Jueves, 04 de mayo de 2006
Funeral en Pascua
La experiencia que todos tenemos es que ansiamos vivir, cada vez mejor, cada vez m?s, cada vez m?s intensamente. Nos preocupamos mucho por la salud, la buscamos, luchamos por ella, nos alegramos de vivir. La vida es nuestro mayor tesoro. Este instinto de amar la vida no es cosa nuestra. Lo ha puesto Dios en nosotros.
?l nos da la vida a trav?s de nuestros padres y la conf?a a nuestra responsabilidad. Quiere que la amemos, que la cuidemos y la respetemos. No nos la da para que dispongamos de ella a nuestro antojo. Nadie puede disponer de ella, como si fuera una cosa o un instrumento.
Esta es una cara de nuestra realidad. La muerte es la otra cara de la vida. Como la sombra acompa?a al cuerpo as? nos acompa?a la muerte, quer?moslo o no.
Para descubrir el sentido profundo de nuestras experiencias humanas tenemos que mirar a Jesucristo. Y Jes?s no huy? de la muerte. La acept? como el precio de la salvaci?n de sus hermanos. La padeci? en obediencia filial al Padre, en comuni?n con todos los que sufren en el mundo y en el amor a sus hermanos: "nadie ama m?s que el que da la vida por sus amigos"( San Juan).
A las ansias que todos llevamos de vivir Dios ha respondido ofreci?ndonos la Vida con may?sculas. El verdadero rostro del Dios de la Vida se revel? con toda su fuerza cuando, al tercer d?a, resucit? a Jes?s de entre los muertos. El mal hab?a sido ya vencido Jes?s hab?a luchado a brazo partido con el pecado y lo hab?a aniquilado. Ahora, Dios interviene y resucita a Jes?s.
Su muerte termina en la Resurrecci?n y su vida crucificada es asumida en la realidad ?ltima y definitiva de Dios. As? Dios manifiesta c?mo El no quiere la muerte de nadie. El es el Dios de la Vida.
Esta Resurrecci?n de Jes?s constituye para nosotros los creyentes el fundamento m?s s?lido de nuestra esperanza. Ahora sabemos que la muerte de nuestro hermano N., y la nuestra propia, podemos asumirla dentro de un proyecto que llega m?s all? de esta vida. La Vida es mucho m?s que esta vida terrena.
Nuestra esperanza est? en que "Aqu?l que resucit? al Se?or Jes?s, nos resucitar? tambi?n a nosotros con El". Dios no es s?lo el creador que ha puesto en marcha la vida que conocemos, sino "el Dios que da la Vida a los muertos".
En la Resurrecci?n de Jes?s se nos revela el proyecto de Dios sobre el hombre. Dios es fiel y no defraudar? las esperanzas de los que le invocan con fe. El busca la Vida del hombre, por encima y m?s all? de la muerte. El mismo es el futuro que nos aguarda, futuro de reconciliaci?n y de paz, futuro de vida sin fin.
La Resurrecci?n de Jes?s nos dice que Dios no hab?a abandonado a Jes?s a la muerte sino que, desde ella, desde la Cruz, lo hab?a ensalzado y hecho Se?or del Universo.
El rostro de Dios que present? Jes?s es el aut?ntico y su causa es la causa del hombre y m?s en concreto la de los pobres. As? sabemos que no es un sin sentido vivir y morir para los otros y para Dios, como lo hizo Jes?s. El verdugo no triunfa sobre la v?ctima, la v?ctima sobre el mal, ni el mal sobre el bien ni la muerte sobre la vida.
Es muy hermoso pensar y muy consolador saber que todos los que hayamos cre?do en Cristo, un d?a conoceremos la Vida de ?Yo soy la resurrecci?n y la vida. El que cree en m?, no morir? para siempre.
El Dios que resucita a Jes?s es un Dios que pone vida donde los hombre ponen muerte. Los hombres matan, pero Dios genera vida. Por eso el que cree en este Dios padre, Jes?s resucitado afirma y defiende la vida frente a todos os ataques que van contra ellos.
Ahora sabemos que a una vida vivida con amor y entrega a los dem?s le espera la resurrecci?n. El amor consiste en dar la vida por los dem?s. As? vivi? y muri? Jes?s y por eso el Padre le ha premiado y lo ha elevado a lo m?s alta constituy?ndolo Se?or. De esta manera el Padre nos ha dado a entender lo que sucede a todo aquel que pasa por la vida con actitud de servicio, de entrega.
Aqu? se ilumina nuestra vida. Iluminados por la luz de la Resurrecci?n de Jes?s, calentados por su amor todas nuestras preguntas tienen respuesta. La vida tiene sentido. La muerte no es una derrota, sino una victoria.
Hoy estamos recordando y encomendando a nuestro Hermano N. Por la fe vivi? unido al Se?or y supo tambi?n convivir con los dem?s. Vamos a seguir rezando por ?l y por sus familiares.
Que el Se?or nos ayude a todos a vivir abiertos a la Vida de Dios y nos ayude tambi?n a comunicarla a nuestros hermanos, pues lo que sembramos ahora, eso ser? lo que despu?s cosecharemos.
Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Homil?as
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