Martes, 18 de abril de 2006
Art?culo que publica la edici?n semanal en lengua espa?ola de ?L'Osservatore Romano? en el n?mero de la semana de Pascua con el t?tulo ?El primer a?o de pontificado de Benedicto XVI?.

Por Jes?s Villagrasa, L.C., profesor de Filosof?a en el Ateneo Pontificio ?Regina Apostolorum?.




En la serena tarde romana del 19 de abril de 2005, faltaban cuatro minutos para las seis cuando una temprana ?fumata bianca? anunci? al mundo que un nuevo papa hab?a sido elegido. Pocas veces se ha llenado con tanta rapidez la Plaza de San Pedro como aquella luminosa tarde primaveral. A las 18.43, el cardenal protodi?cono de la Iglesia cat?lica, Jorge Medina Est?vez, presentaba al 264? sucesor de san Pedro. Cuando pronunci? el nombre ?Josephum?, muchos en la plaza se le adelantaron: ??Ratzinger!? No se equivocaron: ?Josephum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Ratzinger qui sibi nomen imposuit Benedictum XVI?.

Su predecesor hab?a llegado a la Sede de Pedro siendo un desconocido; muchos cardenales ni siquiera sab?an pronunciar el apellido ?Wojtyla?. Del Cardenal Ratzinger, al menos en Occidente, casi todos conoc?an el nombre y el rostro. Y la mayor?a cre?a conocer tambi?n su persona y su pensamiento. ?Hab?an le?do tantas cosas de ?l en los peri?dicos! Quiz?, por eso mismo, para muchas personas, la primera sorpresa del pontificado fue descubrir ?otro Ratzinger?, el real, alguien que no coincid?a con la caricatura que les hab?an presentado o con la imagen que se hab?an forjado.

Otra sorpresa del pontificado fue la brevedad del conclave, claro indicio de que los cardenales no tuvieron grandes dificultades para encontrar al candidato que, a sus ojos, reun?a las cualidades necesarias para guiar la Iglesia en este momento. Su elecci?n cay? sobre quien Juan Pablo II hab?a llamado ?el amigo fiel? en su libro ?Levantaos, vamos!

Hab?a que presentarlo al mundo y los periodistas se apresuraron a publicar biograf?as. Las editoriales reeditaban sus obras, que se agotaban por d?as. Algunos vaticanistas aventuraban hip?tesis en torno a los motivos de la elecci?n: ?Le han elegido ?escrib?a Juan Vicente Boo, corresponsal de ABC en Roma? porque su talla intelectual, talante y humildad est?n a la altura del enorme desaf?o de suceder a Juan Pablo II. Le han votado porque saben que, en cuanto se despejen los t?picos y la gente le conozca directamente, Joseph Ratzinger va a meterse en el bolsillo a los j?venes, a los responsables de otras religiones y a los mandatarios del mundo? (20-IV-2005). Aunque los conocidos del cardenal podr?an suscribir esta opini?n, quiz?s el nuevo Papa no. Al menos, sus primeras intervenciones no dejan traslucir eso. En ellas prevalece la conciencia de la grave responsabilidad que ha asumido, en obediencia a Dios, y la confianza que depositaba en la potencia de Cristo resucitado y en la asistencia del Esp?ritu Santo vivificador.

Sin pretender hacer un an?lisis del primer a?o de Pontificado de Benedicto XVI, es posible, sin embargo, dibujar una semblanza de su persona y ministerio tal como ha aparecido en cuatro momentos significativos de sus primeros doce meses: su presentaci?n a la Iglesia y al mundo en los primeros d?as, la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia, la vivencia del A?o de la Eucarist?a y, finalmente, el di?logo con el mundo. Como tel?n de fondo de estos cuatro momentos colocamos su primera enc?clica, Deus caritas est.



La presentaci?n de los primeros d?as
La tarde de su elecci?n, el nuevo papa se present? como ?un sencillo, humilde, trabajador en la vi?a del Se?or?. Su autobiograf?a, Mi vida. Recuerdos (1927-1977) , confirma esta descripci?n: tiene la sencillez de una personalidad y vida unificadas, la humildad del insobornable servidor de la verdad y se entrega a Cristo, a su Iglesia y a los hombres sin c?lculos o protagonismos indebidos. Se siente, ha sido y es un cooperador de Dios y de sus hermanos, primero como profesor universitario, despu?s como obispo y, ahora, como Vicario de Cristo: un cooperador de la verdad.

