S?bado, 25 de marzo de 2006
Movimiento Siervos de los Pobres el Tercer Mundo de Opus Christi Salvatoris Mundi en la revista "CUARESMA 2006" publica un interesante art?culo titulado "La misi?n ad gentes est? todav?a en sus comienzos", del P. Giuseppe Cardamone, sptm., que ponemos a continueci?n.



?Vayan, pues,
y hagan disc?pulos a todas
las gentes bautiz?ndolas
en el nombre del Padre
y del hijo y del Esp?ritu Santo,
y ense??ndoles a guardar
todo lo que yo les he ense?ado?



En las ?ltimas d?cadas la actividad misionera de la Iglesia, conocida como Misi?n ad gentes (es decir, misi?n hacia los pueblos o hacia las naciones) se ha debilitado, a pesar de que el Santo Padre ha lanzado numerosas llamadas a la evangelizaci?n de los pueblos: ?La misi?n ad gentes tiene ante s? una tarea inmensa que de ning?n modo est? en v?a de extinci?n? (Enc?clica Redemptoris missio, n. 35).

?C?mo es posible que hasta tan s?lo cincuenta a?os atr?s la Iglesia ardiera de fervor misionero, y que ahora, por el contrario, haya tanta dificultad para que un joven decida generosamente donar la vida para anunciar el Evangelio a los pueblos que a?n no lo conocen?

Para responder a esta pregunta debemos resolver otros problemas que se presentan cada vez m?s entre los hombres y, lamentablemente, entre los cristianos de hoy. Son problemas que ata?en a la identidad de la Iglesia y de toda su obra evangelizadora.

Muchos, hoy en d?a, incluso dentro de la Iglesia, afirman, apoy?ndose en las m?s diversas especulaciones filos?ficas y teol?gicas, que la misi?n no tiene ninguna raz?n de ser, porque cada religi?n es de por s? un camino de salvaci?n; que la verdad no puede ser conocida; que la Iglesia no es necesaria para la salvaci?n; que el hombre es naturalmente bueno y que s?lo necesita ser educado, no salvado; y que Jesucristo es simplemente un personaje hist?rico, equiparable a los fundadores de otras religiones.

La fe que la Iglesia profesa desde siempre es otra cosa, muy diferente: la tradici?n misionera ya bimilenaria es una demostraci?n concreta de ello; y, si queremos acudir a los documentos oficiales, encontraremos claras afirmaciones que muestran c?mo la misi?n es esencial a la Iglesia, y que la Iglesia siempre ha invitado y a?n hoy invita a sus hijos a ofrecer su propia vida para que Cristo sea conocido y amado por todos.

En general, los documentos anteriores al Concilio Vaticano II (1958-1965) son muy escuetos, pero fundamentan teol?gicamente el deber de todo cristiano de sentirse part?cipe de la acci?n misionera de la Iglesia, alaban la actividad de los misioneros y consideran como obvio que es nece?sario anunciar el Evangelio hasta los ?ltimos confines de la tierra.

El Concilio Vaticano II ha dado a la Iglesia una ocasi?n para reflexionar sobre la fe y exponerla de una manera m?s accesible al hombre de hoy. Todo un Decreto del Concilio, el que lleva el t?tulo de ?Ad gentes?, est? dedicado al tema de la actividad misionera de la Iglesia: en ?l se afirma que la Iglesia est? llamada por su propia naturaleza a anunciar a Jesu?cristo a todos los pueblos, a instaurar todas las cosas en Cristo, a llamar a todos los pueblos a entrar a formar parte de la Iglesia mediante el Bautismo. Como siempre, la Iglesia ha ense?ado que Jesucristo es el ?nico salvador, el cual quiere hacer llegar su salvaci?n a trav?s de la Iglesia por ?l fundada; que fuera de Cristo y de la Iglesia no hay salvaci?n; que la necesidad de la Iglesia para la salvaci?n del hombre es absoluta; y que Cristo no es un simple fundador de una religi?n, sino el Hijo de Dios, verdadero Dios en la unidad del Padre y del Esp?ritu Santo, hecho hombre para salvar a los hombres de la condenaci?n infligida por el pecado y elevarlos a la condici?n de hijos de Dios. ?Es evidente que la Iglesia no se ha pronunciado de manera ambigua!

La gran aportaci?n del Concilio fue la de aclarar la posici?n de aquellos que no han conocido el Evangelio, afirmando que el Esp?ritu Santo act?a m?s all? de los confines visibles de la Iglesia, dando a cada hombre la posibilidad de unirse al misterio Pascual de Jesucristo, esto es, de salvarse. En efecto, en la ?Gaudium et spes? (n. 22) se afirma que quienes, sin su culpa, no han conocido a Jesucristo, si se esfuerzan por cumplir la voluntad de Dios siguiendo los dictados de la recta conciencia, pueden recibir la gracia de Dios, es decir, pueden salvarse. El Concilio aclara tambi?n que la situaci?n de aquellos que no han conocido el Evangelio es de manifiesta inferioridad, no respecto de la dignidad personal, sino respecto de los medios de salvaci?n. Porque, si es verdad que todo hombre de hecho puede salvarse, ?cu?ntos ser?n aquellos que podr?n vencer las insidias del pecado, presentes en la naturaleza humana herida, y las del demonio, sin la acci?n de la Gracia presente en los Sacramentos?

Adem?s, frente al creciente fen?meno de la ?descristianizaci?n? de los pa?ses de antigua tradici?n cat?lica, el Concilio afirm? que no se puede equiparar la condici?n de quien nunca ha conocido el Evangelio con aquella de quien lo ha conocido y lo ha rechazado.

?Qu? ha sucedido despu?s del Concilio? Una confluencia de dife?rentes factores ?entre los cuales sobresalen la excesiva confianza en el progreso humano como fuente de salvaci?n, la mejor?a de la comunicaci?n que ha hecho que los pueblos entren f?cilmente en contacto entre s?, y el difundirse de teor?as teol?gicas y filos?ficas err?neas- provoc? que se escogiera s?lo una parte de la verdad anunciada por el Concilio Vaticano II, malinterpret?ndola: se comenz? afirmando que todos los hombres, por el solo hecho de serlo, ya son cristianos; que es suficiente que cada uno siga fielmente su propia religi?n para llegar a la salvaci?n; que en realidad el hombre necesita no ser salvado, sino s?lo ser educado, y que la misericordia de Dios es incompatible con el infierno.

?Cu?l es la consecuencia de estas posiciones? El relativismo ?teor?a seg?n la cual no existe una verdad absoluta, con las consecuencias morales (no existe un comportamiento moral objetivo a seguir...) y religiosas (a los fines de la salvaci?n, todas las religiones son iguales...)?, ya ampliamente difundido en los ambientes culturales, comenz? a penetrar en la sociedad y tambi?n en la Iglesia. El da?o para la Iglesia fue enorme, tanto que Pablo VI, a los pocos a?os despu?s de la conclusi?n del Concilio, tuvo que intervenir con fuerza para defender algunas verdades fundamentales de la fe que hab?an sido puestas en discusi?n utilizando como pretexto ciertos documentos conciliares. Nos dio as? los documentos pontificios ?Sacerdotalis coelibatus?, ?Humanae vitae?, ?Mysterium fadei? y ?Evangeli nuntiandi?, respectivamente, en defensa del celibato sacerdotal, de la verdad sobre la sexualidad humana, de la Eucarist?a y de la necesidad de la Evangelizaci?n, y finalmente el ?Credo del Pueblo de Dios?, un compendio de las verdades fundamentales de nuestra fe, casi todas ellas puestas en discusi?n en aquel per?odo.

Juan Pablo II tuvo que seguir, en parte, por ese mismo camino con los documentos pontificios ?Libertatis conscientiae?, contra la propagaci?n de teor?as err?neas conocidas bajo el nombre de Teolog?as de la Liberaci?n, y ?Redemptoris missio?, sobre la necesidad perenne de la actividad misionera ad gentes de la Iglesia.

La enc?clica ?Redemptoris missio? denuncia una crisis de la actividad misionera de la Iglesia, que revela una crisis de fe, y reivindica el rol central y espec?fico que tiene la misi?n ad gentes en el ?mbito de toda la actividad eclesial en su conjunto.

?Ha sido acaso suficiente todo esto? Parecer?a que no. En efecto, en el a?o 2000 la Santa Sede ha visto la necesidad de un documento, la Declaraci?n Dominus Iesus, que reafirmara las verdades fundamentales acerca de la unicidad de la salvaci?n en Cristo Jes?s y en su Iglesia, junto con la voluntad de Dios misericordioso de salvar a todos los pueblos, pero nunca sin la mediaci?n de Cristo y de la Iglesia, aunque esto suceda por caminos que ?l solo conoce.

Del an?lisis de todos los documentos pontificios resultan claros los siguientes puntos respecto a la misi?n de la Iglesia: la presencia de los misioneros ad gentes en la Iglesia es se?al de una fe viva; es se?al de que todav?a creemos en la fuerza del Evangelio para hacer del hombre un verdadero hombre; y es se?al de que a?n anhelamos que todo lo que Jesucristo realiz? hace dos mil a?os en Judea sea conocido hasta los ?ltimos confines de la tierra.

Toda la Iglesia es misionera, sin duda alguna, pero esto no quiere decir que la misi?n deba limitarse al ?mbito local, impidiendo el env?o a los pueblos que a?n no han o?do hablar de Jesucristo. La Iglesia debe educar a los j?venes, a la sociedad, a las culturas, etc?tera, pero, si olvidara la misi?n ad gentes, es decir, hacia los pueblos que todav?a no conocen a Jesucristo, no ser?a la fiel Esposa de Aquel que ha derramado su sangre por todos, para el perd?n de los pecados. Por eso la Iglesia no se cansa y jam?s se cansar? de proclamar a todos los hombres a Jesucristo ?nico Salvador, invit?ndolos a refugiarse en su seno materno mediante el Bautismo y llamando a sus hijos a proclamar la Buena Nueva a todos los pueblos.

En Europa, el Santo Padre Juan Pablo II hizo, en numerosas ocasiones, un llamado a la Nueva Evangelizaci?n, pero tambi?n dijo que no habr? evangelizaci?n posible sin una opci?n de generosidad de parte de los pueblos europeos hacia aquellos que m?s necesitan, y que no habr? Nueva Evangelizaci?n de los pa?ses europeos sin la misi?n ad gentes.

El relativismo, queridos amigos, no es un dogma, sino una mentira, una de las mayores mentiras: la Verdad absoluta existe; es una Persona; es Jesucristo. Se nos acusar? de intolerancia y de muchas cosas m?s, pero nosotros debemos obedecer primero a Dios antes que a los hombres. ?La actividad misionera se halla todav?a en sus comienzos! (Cfr. Redemptoris missio, n. 1).

P. Giuseppe Cardamone, sptm
Publicado por verdenaranja @ 23:26
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios