S?bado, 15 de abril de 2006
Homil?a de la misa en la Cena del Se?or de Benedicto XVI, publicada por ZENIT.



?Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am? hasta el extremo? (Juan 13, 1): Dios ama a su criatura, el hombre; le ama tambi?n en su ca?da y no le abandona a su suerte. ?l ama hasta el final. Con su amor va hasta el final, hasta el extremo: desciende de su gloria divina. Se despoja de su gloria divina y toma las ropas de un esclavo. Desciende hasta lo m?s bajo de nuestra ca?da. Se arrodilla ante nosotros y nos ofrece el servicio del esclavo; lava los pies sucios para que podamos estar presentables ante la mesa de Dios, para que seamos dignos de sentarnos a su mesa, algo que por nosotros mismos nunca podr?amos ni deber?amos hacer.

Dios no es un Dios lejano, demasiado distante y demasiado grande para ocuparse de nuestras menudencias. Dado que es grande, puede interesarse por nuestras peque?eces. Dado que es grande, el alma del hombre, el mismo hombre creado por amor eterno no es algo peque?o, sino grande y digno de su amor. La santidad de Dios no es s?lo un poder incandescente, ante el que tenemos que quedar aterrorizados; es poder de amor y, por este motivo, es poder purificador y regenerador.

Dios desciende y se hace esclavo, nos lava los pies para que podamos sentarnos a su mesa. En esto se expresa todo el misterio de Jesucristo. En esto se hace visible lo que significa la redenci?n. El ba?o en el que nos lava es su amor dispuesto a afrontar la muerte. S?lo el amor tiene esa fuerza purificadora que nos quita nuestra suciedad y nos eleva a las alturas de Dios. El ba?o que nos purifica es ?l mismo que se nos entrega totalmente hasta tocar las profundidades de su sufrimiento y de su muerte. ?l es continuamente ese amor que nos lava; en los sacramentos de la purificaci?n --el bautismo y el sacramento de la penitencia-- se arrodilla continuamente a nuestros pies y nos ofrece el servicio del esclavo, el servicio de la purificaci?n, nos hace capaces de Dios. Su amor es inagotable, llega verdaderamente hasta el final.

?Vosotros est?is limpios, aunque no todos?, dice el Se?or (Juan 13, 10). En esta frase se revela el gran don de la purificaci?n que ?l nos ofrece, pues tiene el deseo de sentarse a la mesa junto a nosotros, de convertirse en nuestra comida. ?Aunque no todos?; existe el oscuro misterio del rechazo, que con lo sucedido a Judas se hace presente y tiene que hacernos reflexionar precisamente en el Jueves Santo, en el d?a en que Jes?s se entrega a s? mismo. El amor del Se?or no conoce l?mites, pero el hombre puede ponerle un l?mite.

?Vosotros est?is limpios, aunque no todos?. ?Qu? hace que el hombre se ensucie? El rechazo del amor, el no querer ser amado, el no amar. La soberbia, que cree que no tiene necesidad de purificaci?n, que se cierra a la bondad salvadora de Dios. La soberbia no quiere confesar y reconocer que tenemos necesidad de purificaci?n. En Judas vemos la naturaleza de este rechazo de una manera m?s clara todav?a. Juzga a Jes?s seg?n las categor?as del poder y del ?xito: para ?l s?lo existe la realidad del poder y del ?xito, el amor no cuenta nada. Y es ?vido: el dinero es m?s importante que la comuni?n con Jes?s, m?s importante que Dios y su amor. De este modo, se convierte tambi?n en un mentiroso, hace el doble juego y rompe con la verdad; vive en la mentira y pierde el sentido de la verdad suprema, Dios. As? se endurece, se hace incapaz de conversi?n, de emprender el regreso confiado del hijo pr?digo, y tira la vida destruida.

?Vosotros est?is limpios, aunque no todos?. El Se?or nos advierte hoy ante esa autosuficiencia que pone un l?mite a su amor ilimitado. Nos invita a imitar su humildad, a confiar en ella, a dejarnos ?contagiar? por ella. Nos invita a regresar a su casa por m?s perdidos que nos sintamos y a permitir que su bondad purificadora nos levante y nos haga entrar en la comuni?n de la mesa con ?l, con el mismo Dios.

Reflexionemos en una frase m?s de este pasaje evang?lico inagotable. ?Os he dado ejemplo?? (Juan 13, 15); ?vosotros tambi?n deb?is lavaros los pies unos a otros? (Juan 13, 14). ?En qu? consiste ?lavar los pies unos a otros?? ?Qu? significa concretamente? Cada obra buena por el otro --especialmente por el que sufre y por el que es poco estimado-- es un servicio de lavatorio de los pies. El Se?or nos llama a esto: a bajar, a aprender la humildad y la valent?a de la bondad, as? como la disponibilidad para aceptar el rechazo, confiando sin embargo en la bondad y perseverando en ella. Pero hay una dimensi?n m?s profunda todav?a. El Se?or quita nuestra suciedad con la fuerza purificadora de su bondad. Lavarnos los pies los unos a los otros significa sobre todo perdonarnos incansablemente los unos a los otros, volver a comenzar siempre de nuevo, aunque parezca in?til. Significa purificarnos los unos a los otros soport?ndonos mutuamente y aceptando el que los dem?s nos soporten; purificarnos los unos a los otros d?ndonos mutuamente la fuerza santificante de la Palabra de Dios e introduci?ndonos en el Sacramento del amor divino.

El Se?or nos purifica y por este motivo nos atrevemos a sentarnos a su mesa. Pid?mosle que nos d? a todos nosotros la gracia de poder ser hu?spedes un d?a y para siempre del eterno banquete nupcial. ?Am?n!
Publicado por verdenaranja @ 15:43
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