Al d?a siguiente de su elecci?n, el 20 de abril de 2005, en el discurso program?tico a los cardenales electores pronunciado en la Capilla Sixtina, Benedicto XVI indic? algunos temas que iban a estar m?s presentes en su pontificado: la unidad del Colegio apost?lico, el Concilio Vaticano II como br?jula para orientarse en el nuevo milenio, el A?o de la Eucarist?a, la caridad hacia todos, la unidad de los cristianos promovida con gestos concretos que interpelen a las conciencias, el di?logo abierto y sincero con los seguidores de otras religiones y con todas las personas que est?n buscando una respuesta a las preguntas fundamentales de la existencia, el compromiso a favor de la paz y de un aut?ntico desarrollo social respetuoso de la dignidad de todo ser humano. En efecto, estas prioridades pastorales ya han encontrado expresi?n en el multiforme magisterio y ministerio de estos doce meses.

Dos homil?as completaron la presentaci?n del Pont?fice. En la Misa de inicio solemne del Pontificado en la plaza de San Pedro, el 24 de abril, se defini? como un miembro de una Iglesia viva, que se siente acompa?ado por la oraci?n de los fieles y por una multitud de santos que se dilata por todos los tiempos y latitudes, algunos de los cuales hab?an sido invocados por la asamblea en las letan?as de los santos durante la procesi?n de ingreso: Tu illum adiuva. A quienes esperaban un ?programa de gobierno? les dijo: ?Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Se?or y dejarme conducir por ?l, de tal modo que sea ?l mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia?. Un programa m?s ?detallado? con los elementos principales de su misi?n ya hab?a sido comunicado en el discurso del d?a 20.

La segunda homil?a, pronunciada el 7 de mayo del 2005 durante su toma de posesi?n de la c?tedra del Obispo de Roma en la Bas?lica de San Juan de Letr?n, revela la conciencia que Benedicto XVI tiene del papado y del cambio radical que se ha operado en su vida. En su libro La sal de la tierra (1997) hab?a dicho que el papado en su n?cleo central no cambiar?, porque siempre habr? un hombre que suceda a san Pedro y asuma la responsabilidad personal ?ltima, sostenida colegialmente, de conservar la unidad de la Iglesia y de proclamar el Magisterio universal en materias de fe y moral. Podr?an cambiar las formas de ejercer el primado. Y a?ad?a: ?No puedo, ni tampoco quiero, imaginar las variaciones concretas que pueda haber en el futuro? (Palabra, 20055, 279). No pod?a prever entonces que la Providencia preparaba un futuro en el que podr?a tocar a ?l marcar alguna variaci?n en el ejercicio del papado.

En la Iglesia cada fiel est? llamado a dar el propio testimonio, a cumplir su personal misi?n al servicio de toda esta familia. Y, entre la multitud de testigos de la fe com?n que pueblan la historia y la geograf?a de la Iglesia, ?l, como Vicario de Cristo, ha recibido de Dios la misi?n de rendirle un particular testimonio de Cristo, que quiso ilustrar en esta homil?a pronunciada en la Bas?lica de San Juan de Letr?n. Pedro, en nombre de los Ap?stoles, fue el primero en profesar la fe: ?T? eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo? (Mt 16, 16). ?Esta es la tarea de todos los sucesores de Pedro: ser el gu?a en la profesi?n de fe en Cristo, el Hijo de Dios vivo. La c?tedra de Roma es, ante todo, c?tedra de este credo. Desde lo alto de esta c?tedra, el Obispo de Roma debe repetir constantemente: Dominus Iesus, ?Jes?s es el Se?or??.

Pedro, una vez convertido, deb?a confirmar a sus hermanos. Eso mismo hace el titular del ministerio petrino: ?debe tener conciencia de que es un hombre fr?gil y d?bil, como son fr?giles y d?biles sus fuerzas, y necesita constantemente purificaci?n y conversi?n. Pero debe tener tambi?n conciencia de que del Se?or le viene la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesi?n de Cristo crucificado y resucitado?.

El Se?or confiri? a Pedro y, despu?s de ?l, a los Doce, los poderes y el mandato de atar y desatar. Parte esencial de esta misi?n es la potestad de ense?ar, simbolizada en la c?tedra donde se sienta el obispo de Roma para dar testimonio de Cristo.

