Martes, 14 de marzo de 2006
Movimiento Siervos de los Pobres del Tercer Mundo

?Cu?l es la finalidad de la Cuaresma ? ?Por qu? rezar, ayunar y compartir? ?Qu? placer le encuentra Dios en mandarnos hacer todo esto? En realidad, no hay sino un solo objetivo, que es el mismo de toda vida cristiana, y que es el de cumplir con el ?nico mandamiento de Cristo: amar a Dios sobre todas las cosas y al pr?jimo como a nosotros mismos. La Cuaresma no es sino una ocasi?n especial de practicar este mandamiento con mayor intensidad, como en una especie de prueba o ensa?yo piloto.

?Cu?l es la finalidad de la vida?

Como se sabe, la vida no tiene sentido sino en su perspectiva de eternidad. Si la vida aqu? en la tierra no tiene una continuaci?n en el m?s all?, entonces ?para qu? esforzarse, traba jar, sufrir, sacrificarse? ?Para qu? obedecer a Cristo tratando de amar a Dios y a nuestro pr?jimo? Seguramente la adhesi?n a Jes?s y a su ense?anza tiene sus propias satisfacciones aun en la tierra: la paz del esp?ritu, una serena felicidad, una cierta ?indiferencia? (en el sentido paulino de que, sea que vivamos, sea que muramos, si esto viene del Se?or no le tememos a nada), frente a las pruebas que nos puedan sobrevenir, etc.; pero, al fin y al cabo, sabemos que nuestra vida aqu? en la tierra, pase lo que pase, no durar? para siempre... Sabemos que no es sino un ?test?, con una sola cuesti?n de fondo: ??Me amas t???

?sta es la pregunta a la que, muy a menudo sin saberlo o sin darnos cuenta, contestamos cada d?a. Por nuestra relaci?n con Dios y con el mundo, nosotros decidimos d?a tras d?a si amamos a Dios, o no: ?S?, yo te amo porque rezo, recibo los sacramentos, comparto lo m?o con los dem?s, quiero a mis amigos e incluso a los que se consideran mis enemigos...? O, por el contrario: ?No, no te amo, pues prefiero el pecado, no creo lo que T? has dicho o prometido, no quiero sino a m? mismo y no perdono a nadie la menor ofensa.?

Y es as? que, en el transcurso del tiempo, vamos preparando la decisi?n final que determinar? nuestra vida futura, nuestra vida por toda la eternidad. Dios, habi?ndonos creado libres, no nos forzar? a que lo amemos, ni a que compartamos con ?l la vida divina. Y, si no lo amamos, ?l dejar? que pasemos la eternidad solos, aunque esto le cueste aceptarlo. Hoy en d?a se oye decir cada vez m?s que el infierno no existe o que, si existe, est? vac?o, porque Dios nos quiere... Pensar de esta manera significa olvidar que el amor exige una respuesta libre del ser amado, y la respeta. ?Qu? amor ser?a el de Dios si, contrariando nuestra voluntad, nos forzara a amarlo por toda la eternidad? Es precisamente porque nos ama que Dios nos deja libres de no amarlo, si nosotros lo decidimos as?. ?l no puede forzarnos a aceptar la vida eterna: es el precio del verdadero amor el aceptar no ser aceptado.

Nuestra vida presente, entonces, es el tiempo que se nos da para una respuesta, positiva o negativa, al amor de Dios. En el juicio final, no ser? tanto Dios que nos aceptar? o nos rechazar?, cuanto nuestra propia decisi?n, fijada para siempre en el momento de la muerte, decisi?n que ?l ratificar? con su justo y definitivo veredicto.

La Cuaresma, tiempo de ensayo y de prueba piloto

La Cuaresma es, en cierto modo, un ensayo general o una prueba piloto. Nosotros no sabemos cu?ndo vamos a morir, pero sabemos cu?ndo Cristo muere y cu?ndo resucita, y tambi?n cu?ndo nosotros mismos vamos a revivir su muerte y su resurrecci?n. Y la Cuaresma es, de alguna manera, un resumen de nuestra vida y de nuestra muerte con ?l. Si estamos preparados en el momento de su muerte y de su resurrecci?n, entonces el ?test? ha tenido ?xito. Habremos vivido, en resumen y de manera concentrada, lo que deberemos vivir a lo largo de los a?os que nos han sido asignados. Pero si la Pascua nos toma de sorpresa, sin que hayamos mejorado nada en nuestra vida; o, peor a?n, si esta fiesta de Pascua nos halla en estado de pecado mortal (s?, de pecado mortal, porque ?el pecado mortal existe!), entonces seremos no sotros los responsables de no estar preparados... Y sabremos cu?l ser? el juicio que nos est? reservado en el ?ltimo d?a si no nos convertimos.

