Mi?rcoles, 05 de abril de 2006
Colocamos por partes en nuestro blog art?culo sobre "Los movimientos eclesiales y las nuevas comuniddes: respuesta del Esp?ritu Santo a los desaf?os de la evangelizaci?n, hoy", hecho por el arzobispo Stanislaw Rylko, preseidente del Cansejo Pontificio para los laicos.

Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades:
respuesta del Esp?ritu Santo a los desaf?os de la evangelizaci?n, hoy
(Primera parte)
Por el arzobispo Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos


1. El mayor desafio lanzado a la Iglesia, a principios de este milenio, es la tarea que le ha sido confiada desde siempre: la evangelizaci?n. En toda ?poca, y por tanto en la nuestra, la Iglesia est? llamada a acoger nuevamente el mandato misionero de Cristo resucitado: "Poneos, pues en camino, haced disc?pulos a todos los pueblos y bautizadlas para consagrarlos al Padre, al Hijo y al Esp?ritu Santo, ense??ndoles a poner por obra todo lo que os he mandado" (Mt 28, 19-20) Para Mateo, hacerse "disc?pulos" y hacerse "cristianos" significa lo mismo [1]. "Hacer disc?pulos" es el n?cleo de la vocaci?n de la Iglesia y de su misi?n en todos los tiempos. La Iglesia fundada por Cristo es enviada al mundo para evangelizar, vive permanentemente en estado de misi?n y tiene su raz?n de ser en la misi?n.

La evangelizaci?n del mundo actual - la nueva evangelizaci?n de la que tanto se habla y que tanto interesaba al Siervo de Dios Juan Pablo II - es una tarea en la cual la Iglesia pone muchas esperanzas; pero tambi?n tiene plena conciencia de los innumerables obst?culos que se presentan a su obra, tanto por los cambios extraordinarios que se han realizado en la vida de los individuos y en las sociedades, como, y sobre todo, por una cultura postmoderna en grave crisis. El creciente proceso de secularizaci?n y una aut?ntica "dictadura del relativismo" (Benedicto XVI) van generando en muchos de nuestros contempor?neos una tremenda carencia de valores, acompa?ada por un alegre nihilismo, y termina en una alarmante erosi?n de la fe, en una especie de "apostas?a silenciosa" (Juan Pablo II), en un "extra?o olvido de Dios" (Benedicto XVI). A esta situaci?n, que se puede verificar tristemente en los pa?ses de antigua tradici?n cristiana, sirve de contra-altar, por decirlo as?, un "boom religioso" ambivalente y ambiguo. El Papa habl? de esto en Colonia, en el mes de agosto del a?o pasado, diciendo: "No quiero desacreditar todo lo que se sit?a en este contexto (...). Pero a menudo , la religi?n se convierte casi en un producto de consumo. Se escoge aquello que gusta, y algunos saben tambi?n sacarle provecho" [2]Pi?nsese en la invasi?n de las sectas , en la difusi?n de modos de vida y actitudes dictados por el New Age, en los fen?menos para-religiosos como el ocultismo y la magia. El mundo globalizado se ha vuelto, en verdad, una gigantesca tierra de misi?n. Como dice el Salmista con tonos dram?ticos: "El Se?or mira desde los cielos a los hombres para ver si queda alguien juicioso que busque a Dios" (Sal 14, 2). En nuestros d?as, es m?s urgente que nunca anunciar a Jesucristo en los grandes are?pagos modernos de la cultura, de la ciencia, de la econom?a, de la pol?tica y de los mass-media. La mies evang?lica es mucha y los obreros son pocos (cfr. Mt 9, 37). En este campo vital para la Iglesia es preciso, hoy, un viraje radical de las mentalidades, un aut?ntico, nuevo despertar de las conciencias de todos. Se necesitan nuevos m?todos, nuevas expresiones y un nuevo coraje [3]. Al comenzar el tercer milenio, el Siervo de Dios Juan Pablo II exhortaba as? a la Iglesia: "He repetido muchas veces en estos a?os la llamada a la nueva evangelizaci?n. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los or?genes, dej?ndonos impregnar por el ardor de la predicaci?n apost?lica despu?s de Pentecost?s. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: ?Ay de m? si no predicara el Evangelio!" (1Cor 9, 16) [4]. Hablando a los Obispos alemanes en Colonia, el Papa Benedicto XVI pronunci? al respecto unas palabras que dejan entrever un profundo anhelo apost?lico: "Deber?amos reflexionar seriamente sobre el modo como podemos realizar hoy una verdadera evangelizaci?n, no s?lo una nueva evangelizaci?n, sino con frecuencia una aut?ntica primera evangelizaci?n. Las personas no conocen a Dios, no conocen a Cristo. Existe un nuevo paganismo y no basta que tratemos de conservar a la comunidad creyente, aunque esto es muy importante (...). Creo que todos juntos debemos tratar de encontrar modos nuevos de llevar el Evangelio al mundo actual, anunciar de nuevo a Cristo y establecer la fe" [5]. Estas orientaciones de los dos Sumos Pont?fices servir?n para guiar nuestra reflexi?n por el hilo que une la evangelizaci?n del mundo actual a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades.

2. Entre los muchos frutos generados por el Concilio Vaticano II a la vida de la Iglesia, ocupa un lugar destacado y especial, sin lugar a dudas, la "nueva ?poca asociativa" de los fieles laicos. Gracias a la eclesiolog?a y a la telog?a del laicado desarrolladas por el Concilio, junto a las asociaciones tradicionales han surgido muchas otras agrupaciones denominadas hoy "movimientos eclesiales" o "nuevas comunidades" [6]. Una vez m?s, el Esp?ritu ha intervenido en la historia de la Iglesia d?ndole nuevos carismas portadores de un extraordinario dinamismo misionero, y respondiendo oportunamente a los grandes y dram?ticos desaf?os de nuestra ?poca. El Siervo de Dios Juan Pablo II, que segu?a con cari?o y con una especial solicitud pastoral estas nuevas realidades eclesiales, afirmaba: "Uno de los dones del Esp?ritu a nuestro tiempo es, ciertamente, el florecimiento de los movimientos eclesiales, que desde el inicio de mi pontificado he se?alado y sigo se?alando como motivo de esperanza para la Iglesia y para los hombres" [7].El papa Wojtyla estaba profundamente convencido de que los movimientos eclesiales eran la expresi?n de un "nuevo adviento misionero", de la "gran primavera cristiana" preparada por Dios al aproximarse el tercer milenio de la Redenci?n [8]. Este fue uno de los grandes desaf?os prof?ticos de su pontificado. Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son portadores de un precioso potencial evangelizador, del que la Iglesia tiene urgente necesidad, hoy. Representan una riqueza a?n no conocida ni valorizada plenamente. Juan Pablo II dec?a: "En nuestro mundo, frecuentemente dominado por una cultura secularizada que fomenta y propone modelos de vida sin Dios, la fe de muchos es puesta a dura prueba y no pocas veces sofocada y apagada. Se siente, entonces, con urgencia, la necesidad de un anuncio fuerte y de una s?lida y profunda formaci?n cristiana. ?Cu?nta necesidad existe hoy de personalidades cristianas maduras, conscientes de su identidad bautismal, de su vocaci?n y misi?n en la Iglesia y en el mundo! ?Cu?nta necesidad de comunidades cristianas vivas! Y aqu? entran los movimientos y las nuevas comunidades eclesiales: son la respuesta, suscitada por el Esp?ritu Santo, a este dram?tico desafio del fin del milenio. ?Vosotros sois esta respuesta providencial!" [9] El Papa indicaba aqu? dos prioridades fundamentales de la evangelizaci?n, del "hacer disc?pulos" de Jesucristo, hoy: una "s?lida y profunda formaci?n" y un "anuncio fuerte". Dos ?mbitos en los cuales los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades dan frutos estupendos para la vida de la Iglesia, llegando a ser, para miles de cristianos de todos los rincones del mundo, verdaderos "laboratorios de la fe", aut?nticas escuelas de vida cristiana, de santidad y de misi?n.

continuar?
Publicado por verdenaranja @ 22:58
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