S?bado, 25 de marzo de 2006
Juan Luis Lorda
Profesor de Teolog?a Dogm?tica
Universidad de Navarra
16 de marzo de 2006 Alfa y Omega (ABC)


El cristianismo no se basa en aceptar o practicar ideas, sino en creer en Cristo, en amarle, en seguirle. El intenso amor que la Iglesia tiene a Cristo alcanza todo lo suyo. Veneramos los lugares por donde transcurri? su vida. Bel?n, donde naci?. Nazaret, donde vivi?. Jerusal?n, donde muri? y resucit?. Tambi?n veneramos los objetos que nos han llegado de ?l: la Vera Cruz, la S?bana Santa? Nos emociona y nos asombra esa proximidad f?sica con el Dios encarnado.

Si los lugares y las cosas nos dicen tanto, c?anto m?s las personas que convivieron con ?l y le quisieron. Todo buen cristiano siente envidia de los que contemplaron su rostro y escucharon su voz. Nos conmueve pensar en aquella primera generaci?n de cristianos que rodearon al Se?or y le fueron fieles. Y nos conmueve tambi?n pensar en el amor que Cristo les tuvo.

En esta historia de amores, que eso es el cristianismo, ocupa un lugar privilegiado Mar?a, su Madre; y despu?s, san Jos?. Es la familia de Jes?s. A la piedad cristiana s?lo le hace falta saber que eran buenos, para imaginarse c?mo tratar?an al Se?or; c?mo lo querr?an. De la Virgen sabemos m?s. El Magnificat nos abre las puertas de su alma. De san Jos?, esposo de Mar?a, sabemos menos. La Escritura, en unos pocos pasajes, nos testimonia su vocaci?n y su obediencia al querer de Dios, y nos dice que era ?justo?(1,19). Y esto, en la Biblia, es un precioso elogio. Significa la santidad: la persona enamorada de la Ley de Dios, que cumple su voluntad.

El cristianismo es una religi?n familiar. El sacramento del matrimonio es tan necesario para el crecimiento de la Iglesia como el del sacerdocio. Por eso, la tradici?n cristiana sabe tanto de familias: de padres, de madres, de hijos, de hogares. Cada uno de los buenos padres que el cristianismo ha tenido sirven de ejemplo y de modelo para representarse a Jos?. Es una figura que se repite constantemente y en todas partes.

No hace falta un esfuerzo colosal de imaginaci?n. Basta haber tenido cerca esta experiencia humana tan bonita. Un padre que quiere a lo suyos, que se desvive, que trabaja, que piensa, que mira, que atiende, que corrige, que ve crecer con ilusi?n, que pasa por dolores y pruebas. El desvelo de las noches, el trabajo de los d?as; los proyectos, las dificultades, las esperanzas, las alegr?as. Ese entramado de cosas peque?as que el amor engrandece.

San Jos? se habr?a hecho justo y honrado, como sabemos que se hacen los hombres: con ese esfuerzo por ser fieles a sus deberes familiares, con el empe?o repetido en el trabajo y con su participaci?n en las inquietudes comunes de aquella peque?a comunidad humana de Nazaret.

En este aspecto, es facil?simo representarse a Jos?. La delicadeza con que tratar?a a Mar?a. Y el cuidado de Jes?s, el hijo de Dios puesto bajo su custodia. Algunas venerables oraciones se lo imaginan teniendo en los brazos a Cristo. Muchas obras de arte prefieren ponerlo en Bel?n, mirando con asombro al hijo de Dios, hecho hombre. Y, en el siglo XIX, se puso de moda representarlo en el taller, en el banco del carpintero, ense?ando a Jes?s. San Jos? obrero. Carpintero, herrero, artesano. Seguramente un poco de todo en aquella poblaci?n peque?a. Ttransmiti? a Jes?s el oficio. Y Jes?s fue conocido como el ?carpintero? (Mc 6,3) e ?hijo del carpintero? (Mt 13,55).

Le habr?a ense?ado las destrezas y habilidades, le habr?a pasado sus herramientas. Tan queridas, tan usadas, tan caras entonces. Quiz?, de aspecto rudimentario, pero con una carga de experiencia de siglos. Jos? hizo llegar a Jes?s esa herencia de humanidad trabajadora y honesta. Y Jes?s ejerci? ese ofici? y us? esas herramientas muchos a?os. Un misterio de normalidad. La vida de san Jos? no pas? de esta etapa: lo divino en la normalidad de lo humano. Lo humano m?s normal hecho divino.

Los Evangelios nos dicen algo m?s sobre san Jos?. Aparece en cuatro hermosos pasajes. La vocaci?n de Jos? para desposar a Mar?a (Mt 1,19-25), el viaje a Bel?n y el nacimiento del Se?or (Lc 2,3-16), la huida a Egipto (Mt 2,13-23) y la peregrinaci?n a Jerusal?n, cuando Jes?s ten?a doce a?os (Lc 2,24). Pero casi todo lo que los cristianos sabemos de Jos? lo sabemos cada vez que miramos a un padre cristiano. Y al mismo tiempo, esa figura entra?able nos sirve de inspiraci?n para la paternidad que todos en la Iglesia, de una manera u otra, tenemos que ejercer.
Publicado por verdenaranja @ 14:20
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