Lunes, 24 de abril de 2006
Colocamos art?culo publicado en la revista Iglesia Nivariense escrito por el Obispo Don Bernardo ?lvarez Afonso, titulado "Anunciamos tu muerte Proclamamos tu resurrecci?n"

Juan Pablo II, del que hemos celebrado estos d?as el primer aniversario de su muerte, nos dec?a el D?a de Pascua de 2001: "Hombres y mujeres del tercer milenio, el don pascual de la luz es para todos, que ahuyente las tinieblas del miedo y de la tristeza; el don de la paz de Cristo resucitado es para todos, que rompa las cadenas de la violencia y del odio. Redescubrid hoy, con alegr?a y estu?por, que el mundo no es ya esclavo de acontecimientos inevitables. Este mundo nuestro puede cambiar".A?n me siguen sorprendiendo los ?ltimos a?os de la vida de Juan Pablo II. Apenas ten?a fuerza f?sica y, sin embargo, mostraba una fuerza interior que ya quisiera yo para m?. Su ?nimo por seguir adelante en medio del sufrimiento y la tribulaci?n, mirando el futuro de la Iglesia y del mundo con esperanza, es toda una se?al de la gracia y el poder de Dios en ?l.

Cuando parec?a que con la celebraci?n del Jubileo del A?o 2000 y el inicio del nuevo milenio sus ilusiones para este mundo estaban colmadas, sorprendi? a toda la Iglesia con una llamada urgente, con m?s energ?a y entusiasmo que al comienzo de su pontificado. a "abrir las puertas a Cristo" y a "remar mar adentro". Su voluntad y empe?o, hasta el final de sus d?as, por abrir caminos nuevos para ofrecer el Evangelio a todos los hombres y su deseo de agotar hasta el ?ltimo segundo de su existencia al servicio del Reino de Dios quedar? para siempre como uno de los testimonios m?s fuertes de que "Jesucristo vive y reina" entre nosotros. La sorprendente vitalidad de Juan Pablo II tiene una explicaci?n: Cristo estaba en ?l y ?l estaba en Cristo.

Ahora que estamos en plena celebraci?n de la Pascua del Se?or y que el mismo Cristo nos dice, "no temas, soy yo?, el Primero y el ?ltimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos" (Apoc. 1.18), nos viene bien rastrear las se?ales o "apariciones" de Cristo resucitado en la historia de las personas que nos rodean, y en nuestra propia vida personal, para reconocer y proclamar con fe viva que Cristo vive.

"Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci?n... ", decimos en la misa despu?s de la consagraci?n. La certeza de que Cristo vive es la ra?z de toda la fe, esperanza y dinamismo de la comunidad cristiana. Despu?s de dos mil a?os, Cristo -que muri? y resucit? para nuestra salvaci?n- sigue vivo, sigue presente a su Iglesia, gui?ndola y anim?ndola por su Esp?ritu, como lo hizo con la primera comunidad cristiana y lo liar? hasta la victoria final. El es siempre contempor?neo nuestro.

"En ?l hemos resucitado todos"; proclamamos en la liturgia pascual (prefacio II), y "el que est? en Cristo es tina criatura nueva", nos dice San Pablo. Por eso, los cristianos no s?lo anunciamos que Cristo vive, sino que "Cristo vive en m?" y que "yo vivo en Cristo". Estar en Cristo es estar en la verdad y vivir en el amor; es dejarse ganar por su Esp?ritu, es tener sus mismos sentimientos, es responder a su llamada; es vivir - como El vivi?- en permanente obediencia a la voluntad de Dios; es orar como ?l lo hizo; es sentir y vivir la fraternidad con todos los hombres.

Estar en Cristo es acompa?ar, es escuchar, es trabajar, es morir y vivir en El. Es dejar que el viva en nosotros para convertimos, como Juan Pablo 11, en manifestaci?n visible del poder de la resurrecci?n de Cristo. Hagamos nuestro el deseo del propio Juan Pablo II: "Queremos legar a las j?venes generaciones la certeza fundamental de nuestra existencia: Cristo ha resucitado y, en El, hemos resucitado todos". Pero, para ello, debemos proclamar la resurrecci?n del Se?or no s?lo con las palabras sino. sobre todo, con una vida de "hombres nuevos", en la que se transparenta la vida de Cristo de nosotros, una vida que es posible porque el propio Cristo nos ha rescatado del poder del pecado y de la muerte.

?Feliz Pascua! Felicidades, s?, porque todo esto es posible en cada uno de nosotros, nobles y fr?giles criaturas.

Bernardo ?lvarez Afonso
Obispo de Tenerife



Comentarios