mental basados en la angustia, la tristeza y la desesperanza
? Luchar contra el Relativismo, el Consumismo, la pseudocultura de los deseos instintivos, el pansexualismo
? Promover la dignidad de los enfermos mentales
? Esforzarse por promover un desarrollo sano del ni?o, incluidas sus funciones cerebrales
? Informar acerca de las enfermedades mentales a la sociedad para conocerlas y defenderse de ellas
? Incitar a las Ordenes y Congregaciones religiosas que tienen el carisma de atender a estos enfermos a que no desmayen en su cometido, sino que dada la emergencia de la enfermedad le dediquen un especial cuidado.
? Apoyar con la recepci?n de los sacramentos a los enfermos mentales que est?n en posibilidades de hacerlo
? Iluminar y consolar con la Palabra de Dios al enfermo mental seg?n lo permita el estado ps?quico-som?tico en el que se encuentre.
? Ser conscientes de que la readaptaci?n de un enfermo mental corresponde a toda la sociedad dentro de una solidaridad en la que se privilegia a los m?s necesitados
? Ayudar a la creaci?n de un ambiente social y f?sico que favorezca las relaciones humanas y el sentido de pertenencia del enfermo mental a una comunidad concreta

Nacionales:

? Promover legislaciones adecuadas a nivel pol?tico nacional e internacional que salvaguarden los derechos de los enfermos mentales
? Instar a los diversos Ministerios de Salud de las Naciones, que tengan un cuidado especial de los enfermos mentales y se dise?en programas eficaces para su atenci?n
? Desarrollar e integrar los servicios de sanidad mental en todos los servicios primarios de salud
? Crear las Instituciones adecuadas para la atenci?n m?s cuidadosa bajo todos los aspectos, para los enfermos mentales
? Destinar los fondos necesarios para proveer lo necesario al cuidado de los enfermos mentales
? Proveer a la hospitalizaci?n de los enfermos mentales que lo requieran, y a su permanencia en el hospital de acuerdo a lo que aconsejen los actuales avances de la medicina psiqui?trica
? Proveer de alojamiento para los enfermos mentales desprotegidos que vagan como pordioseros o que sea imposible mantenerlos en familia
? Ayudar institucionalmente a las familias en cuyo seno se encuentra el enfermo mental con una asistencia tanto cient?fica y t?cnica como de comprensi?n y estima
? Favorecer investigaciones relacionadas con los diversos tipos de enfermedad mental y las terapias adecuadas a ellas
? Humanizar los programas terap?uticos a trav?s de la continua formaci?n de los agentes sanitarios
? Adecuar los tratamientos psiqui?tricos a los diversos patrones culturales de los pacientes

Personales:

? Educar en y desde la familia cristiana otorgando a todos las bases s?lidas de la vida en la aceptaci?n de Cristo muerto y resucitado, raz?n de ser de toda existencia
? Intensificar la prevenci?n contra las enfermedades mentales con una acci?n eficaz en el seno de la familia en especial en los primeros a?os de vida de sus hijos
? Unir m?s fuertemente las familias d?ndole a la Instituci?n matrimonial toda la fuerza que le es propia
? Dar mayor espacio de convivencia dentro de la familia tanto de los esposos entre s? como con sus hijos y entre los hermanos
? Propiciar los lazos de afecto y de comprensi?n tanto en la familia nuclear como en la extendida
? Dar el lugar que le corresponde a los abuelos
? Procurar ofrecer a los hijos una figura adecuada del padre y de la madre
? Tratar con afecto y cari?o a los hijos, a la vez que con decisi?n claridad y energ?a en su educaci?n
? Relacionarse fuertemente en familia con los maestros y dem?s personas que ayudan a los padres con sus hijos y no delegar en ellos lo que los padres no deben delegar
? Aceptar positivamente la enfermedad mental combatiendo la estigmatizaci?n de estos enfermos
? Comprender las necesidades tanto f?sicas como psicol?gicas que se ocultan tras los disturbios mentales
? Utilizar las potencialidades de cada enfermo mental
? Facilitar la comunicaci?n interpersonal entre el paciente y quienes lo rodean, en especial dentro de la propia familia.
? Alejar al enfermo de la soledad, del aislamiento y del abandono
? Ense?ar al enfermo mental el modo para desarrollar sus propias habilidades y el sentido de autodeterminaci?n
? Aprender en familia la conducta adecuada frente a un enfermo mental de la propia familia
? Comprender que frente a la enfermedad mental la ciencia sola no basta sino que hay que tratarla de una manera hol?stica en conjunto con sus aspectos religiosos, y filos?ficos y cient?ficos
? Infundir esperanza en los pacientes y en sus familias
? Intensificar la terapia de la amabilidad y la dulzura en la curaci?n de los enfermos mentales [10].


Conclusi?n:

Recordando aquella frase esculpida en el dintel de un hospital alem?n ?Infirmis sicut Christo?, a los enfermos como a Cristo, terminamos estas reflexiones insistiendo en esta imagen de Cristo sufriente en lo m?s ?ntimo de su alma, pleno de dolor y de sufrimiento, pero que convierte este mal en pleno manantial de vida ya que su dolor y su sufrimiento constituyen el n?cleo de su resurrecci?n, pues constituyen nuestra salvaci?n. Nuestro trato a los enfermos ps?quicos se impone como un dif?cil test de nuestra fe. Tratarlos eficazmente es profesar nuestra fe en Cristo doliente y sufriente, pero a la vez victorioso. Este es el sentido de estar celebrando hoy la Jornada Mundial del Enfermo destinada a los enfermos mentales.

--------------------------------------
NOTAS
[1] OPS. 1992. temas de salud mental de la comunidad, serie paltex
[2] Deriu Fiorenza et alii, ?Rapporto descrittivo sui risultati della ricerca del Pontificio Consiglio per la Pastorale della Salute, sulla ?salute mentale??, Pontificio Consiglio per la Pastorale della Salute, 10 Gennaio 2006; en ?Dolentium Hominum? 2006 (62).
[3] Cfr. Juan Pablo II, ?Discurso del Santo Padre a la XI Conferencia Internacional?, en Dolentium Hominum n.34 (XII) 1997,1; 7-9: Joseph Ratzinger, ?La grandeza del Ser humano es su semejanza con Dios?, ibid. 16-19
[4] cfr. Edwin Neher, ?Mecanismos b?sicos de se?alaci?n y procesamiento de informaci?n en el cerebro?, en Dolentium Hominum n.34 (XII) 1997,1; 21-24; D. Johnston and SM Wu, ?Foundation of Cellular Neurophysiology?, The Mit Press, Cambridge Mass., 1995; E.R. Kandel, J. H.l Schwarz and T.M. Jessel, ?Essential of Neuronal Science and Behavior?, Prentice Hall Internacional, Inc., London, 1995; E. Neher and B. Sakmann, ?The Patch Clamp Technic?, Scientific American, March 1992, 44-52.
[5] Cfr. Giuseppe Roccatagliata, ?De las enfermedades del alma a la psiconeurosis?, en Dolentium Hominum, Ibid., 33-39

[6] J. Derida, Speculare ? su Freud, Raffaello Cortina Ed.2000.
[7] Contini G. ?Il miglioramento della qualit? nella riabilitazione psichiatrica?, Centro Scientifico editore , 1999
[8] Cfr Ignacio Carrasco, ?La dignidad de la locura?, Dolentium Hominum n.34 (XII) 1997,1; 124-126
[9] Cfr. Juan Pablo II, ?Discurso del Santo Padre a la XI Conferencia Internacional?, en Dolentium Hominum n.34 (XII) 1997,1; 7-9: Joseph Ratzinger, ?La grandeza del Ser humano es su semejanza con Dios?, ibid. 16-19
[10]Cfr. Juan L?pez Ibar, ?La investigaci?n en Neurociencia: su repercusi?n en las enfermedades mentales?, en Dolentium Hominum n.34 (XII) 1997,1; 52-58; Andrea Calvo Prieto, ?La familia del enfermo mental en los pa?ses africanos?, ibid., 52-58; Francisco Imoda, ?Psicoterapia?, ibid., 186-192: Pier Luigi marchesi, ?Papel de la Iglesia en el tratamiento de los enfermos mentales?, ibid., 205-207; Carlos Lorenzo Casullo, ?La aceptaci?n de la enfermedad mental?, ibid., 81-85.
ZSI06022501
Publicado por verdenaranja @ 23:02
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios