Domingo, 07 de mayo de 2006
4 de mayo de 2006: Alfa y Omega-ABC (Madrid)


Los primeros principios son verdades originales, en cuanto que se distinguen de los conocimientos adquiridos por discurso. Pero esto no quiere decir que est?n ?dados? de antemano. Los primeros principios, tanto del conocimiento te?rico como del pr?ctico, no son innatos. Si se admitiera que lo son, se incurrir?a en naturalismo. El naturalismo destruye el fundamento mismo de la ?tica, ya que ninguna cualificaci?n moral puede acontecer de manera mostrenca sino que ha de ser activamente adquirida. No hay bienes ?ticos puramente naturales ni virtudes que sean innatas.

Los primeros principios son verdades originarias y primitivas, porque constituyen el resultado de un uso de la inteligencia te?rica y pr?ctica en el que ?sta se identifica con la realidad misma, patentizada en las diferencias y determinaciones primordiales correspondientes a los conceptos preling??sticos m?s elementales, del tipo uno, otro, id?ntico, diferente, ser, no-ser, bien y mal. (?) En s? mismas consideradas, se?alan un l?mite a la inteligencia, respecto al cual no cabe retrotraerse. Aqu? reside la posibilidad y la necesidad tanto de la metaf?sica como de la ?tica. En esta apertura no naturalista a la naturaleza del propio hombre y de las cosas del mundo se basa lo que conocemos como ley natural. (?) La abstracci?n inductiva eleva lo sensible a un nivel inteligible que s?lo potencialmente se hallaba en la naturaleza.

?stos son los presupuestos no?ticos de la cl?sica doctrina de la ley natural, que m?s propiamente habr?a de llamarse ley racionatural, ya que esta teor?a se caracteriza por la constante apelaci?n a la colaboraci?n ?sin confusi?n? entre raz?n y naturaleza. Su versi?n moderna, en cambio, merecer?a m?s bien el t?tulo de ley racional. Porque s?lo la raz?n es posesora de s? misma y, justamente por ello, posesora de la naturaleza. (?) Lo que resulta problem?tico es el posible recurso a la naturaleza en una concepci?n moral y jur?dica que considera la raz?n como el ?nico fundamento definitivo de toda normatividad. Pero, antes de afrontar esta cuesti?n, hemos de plantearnos si todav?a merece la pena hacerlo. Porque este recurso a la naturaleza se mantuvo, efectivamente, en la ?tica y el derecho natural cl?sico. Pero recibi? una acusaci?n de falacia naturalista que, en todo caso, resulta m?s grave que el reproche de falacia racionalista que tal vez merecer?a la versi?n moderna de la ley natural.

(?) Ahora bien, resulta que en este otro extremo contrario al racionalismo no se encuentra la ?tica cl?sica, sino precisamente el planteamiento moral de David Hume. Seg?n Hume, la raz?n es impotente frente a la naturaleza: es s?lo una sierva de las pasiones, est? siempre al servicio de la pulsi?n m?s fuerte. Con otras palabras, la raz?n no es en absoluto pr?ctica, no es determinante de la acci?n, no es activa. Para Hume no hay deber alguno que derivara o no de la naturaleza: s?lo hay naturaleza. Si esta posici?n fuera correcta, no resultar?a posible una ?tica que fuera m?s all? de la moral de lo f?cticamente acostumbrado, que fuera algo m?s que una mera science de moeurs (ciencia de las costumbres).

Deber natural

La concepci?n cl?sica de la ley natural no necesita desembocar en algo semejante al concepto de deber, tal como lo entendemos actualmente, pues lo que m?s tarde se llamar?a ?deber? se encontraba situado en la naturaleza. Mas no por ello se trataba de un concepto de signo naturalista. La concepci?n cl?sica de la ley natural ?la ley racionatural? no necesita desembocar en el deber desde el ser, ni es meramente biologista, como se malentiende con frecuencia. Para apreciar esto, se ha de precisar qu? se entiende en esta teor?a por naturaleza.

Seg?n Tom?s de Aquino, la raz?n humana aprehende naturalmente como bienes todo aquello hacia lo que el hombre tiene inclinaci?n natural. De manera que el orden de las inclinaciones naturales es el orden de los preceptos de la ley natural. En cuanto ser vivo, presenta la tendencia a la conservaci?n; como sensible, a la reproducci?n y a la crianza de los hijos; y como ser racional, manifiesta inclinaciones hacia el conocimiento de la verdad y hacia la pac?fica convivencia con sus semejantes.


