Lunes, 10 de abril de 2006
Continuamos con la tercera parte sobre Los Movimientos Eclesiales y las Nuevas Comunidades: respuesta del Esp?ritu Santo a los desaf?os de la Evangelizaci?n hoy, del arzoobispo Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los laicos.



Los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades:
respuesta del Esp?ritu Santo a los desaf?os de la evangelizaci?n, hoy (Tercera Parte)
Por el arzobispo Stanislaw Rylko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos



5. Como hemos visto, los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son, en realidad, un "don providencial" que la Iglesia debe acoger con gratitud y con un vivo sentido de responsabilidad, para no desperdiciar la oportunidad que ellos representan. Un don que, al mismo tiempo, es una tarea y un reto para los fieles laicos, as? como para los Pastores. ?Cu?l tarea y cu?l reto? Juan Pablo H insist?a mucho en que los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades est?n llamados a insertarse en las di?cesis y en las parroquias "con humildad", es decir, con una actitud de servicio a la misi?n de la Iglesia, evitando cualquier forma de orgullo y de sentido de superioridad con relaci?n a otras realidades, con un esp?ritu de comuni?n eclesial y de sincera colaboraci?n. Al mismo tiempo, el Papa insist?a a los Pastores - obispos y p?rrocos - en que los acogieran "con cordialidad", reconociendo y respetando sus respectivos carismas y acompa??ndolos con paterna solicitud [15]. La regla de oro formulada por San Pablo vale tambi?n en este caso: "No apagu?is la fuerza del Esp?ritu; no menospreci?is los dones prof?ticos. Examinadlo todo y quedaos con lo bueno" (1Ts 5, 19-20).

Desde luego, la enorme novedad que los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades aportan a la Iglesia suscita a menudo asombro, obliga a plantearse interrogantes y puede causar una cierta confusi?n en la praxis establecida de la llamada pastoral ordinaria. Dec?a el Papa Wojtyla: "Siempre, cuando interviene, el Esp?ritu nos deja asombrados. Suscita eventos cuya novedad desconcierta" [16]. Como hemos repetido varias veces, los movimientos constituyen tambi?n un desafio, una provocaci?n saludable a la que la Iglesia est? llamada a responder y a la que debe responder. Los movimientos, con su modo radical de "ser cristianos" en el mundo, ponen en tela de juicio el "cristianismo cansado" (Benedicto XVI) de muchos bautizados, un cristianismo de mera fachada, lleno de implicaciones y confuso. Alexander Men, sacerdote disidente ruso asesinado en 1990, todav?a en los a?os oscuros de las persecuciones religiosas, dec?a en tono
provocador, en uno de sus sermones, que el mayor enemigo de los cristianos, en el fondo, no era el ate?smo militante del Estado sovi?tico, sino m?s que todo el pseudo-cristianismo de muchos bautizados [17]. Palabras que no pueden sino sacudir nuestras conciencias. En fin de cuentas, para el cristiano, el verdadero y gran enemigo es la mediocridad, la resistencia a creer realmente en el Evangelio. Los movimientos, con su desbordante pasi?n misionera, ponen en tela de juicio tambi?n una cierta manera de "ser Iglesia" quiz?s demasiado c?moda y adaptable. El Cardenal Joseph Ratzinger hace unos a?os se refer?a a "un gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia (...) en el que, en apariencia, toda cosa procede normalmente, pero en realidad la fe se deteriora y precipita en la mezquindad" [18]. A una Iglesia de "tranquila conservaci?n" - tipo bastante difundido hoy -, los movimientos lanzan el desafio de una Iglesia misionera valientemente proyectada hacia nuevas fronteras, y ayudan a la pastoral parroquial y diocesana a recuperar la combatividad prof?tica y el impulso necesario. En nuestros tiempos, la Iglesia tiene gran necesidad de esto. Debe abrirse a esta novedad generada por el Esp?ritu: "Mirad, voy a hacer algo nuevo, ya est? brotando, ?no lo not?is? (Is 43, 19).

El magisterio del Papa Benedicto XVI se coloca en perfecta continuidad con el de Juan Pablo II con relaci?n a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades, pues ha tenido siempre muy en cuenta su obra al servicio de la misi?n de la Iglesia y, cuando era todav?a Prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, afirmaba: "En ellos hay que observar que est? comenzando algo nuevo: el cristianismo est? presente como un acontecimiento nuevo, y es percibido por personas que a menudo llegan desde muy lejos como la posibilidad de vivir, de poder vivir en este siglo". Y agregaba: "Hoy hay cristianos "aislados" que se colocan fuera de este extra?o consenso de la existencia moderna e intentan nuevas formas de vida; ellos, sin lugar a dudas, no llaman particularmente la atenci?n de la opini?n p?blica, pero hacen algo que en realidad indica el futuro" [19]. Seg?n el entonces Cardenal Ratzinger, la novedad que aportan los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades hace de ellas algo as? como una profec?a del futuro. Ya elegido Papa, Benedicto XVI ha permanecido fiel a esta lectura sutil, suya propia, de la situaci?n de la Iglesia y, al terminar la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Colonia, en agosto de 2005, dec?a a los obispos alemanes: "La Iglesia ha de valorizar estas realidades y, al mismo tiempo, conducirlas con sabidur?a pastoral, para que contribuyan del mejor modo, con sus propios dones, a la edificaci?n de la comunidad". Y terminaba con eficacia: "Las Iglesias locales y los movimientos no est?n en contraste entre s?, sino que constituyen la estructura viva de la Iglesia" [20]. Se trata de orientaciones importantes que deben servir de br?jula en la misi?n evangelizadora de la Iglesia, hoy.


NOTAS

[1] Cfr. L. SABOURIN, II Vangelo di Malteo. Teologia e Esegesi, vol. II, Roma 1977, pp. 1069-1070.
[2] BENEDICTO XVI, Santa Misa en la explanada de Marienfeld, "L'Osservatore
Romano", edic. en lengua espa?ola, 26 de agosto, 2005.
[3] Cfr. JUAN PABLO II, Discurso a la XIX Asamblea General del CELAM, 9 de marzo, 1983, "Insegnamenti di Giovanni Paolo II" VI, 1 (1983), pp. 690-699.
[4] JUAN PABLO II, Carta apost?lica Novo millennio ineunte, n. 40.
[5] BENEDICTO XVI, Encuentro con los Obispos alemanes, "L'Osservatore Romano", edic. en lengua espa?ola, 26 de agosto, 2005.
[6] Cfr. JUAN PABLO II, Exhortaci?n apost?lica Christifideles laici, n. 29.
[7] JUAN PABLO II, Homil?a en la vigilia de Pentecost?s, "L'Osservatore Romano", edic. en lengua espa?ola, 31 de mayo, 1996, n. 7.
[8] Cfr. JUAN PABLO II, Carta enc?clica Redemptoris missio, n. 86.
[9] JUAN PABLO II, A los pertenecientes a los movimientos eclesiales y a las nuevas comunidades, en la vigilia de Pentecost?s, "L'Osservatore Romano", edic. en lengua espa?ola, 5 de junio, 1998.
[10] J. RATZINGER, Santa Misa "Pro eligendo Pontifice, "L' Osservatore Romano", edic. en lengua espa?ola, 22 de abril, 2005.
[11] Se ci fosse una educazione del popolo tutti starebbero meglio. Appello (Si existiera una educaci?n del pueblo, todos estar?an mejor. Llamamiento) , "Atlantide", n. 4/12/2005, p. 119.
[12] JUAN PABLO II, Exhortaci?n apost?lica Christifideles laici, n. 24.
[13] Cfr. J. RATZINGER, I1 sale della terra. Crist?anesimo e Chiesa cattolica nella svolta del millennio, Edizioni San Paolo, Milano 1997, p. 18.
[14] Cfr. PABLO VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelii nuntiandi, n. 48.
[15] Cfr. JUAN PABLO II, Carta enc?clica Redemptoris missio, n. 72.
[16] JUAN PABLO II, A los miembros de los movimientos eclesiales y de las nuevas
comunidades, cit. "L'Osservatore Romano" edic. en lengua espa?ola, 5 de junio, 1998.
[17] Cfr. T. PIKUS, Aleksander Mien, Verbinum Warzawa 1997, p. 37.
[18] Cfr. J. RATZINGER, Fede, Verit?, Tolleranza. I1 cristianesimo e le religions del mondo, Cantagalli, Siena 2003, p. 134.
[19] Cfr. J. RATZINGER, Il sale della terra, op. Cit., pp. 145-146.
[20] BENEDICTO XVI, Encuentro con los obispos alemanes, cit.
Publicado por verdenaranja @ 23:14
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