Esta potestad de ense?anza asusta a muchos hombres, dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no constituye una amenaza para la libertad de conciencia, si no es una presunci?n contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es as?. El poder conferido por Cristo a Pedro y a sus sucesores es, en sentido absoluto, un mandato para servir. La potestad de ense?ar, en la Iglesia, implica un compromiso al servicio de la obediencia a la fe. El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Al contrario: el ministerio del Papa es garant?a de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No debe proclamar sus propias ideas, sino vincularse constantemente a s? mismo y la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, frente a todos los intentos de adaptaci?n y alteraci?n, as? como frente a todo oportunismo (7-V-2005).

El servicio de la potestas docendi ?y, an?logamente, de la potestas regendi et sanctificandi ? que el Papa ejerce no se limita a la explicaci?n fiel de la Palabra de Dios, sino que pasa tambi?n por la obediencia a la fe de la Iglesia, porque, en su ministerio petrino de decidir y ense?ar, el Papa est? unido a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos y a las interpretaciones vinculantes surgidas a lo largo del camino de la Iglesia peregrinante. La potestad de ense?anza es, por lo tanto, una potestad de obediencia y un servicio a la verdad.

Admirable ha sido durante este primer a?o el magisterio de Benedicto XVI, por la riqueza, claridad y unci?n de sus homil?as, discursos y cartas. Escribe personalmente las intervenciones, comenzando por las homil?as, y no raras veces improvisa. La enc?clica Deus caritas est ocupa un lugar excelente en el magisterio de este a?o.

Los primeros actos de gobierno de Benedicto XVI estuvieron marcados por la continuidad: el nombramiento del cardenal Angelo Sodano como Secretario de Estado y la confirmaci?n ?donec aliter provideatur: mientras no se provea diversamente? de los cardenales y arzobispos responsables de los dicasterios de la Curia Romana y del presidente de la Pontificia Comisi?n para el Estado de la Ciudad de Vaticano, as? como de los altos cargos de la Secretar?a de Estado ?el Sustituto para los Asuntos generales y el Secretario para la relaciones con los Estados? y, finalmente, la confirmaci?n para el quinquenio en curso de los secretarios de los dicasterios de la Curia Romana. El esperado nombramiento del Prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe recay? en el norteamericano Mons. William Joseph Levada, hasta entonces arzobispo de San Francisco y, durante varios a?os, colaborador en ese dicasterio. Tras once meses de pontificado hizo el primer ajuste considerable de la curia vaticana, uniendo ?por ahora? la presidencia del Consejo Pontificio para el Di?logo Interreligioso a la del Consejo Pontificio de la Cultura, y la presidencia del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes a la del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz.

En los primeros d?as de pontificado, algunos encuentros parec?an marcar pautas para su pontificado. El 22 de abril, el Papa Benedicto XVI se encontr? con el Colegio de los cardenales para rogarles que no dejen de prestarle su apoyo, pues todos est?n unidos a ?l por la voluntad de obedecer a la voluntad divina y de prestar un servicio sencillo y disponible a la Iglesia. No se conclu?a el primer a?o de pontificado cuando el 24 de marzo de 2006 reun?a el Consistorio para nombrar 15 nuevos miembros del Colegio Cardenalicio.

Al d?a siguiente, encontr? a los representantes de los medios de comunicaci?n social para agradecerles la cobertura mundial que dieron a la muerte y a los funerales del Papa Juan Pablo II y a su elecci?n. Les record?, tambi?n, ?la responsabilidad ?tica de quienes trabajan en este sector, particularmente por lo que respecta a la b?squeda sincera de la verdad, as? como a la defensa del car?cter central y de la dignidad de la persona?.

El 25 de abril, se reuni? con los representantes de las Iglesias y Comunidades cristianas, y con los de otras religiones no cristianas. A estos ?ltimos asegur? ?que la Iglesia quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones, para buscar el verdadero bien de cada persona y de la sociedad entera?. A los primeros reafirm? ?el compromiso irreversible? de la Iglesia ?su personal ?compromiso prioritario? hab?a dicho en el discurso a los cardenales del 20 de abril? a favor del ecumenismo y de la comuni?n plena querida por Jes?s para sus disc?pulos. El ecumenismo ocupa un lugar principal en el coraz?n de Benedicto XVI. En la misa solemne de inicio de pontificado, despu?s de explicar los signos del palio y del anillo, que evocan al pastor y al pescador, renov? su compromiso de proseguir en el camino hacia un solo reba?o y un solo pastor y de procurar que la red de la Iglesia no se rompa. En efecto, Cristo, el Buen Pastor, tiene otras ovejas que est?n fuera del redil a las que tiene que traer: ?y escuchar?n mi voz y habr? un solo reba?o, un solo Pastor? (Jn 10, 16). El relato de los 153 peces grandes termina con la gozosa constataci?n: ?Y aunque eran tantos, no se rompi? la red? (Jn 21, 11). ??No permitas ?oraba el Papa en su homil?a? que se rompa tu red y ay?danos a ser servidores de la unidad!?. Un gesto ecum?nico del Santo Padre ha sido la renuncia al t?tulo de Patriarca de Occidente que se dio a conocer con la publicaci?n del Anuario Pontificio de la Santa Sede, el pasado mes de febrero. Otro gesto de Benedicto XVI fue la carta enviada el pasado 17 de febrero y la medalla de oro del pontificado donada al patriarca ortodoxo de Mosc? Alejo II con motivo de su aniversario y onom?stico. Su Beatitud Alejo II correspondi? con una carta firmada el 22 de febrero y el regalo de una cruz pectoral. Han confirmado en este intercambio de cartas la voluntad com?n de promover la colaboraci?n entre ambas Iglesias. El mismo d?a 22, el Papa Benedicto XVI en una carta al cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Kiev-Halic, con ocasi?n del sexag?simo aniversario de la persecuci?n comunista contra la Iglesia grecocat?lica, que tuvo lugar tras el ?pseudo-s?nodo? de Lvov, en marzo de 1946, expres? su deseo de que este aniversario sirva para promover la unidad con la Iglesia ortodoxa, pues a la Iglesia greco-cat?lica se le ha confiado la misi?n de mantener visible en la Iglesia cat?lica la tradici?n oriental y de favorecer el encuentro de las tradiciones, testimoniando no s?lo su compatibilidad, sino tambi?n su profunda unidad en la diversidad.

Adem?s del di?logo ecum?nico, el Papa desea impulsar las relaciones con los jud?os y con el Estado de Israel. Al d?a siguiente de su elecci?n, uno de sus primeros actos como pont?fice fue enviar un telegrama al rabino jefe de Roma, Riccardo di Segni, en el que conf?a en la ayuda de Dios para reforzar una fecunda colaboraci?n y un di?logo respetuoso con el pueblo jud?o. El 16 de enero de 2006, al ser recibido en audiencia por Benedicto XVI, el rabino di Segni lo invit? a visitar la sinagoga de Roma, con ocasi?n del 20? aniversario de la hist?rica visita de Juan Pablo II a ese lugar, el 13 de abril de 1986.

Estas y otras pautas iniciales se han desarrollado a lo largo del primer a?o de pontificado como expresiones de una misma caridad pastoral. No es posible hacer un an?lisis exhaustivo. La mayor afluencia de peregrinos a las audiencias de los mi?rcoles y a los ?ngelus dominicales ?por comparaci?n al ?ltimo a?o de pontificado del Papa Juan Pablo II? puede ser signo de la fecundidad de los ?ltimos sufridos meses de Juan Pablo II y de la acogida sobrenatural y cordial que los fieles han dispensado a su sucesor. La humildad y caridad de Benedicto XVI manifestadas en estos primeros meses, y que tienen su expresi?n doctrinal en su primera enc?clica, han sido un signo fuerte de la presencia de Cristo, el Supremo Pastor, entre sus fieles.


Jornada mundial de la juventud
En Colonia, superando fronteras de naci?n, lengua o raza, m?s de un mill?n de j?venes se reunieron para escuchar la Palabra de Dios, rezar, recibir el sacramento de la Reconciliaci?n, adorar y recibir al Se?or eucar?stico y, tambi?n, para cantar y hacer fiesta juntos. La Jornada mundial de la juventud de Colonia, centrada en la b?squeda y adoraci?n de Cristo, tuvo por lema ?Hemos venido a adorarle?.

Quiz?s esta jornada haya sido el mayor don que Dios haya hecho al Papa en este primer a?o de Pontificado. ?l no la plane?. Fue algo que ?la Providencia divina quiso?. El Papa marc? esta jornada con una palabra y un gesto. La palabra, siempre repetida, fue Cristo. El gesto fue el abrazo:

en Colonia abraz? a obispos y seminaristas, a cristianos separados, jud?os y musulmanes, a cada joven en el barco sobre el Rin y, con un abrazo inmenso, al mill?n de j?venes reunidos para la vigilia de oraci?n. La imagen que resume la jornada es, sin duda, la multitud silenciosa de los adoradores de Cristo presente en la Eucarist?a. ?Hemos venido a adorarle?.

Los Magos fueron los ?gu?as? de los j?venes peregrinos en su b?squeda y adoraci?n de Cristo. Cada joven fue invitado por el pont?fice a realizar el viaje interior de la conversi?n a Dios, ?para conocerlo, encontrarlo, adorarlo y, despu?s de haberlo encontrado y adorado, volver a partir llevando en el coraz?n, en nuestro interior, su luz y su alegr?a? (Audiencia, 24-VIII-2005). Ese ritmo de adoraci?n y misi?n, de contemplaci?n y servicio, est? remarcado en la enc?clica de la caridad, Deus caritas est, que advierte del riesgo de caer en los extremos del pietismo y del activismo.

El encuentro con los seminaristas ocup? un lugar destacado en esta jornada para poner de relieve que muchas vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada han surgido, a lo largo de estos veinte a?os, en estas jornadas, ocasiones privilegiadas en las que el Esp?ritu Santo hace o?r con fuerza su voz.

Por desarrollarse en Alemania, tuvieron particular intensidad los encuentros celebrados con los representantes de las dem?s Iglesias y Comunidades eclesiales, con los jud?os y con los musulmanes. Alemania tiene un papel importante en el di?logo ecum?nico, tanto por la triste historia de las divisiones, como por la significativa funci?n que ha desempe?ado en el camino de la reconciliaci?n. En la sinagoga de Colonia, con la comunidad jud?a m?s antigua de Alemania, Benedicto XVI record? la Shoah, el 60? aniversario de la liberaci?n de los campos de concentraci?n nazis y el 40? aniversario de la declaraci?n conciliar Nostra aetate ?que inaugur? una nueva etapa de di?logo y solidaridad espiritual entre jud?os y cristianos, as? como de estima por las otras grandes tradiciones religiosas?. A los seguidores del Islam, que ?adoran al ?nico Dios y veneran al patriarca Abraham? manifest? las esperanzas y las preocupaciones del dif?cil momento hist?rico que vivimos, ?deseando que se extirpen el fanatismo y la violencia, y que colaboremos juntos para defender siempre la dignidad de la persona humana y tutelar sus derechos fundamentales? (24-VIII-2005).

En todos los encuentros, pero sobre todo a los j?venes, Benedicto XVI ha entregado un mensaje esencial: el cristianismo como encuentro con Cristo y su adoraci?n en el misterio de la Eucarist?a. De este encuentro y de esta fuente nacer? una revoluci?n del amor y, con ella, la verdadera reforma de la Iglesia y el ardor misionero. El primer libro del Papa, La revoluci?n de Dios, presentado a mediados del mes de octubre, recoge sus discursos en Colonia. Dos frases podr?an sintetizar su mensaje: la revoluci?n de Dios es el amor; s?lo una gran explosi?n de bien puede vencer al mal y transformar al hombre y al mundo. S?lo Dios y su amor transforman al mundo. Ni f?rmulas, ni burocracias, ni falsas reformas. Menos aun la miop?a de quienes en la Iglesia s?lo se ven a s? mismos y siguen dando vueltas a asuntos marginales en el cristianismo, como son el celibato sacerdotal o la ordenaci?n de mujeres. La verdadera reforma no puede reducirse a la erecci?n de nuevas y sofisticadas estructuras; la ?nica reforma que cuenta es la de los santos, la revoluci?n a lo divino. Esta revoluci?n divina pasa por la colaboraci?n humana, tambi?n por la colaboraci?n asociada e institucional. Al esp?ritu, competencia y profesionalidad de quienes trabajan en las organizaciones caritativas de la Iglesia, el Papa Benedicto XVI ha dedicado la segunda parte de su enc?clica. Las notas que sonaron en Colonia eran los compases que anunciaban los temas de la sinfon?a que Benedicto XVI estaba preparando a su Iglesia: la enc?clica Deus caritas est.

El Papa Benedicto XVI est? impulsando con vigor las Jornadas mundiales de la juventud. En su mensaje para la jornada XXI, firmado el 22 de febrero, ha presentado las etapas de una peregrinaci?n ideal al encuentro mundial de Sydney: el a?o 2006 la atenci?n se centrar? en el Esp?ritu de la verdad que nos revela a Cristo; el 2007 en el Esp?ritu de amor que infunde en nosotros la caridad divina; el encuentro mundial del 2008 en Sydney tendr? como lema ?Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo que vendr? sobre vosotros, y ser?is mis testigos?.



A?o de la Eucarist?a
Benedicto XVI ha visto la mano de la Providencia en el hecho de que su pontificado haya iniciado en el A?o de la Eucarist?a: ?La Eucarist?a, coraz?n de la vida cristiana y manantial de la misi?n evangelizadora de la Iglesia, no puede menos de constituir siempre el centro y la fuente del servicio petrino que me ha sido confiado? (20-IV-2005). Las indicaciones esenciales para la vivencia de este a?o ya hab?an sido dadas por el Papa Juan Pablo II en la enc?clica Ecclesia de Eucharistia y en la carta apost?lica Mane nobiscum Domine. El S?nodo de los Obispos, celebrado en el mes de octubre, adem?s de profundizar en esa doctrina, manifest? la actual riqueza de la vida eucar?stica de la Iglesia y el car?cter inagotable de su fe eucar?stica. Al hacer un balance de sus primeros meses, en el discurso navide?o a la Curia romana, Benedicto XVI se dice consolado al ver que, por doquier, en la Iglesia, se ha despertado la alegr?a de ?la adoraci?n del Se?or resucitado, presente en la Eucarist?a con su carne y su sangre, en cuerpo y alma, con su divinidad y humanidad? y que se va superando la contraposici?n que algunos ve?an ?y que en realidad no existe? entre la misa y la adoraci?n eucar?stica fuera de ella. ?Recibir la Eucarist?a significa adorar a quien recibimos. Precisamente de este modo y s?lo de este modo nos convertimos en una sola cosa con ?l. Por ello, el desarrollo de la adoraci?n eucar?stica, con la forma que asumi? en la Edad Media, es la consecuencia m?s coherente del mismo misterio eucar?stico: s?lo en la adoraci?n puede madurar una acogida profunda y verdadera? (22-XII-2005).

Una imagen puede resumir este a?o de pontificado: el Papa de rodillas ante Cristo Eucarist?a, en silencio adorante, acompa?ado de la comunidad de fieles: el d?a del Corpus Christi, sobre el papam?vil en procesi?n con sus nuevos fieles diocesanos; en Colonia con un mill?n de j?venes; en la plaza de San Pedro con cien mil ni?os de primera comuni?n; el 17 de octubre con los 250 obispos y cardenales reunidos en Roma para el S?nodo.

La palabra del Papa ha orientado la mirada de los fieles a Cristo Eucarist?a: en Colonia con una exigente y vital lecci?n de teolog?a eucar?stica; a los ni?os de la primera comuni?n con una sencilla y c?lida catequesis en respuesta a sus preguntas, para explicarles porqu? y c?mo ir a misa, confesar los pecados y adorar a Jesucristo. En ambos casos, su palabra ha preparado el momento culminante de los encuentros: la adoraci?n silenciosa de Cristo, el ?nico necesario.

A finales de mayo, su primer viaje fuera de Roma tuvo por objeto la clausura del Congreso eucar?stico de Bari. En esa ocasi?n record? a la Iglesia de hoy el testimonio de los m?rtires de la antigua Roma y su exclamaci?n ?Sine dominico non possumus?: no podemos vivir sin la misa del d?a del Se?or. La misa daba identidad y vida a las comunidades de los primeros cristianos; los distingu?a de los paganos. La Eucarist?a engendr? m?rtires y constructores de una nueva cultura: la civilizaci?n del amor. Recibir a Jesucristo eucarist?a con fe significa comulgar con el amor de Dios que da vida al mundo. Esta ?ntima conexi?n de fe, liturgia y pr?ctica de la caridad es una de las estructuras conceptuales m?s fuertes de la enc?clica Deus caritas est.


Apertura al mundo y di?logo

En la introducci?n al libro La revoluci?n de Dios de Benedicto XVI, su Vicario para la di?cesis de Roma, el Cardenal Camilo Ruini, ha dibujado un penetrante retrato del nuevo pont?fice: no es s?lo un catequista de extraordinaria profundidad y claridad, sino tambi?n un evangelizador que con garbo sabe casi forzar a prestar atenci?n a Cristo. Su peculiar carisma consiste en juntar la apertura universal y la identidad cat?lica, el testimonio l?mpido e integral de la verdad de Cristo y la dulzura del amor fraterno. Otra imagen que puede resumir este primer a?o de pontificado es el Papa, en pie, ante la multitud que representa al mundo, con los brazos abiertos. La comuni?n con el Dios adorado se manifiesta en la caridad que busca la comuni?n fraterna. Esta apertura y dulzura es caridad, no ingenuidad.

Con su palabra y ejemplo, Benedicto XVI invita a la Iglesia a abrirse al mundo y a la modernidad sin temores, aunque sin falsas ilusiones. La Iglesia ser? siempre signo de contradicci?n. Los cristianos no se oponen al mundo, pero el mundo se rebela siempre que al pecado y a la gracia se les llama por su propio nombre, siempre que los cristianos proclaman la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Esta oposici?n a su anuncio de la verdad puede resultar opresiva, pero no deber?a sorprendernos demasiado.

Benedicto XVI comparti? con los sacerdotes de la di?cesis de Aosta sus inquietudes y sufrimientos por la frialdad, cuando no hostilidad, de los ambientes en los que ejercen su ministerio. Los invit? a tener paciencia, sostenidos en la certeza de que el mundo no puede vivir sin el Dios que se revel? en Jesucristo mostr?ndonos un rostro de amor. Y s?lo ese amor transforma el mundo. Debemos tener la profund?sima certeza de que sin el Dios con el rostro de Cristo, el mundo y el hombre se autodestruyen: ??l es la Verdad y s?lo caminando tras sus huellas vamos en la direcci?n correcta, y debemos caminar y guiar a los dem?s en esta direcci?n? (25-VII-2005).

Con esa certeza, antes como cardenal y ahora como papa, Joseph Ratzinger se ha abierto al di?logo con el mundo ?laico?. Los ?laicos? ya hab?an reconocido su ?nimo dialogante, sin asperezas y sin la ansiedad de la imposici?n. Los di?logos que, como cardenal, sostuvo con el fil?sofo alem?n J?rgen Habermas y con el presidente del Senado italiano Marcello Pera alcanzaron resonancia internacional. En ellos defendi? la genuina laicidad del Estado y la necesidad de un di?logo franco entre el cristianismo y la modernidad, del que ambas partes iban a salir ganando.

Benedicto XVI ha escrito dos cartas a altos representantes de la pol?tica italiana. Al Presidente del Congreso de los diputados, Pier Ferdinando Casini, para conmemorar el tercer aniversario de la hist?rica visita que el Papa Juan Pablo II realiz? al Parlamento italiano y para reafirmar que la Iglesia, en cualquier pa?s del mundo, ?no pretende reivindicar para s? ning?n privilegio, sino s?lo tener la posibilidad de cumplir su misi?n, dentro del respeto de la leg?tima laicidad del Estado. Por lo dem?s, bien entendida, ?sta no est? en contraste con el mensaje cristiano, sino que m?s bien tiene una deuda con ?l, como saben bien los estudiosos de la historia de la civilizaci?n? (18-X-2005).

Al Presidente del Senado italiano, Marcello Pera, con motivo del congreso ?Libertad y laicidad? celebrado en Nursia, expres? su deseo de que la reflexi?n de los congresistas tuviera en cuenta la dignidad de la persona y sus derechos fundamentales. ?stos representan valores previos a cualquier jurisdicci?n estatal porque ?no son creados por el legislador, sino que est?n inscritos en la naturaleza misma de la persona humana, y se remontan por tanto en ?ltimo t?rmino al Creador. Por tanto, parece leg?tima y provechosa una sana laicidad del Estado, en virtud de la cual las realidades temporales se rigen seg?n normas que les son propias, a las que pertenecen tambi?n esas instancias ?ticas que tienen su fundamento en la existencia misma del hombre? (16-X-2005).

En su enc?clica, Benedicto XVI ha proclamado con vigor que la Iglesia ense?a y promueve la leg?tima y sana laicidad del Estado: ?Es propio de la estructura fundamental del cristianismo la distinci?n entre lo que es del C?sar y lo que es de Dios (cf. Mt 22, 21), esto es, entre Estado e Iglesia o, como dice el Concilio Vaticano II, el reconocimiento de la autonom?a de las realidades temporales (GS 36). El Estado no puede imponer la religi?n, pero tiene que garantizar su libertad y la paz entre los seguidores de las diversas religiones; la Iglesia, como expresi?n social de la fe cristiana, por su parte, tiene su independencia y vive su forma comunitaria basada en la fe, que el Estado debe respetar. Son dos esferas distintas, pero siempre en relaci?n rec?proca? (Deus caritas est, n. 29).

Como te?logo y cardenal, Ratzinger se hab?a caracterizado por su apertura a la modernidad, de la que aprecia su estima por la racionalidad y la libertad. No ocultaba, sin embargo, los l?mites de los conceptos iluministas de una racionalidad cerrada a la trascendencia y de una libertad absoluta sin referencia a Dios, a las dem?s personas y a la naturaleza de las cosas.

El discurso de an?lisis del a?o, que el Santo Padre dirigi? con los augurios navide?os a la Curia, se concluye con unas reflexiones sobre la nueva relaci?n que el Concilio Vaticano II ha querido impulsar entre el cristianismo y el mundo moderno. El ?s?? fundamental de la Iglesia a la edad moderna, su ?apertura al mundo?, no est? exenta de dificultades, porque la misma edad moderna vive profundas tensiones interiores y contradicciones y no debe subestimarse la ?peligrosa fragilidad de la naturaleza humana, que en todos los per?odos de la historia y en toda situaci?n hist?rica es una amenaza para el camino del hombre?. La Iglesia, como el Evangelio que anuncia, sigue siendo un signo de contradicci?n. ?El Concilio no pod?a tener la intenci?n de abolir esta contradicci?n del Evangelio respecto a los peligros y los errores del hombre. En cambio, no cabe duda de que quer?a eliminar contradicciones err?neas o superfluas, para presentar al mundo actual la exigencia del Evangelio en toda su grandeza y pureza?. Si al inicio de la edad moderna, la relaci?n entre la raz?n iluminista y la fe cristiana fue negativa y de conflicto, el Concilio Vaticano II ha trazado en grandes l?neas la direcci?n esencial para el di?logo entre la raz?n moderna y la fe. ?Este di?logo se debe desarrollar con gran apertura mental, pero tambi?n con la claridad en el discernimiento de esp?ritus que el mundo, con raz?n, espera de nosotros precisamente en este momento?. En este campo, como en tantos otros, el Concilio Vaticano II, correctamente interpretado, puede ser una gran fuerza de renovaci?n en la Iglesia y, a trav?s de ella, del mundo. No faltan pensadores ?laicos? que est?n pidiendo a la Iglesia este servicio al hombre, a la sociedad y a la cultura de nuestro tiempo. Benedicto XVI sigue impulsando esta apertura evang?lica de la Iglesia al mundo.

Un broche de oro para este primer a?o de Pontificado ha sido la enc?clica Deus caritas est. La ciencia teol?gica, la piedad personal, la experiencia humana y la asistencia del Esp?ritu Santo han contribuido a la redacci?n de esta obra maestra. Benedicto XVI ha puesto al servicio de su ministerio el fruto maduro de sus largos estudios teol?gicos y ha podido presentar al mundo, de forma a la vez sencilla y profunda, el coraz?n del misterio cristiano: el encuentro personal del amor de Dios con el ansia humana de amor y felicidad; la transformaci?n por la gracia de este aspiraci?n, hasta la configuraci?n con Cristo que entrega su vida por los hermanos. Este amor divino que se derrama en nuestros corazones y a trav?s de ellos en el mundo se expresa tambi?n en formas eclesiales e institucionales.

El amor de Dios, que no abandona nunca a su Iglesia, le ha dado en la persona de Benedicto XVI un buen pastor y un padre de todos. A Dios se eleve, la gratitud por sus dones y la ferviente oraci?n de la Iglesia por su persona y ministerio. ? Ad multos annos, Santo Padre!
Publicado por verdenaranja @ 22:38
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