Domingo, 26 de febrero de 2006
(EL D?A) (Domingo, 26 - II, Barbuzano) El pasado jueves se cumpli? un mes del incendio que destruy? el Obispado, un hecho que sirve de excusa para remontarnos en el tiempo y comprobar que el fuego forma parte de la historia misma de La Laguna, ya que de las ocho iglesias importantes del casco hist?rico, cinco han sufrido las consecuencias de las llamas, siendo caracter?stico de todos los siniestros, seg?n destacan los historiadores, que los ciudadanos arriesgaron sus vidas y gracias a ello hoy se conserva, por ejemplo, la imagen del Cristo. Se trata de hechos her?icos que muchos echaron de menos en el incendio de la Casa Salazar cuando el fuego todav?a era m?nimo, si bien las medidas de protecci?n civil actuales son muy diferentes a las del pasado, ya que lo que impera en los tiempos que corren es velar por la seguridad ciudadana. Llama la atenci?n, no obstante, que muchos personas resultaron heridas y con quemaduras en esos siniestros de anta?o, pero no se produjeron v?ctimas mortales.

El incendio m?s antiguo del que se tiene noticia es el del convento de Santa Clara, que se inici? entre las diez y las once de la noche del 2 de junio de 1697, festividad de la Sant?sima Trinidad.

Seg?n los datos aportados por la historiadora Margarita Gallardo, que realiza su tesis doctoral sobre las Clarisas en Canarias y ha catalogado el archivo del convento lagunero de Santa Clara, las p?rdidas materiales con motivo del incendio de dicho monasterio fueron considerables, pero no hubo que lamentar v?ctimas. A?ade que el vicario Gaspar ?lvarez de Castro dispuso que las religiosas se trasladaran a vivir al convento de Santa Catalina, regresando a su antiguo monasterio en el mes de septiembre, por lo que, seg?n la investigadora, "podr?a estimarse que la destrucci?n del convento no fue total".

Otro historiador, Alejandro Cioranescu, afirma que el incendio destruy? casi la totalidad del edificio y que s?lo se salv? la parte que daba a la calle de El Agua, donde estaban los locutorios y oficinas. Mientras, Jos? Rodr?guez Moure se?ala que las religiosas, al regresar a Santa Clara, aprovecharon para alojarse en la parte que no ardi?, en unos alpendes que a toda prisa se formaron con los restos de los materiales que hab?an quedado del incendio.

Rodr?guez Moure destaca "el celo de los diputados del com?n Pedro Colombo y Diego de Bosa y de la heroicidad de los vecinos de la calle El Agua y de la solemne procesi?n de rogativa que se hizo con motivo del incendio".

Margarita Gallardo aporta datos interesantes como los relativos a que la abadesa, Sor Isabel de San Bernardo Renjifo, falleci? poco despu?s, el 4 de agosto de 1697, en el convento de Santa Catalina, donde fue sepultada.

Con respecto al convento de Santa Catalina, su actual superiora, Sor Cleof?, se?ala que por tradici?n se sabe que en tiempos de Sor Mar?a de Jes?s, monja incorrupta que se conserva en el monasterio, hubo un incendio en el claustro, junto al campanario, debido a un farol que dejaron descuidado en el pasillo y prendi? el fuego en la soga usada para tocar las campanas. A?ade que la denominada Sierva de Dios, por el poder que ten?a de presentir acontecimientos, dijo a sus compa?eras que hab?a un incendio en el convento y el lugar exacto, sin verlo, por lo cual las monjas lograron apagarlo.

Otro incendio, muy importante, fue el del convento e iglesia de San Francisco, ocurrido en la noche del 28 de julio de 1810, del que se enter? toda la ciudad debido al incesante clamor de las campanas tocando a fuego.

El fuego comenz? en el campanario, desde donde pas? al coro, propag?ndose luego por la techumbre de las naves y artesonados de las capillas. Pero las llamas no impidieron que tanto el pueblo como los religiosos, dando muestras de heroicidad, penetraran en la iglesia y avanzaran entre el fuego, con peligro para sus vidas, para salvar al Sant?simo Cristo de La Laguna, que sacaron por la sacrist?a sin que sufriera ning?n desperfecto. Tambi?n rescataron el valioso altar y retablo de plata en el que se le da culto.

Es de destacar que cuando el padre Escobar puso los pies en el umbral de la puerta de la sacrist?a, llevando el Sacramento, se desplom? a sus espaldas la techumbre de la capilla mayor, salvando la vida milagrosamente.

Los historiadores resaltan que el acto m?s imponente fue el traslado de la imagen del Cristo lagunero a la parroquia de Los Remedios a las tres de la madrugada, alumbrando las calles las llamas que desprend?an los hachones de los trozos de tea del incendio en manos de los j?venes de la ciudad.

Los hombres de las cercan?as, que trabajan en la trilla, dedicaron sus esfuerzos a salvar el edificio, pero el papel que jugaron las mujeres fue crucial, ya que, seg?n cuenta Jos? Rodr?guez Moure, a su entrega se debe el haber salvado objetos del culto como ornamentos, im?genes y muchas piezas de plata que fueron rescatadas ardiendo ya las techumbres. Tambi?n salvaron el p?lpito y las pilas de m?rmol del agua bendita.

Otro incendio destacado fue el de la iglesia de San Agust?n, que se produjo a las 15:30 horas del 2 de junio de 1964, en un momento en que en el instituto Cabrera Pinto, anexo a la iglesia, estaban mucho ni?os en clase que fueron evacuados sin que se produjeran v?ctimas.

Los primeros en entrar en el templo vieron que ard?a el coro y los retablos, aproxim?ndose las llamas al artesonado del techo. Lo sorprendente fue que mientras unos apagaban con mangueras el fuego, otros, con gran valor, comenzaron a salvar objetos de culto e im?genes. El viento aument? de intensidad y aviv? las llamas, alcanzando una altura que dobl? la del edificio.

Las cenizas mantuvieron el calor y fueron capaces de incendiar una palmera de la plaza de la Catedral. El fuego se pas? a la residencia de los Padres Paules y amenaz? con llegar a la iglesia y hospital de los Dolores. Las llamas pasaron a una galer?a del instituto Cabrera Pinto. Los bomberos conectaron la bomba al pozo del patio central de dicho centro.

Un antiguo alumno del Cabrera Pinto llamado Niabel N??ez subi? por una escalerilla, rompi? una ventana y accedi? a la galer?a que se quemaba, salv?ndola de las llamas.

Pronto se cay? el techo de la iglesia, lo que tranquiliz? a los laguneros ante el temor que ten?an de que el fuego se propagara y se quemara parte del casco antiguo.

Muchos arriesgaron sus vidas al salvar, entre otras im?genes, el Sant?simo del Sagrario, una Dolorosa, una Virgen de Candelaria, una Magdalena, una Milagrosa peque?a, un Crucificado y el Nazareno.

En cuanto a las causas del incendio, se barajaron dos: el soplete de los pintores que quitaban la pintura del altar, descartado m?s tarde por los t?cnicos que realizaron la investigaci?n, y un cortocircuito en el coro.

Santo Domingo

El ?ltimo de los incendios, producido por un cortocircuito, fue el que ocurri? el 29 de octubre de 1993, antes de comenzar la misa de las 19:00 horas en Santo Domingo.

Alguien se percat? de que sal?a un poco de humo de las manos de la Virgen del Rosario, del siglo XVII. En ese momento, el sacrist?n, Fernando Delgado Gonz?lez, subi? con gran valor al camerino del altar mayor y, al ver la Virgen ardiendo, intent? sofocar las llamas con un manto viejo y con cubos de agua, pero fue in?til. No obstante, lograron traer un extintor del edificio anexo de Correos y parar el fuego, aunque la imagen result? muy da?ada. El fuego se inici? en la parte trasera del camerino y afect? tambi?n a las andas, realizadas en enlaces met?licos de baldaquino.

Adem?s, resultaron afectadas las numerosas joyas y piedras preciosas que decoraban el vestido de la Virgen, que fue restaurada, igual que el Ni?o que sostiene en sus manos, por el artesano Antonio Ayala.

Dado que la restauraci?n de la imagen resultar?a muy costosa, el p?rroco de Santo Domingo, Vicente Cruz, decidi? abrir una cuenta corriente para que los ciudadanos contribuyeran, anunci?ndolo con carteles colocados en diferentes puntos de la ciudad.

La restauraci?n

El dinero que se necesitaba para devolver la Virgen del Rosario a su estado primitivo sobrepasaba el mill?n de pesetas, pero no era nada comparado con el valor religioso e hist?rico que le caracterizaba.

El autor de la restauraci?n, Antonio Ayala, dijo que la labor se pod?a llevar a cabo gracias al estucado, que al ser antiguo estaba hecho de yeso y m?rmol, consiguiendo de esta manera mayor fortaleza en las im?genes.

La Virgen del Rosario, seg?n algunos estudiosos, la trajeron a la isla de Tenerife los monjes dominicos sobre el a?o 1685-1685, m?s concretamente por fray Pedro de Santa Mar?a de Ulloa, aunque entendidos en arte consideran que la imagen es una talla sevillana.

La Virgen es de candelero, es decir, tiene un c?rculo de madera que soporta el peso de la figura, madera que estaba tapada por una falda de estilo portugu?s. La imagen despert? una gran devoci?n en Amaro Rodr?guez Felipe, m?s popularmente conocido como el corsario Amaro Pargo.

En la restauraci?n se descubri? el color original de la imagen.
Publicado por verdenaranja @ 20:58
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