Lunes, 08 de mayo de 2006
Colocamos art?culo aparecidoen Bloc MD, n?mero 3, perteneciente a Marzo de 2006


Pascua:

una fiesta de cincuenta d?as



La noche de Pascua empieza una fiesta de cincuenta d?as, que termina el domingo de Pentecost?s. Cincuenta d?as en los que celebramos a Jes?s resucitado, y que culminan conmemorando lo que la resurrecci?n de Jes?s ha significado para nosotros: que hemos recibido su mismo Esp?ritu, el Esp?ritu Santo. Y estos cincuenta d?as son el tiempo m?s importante del a?o, porque nos hace revivir lo que es m?s importante para nuestra fe.

Todo esto lo sabemos. Y procur-mos vivirlo y ayudarlo a vivir en las celebraciones: aleluyas y cantos de Pascua y del Esp?ritu todos los domingos, sin cansarse; luces y flores y el cirio pascual adornado, cambiando las flores cuando se marchiten; la aspersi?n del agua que recuerda el bautismo; moniciones y homil?as que inviten a la alegr?a de Jes?s resucitado...
Pero tambi?n es verdad que el ambiente no ayuda mucho: la primavera que invita a marchar los fines de semana, las primeras comuniones que quiz? ocupan muchos esfuerzos, el cansancio de fin de curso... Y tampoco ayuda mucho una arraigada tradici?n que nos hace valorar m?s la Cuaresma y nos lleva a no saber c?mo hacer que la Pascua destaque como es debido.
Aqu?, en estas dos p?ginas, para ayudar a vivir m?s este tiempo, nos fijaremos en su sentido par-tiendo de la primera lectura y el evangelio de los domingos.

La primera lectura, de los Hechos de los Ap?stoles. A diferencia del resto del a?o, durante el tiempo de Pascua la primera lectura no es del Antiguo Testamento sino del libro de los Hechos de los Ap?stoles, que nos narra los inicios de la comunidad cristiana. ?Por qu?? Porque durante el tiempo de Pascua no queremos mirar hacia atr?s, hacia la historia del pueblo que prepar? la venida del Mes?as, sino hacia adelante, hacia la continuaci?n de la obra de Jes?s en el mundo, que es la Iglesia, nosotros, sus seguidores. En este ciclo B, el primer domingo leemos un anuncio de la resurrecci?n por parte de Pedro; el segundo, la vida de la primera comunidad; el tercero y cuarto, nuevos anuncios evangelizadores de Pedro; y el quinto y sexto, dos escenas que muestran c?mo el evangelio supera las fronteras de la religi?n jud?a y se dirige a todos los pueblos.

El evangelio: Jes?s presente, entonces y siempre. Los evangelios del tiempo de Pascua nos hacen compartir la vivencia de los ap?stoles ante Jes?s resucitado, y el sentido que tiene para nosotros seguirle. Los tres primeros domingos leemos todos los a?os, en efecto, relatos de las apariciones de Jes?s: la experiencia inexpresable que tuvieron los ap?stoles de encontrarse con Jes?s vivo, de descubrir que su camino de amor hasta la muerte era realmente el camino de Dios, de sentirse llamados a ser sus testigos. Y los tres domingos siguientes leemos palabras de Jes?s en las que ?l mismo se muestra como el que gu?a y da vida a sus seguidores, para siempre: en este ciclo B, con el evangelio del buen pastor y los dos evangelios de la vid y los sarmientos.

La Ascensi?n del Se?or. Los domingos s?ptimo y octavo de Pascua cierran los cincuenta d?as haciendo memoria de dos hechos que culminan el camino de Jes?s: la Ascensi?n y Pentecost?s. La Ascensi?n es como la ?ltima gran aparici?n de Jes?s. Es la experiencia de ver a Jes?s glorificado, vivo con Dios para siempre, que ha llevado nuestra condici?n humana hasta la plenitud de Dios, y que nos invita, por una parte, a continua su obra en el mundo, y por otra, a creer que todos nosotros, toda la humanidad, estamos llamados a compartir un d?a su misma vida divina. La primera lectura, de los Hechos de los Ap?stoles, es una magn?fica escenificaci?n de todo este mensaje, y el evangelio de Marcos, el propio del ciclo B, nos muestra sobre todo la llamada de Jes?s a continuar su obra de anun?cio de la Buena Noticia.

El domingo de Pentecost?s. La resurrecci?n de Jes?s no es s?lo un hecho admirable que le sucedi? a ?l, y seguir a Jes?s no es s?lo una voluntad nuestra o un deber. Sino que la resurrecci?n de Jes?s es algo que nos ha tocado plenamente y nos ha transformado: hemos recibido el mismo Esp?ritu que le mov?a a ?l, y que nos une a ?l para que vivamos como ?l y prosigamos su obra. Hoy celebramos este don, como culminaci?n de los cincuenta d?as. La primera lectura escenifica la experiencia intensamente transformadora que el Esp?ritu significa, y el evangelio (el de Juan 20,19-23, que habr?a que leer todos los a?os porque ex-presa mejor el sentido de Pente?cost?s que los textos alternativos que tambi?n se pueden leer) nos muestra c?mo Jes?s resucitado da su Esp?ritu a los ap?stoles y los env?a como el Padre lo ha enviado a ?l. ?
Josep Ligadas
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios