Domingo, 16 de abril de 2006
16 abril 2006 ZENIT publica la homil?a de Benedicto XVI en la celebraci?n eucar?stica de la solemne vigilia pascual que presidi? en la Bas?lica de San Pedro del Vaticano.




??Busc?is a Jes?s el Nazareno, el crucificado? No est? aqu?, ha resucitado? (Marcos 16, 6). As? dijo el mensajero de Dios, vestido de blanco, a las mujeres que buscaban el cuerpo de Jes?s en el sepulcro. Y lo mismo nos dice tambi?n a nosotros el evangelista en esta noche santa: Jes?s no es un personaje del pasado. ?l vive y, como ser viviente, camina delante de nosotros; nos llama a seguirlo a ?l, el viviente, y a encontrar as? tambi?n nosotros el camino de la vida.

?Ha resucitado..., no est? aqu??. Cuando Jes?s habl? por primera vez a los disc?pulos sobre la cruz y la resurrecci?n, ?stos, mientras bajaban del monte de la Transfiguraci?n, se preguntaban qu? querr?a decir eso de ?resucitar de entre los muertos? (Marcos 9, 10). En Pascua nos alegramos porque Cristo no se ha quedado en el sepulcro, su cuerpo no ha conocido la corrupci?n; pertenece al mundo de los vivos, no al de los muertos; nos alegramos porque ?l es --como proclamamos en el rito del cirio pascual-- Alfa y al mismo tiempo Omega, y existe por tanto, no s?lo ayer, sino tambi?n hoy y por la eternidad (cf. Hebreos 13, 8). Pero, en cierto modo, vemos la resurrecci?n tan fuera de nuestro horizonte, tan extra?a a todas nuestras experiencias, que, entrando en nosotros mismos, continuamos con la discusi?n de los disc?pulos: ?En qu? consiste propiamente eso de ?resucitar?? ?Qu? significa para nosotros? ?Y para el mundo y la historia en su conjunto? Un te?logo alem?n dijo una vez con iron?a que el milagro de un cad?ver reanimado --si es que eso hubiera ocurrido verdaderamente, algo en lo que no cre?a-- ser?a a fin de cuentas irrelevante para nosotros porque, justamente, no nos concierne. En efecto, el que solamente una vez alguien haya sido reanimado, y nada m?s, ?de qu? modo deber?a afectarnos? Pero la resurrecci?n de Cristo es precisamente algo m?s, una cosa distinta. Es --si podemos usar por una vez el lenguaje de la teor?a de la evoluci?n-- la mayor ?mutaci?n?, el salto m?s decisivo en absoluto hacia una dimensi?n totalmente nueva, que se haya producido jam?s en la larga historia de la vida y de sus desarrollos: un salto de un orden completamente nuevo, que nos afecta y que ata?e a toda la historia.

Por tanto, la discusi?n comenzada con los disc?pulos comprender?a las siguientes preguntas: ?Qu? es lo que sucedi? all?? ?Qu? significa eso para nosotros, para el mundo en su conjunto y para m? personalmente? Ante todo: ?Qu? sucedi?? Jes?s ya no est? en el sepulcro. Est? en una vida totalmente nueva. Pero, ?c?mo pudo ocurrir eso? ?Qu? fuerzas han intervenido? Es decisivo que este hombre Jes?s no estuviera solo, no fuera un Yo cerrado en s? mismo. ?l era uno con el Dios vivo, unido talmente a ?l que formaba con ?l una sola persona. Se encontraba, por as? decir, en un mismo abrazo con Aqu?l que es la vida misma, un abrazo no solamente emotivo, sino que abarcaba y penetraba su ser. Su propia vida no era solamente suya, era una comuni?n existencial con Dios y un estar insertado en Dios, y por eso no se le pod?a quitar realmente. ?l pudo dejarse matar por amor, pero justamente as? destruy? el car?cter definitivo de la muerte, porque en ?l estaba presente el car?cter definitivo de la vida. ?l era una cosa sola con la vida indestructible, de manera que ?sta brot? de nuevo a trav?s de la muerte. Expresemos una vez m?s lo mismo desde otro punto de vista. Su muerte fue un acto de amor. En la ?ltima Cena, ?l anticip? la muerte y la transform? en el don de s? mismo. Su comuni?n existencial con Dios era concretamente una comuni?n existencial con el amor de Dios, y este amor es la verdadera potencia contra la muerte, es m?s fuerte que la muerte. La resurrecci?n fue como un estallido de luz, una explosi?n del amor que desat? el v?nculo hasta entonces indisoluble del ?morir y devenir?. Inaugur? una nueva dimensi?n del ser, de la vida, en la que tambi?n ha sido integrada la materia, de una manera transformada, y a trav?s de la cual surge un mundo nuevo.

Est? claro que este acontecimiento no es un milagro cualquiera del pasado, cuya realizaci?n podr?a ser en el fondo indiferente para nosotros. Es un salto cualitativo en la historia de la ?evoluci?n? y de la vida en general hacia una nueva vida futura, hacia un mundo nuevo que, partiendo de Cristo, entra ya continuamente en este mundo nuestro, lo transforma y lo atrae hacia s?. Pero, ?c?mo ocurre esto? ?C?mo puede llegar efectivamente este acontecimiento hasta m? y atraer mi vida hacia ?l y hacia lo alto? La respuesta, en un primer momento quiz?s sorprendente pero completamente real, es la siguiente: dicho acontecimiento me llega mediante la fe y el bautismo. Por eso el Bautismo es parte de la Vigilia pascual, como se subraya tambi?n en esta celebraci?n con la administraci?n de los sacramentos de la iniciaci?n cristiana a algunos adultos de diversos pa?ses. El Bautismo significa precisamente que no es un asunto del pasado, sino un salto cualitativo de la historia universal que llega hasta m?, tom?ndome para atraerme. El Bautismo es algo muy diverso de un acto de socializaci?n eclesial, de un ritual un poco fuera de moda y complicado para acoger a las personas en la Iglesia. Tambi?n es m?s que una simple limpieza, una especie de purificaci?n y embellecimiento del alma. Es realmente muerte y resurrecci?n, renacimiento, transformaci?n en una nueva vida.

?C?mo lo podemos entender? Pienso que lo que ocurre en el Bautismo se puede aclarar m?s f?cilmente para nosotros si nos fijamos en la parte final de la peque?a autobiograf?a espiritual que san Pablo nos ha dejado en su Carta a los G?latas. Concluye con las palabras que contienen tambi?n el n?cleo de dicha biograf?a: ?Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en m?? (2, 20). Vivo, pero ya no soy yo. El yo mismo, la identidad esencial del hombre --de este hombre, Pablo-- ha cambiado. ?l todav?a existe y ya no existe. Ha atravesado un ?no? y sigue encontr?ndose en este ?no?: Yo, pero ya ?no? soy yo. Con estas palabras, Pablo no describe una experiencia m?stica cualquiera, que tal vez pod?a hab?rsele concedido y, si acaso, podr?a interesarnos desde el punto de vista hist?rico. No, esta frase es la expresi?n de lo que ha ocurrido en el Bautismo. Se me quita el propio yo y es insertado en un nuevo sujeto m?s grande. As?, pues, est? de nuevo mi yo, pero precisamente transformado, bru?ido, abierto por la inserci?n en el otro, en el que adquiere su nuevo espacio de existencia. Pablo nos explica lo mismo una vez m?s bajo otro aspecto cuando, en el tercer cap?tulo de la Carta a los G?latas, habla de la ?promesa? diciendo que ?sta se dio en singular, a uno solo: a Cristo. S?lo ?l lleva en s? toda la ?promesa?. Pero, ?qu? sucede entonces con nosotros? Vosotros hab?is llegado a ser uno en Cristo, responde Pablo (cf. G?latas 3, 28). No s?lo una cosa, sino uno, un ?nico, un ?nico sujeto nuevo. Esta liberaci?n de nuestro yo de su aislamiento, este encontrarse en un nuevo sujeto es un encontrarse en la inmensidad de Dios y ser trasladados a una vida que ha salido ahora ya del contexto del ?morir y devenir?. El gran estallido de la resurrecci?n nos ha alcanzado en el Bautismo para atraernos. Quedamos as? asociados a una nueva dimensi?n de la vida en la que, en medio de las tribulaciones de nuestro tiempo, estamos ya de alg?n modo inmersos. Vivir la propia vida como un continuo entrar en este espacio abierto: ?ste es el sentido del ser bautizado, del ser cristiano. ?sta es la alegr?a de la Vigilia pascual. La resurrecci?n no ha pasado, la resurrecci?n nos ha alcanzado e impregnado. A ella, es decir al Se?or resucitado, nos sujetamos, y sabemos que tambi?n ?l nos sostiene firmemente cuando nuestras manos se debilitan. Nos agarramos a su mano, y as? nos damos la mano unos a otros, nos convertimos en un sujeto ?nico y no solamente en una sola cosa. Yo, pero ya ?no? soy yo: ?sta es la f?rmula de la existencia cristiana fundada en el bautismo, la f?rmula de la resurrecci?n en el tiempo. Yo, pero ya ?no? soy yo: si vivimos de este modo transformamos el mundo. Es la f?rmula de contraste con todas las ideolog?as de la violencia y el programa que se opone a la corrupci?n y a las aspiraciones del poder y del poseer.

?Vivir?is, porque yo sigo viviendo?, dice Jes?s en el Evangelio de San Juan (14, 19) a sus disc?pulos, es decir, a nosotros. Viviremos mediante la comuni?n existencial con ?l, por estar insertos en ?l, que es la vida misma. La vida eterna, la inmortalidad beat?fica, no la tenemos por nosotros mismos ni en nosotros mismos, sino por una relaci?n, mediante la comuni?n existencial con Aqu?l que es la Verdad y el Amor y, por tanto, es eterno, es Dios mismo. La mera indestructibilidad del alma, por s? sola, no podr?a dar un sentido a una vida eterna, no podr?a hacerla una vida verdadera. La vida nos llega del ser amados por Aqu?l que es la Vida; nos viene del vivir con ?l y del amar con ?l. Yo, pero ya ?no? soy yo: ?sta es la v?a de la Cruz, la v?a que ?cruza? una existencia encerrada solamente en el yo, abriendo precisamente as? el camino a la alegr?a verdadera y duradera.

De este modo, llenos de gozo, podemos cantar con la Iglesia en el ?Exultet?: ?Exulten por fin los coros de los ?ngeles... Goce tambi?n la tierra?. La resurrecci?n es un acontecimiento c?smico, que comprende cielo y tierra, y asocia el uno con la otra. Y podemos proclamar tambi?n con el ?Exultet?: ?Cristo, tu hijo resucitado... brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos?. Am?n.
Publicado por verdenaranja @ 20:52
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