S?bado, 15 de abril de 2006
Viernes, 14 abril 2006. Se coloca a continuaci?n la predicaci?n, publicada por ZENIT, que pronunci? el padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., predicador de la Casa Pontificia, en la celebraci?n de la Pasi?n del Se?or este Viernes Santo en la Bas?lica de San Pedro, en el Vaticano, en presencia de Benedicto XVI.




?DIOS DEMUESTRA SU AMOR POR NOSOTROS?




Predicaci?n del Viernes Santo 2006 en la Bas?lica de San Pedro
del Predicador de la Casa Pontificia
P. Raniero Cantalamessa, ofmcap.



1. ??Sed, cristianos, m?s firmes al moveros!?

?Vendr? un tiempo en que los hombres no soportar?n la doctrina sana, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se har?n con un mont?n de maestros por el prurito de o?r novedades; apartar?n sus o?dos de la verdad y se volver?n a las f?bulas? (2 Tm 4,3-4)

Esta palabra de la Escritura --sobre todo la alusi?n al prurito de o?r cosas nuevas-- se est? realizando de modo nuevo e impresionante en nuestros d?as. Mientras nosotros celebramos aqu? el recuerdo de la Pasi?n y Muerte del Salvador, millones de personas son inducidas por h?biles retocadores de antiguas leyendas a creer que Jes?s de Nazaret nunca fue, en realidad, crucificado. En los Estados Unidos hay un best seller del momento, una edici?n del Evangelio de Tom?s, presentado como el evangelio que ?nos evita la crucifixi?n, hace innecesaria la resurrecci?n y no nos obliga a creer en ning?n Dios llamado Jes?s? [1].

?Existe una percepci?n penosa en la naturaleza humana --escrib?a hace a?os el mayor estudioso b?blico de la historia de la Pasi?n, Raymond Brown: cuanto m?s fant?stico es el escenario imaginado, m?s sensacional es la propaganda que recibe y m?s fuerte el inter?s que suscita. Personas que jam?s se molestar?an en leer un an?lisis serio de las tradiciones hist?ricas sobre la pasi?n, muerte y resurrecci?n de Jes?s, son fascinadas por cada nueva teor?a seg?n la cual ?l no fue crucificado y no muri?, especialmente si la continuaci?n de la historia incluye su fuga con Mar?a Magdalena hacia La India... [o hacia Francia, seg?n la versi?n m?s actualizada]? Estas teor?as demuestran que cuando se trata de la Pasi?n de Jes?s, a pesar de la m?xima popular, la ficci?n supera la realidad y frecuentemente, se pretenda o no, es m?s rentable? [2].

Se habla mucho de la traici?n de Judas, y no se percibe que se est? repitiendo. Cristo sigue siendo vendido, ya no a los jefes del Sanedr?n por treinta denarios, sino a editores y libreros por miles de millones de denarios... Nadie conseguir? frenar esta ola especulativa que, es m?s, registrar? una crecida con la inminente salida de cierta pel?cula; pero habi?ndome ocupado durante a?os de Historia de los Or?genes Cristianos, siento el deber de llamar la atenci?n sobre un equ?voco descomunal que est? en el fondo de toda esta literatura pseudohist?rica.

Los evangelios ap?crifos sobre los que se apoya son textos conocidos de siempre, en todo o en parte, pero con los que ni siquiera los historiadores m?s cr?ticos y hostiles hacia el cristianismo pensaron jam?s, antes de hoy, que se pudiera hacer historia. Ser?a como si dentro de alg?n siglo se pretendiera reconstruir la historia actual bas?ndose en novelas escritas en nuestra ?poca.

El error garrafal consiste en el hecho de que se utilizan estos escritos para hacerles decir exactamente lo contrario de lo que pretend?an. Estos forman parte de la literatura gn?stica del siglo II y III. La visi?n gn?stica --una mezcla de dualismo plat?nico y de doctrinas orientales revestida de ideas b?blicas-- sostiene que el mundo material es una ilusi?n, obra del Dios del Antiguo Testamento, que es un dios malo, o al menos inferior; Cristo no muri? en la cruz porque jam?s hab?a asumido, m?s que en apariencia, un cuerpo humano, siendo ?ste indigno de Dios (docetismo).

Si Jes?s, seg?n el Evangelio de Judas, del que se ha hablado mucho estos d?as, ordena ?l mismo al ap?stol que le traicione es porque, muriendo, el esp?ritu divino que est? en ?l podr? finalmente liberarse de la implicaci?n de la carne y volver a subir al cielo. El matrimonio orientado a los nacimientos hay que evitarlo (encratismo); la mujer se salvar? s?lo si el ?principio femenino? (thelus) personificado por ella se transforma en el principio masculino, esto es, si deja de ser mujer [3].

?Lo c?mico es que actualmente hay quien cree ver en estos escritos la exaltaci?n del principio femenino, de la sexualidad, del pleno y desinhibido goce de este mundo material, en pol?mica con la Iglesia oficial que, con su manique?smo, siempre habr?a conculcado todo ello! El mismo equ?voco que se observa a prop?sito de la doctrina de la reencarnaci?n. Presente en las religiones orientales como un castigo debido a culpas precedentes y como aquello a lo que se anhela poner fin con todas las fuerzas, aquella es acogida en occidente como una maravillosa posibilidad de volver a vivir y a gozar indefinidamente de este mundo.

Son asuntos que no merecer?an tratarse en este lugar y en este d?a, pero no podemos permitir que el silencio de los creyentes sea tomado por verg?enza y que la buena fe (?o la necedad?) de millones de personas sea burdamente manipulada por los medios de comunicaci?n sin levantar un grito de protesta en nombre no s?lo de la fe, sino tambi?n del sentido com?n y de la sana raz?n. Es el momento, creo, de volver a o?r la advertencia de Dante Alighieri:

?Sed, cristianos, m?s firmes al moveros:
no se?is como pluma a cualquier soplo,
y no pens?is que os lave cualquier agua.

Ten?is el antiguo y nuevo Testamento,
y el pastor de la Iglesia que os conduce;
y esto es bastante ya para salvaros?

?Sed hombres, y no ovejas insensatas!?. [4]

2. ?La Pasi?n ha precedido a la Encarnaci?n!

Pero dejemos de lado estas fantas?as, que tienen todas una explicaci?n com?n: estamos en la era de los medios de comunicaci?n, y a los medios m?s que la verdad les interesa la novedad. Concentr?monos en el misterio que estamos celebrando. El mejor modo de reflexionar, este a?o, en el misterio del Viernes Santo ser?a releer por entero la primera parte de la Enc?clica del Papa ?Deus caritas est?. Al no poder hacerlo aqu?, desear?a al menos comentar algunos pasajes suyos que se refieren m?s directamente al misterio de este d?a. Leemos en la enc?clica:

?Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan, ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta enc?clica: ?Dios es amor?. Es all?, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de all? se debe definir ahora qu? es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientaci?n de su vivir y de su amar? [5].

S?, ?Dios es amor! Si todas las Biblias del mundo, se ha dicho, fueran destruidas por alguna cat?strofe o furor iconoclasta y quedara s?lo una copia, y tambi?n ?sta estuviera tan da?ada que s?lo quedara una p?gina entera, e igualmente esta p?gina estuviera tan estropeada que s?lo se pudiera leer una l?nea: si tal l?nea es la de la Primera Carta de Juan, donde est? escrito: ??Dios es amor!?, toda la Biblia se habr?a salvado, porque todo el contenido est? ah?.

El amor de Dios es luz, es felicidad, es plenitud de vida. Es el torrente que Ezequiel vio salir del templo y que, donde llega, sana y suscita vida; es el agua que sacia toda sed prometida a la samaritana. Jes?s tambi?n nos repite a nosotros, como a ella: ??Si conocieras el don de Dios!?. Viv? mi infancia en una casa de campo a pocos metros de un tendido el?ctrico de alta tensi?n, pero nosotros viv?amos a oscuras o a la luz de las velas. Entre nosotros y el tendido estaba el ferrocarril, y, con la guerra en marcha, nadie pensaba en superar el peque?o obst?culo. As? ocurre con el amor de Dios: est? ah?, al alcance de la mano, capaz de iluminar y caldear todo en nuestra vida, pero pasamos la existencia en la oscuridad y el fr?o. Es el ?nico motivo verdadero de tristeza de la vida.

Dios es amor, y la cruz de Cristo es la prueba suprema de ello, la demostraci?n hist?rica. Hay dos modos de manifestar el propio amor hacia alguien, dec?a un autor del oriente bizantino, Nicol?s Cabasilas. El primero consiste en hacer el bien a la persona amada, en hacerle regalos; el segundo, mucho m?s comprometido, consiste en sufrir por ella. Dios nos am? en el primer modo, o sea, con amor de generosidad, en la creaci?n, cuando nos llen? de dones, dentro y fuera de nosotros; nos am? con amor de sufrimiento en la redenci?n, cuanto invent? su propio anonadamiento, sufriendo por nosotros los m?s terribles padecimientos, a fin de convencernos de su amor [6]. Por ello, es en la cruz donde se debe contemplar ya la verdad de que ?Dios es amor?.

La palabra ?pasi?n? tiene dos significados: puede indicar un amor vehemente, ?pasional?, o bien un sufrimiento mortal. Existe una continuidad entre las dos cosas y la experiencia diaria muestra cu?n f?cilmente se pasa de una a la otra. As? fue tambi?n, y antes que nada, en Dios. Hay una pasi?n --escribi? Or?genes-- que precede a la encarnaci?n. Es ?la pasi?n de amor? que Dios desde siempre alimenta hacia el g?nero humano y que, en la plenitud de los tiempos, le llev? a venir a la tierra y padecer por nosotros [7].

3. Tres ?rdenes de grandeza

La enc?clica ?Deus caritas est? indica un nuevo modo de hacer apolog?a de la fe cristiana, tal vez el ?nico posible hoy y ciertamente el m?s eficaz. No contrapone los valores sobrenaturales a los naturales, el amor divino al amor humano, el eros al agap?, sino que muestra su armon?a originaria, que siempre hay que redescubrir y sanar a causa del pecado y de la fragilidad humana. ?El eros --escribe el Papa-- quiere remontarnos ?en ?xtasis? hacia lo divino, llevarnos m?s all? de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificaci?n y recuperaci?n? [8]. El Evangelio est?, s?, en concurrencia con los ideales humanos, pero en el sentido literal de que acude a su realizaci?n: los sana, los eleva, los protege. No excluye el eros de la vida, sino el veneno del ego?smo del eros.

Existen tres ?rdenes de grandeza, dijo Pascal en un c?lebre pensamiento [9]. El primero es el orden material o de los cuerpos: en ?l sobresale quien tiene muchos bienes, quien est? dotado de fuerza atl?tica o de belleza f?sica. Es un valor que no hay que despreciar, pero el m?s bajo. Por encima de ?l est? el orden del genio y de la inteligencia, en el que se distinguen los pensadores, los inventores, los cient?ficos, los artistas, los poetas. ?ste es un orden de calidad diferente. Al genio no le a?ade ni le quita nada ser rico o pobre, guapo o feo. La deformidad f?sica de su persona no quita nada a la belleza del pensamiento de S?crates y de la poes?a de Leopardi.

?ste del genio es un valor ciertamente m?s elevado que el precedente, pero no a?n el supremo. Por encima de ?l existe otro orden de grandeza, y es el orden del amor, de la bondad (Pascal lo llama el orden de la santidad y de la gracia). Una gota de santidad --dec?a Gounod-- vale m?s que un oc?ano de genio. Al santo no le a?ade ni le quita nada ser guapo o feo, docto o iletrado. Su grandeza es de un orden distinto.

El cristianismo pertenece a este tercer nivel. En la novela Quo vadis, un pagano pregunta al ap?stol Pedro, reci?n llegado a Roma: ?Atenas nos ha dado la sabidur?a, Roma el poder; vuestra religi?n, ?qu? nos ofrece??. Y Pedro le responde: ?el amor! [10]. El amor es lo m?s fr?gil que existe en el mundo; se le representa, y lo es, como un ni?o. Se le puede dar muerte con muy poco, como --lo hemos contemplado con horror en Italia en las pasadas semanas-- se puede hacer con un ni?o. Sabemos por experiencia en qu? se convierten el poder y la ciencia, la fuerza y el genio, sin el amor y la bondad...

4. Amor que perdona

?El eros de Dios para con el hombre --prosigue la enc?clica--, es a la vez agap?. No s?lo porque se da del todo gratuitamente, sin ning?n m?rito anterior, sino tambi?n porque es amor que perdona? (n.10).

Tambi?n esta cualidad resplandece en el grado m?ximo en el misterio de la cruz. ?Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos?, hab?a dicho Jes?s en el cen?culo (Jn 15,13). Se desear?a exclamar: S? que existe, oh Cristo, un amor mayor que dar la vida por los amigos. ?El tuyo! ?T? no diste la vida por tus amigos, sino por tus enemigos! Pablo dice que a duras penas se encuentra qui?n est? dispuesto a morir por un justo, pero se encuentra. ?Por un hombre de bien tal vez se atrever?a uno a morir; m?s la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todav?a pecadores, muri? por nosotros?; ?Cristo muri? por los imp?os en el tiempo se?alado? (Rm 5,6-8).

Sin embargo no se tarda en descubrir que el contraste es s?lo aparente. La palabra ?amigos? en sentido activo indica aquellos que te aman, pero en sentido pasivo indica aquellos que son amados por ti. Jes?s llama a Judas ?amigo? (Mt 26,50) no porque Judas le amara, ?sino porque ?l le amaba! No hay mayor amor que dar la propia vida por los enemigos, consider?ndoles amigos: he aqu? el sentido de la frase de Jes?s. Los hombres pueden ser, o d?rselas de enemigos de Dios; Dios nunca podr? ser enemigo del hombre. Es la terrible ventaja de los hijos sobre los padres (y sobre las madres).

Debemos reflexionar en qu? modo, concretamente, el amor de Cristo en la cruz puede ayudar al hombre de hoy a encontrar, como dice la enc?clica, ?la orientaci?n de su vivir y de su amar?. Aqu?l es un amor de misericordia, que disculpa y perdona, que no quiere destruir al enemigo, sino en todo caso la enemistad (Ef 2,16). Jerem?as, el m?s cercano entre los hombres al Cristo de la Pasi?n, ruega a Dios diciendo: ?Vea yo tu venganza contra ellos? (Jr 11,20); Jes?s muere diciendo: ?Padre, perd?nales, porque no saben lo que hacen? (Lc 23,34).

Es precisamente de esta misericordia y capacidad de perd?n de lo que tenemos necesidad hoy, para no resbalar cada vez m?s en el abismo de una violencia globalizada. El Ap?stol escrib?a a los Colosenses: ?Revest?os, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entra?as [literalmente] de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soport?ndoos unos a otros y perdon?ndoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Se?or os perdon?, perdonaos tambi?n vosotros? (Col 3,12-13)

Tener misericordia significa apiadarse (misereor) en el coraz?n (cordis) respecto al propio enemigo, comprender de qu? pasta estamos hechos todos y por lo tanto perdonar. ?Qu? podr?a ocurrir si, por un milagro de la historia, en Oriente Pr?ximo, los dos pueblos en lucha desde hace d?cadas, m?s que en las culpas empezaran a pensar los unos en el sufrimiento de los otros, a apiadarse los unos de los otros? Ya no ser?a necesario ning?n muro de divisi?n entre ellos. Lo mismo se debe decir de muchos otros conflictos presentes en el mundo, incluidos aquellos entre las diferentes confesiones religiosas e Iglesias cristianas.

Cu?nta verdad en el verso de nuestro Pascoli: ??Hombres, tened paz! Que en la prona tierra grande es el misterio? [11]. Un com?n destino de muerte se cierne sobre todos. ?La humanidad est? envuelta por tanta oscuridad e inclinada (?prona?) bajo tanto sufrimiento que deber?amos tambi?n tener un poco de compasi?n y de solidaridad los unos con los otros!

5. El deber de amar

Hay otra ense?anza que nos viene del amor de Dios manifestado en la cruz de Cristo. El amor de Dios por el hombre es fiel y eterno: ?Con amor eterno te he amado?, dice Dios al hombre en los profetas (Jr, 31,3), y tambi?n: ?En mi lealtad no fallar? (Sal 89,34). Dios se ha ligado a amar para siempre, se ha privado de la libertad de volver atr?s. Es ?ste el sentido profundo de la alianza que en Cristo se ha transformado en ?nueva y eterna?.

En la enc?clica papal leemos: ?El desarrollo del amor hacia sus m?s altas cotas y su m?s ?ntima pureza conlleva el que ahora aspire a lo definitivo, y esto en un doble sentido: en cuanto implica exclusividad ??s?lo esta persona??, y en el sentido del ?para siempre?. El amor engloba la existencia entera y en todas sus dimensiones, incluido tambi?n el tiempo. No podr?a ser de otra manera, puesto que su promesa apunta a lo definitivo: el amor tiende a la eternidad? [12].

En nuestra sociedad se cuestiona cada vez con mayor frecuencia qu? relaci?n puede haber entre el amor de dos j?venes y la ley del matrimonio; qu? necesidad de ?vincularse? tiene el amor, que es todo impulso y espontaneidad. As?, son cada vez m?s numerosos quienes rechazan la instituci?n del matrimonio y optan por el llamado amor libre o la simple convivencia de hecho. S?lo si se descubre la relaci?n profunda y vital que hay entre ley y amor, entre decisi?n e instituci?n, se puede responder correctamente a esas preguntas y dar a los j?venes un motivo convincente para ?atarse? a amar para siempre y no tener miedo a hacer del amor un ?deber?.

?S?lo cuando existe el deber de amar --apunt? el fil?sofo que, despu?s de Plat?n, ha escrito las cosas m?s bellas sobre el amor, Kierkegaard--, s?lo entonces el amor est? garantizado para siempre contra cualquier alteraci?n; eternamente liberado en feliz independencia; asegurado en eterna bienaventuranza contra cualquier desesperaci?n? [13]. El sentido de estas palabras es que la persona que ama, cuanto m?s intensamente ama, m?s percibe con angustia el peligro que corre su amor. Peligro que no viene de otros, sino de ella misma. Bien sabe que es voluble, y que ma?ana, ?ay!, podr?a cansarse y no amar m?s, o cambiar el objeto de su amor. Y ya que, ahora que est? en la luz del amor, ve con claridad la p?rdida irreparable que esto comportar?a, he aqu? que se previene ?at?ndose? a amar con el v?nculo del deber y anclando, de este modo, a la eternidad su acto de amor, el cual se sit?a en el tiempo.

Ulises deseaba volver a ver su patria y a su esposa, pero ten?a que atravesar el lugar de las sirenas que fascinan a los navegantes con su canto y les llevan a estrellarse contra las rocas. ?Qu? hizo? Se hizo atar al m?stil de la nave, despu?s de haber tapado con cera los o?dos a sus compa?eros. Al llegar a tal lugar, hechizado gritaba para que le desataran y poder alcanzar a las sirenas, pero sus compa?eros no pod?an o?rle, y as? pudo volver a ver su patria y volver a abrazar a su esposa e hijo [14]. Es un mito, pero ayuda a entender el porqu?, tambi?n humano y existencial, del matrimonio ?indisoluble? y, en un plano diferente, de los votos religiosos.

El deber de amar protege al amor de la ?desesperaci?n? y lo hace ?feliz e independiente? en el sentido de que protege de la desesperaci?n de no poder amar para siempre. Dadme un verdadero enamorado --dec?a el mismo pensador-- y ?l os dir? si, en amor, existe oposici?n entre placer y deber; si el pensamiento de ?deber? amar para toda la vida procura al amante temor y angustia, o m?s bien gozo y felicidad total.

Apareci?ndose un d?a de Semana Santa a la beata Angela de Foligno, Cristo le dijo una palabra que se ha hecho c?lebre: ??No te he amado en broma!? [15]. Cristo verdaderamente no nos ha amado en broma. Existe una dimensi?n l?dica y graciosa en el amor, pero ?l mismo no es una broma; es lo m?s serio y lo m?s cargado de consecuencias que existe en el mundo; la vida humana depende de ?l. Esquilo compara el amor con un leoncillo que se cr?a en casa, ?d?cil y tierno primero m?s que un ni?o?, con el que se puede hasta bromear, pero que, creciendo, es capaz de causar estragos y manchar la casa de sangre [16].

Estas consideraciones no bastar?n para modificar la cultura presente que exalta la libertad de cambiar y la espontaneidad del momento, la pr?ctica del ?usar y tirar? aplicada tambi?n al amor. (Se encargar?, lamentablemente, de hacerlo la vida, cuando al final uno se encuentre con cenizas en la mano y la tristeza de no haber construido nada duradero con el propio amor). Pero que por lo menos sirvan, estas consideraciones, para confirmar la bondad y la belleza de la propia elecci?n a aquellos que han decidido vivir el amor entre el hombre y la mujer seg?n el proyecto de Dios y sirvan para animar a muchos j?venes a hacer la misma opci?n.

No nos queda m?s que entonar con Pablo el himno al amor victorioso de Dios. Nos invita ha realizar con ?l una maravillosa experiencia de sanaci?n interior. Piensa en todas las cosas negativas y en los momentos cr?ticos de su vida: la tribulaci?n, la angustia, la persecuci?n, el hambre, la desnudez, el peligro, la espada. Los contempla a la luz de la certeza del amor de Dios y grita: ??Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aqu?l que nos am?!?.

Alza entonces la mirada; desde su vida personal pasa a considerar el mundo que le rodea y el destino humano universal, y de nuevo la misma certeza gozosa: ?Estoy seguro de que ni la muerte ni la vida..., ni lo presente ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni otra criatura alguna podr? jam?s separarnos del amor de Dios, manifestado en Cristo Jes?s Se?or nuestro? (Rm 8,37-39).

Recojamos su invitaci?n, en este Viernes de Pasi?n, y repitamos para nosotros sus palabras mientras, dentro de poco, adoremos la cruz de Cristo.

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[1] H. Bloom, en el ensayo interpretativo que acompa?a la edici?n de M. Meyer, The Gospel of Thomas, HarperSan Francisco, s.d., p. 125.
[2] R. Brown, The Death of the Messiah, II, New York 1998, pp. 1092-1096.
[3] Ver el logion 114 en el mismo Evangelio de Tom?s (ed. Mayer, p. 63); en el Evangelio de los Egipcios Jes?s dice: ?He venido a destruir las obras de la mujer? (Cf. Clemente Al., Stromati, III, 63). Esto explica por qu? el Evangelio de Tom?s se convierte en el evangelio de los maniqueos, mientras que fue combatido severamente por los autores eclesi?sticos (por ejemplo por Hip?lito de Roma) que defend?an la bondad del matrimonio y de la creaci?n en general.
[4] Paradiso, V, 73-80.
[5] Benedicto XVI, Enc. ?Deus caritas est?, n.12.
[6] Cf. N. Cabasilas, Vita in Cristo, VI, 2 (PG 150, 645)
[7] Cf. Or?genes, Homil?as sobre Ezequiel, 6,6 (GCS, 1925, p. 384 s).
[8] Enc. ?Deus caritas est?, n.5.
[9] Cf. B. Pascal, Pensieri, 793, ed. Brunschvicg.
[10] Henryk Sienkiewicz, Quo vadis, cap. 33.
[11] Giovanni Pascoli, ?I due fanciulli?.
[12] Enc. ?Deus caritas est?, n.6.
[13] S. Kierkegaard, Gli atti dell?amore, I, 2, 40, ed. a cura di C. Fabro, Milano 1983, p. 177 ss.
[14] Cf. Odisea, canto XII.
[15] Il libro della Beata Angela da Foligno, Instructio 23 (ed. Quaracchi, Grottaferrata 1985, p. 612).
[16] Eschilo, Agamennone, vv. 717 ss.
Publicado por verdenaranja @ 15:38
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