Viernes, 07 de abril de 2006
Continuamos con la segunda parte sobre Los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades: respuesta del Esp?ritu Santo a los desaf?os de la Evangelizaci?n hoy, del arzoobispo Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los laicos.



Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades:
respuesta del Esp?ritu Santo a los desaf?os de la evangelizaci?n, hoy (Segunda Parte)
Por el arzobispo Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos





3. La primera, y gran prioridad es, pues, la formaci?n cristiana. Y aqu? tocamos un punto neur?lgico. Porque hoy se minan los cimientos mismos del proceso educativo de la persona. Como advert?a el Cardenal Ratzinger, "se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como ?ltima medida s?lo el propio yo y sus antojos" [10]. La cultura dominante de nuestros d?as genera personalidades fragmentadas, d?biles, incoherentes. Alguien pone en guardia: "Est? en crisis la capacidad de una generaci?n de adultos, de educar a sus propios hijos. Durante a?os, desde los nuevos p?lpitos - escuelas y universidades, peri?dicos y televisiones - se ha predicado que la libertad es la ausencia de v?nculos y de historia; que se puede llegar a ser grandes sin pertenecer a nada y a nadie, siguiendo simplemente el propio gusto o antojo. Se ha vuelto normal pensar que todo es igual, que nada, en el fondo, tiene valor, s?lo el dinero, el poder y la posici?n social. Se vive como si la verdad no existiera, como si el deseo de felicidad del que est? hecho el coraz?n del hombre estuviera destinado a permanecer sin respuesta" [11]. La influencia de esta cultura no descuida a los bautizados. De ah?, entonces, identidades cristianas d?biles y confusas; la fe, que asume el aspecto de una pr?ctica rutinaria, bajo la influencia de un peligroso sincretismo de superstici?n, magia y New Age; una pertenencia a la Iglesia superficial y distra?da, que no se repercute de manera significativa en las opciones y en los comportamientos. Se asiste, hoy, a una preocupante carencia de ambientes educativos, no s?lo fuera de la Iglesia, sino tambi?n en su interior. La familia cristiana, por s? sola, ya no es capaz de transmitir la fe a las nuevas generaciones, ni tampoco la parroquia es suficiente para ello, aunque sigue siendo la estructura indispensable para la pastoral de la Iglesia en el territorio. Las parroquias, sobre todo en las grandes ciudades, abarcan con frecuencia barrios demasiado extensos - cuando no se trata de aut?nticos barrios-dormitorio - en los que es dif?cil establecer relaciones personales y hacer que se vuelvan lugares de una verdadera iniciaci?n cristiana. ?Qu? hacer,
entonces? En este caso, precisamente, se presentan los movimientos eclesiales como lugares de una profunda y s?lida formaci?n cristiana. Los movimientos y las nuevas comunidades se caracterizan, en efecto, por una rica variedad de m?todos y de itinerarios educativos extraordinariamente eficaces. Pero ?cu?l es el motivo de su fuerza pedag?gica? Este "secreto", por decirlo as?, est? encerrado en los carismas que los han generado y que constituyen su alma. El carisma genera esa "afinidad espiritual entre las personas" [12] que da vida a la comunidad y al movimiento. Gracias a ese carisma, la fascinante experiencia original del acontecimiento cristiano, de la que es testigo particular todo fundador, puede reproducirse en la vida de muchas personas y en varias generaciones de personas sin perder nada de su novedad y frescura. El carisma es la fuente de la extraordinaria fuerza educadora de los movimientos y de las nuevas comunidades. Se trata de una formaci?n que tiene como punto de partida una profunda conversi?n del coraz?n. No por casualidad, estas nuevas realidades eclesiales cuentan entre sus miembros a muchos convertidos, gente que "viene de lejos". Al principio de este proceso hay siempre un encuentro personal con Cristo, el encuentro que cambia radicalmente la vida. Un encuentro facilitado por testigos cre?bles, que han revivido en el movimiento la experiencia de los primeros disc?pulos: "Ven y lo ver?s" (Jn 1, 46). En la vida de los miembros de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades hay siempre un "antes" y un "despu?s". La conversi?n del coraz?n es a veces un proceso gradual que requiere tiempo. Otras veces es como un rayo, inesperado y sobrecogedor. Pero siempre se vive como un don gratuito de Dios que hace rebosar el coraz?n de felicidad y se transforma en una riqueza espiritual para toda la vida. "Dios existe, yo lo he encontrado". ?Cu?ntos miembros de movimientos eclesiales y nuevas comunidades podr?an hacer suyas las palabras de Andr? Frossard, otro convertido! La formaci?n es el ?mbito por excelencia donde se expresa la originalidad de los carismas de los distintos movimientos y comunidades, cada uno de los cuales funda el proceso educativo de la persona en una pedagog?a propia y espec?fica. Por lo general, una pedagog?a cristoc?ntrica, que se concentra en lo esencial, es decir, en despertar en la persona la vocaci?n bautismal propia de los disc?pulos de Cristo. Una pedagog?a radical que no diluye el Evangelio, que exige y plantea la meta de la santidad. Una pedagog?a que se desarrolla en el interior de las peque?as comunidades cristianas que - sobre todo en una sociedad "atomizada", en la que reinan la soledad y la despersonalizaci?n de las relaciones humanas - llegan a constituir un punto indispensable de referencia y de apoyo. Una pedagog?a integral que, al abarcar y comprometer todas las dimensiones de la existencia de una persona, genera un sentido de pertenencia "total" al movimiento. Una pertenencia diferente a cualquier otra adhesi?n a grupos o c?rculos sectoriales de distinto tipo y que se traduce en un fuerte sentido de pertenencia a la Iglesia y en un vivo amor a
ella. Por eso no es arriesgado afirmar que los movimientos y las nuevas comunidades son verdaderas escuelas para la formaci?n de cristianos "adultos". Como escrib?a hace algunos a?os el Cardenal Joseph Ratzinger, son "modos fuertes de vivir la fe que estimulan a las personas y les dan vitalidad y alegr?a; una presencia de fe, pues, que significa algo para el mundo" [13]. Para completar el cuadro, merece por lo menos una menci?n el papel que pueden desempe?ar estas realidades, en el contexto de la Iglesia latinoamericana, con relaci?n al fen?meno arraigado y difundido de la piedad popular. Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades ofrecen, en efecto, pedagog?as de evangelizaci?n que pueden contribuir con eficacia a orientar bien esa religiosidad, captando y profundizando aspectos importantes, sin rebajar su valor en la vida del pueblo [14].

4. La segunda, gran urgencia a la que responden los movimientos y las nuevas comunidades es el "anuncio fuerte". La formaci?n cristiana debe tener siempre un gran alcance misionero, porque la vocaci?n cristiana es, por su misma naturaleza, vocaci?n al apostolado. La misi?n ayuda a descubrir en plenitud la propia vocaci?n de bautizados, defiende de la tentaci?n de un repliegue ego?sta sobre s? mismos, protege del peligro de considerar el propio movimiento de pertenencia como una especie de refugio, en un clima de c?lida amistad, para resguardarse de los problemas del mundo.

Entre las caracter?sticas del compromiso misionero de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades hay que se?alar su capacidad indiscutible de despertar nuevamente en los laicos el entusiasmo apost?lico y el coraje misionero. Ellos saben sacar el potencial espiritual de las personas. Ayudan a superar las barreras de la timidez, del miedo y de los falsos complejos de inferioridad que la cultura la?cista infunde en tantos cristianos. Son muchos los que han vivido una tal transformaci?n interior, incluso con profundo asombro. Nunca se habr?an imaginado que iban a ser capaces de anunciar as? el Evangelio, y de participar de ese modo en la misi?n de la Iglesia. El anhelo de "hacer disc?pulos" de Jesucristo que saben despertar los movimientos anima a los
individuos, a las parejas de matrimonios y a familias enteras a dejar todo para salir a la misi?n. Porque, sin olvidar el testimonio personal, los movimientos y las nuevas comunidades se proponen, ante todo, el anuncio directo del acontecimiento cristiano, redescubriendo el valor del kerigma como m?todo de catequesis y de predicaci?n. De este modo, responden a una de las necesidades m?s urgentes de la Iglesia de nuestros tiempos, es decir, la catequesis de los adultos, entendida como aut?ntica iniciaci?n cristiana que les revela todo el valor y la belleza del sacramento del Bautismo.

Desde siempre, uno de los mayores obst?culos para la obra de la evangelizaci?n es la rutina, la costumbre, que quita la frescura y la fuerza de persuasi?n al anuncio y al testimonio cristiano. Pues bien, los movimientos rompen con los esquemas habituales del apostolado, reexaminan formas y m?todos, y los proponen de un modo nuevo. Se dirigen con naturalidad y coraje hacia las dif?ciles fronteras de los modernos are?pagos de la cultura, de los medios de comunicaci?n de masa, de la econom?a y de la pol?tica. Prestan una especial atenci?n a los que sufren, a los pobres y a los marginados. ?Cu?ntas obras sociales han nacido por iniciativa de ellos! No esperan que los que se han alejado de la fe regresen por s? solos a la Iglesia, van a buscarlos. Para anunciar a Cristo, no dudan en salir por las calles y por las plazas de las ciudades, en entrar a los supermercados, a los bancos, a las escuelas y a las universidades, dondequiera que viva el hombre. El celo misionero los lleva "hasta el final de este mundo"... Y se difunden, demostrando que los carismas que los han generado pueden alimentar la vida cristiana de hombres y mujeres de todas las latitudes, culturas y tradiciones. No s?lo. Insert?ndose en el tejido de las Iglesias locales, se transforman en signos elocuentes de la universalidad de la Iglesia y de su misi?n. De aqu? nace, precisamente, su relaci?n particular con el ministerio del Sucesor de Pedro. Es sorprendente la fantas?a misionera que, mediante estos nuevos carismas, el Esp?ritu Santo suscita en la Iglesia de nuestros d?as. Para muchos laicos, los movimientos y las nuevas comunidades llegan a ser verdaderas escuelas de misi?n. Hoy, en la Iglesia, se habla mucho de evangelizaci?n: se organizan congresos, simposios, seminarios de estudio y se publican libros, art?culos y documentos oficiales sobre dicho tema. Pues bien, hay que hablar de ?l, porque la evangelizaci?n es causa vital para la Iglesia y para el mundo. Sin embargo, existe un peligro real, el de permanecer inm?viles en el nivel te?rico, en el nivel de los proyectos que quedan en el papel... Pero he aqu? los nuevos carismas que generan agrupaciones de personas - hombres y mujeres, j?venes y adultos -, s?lidamente formadas en la fe, llenas de celo, listas a anunciar el Evangelio. Por consiguiente, no se trata de estrategias estudiadas en un escritorio, sino de proyectos "vivos", experimentados en muchas historias personales concretas y en la vida de tantas comunidades cristianas. Proyectos, por decirlo as?, listos para realizar... Esta es la gran riqueza de la Iglesia de nuestro tiempo.

?C?mo no asombrarse ante la cantidad y la calidad de los frutos generados por los nuevos carismas en la Iglesia! El principio evang?lico, "por sus frutos los conocer?is" (Mt 7, 16), es siempre v?lido. Son muchas las personas que, gracias a estos carismas, han encontrado a Cristo y hallado la fe, o han vuelto a la Iglesia y a la pr?ctica de los sacramentos despu?s de largos a?os. Tantas personas han pasado de un cristianismo meramente anagr?fico a un cristianismo "adulto", convencido y comprometido. ?Cu?ntos frutos de una aut?ntica santidad de vida! ?Cu?ntas familias reconstruidas en la fidelidad y en el amor rec?proco! ?Cu?ntas vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a las nuevas formas de vida laical seg?n los consejos evang?licos! El mensaje importante que estos nuevos carismas lanzan al mundo actual es, fundamentalmente, el siguiente: vale la pena ser cristianos, Vale la pena responder al desafio de Cristo. ?Ensaya t? tambi?n!

Continuar?

Publicado por verdenaranja @ 23:53
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