No s?lo pros y contras

Llegamos as? a la cuesti?n de los ?ltimos fundamentos de la moral y con ello al problema de la justificaci?n de las prohibiciones absolutas. Si la ?nica determinaci?n procediera de la ratio, entonces no habr?a lugar para semejantes mandatos negativos incondicionados. El ?nico fundamento objetivo de la ?tica vendr?a dado por la ponderaci?n comparativa de bienes, seg?n pretenden hoy d?a no pocos moralistas y tantos presuntos especialistas en bio?tica o en ?tica empresarial. Ahora bien, el resultado de sopesar las consecuencias favorables y desfavorables de las acciones nunca puede ser una m?xima de car?cter absoluto. No se trata entonces de ponderar ventajas y desventajas, sino de reconocer lo que es natural y lo que es antinatural. Con todo, a este anclaje de la moral entre lo que es conforme a la naturaleza y aquello que va contra ella, se le objeta que tal determinaci?n es muy dif?cil y que de ella s?lo podr?an obtenerse f?rmulas vac?as. Es curioso, sin embargo, que las posturas de quienes defienden la ley natural, frente al relativismo de tipo consecuencialista, sean tan determinadas que su concreci?n se considere a veces opresiva y provoque con frecuencia cierto malestar.

Con todo, la naturaleza no es el ?nico criterio de la moral. El r?tulo ?ley racio-natural? le conviene a la ley natural cl?sica antes que a la moderna. (?) En la doctrina cl?sica se trata de que las tendencias naturales tienen relevancia moral s?lo en cuanto que entran en conexi?n con el ?mbito de la raz?n electiva, es decir, cuando la persona puede tanto aceptarlas como rechazarlas. En este sentido, vale el axioma aristot?lico ?natura ad unum, ratio ad opposita?. No nos podemos abstener de digerir, s? en cambio podemos abstenernos ?o no? de comer, as? como podemos comer m?s o menos. Las tendencias naturales son todas buenas, pero en sentido premoral. S?lo la raz?n nos lleva a la dimensi?n de la moralidad, como distinci?n entre lo bueno y lo malo. Tampoco desde esta consideraci?n se puede hablar de naturalismo en la concepci?n cl?sica.

Un camino hacia si mismo

El conflicto entre naturaleza y raz?n se halla estrechamente entreverado con la dualidad existente entre praxis y t?cnica, o sea, entre actividad moral y pol?tica, por una parte, y raz?n instrumental, por otra. Este conflicto hunde sus ra?ces en la historia del pensamiento. A mi juicio, la aportaci?n te?rica decisiva procede de Arist?teles al establecer una estrecha conexi?n entre los conceptos de praxis y physis, en la medida en que tanto la acci?n vital inmanente como la naturaleza implican un camino hacia s? mismo, a diferencia de lo que acontece con el uso instrumental o t?cnico de la raz?n. (?) Las consecuencias de la acci?n ?que muchas veces no se prev?n, ni son propuestas ni calculadas? no deben proporcionar el criterio moral. (?)

El que s?lo se atiene a la raz?n, tiene que ver en todo un prop?sito. Y esto vale en primer lugar para la vida buena, para la vida lograda, de la que se ocupa la filosof?a pr?ctica. Ahora bien, la aut?ntica vida buena carece de prop?sito. Y tambi?n vale, por tanto, para la vida de la raz?n. El conocer no es fundamentalmente una autob?squeda, sino, seg?n mantiene la tradici?n aristot?lica, una recepci?n (no pasiva, por cierto) de formas ajenas en cuanto ajenas. Una vida buena realiza las exigencias de la naturaleza, sin que necesite saberlo. En este sentido, la vida lograda, la felicidad, no es instrumentalizable. De forma contraria, la instrumentalizaci?n es el peligro permanente de toda interpretaci?n de la vida buena como fundada solamente en la raz?n y en el establecimiento del fin. (?) En la teor?a cl?sica de la ley natural conserva todav?a su significado originario el axioma natura ad unum, ratio ad opposita. Lo primero ?el ad unum? no quiere decir que la fundamental indeterminaci?n o contingencia de la naturaleza tenga que ser superada por un poder ajeno, aunque sea incluso el poder de la propia naturaleza. Mientras que tampoco lo segundo ?el ad opposita? significa que la indecisi?n pueda ser superada por el propio poder de determinaci?n de la voluntad.

Repensar la articulaci?n entre raz?n y naturaleza es hoy condici?n indispensable para que la fecunda renovaci?n actual de la filosof?a pr?ctica est? firmemente referida a los primeros principios de la praxis, y no se malogre al convertirse ?por utilizar palabras de Franco Volpi? en ?la ideolog?a de un agradable relativismo cultural moderado de tipo conservador?

Alejandro Llano

Publicado por verdenaranja @ 0:04  | Art?culos de inter?s
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios