Jueves, 27 de abril de 2006



Queridos hermanos y hermanas:

?Gracias por vuestro afecto! En la nueva serie de catequesis comenzada hace poco, tratamos de comprender el designio originario de la Iglesia querida por el Se?or para comprender mejor nuestra participaci?n, nuestra vida cristiana, en la gran comuni?n de la Iglesia. Hasta ahora hemos comprendido que la comuni?n eclesial es suscitada y sostenida por el Esp?ritu Santo, custodiada y promovida por el ministerio apost?lico. Y esta comuni?n, a la que llamamos Iglesia, no se extiende s?lo a todos los creyentes de un cierto momento hist?rico, sino que abraza tambi?n a los de todos los tiempos y de todas las generaciones. Por tanto, nos encontramos ante una doble universalidad: la universalidad sincr?nica --estamos unidos con los creyentes en todas las partes del mundo-- y la universalidad llamada diacr?nica, es decir, nos pertenecen todos los tiempos: los creyentes del pasado y los creyentes del futuro forman con nosotros una ?nica y gran comuni?n.

El Esp?ritu se presenta como el garante de la presencia activa del misterio en la historia, quien asegura su realizaci?n a trav?s de los siglos. Gracias al Par?clito, la experiencia del Resucitado, hecha por la comunidad apost?lica en los or?genes de la Iglesia, podr? ser vivida siempre por las generaciones sucesivas, en la medida en que es transmitida y actualizada en la fe, en el culto y en la comuni?n del Pueblo de Dios, peregrino en el tiempo. Y, de este modo, nosotros, ahora, en el tiempo pascual, vivimos el encuentro con el Resucitado no s?lo como algo del pasado, sino en la comuni?n presente de la fe, de la liturgia, de la vida de la Iglesia. La Tradici?n apost?lica de la Iglesia consiste en esta transmisi?n de los bienes de la salvaci?n, que hace de la comunidad cristiana la actualizaci?n permanente, con la fuerza del Esp?ritu, de la comuni?n originaria. Es llamada de este modo porque naci? del testimonio de los ap?stoles y de la comunidad de los disc?pulos en el tiempo de los or?genes, fue entregada bajo la gu?a del Esp?ritu Santo en los escritos del Nuevo Testamento y en la vida sacramental, en la vida de la fe, y la Iglesia hace referencia continuamente a ella --a esta Tradici?n que es la realidad siempre actual del don de Jes?s-- como su fundamento y su norma a trav?s de la sucesi?n sin interrupci?n del ministerio apost?lico.

En su vida hist?rica, Jes?s limitaba su misi?n a la casa de Israel, pero ya daba a entender que el don estaba destinado no s?lo al pueblo de Israel, sino a todo el mundo y a todos los tiempos. El resucitado conf?a despu?s, expl?citamente a los ap?stoles (Cf. Lucas 6, 13) la tarea de hacer disc?pulas a todas las naciones, garantizando su presencia y su ayuda hasta el final de los tiempos (Cf. Mateo 28, 19 siguientes). La universalidad de la salvaci?n exige, entre otras cosas, que el memorial de la Pascua se celebre sin interrupci?n en la historia hasta el regreso glorioso de Cristo
(Cf. 1 Corintios 11, 26). ?Qui?n actualizar? la presencia salv?fica del Se?or Jes?s, mediante el ministerio de los ap?stoles --jefes del Israel escatol?gico (Cf. Mateo 19,28)-- y de toda la vida del pueblo de la nueva alianza? La respuesta est? clara: el Esp?ritu Santo. Los Hechos de los Ap?stoles --continuando con el designio del Evangelio de Lucas-- presentan en vivo la compenetraci?n entre el Esp?ritu, los enviados de Cristo y la comunidad por ellos reunida. Gracias a la acci?n del Par?clito, los ap?stoles y sus sucesores pueden realizar en el tiempo la misi?n recibida por el Resucitado: ?Vosotros sois testigos de estas cosas. Mirad, y voy a enviar sobre vosotros la Promesa de mi Padre?? (Lucas 24, 48 siguientes). ?Recibir?is la fuerza del Esp?ritu Santo, que vendr? sobre vosotros, y ser?is mis testigos en Jerusal?n, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra? (Hechos 1, 8). Y esta promesa, al inicio incre?ble, ya se realiz? en el tiempo de los ap?stoles: ?Nosotros somos testigos de estas cosas, y tambi?n el Esp?ritu Santo que ha dado Dios a los que le obedecen? (Hechos 5, 32).

Por tanto, es el mismo Esp?ritu quien, a trav?s de la imposici?n de las manos y de la oraci?n de los ap?stoles, consagra y env?a a los nuevos misioneros del Evangelio (por ejemplo, en Hechos 13, 3 siguientes y 1 Timoteo 4, 14). Es interesante observar que, mientras en algunos pasajes se dice que Pablo establece a los presb?teros en las Iglesias (Cf. Hechos 14,23), en otros se afirma que es el Esp?ritu Santo quien constituye a los pastores de la grey (Cf. Hechos 20,28). La acci?n del Esp?ritu y la de Pablo est?n de este modo profundamente compenetradas. En la hora de las decisiones solemnes para la vida de la Iglesia, el Esp?ritu est? presente para guiarla. Esta presencia-gu?a del Esp?ritu Santo se experimenta particularmente en el Concilio de Jerusal?n, en cuyas palabras conclusivas resuena la afirmaci?n: ?hemos decidido el Esp?ritu Santo y nosotros?? (Hechos 15, 28); la Iglesia crece y camina ?en el temor del Se?or y estaba llena de la consolaci?n del Esp?ritu Santo? (Hechos 9, 31). Esta permanente actualizaci?n de la presencia activa del Se?or Jes?s en su pueblo, realizada por el Esp?ritu Santo y expresada en la Iglesia a trav?s del ministerio apost?lico y la comuni?n fraterna, es lo que en sentido teol?gico se entiende con el t?rmino Tradici?n: no es la mera transmisi?n material de lo que fue entregado al inicio a los ap?stoles, sino la presencia eficaz del Se?or Jes?s, crucificado y resucitado, que acompa?a y gu?a en el Esp?ritu a la comunidad reunida por ?l.

La Tradici?n es la comuni?n de los fieles alrededor de los leg?timos pastores en el transcurso de la historia, una comuni?n que el Esp?ritu Santo alimenta asegurando el nexo entre la experiencia de la fe apost?lica, vivida en la comunidad originaria de los disc?pulos, y la experiencia actual de Cristo en su Iglesia. En otras palabras, la Tradici?n es la continuidad org?nica de la Iglesia, Templo santo de Dios Padre, edificado sobre el fundamento del Esp?ritu: ?As? pues, ya no sois extra?os ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los ap?stoles y profetas, siendo la piedra angular, Cristo mismo, en quien toda edificaci?n bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Se?or, en quien tambi?n vosotros est?is siendo juntamente edificados, hasta ser morada de Dios en el Esp?ritu? (Efesios 2,19-22). Gracias a la Tradici?n, garantizada por el ministerio de los ap?stoles y de sus sucesores, el agua de la vida surgida del costado de Cristo y su sangre salvadora llega a las mujeres y a los hombres de todos los tiempos. De este modo, la Tradici?n es la presencia permanente del Salvador que nos sale al encuentro, nos redime y santifica en el Esp?ritu a trav?s del ministerio de su Iglesia para gloria del Padre.

Concluyendo y resumiendo, podemos por tanto decir que la Tradici?n no es la transmisi?n de cosas o de palabras, una colecci?n de cosas muertas. La Tradici?n es el r?o vivo que nos une a los or?genes, el r?o vivo en el que los or?genes siempre est?n presentes. El gran r?o que nos lleva al puerto de la eternidad. En este r?o vivo se realiza siempre de nuevo la palabra del Se?or, que hemos escuchado al inicio de los labios del lector: ?He aqu? que yo estoy con vosotros todos los d?as hasta el fin del mundo? (Mateo 28, 20).

[Traducci?n del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa salud? a los peregrinos en doce idiomas. Estas fueron sus palabras en espa?ol:]


Queridos hermanos y hermanas:
La comuni?n eclesial no se refiere s?lo a los creyentes de un momento hist?rico, sino que abarca tambi?n todos los tiempos y generaciones. Gracias al Par?clito la experiencia del Resucitado podr? ser vivida tambi?n por las generaciones sucesivas, transmitida y actualizada en la fe, en el culto y en la comuni?n del Pueblo de Dios. La Tradici?n apost?lica de la Iglesia consiste en esta transmisi?n de los bienes de la salvaci?n. El Esp?ritu Santo ser? quien actualice la presencia salv?fica del Se?or Jes?s mediante el ministerio de los ap?stoles y de toda la vida del pueblo de la nueva alianza.

Tradici?n, en sentido teol?gico, es la permanente actualizaci?n de la presencia de Jes?s en su pueblo, realizada por el Esp?ritu Santo y expresada en la Iglesia a trav?s del ministerio apost?lico y la comuni?n fraterna. La Tradici?n es la comuni?n de los fieles con sus leg?timos Pastores, que el Esp?ritu Santo alimenta a lo largo de la historia. Es, adem?s, la presencia permanente del Salvador que viene a encontrarnos, redimirnos y santificarnos por medio del Esp?ritu.

Me es grato saludar cordialmente a los visitantes de lengua espa?ola, en especial al grupo de m?dicos de la Universidad de Madrid, acompa?ados del Se?or Cardenal Juli?n Herranz. Saludo tambi?n a los diversos grupos parroquiales, asociaciones y colegios de Espa?a, as? como a los peregrinos de M?xico y de otros Pa?ses latinoamericanos. Os exhorto a todos a mantener viva la comuni?n con vuestros Pastores y entre vosotros como hermanos en Cristo.
Publicado por verdenaranja @ 0:04  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios