Domingo, 05 de marzo de 2006
? Carta Pastoral ante el D?a del Seminario 2006?

Queridos diocesanos: Coincidiendo con la fiesta de San Jos?, Esposo de la Virgen Mar?a, en torno al 19 de marzo, todos los a?os celebramos en nuestra Di?cesis el D?a del Seminario. El Seminario es una instituci?n de primer orden y de gran repercusi?n en el presente y futuro de nuestra Iglesia Diocesana.
No en vano, con palabras del Concilio Vaticano II, al Seminario se le da el apelativo de ?coraz?n de la Di?cesis?.

El Seminario es el ?mbito ?f?sico y humano? en el que se preparan
los futuros sacerdotes. Ante todo, est? formado por los minaristas (adolescentes, j?venes y adultos) que han sentido la llamada de Dios a ser sacerdotes y, en un amb ente de estudio, oraci?n, vida comunitaria, etc., ayudados por los formadores y profesores, buscan fundamentalmente dos cosas: verificar que es Dios quien les llama y, al mismo tiempo, prepararse para ser pastores de la Iglesia, a imagen de Cristo el Buen Pastor.

No todos los que pasan por el Seminario llegan a ser sacerdotes, porque una cosa es ?sentir la llamada? o ?tener ganas de ser cura? y otra que la persona tenga ualidades para ello y que el Se?or le llame. Ah? est? precisamente la gran tarea de los formadores del Seminario: ayudar a cada uno personalmente a discernir su vocaci?n y ofrecerle los medios adecuados para responder libre, consciente y responsablemente a la llamada de Dios.
Por eso, la misi?n del Seminario, al mismo tiempo que importante, es peculiar y dif?cil. No es un centro de formaci?n equiparable a otros, no es un centro para formar personas que han elegido una profesi?n eclesi?stica.
El sacerdocio, antes que una opci?n personal, es ante todo una llamada de Dios que es quien toma la iniciativa y elige a quien ?l quiere. Por tanto, desde el punto de vista de la persona, la vocaci?n sacerdotal es una cuesti?n de disponibilidad, de ofrecimiento, de respuesta generosa y confiada a una llamada del Se?or a seguirle y servirle en su Iglesia.
As? se comprende el lema elegido este a?o en nuestra Di?cesis para el D?a del Seminario: ?Aqu? estoy Se?or. ?Qu? debo hacer??. Tomado de la experiencia que tuvo San Pablo, cuando el Se?or le llam?, el lema tiene forma de oraci?n y expresa la actitud fundamental con la que siempre tenemos que situarnos ante Dios. No con planes personales previos, sino con entera disponibilidad y confianza en que lo que el Se?or quiere de mi es lo mejor para mi vida. Les aseguro, por experiencia personal, que cuando uno se pone de verdad ante Dios con una actitud as?, el Se?or nos
muestra con claridad lo que quiere de nosotros.
Como reiteradamente les digo a los j?venes cristianos cuando les administro el sacramento de la Confirmaci?n, antes que decir: ?quiero ser esto o aquello, Se?or ay?dame a conseguirlo?, el verdadero disc?pulo de Jesucristo dice: ?Aqu? estoy, Se?or, h?blame. ?Qu? quieres que haga?? S?lo con una actitud
as?, puede ser o?da y aceptada la llamada que Dios hace al sacerdocio o a cualquier otra vocaci?n espec?fica en la Iglesia. Pero para ello es necesario que nuestros ni?os, adolescentes y j?venes conozcan y crean en Jesucristo.
El problema de la falta de vocaciones, fundamentalmente, es un problema de falta de fe o de una fe poco personalizada. Si disminuye el n?mero de sacerdotes no es porque Dios no llame ni necesite ?obreros para su mies?, sino porque su llamada no es escuchada y si lo es, no encuentra respuesta positiva en aquellos que ?l llama. Pero, adem?s, junto al problema de la crisis de fe que afecta a muchos cristianos de todas las edades, hay que considerar otra cuesti?n. ?Por qu? siendo tan importante y necesario que haya sacerdotes en la Iglesia, a veces, da la sensaci?n de que no nos importa ni nos preocupa la escasez de
vocaciones? ?No ser? porque, justamente, lo que nos falta es esa convicci?n de que los sacerdotes son necesarios? Es claro que cada uno promueve, cuida y apoya aquello que valora, y cuanto m?s lo valora, m?s empe?o pone en defenderlo.
Quiero decir que nuestro afecto, preocupaci?n y colaboraci?n por el Seminario est? en relaci?n directa con la importancia que cada uno da al sacerdocio en la Iglesia. En los documentos del Concilio Vaticano II se pide a los obispos que expongan con frecuencia a los fieles ?la necesidad, naturaleza y excelencia de la vocaci?n sacerdotal? (OT 5). Por eso, quiero aprovechar esta sencilla carta con motivo del D?a del Seminario, para recordar a todos los diocesanos ?y en primer lugar a los propios seminaristas? algunas cuestiones relativas al sacerdocio que forman parte de nuestra fe cat?lica, con el deseo que ello nos impulse a estimar cada vez m?s el sacerdocio cat?lico y a trabajar por todos los medios, especialmente colaborando con el Seminario, para que tengamos muchos y buenos sacerdotes.
La liturgia para la Ordenaci?n Sacerdotal nos dice que Dios todopoderoso, ?origen, camino y meta de todo? (Rom. 11,35), para llevar a cabo la obra de la salvaci?n, no s?lo envi? al mundo y constituy? sacerdote de la Alianza nueva y eterna a su ?nico Hijo, nuestro Se?or Jesucristo, sino que tambi?n determin? perpetuar en la Iglesia su ?nico sacerdocio mediante dos formas:

1. Confiriendo el honor del sacerdocio real a todo su pueblo santo, es decir, a todos los cristianos. Es lo que llamamos ?el sacerdocio com?n? que corresponde a todos los fieles por el hecho de estar bautizados.

2. Eligiendo a hombres concretos de este pueblo, para que por la
imposici?n de manos participen de su sagrada misi?n. Es lo que
llamamos ?el sacerdocio ministerial? que todos identificamos con
los ?presb?teros? (?sacerdotes? o ?curas?) que presiden nuestras
parroquias y comunidades.
Aunque cada cual participa de forma peculiar del ?nico sacerdocio de Cristo, ambas formas de sacerdocio se ordenan mutuamente la una a la otra; es decir, los fieles necesitan del sacerdocio ministerial para realizar su vocaci?n cristiana y, a su vez, los sacerdotes tienen raz?n de ser y existen para servir al pueblo de Dios, imitando a Cristo ?el Buen Pastor? que entreg? su vida por la salvaci?n de todos.
De modo que, por voluntad de Dios, los fieles cristianos reciben los dones de la salvaci?n mediante el ministerio de los sacerdotes y, por su parte, los sacerdotes realizan su vocaci?n espec?fica de ?curas? (los que ?cuidan?) poniendo su vida a disposici?n de Cristo y de su cuerpo que es la Iglesia,
para que ?l se haga presente en medio de su pueblo y act?e su salvaci?n.

Porque, en efecto, Jesucristo sigue siendo el que habla, el que perdona, el que santifica, el que preside y dirige la vida de su pueblo. Tal como nos prometi?, ?l est? con nosotros ?todos los d?as hasta el fin del mundo?,
?l es contempor?neo nuestro en todo tiempo y lugar, vive en la historia y desde dentro de ella sigue realizando la obra de la salvaci?n por medio de su Iglesia, en la que ?l, como Cabeza, Se?or y Fuente de vida, act?a visiblemente por medio de disc?pulos escogidos, consagrados y enviados que en los comienzos fueron los Ap?stoles y son ahora los Obispos, junto con los Presb?teros y Di?conos.
As? pues, Nuestro Se?or Jesucristo eligi?, y sigue eligiendo, a hombres concretos para que se entreguen totalmente a difundir y a mantener encendida la luz de su palabra y de su testimonio, a lo largo de los siglos y en todos los lugares de la tierra; hombres que, con su vida y ministerio, prolonguen en el mundo, en nuestros pueblos y ciudades, la presencia y la presidencia, la predicaci?n y la misericordia de Jesucristo, Redentor y Salvador de todos los hombres.
Por eso, el ministerio de los sacerdotes no es ?un oficio? cualquiera del que se podr?a prescindir o cambiar por otra cosa, sino un servicio sacramental insustituible que participa de forma especial y con car?cter indeleble de la potencia del sacerdocio de Cristo, Cabeza, Maestro y Pastor de la Iglesia.
Una participaci?n que el mismo Cristo da a algunos hombres mediante el sacramento del Orden, para que ejerciten en su nombre y con su mismo poder las funciones de ense?ar, santificar y dirigir pastoralmente la comunidad eclesial.
Es as?, como debemos entender el sacerdocio ministerial, por eso -entre cat?licos- no es admisible decir sin m?s, como a veces se oye, ?el cura es un hombre cualquiera? o ?yo no creo en los curas?, porque un sacerdote es, s?, un hombre como otros, pero un hombre especialmente elegido, consagrado y enviado por Dios para ?hacer presente? a Cristo Pastor que, por su medio, instruye, santifica y gobierna constantemente a su pueblo.
Por eso, los cat?licos ?creemos en el sacerdocio?, es decir, creemos que por mediaci?n de los sacerdotes el mismo Cristo nos dirige su Palabra de Vida, nos perdona los pecados y nos reconcilia con Dios, nos entrega su Cuerpo y su Sangre en la Eucarist?a, nos gu?a y sostiene a todos por el camino de la caridad...
No creer en el sacerdocio, o prescindir del ministerio que realizan los sacerdotes, es privarnos de esta presencia singular de Cristo Maestro, Sacerdote y Pastor de su Iglesia, que se halla s?lo a trav?s de la persona del sacerdote ordenado. Como lo vemos en la experiencia diaria, cuando se rechaza el sacerdocio, o cuando faltan sacerdotes por la escasez de vocaciones, son los propios fieles los primeros perjudicados en su vida de fe y la comunidad cristiana pierde su identidad y consistencia, con
el consiguiente peligro de disgregarse como un reba?o sin pastor.
En consecuencia, prestar al Seminario nuestro apoyo espiritual, moral y econ?mico, es invertir en el futuro de nuestra Di?cesis, es proteger nuestra propia fe y la de los que vienen detr?s de nosotros, es hacer posible la voluntad de Cristo el Buen Pastor que, por medio de los sacerdotes, una y otra vez, quiere apacentar a sus ovejas y llevarlas a reposar, buscar la que est? perdida, recuperar a la descarriada, curar la que est? herida y confortar a la enferma (cf. Ez. 34, 15ss).
Quede, pues, patente mi llamamiento de Obispo a todos los diocesanos.
Por mandato del Se?or soy vicario y legado de Cristo en esta Di?cesis (cf. LG 27). Como si Dios mismo exhortara por medio nuestro, en nombre de Cristo les suplicamos (cf. 2Cor. 5,20): considerad el Seminario como algo propio y prestadle vuestro apoyo en todos los sentidos (oraci?n, cercan?a con los seminaristas, estima del sacerdocio, ayuda econ?mica?). Y muy especialmente, con palabras del Concilio, pido ?que todos los sacerdotes consideren el Seminario como el coraz?n de las di?cesis y le presten gustosa ayuda? (OT 5).
?
Bernardo ?lvarez Afonso
Obispo Nivariense

Aqu? estoy, Se?or
?Qu? debo hacer ?

D?A SEMINARIO
19 DE MARZO

?Por qu? no, al menos,
un seminarista por parroquia?

Publicado por verdenaranja @ 0:09
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