Lo que Dios quiere de nosotros

En el d?a del juicio final, Dios reconocer? en nosotros lo que le pertenece, y ser? esto lo que nos abrir? las puertas del Para?so. ?sta ser? la respuesta, el ?s?? que ?l quiere encontrar en nosotros. Las palabras ser?n in?tiles, y no podr?n contrabalancear los actos y las obras. El ?ltimo juicio s? tendremos un abogado, que ser? el Esp?ritu Santo; no ser?, sin embargo, como los juicios humanos, sujetos a argumentaciones. No se tratar? de hallar una culpabilidad o una santidad, sino de ?sacar cuentas?, de alguna manera, porque tendremos tambi?n algunos ?ases? a nuestro favor (Dios conoce nuestra debilidad, y adem?s no juzgar? a aquellos que no han juzgado a sus hermanos durante su vida terrenal). Pero, aparte las ventajas de tener estas ?cartas? favorables, ?qu? nos requerir? Dios? Bueno, lo que Jes?s ya nos ha requerido: amar a Dios sobre todas las cosas y al pr?jimo como a nosotros mismos.

Es ?sta la ?imagen y semejanza? que Dios quiere encontrar en nosotros de sarrollada. Y es all? donde intervienen los ?preceptos? de la Cuaresma : la oraci?n, antes que nada, que nos ense?a a colocar a Dios sobre todas las cosas; luego, el ayuno, que, adem?s de llevarnos a imitar lo que Jes?s ha vivido du rante cuarenta d?as en el desierto, nos permite compartir lo nuestro con nuestros hermanos los m?s pobres. No se trata, en efecto, de someternos a un r?gi men o dieta especial para adelgazar o economizar, sino m?s bien de compar tir con los que tienen hambre lo que nosotros hubi?ramos podido consumir o ahorrar para nuestro provecho ego?sta.

El ayuno cuaresmal no es el Ramad?n de los musulmanes: est? indisolublemente unido a la pr?ctica del amor al pr?jimo, sin el cual resulta est?ril. Tiene adem?s un valor asc?tico, un valor de reparaci?n de nuestros pecados pasados. Mediante la ofrenda de aquello de lo cual nos privamos, ?repara mos? las consecuencias de nuestros pecados y tambi?n de los ajenos, gracias a la comuni?n de los santos.

Finalmente, a trav?s del ejercicio conjunto de la oraci?n, del ayuno y del compartir, tratamos de imitar la vida terrenal de Jes?s, para que el Padre, re conociendo en nosotros lo que ha reconocido en su Hijo, nos reciba en la vida eterna como le ha recibido a ?l.

Un tiempo privilegiado

La Cuaresma es un tiempo de gracia. Es un tiempo de reparaci?n y de pre paraci?n, un tiempo particularmente bendecido por Dios, si nosotros aceptamos vivir su desaf?o.

Si nos damos el trabajo de vivir en estado de gracia, confesando eventuales pecados graves que hayamos cometido; si vivimos este tiempo como se nos lo propone, intensificando nuestra vida de oraci?n, de sacrificio y de saber compartir; si aprovechamos bien de estas semanas, tratando de no irritarnos y no impacientarnos, sino de conservar una alegre esperanza en el coraz?n y en el rostro; si llegamos a la Pascua renovados por la gracia de Dios, con la cual habremos cooperado; entonces oiremos en el fondo de nuestro coraz?n el eco de aquellas c?lidas palabras que Cristo nos dirigir? en el ?ltimo d?a: ??Venid, benditos de mi Padre: recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creaci?n del mundo? (Mt 25, 34).

Padre Fabricio Chatelain, sptm

(Temas de reflexi?n en Fuente de la Guancha)
Publicado por verdenaranja @ 22:36
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