Lunes, 08 de mayo de 2006
La revista Iglesia Nivariensie publica en su n?mero 65 de Abril de 2006 la experiencia de un joven secerdote, capell?n de hospital y Delegado Diocesano de la Pastoral de la Salud.


El Placer de un Servicio Apasionante


En el contexto laboral actual puedo afirmar que soy uno de los pocos j?venes (33 a?os) que lleva trabajando todo el tiempo en aquello que m?s me gusta, en lo que me hace feliz. Soy Suso Carracedo, sacerdote, y trabajo en un hospital como capell?n. Han sido cinco intensos a?os en el H. Xeral-C?es de Vigo y actualmente en el Meixoeiro. Soy, al mismo tiempo, Delegado diocesano de pastoral de la salud de la di?cesis de Tui-Vigo y director del Secretariado Regional de Galicia. Tratar? de transmitiros mi experiencia, posiblemente des-conocida para muchos.
Contemplado desde el exterior, parece que mi servicio responder?a a la idea cl?sica de la confesi?n y "extremaunci?n", es decir, presente b?sica-mente en la muerte.
Nada m?s lejos de la realidad; cierta-mente ?stas son labores de mi quehacer, pero ni mucho menos las m?s impor?tantes, ni por supuesto, a las que m?s tiempo se le dedica. Mi labor consiste en acercarme al enfermo/a, a su familia y a los profesionales de la salud, intentando vivir juntos la presencia de Dios en el momento de la enfermedad. Un acercamiento que comienza (y a veces termina aqu?) con la visita de cortes?a al paciente ingresado. Esta visita la realizamos a todos (creyentes y no creyentes, porque somos un servicio que el hospital ofrece y debemos estar ah? como oferta), pero que se d? un paso m?s, a hablar de la experiencia que se est? viviendo, solo depende del enfermo/a; en su libertad yo trato de ser amigo que escucha, espejo que refleja lo comunicado, hombro donde llorar (`pa?uelo', me llaman algunos), pero tambi?n compa?ero de alegr?as, esperanzas y sue?os. En este paso hago m?s de psic?logo que de sacerdote, y podr?a decir que dedico la mayor parte de mi tiempo. Los que me conocen saben que es as?. Pero tambi?n es precioso cuando eso comunicado-compartido (porque en el abrirse del enfermo o familiar, tambi?n est? mi comunicar con ellos, mi apertura) se convierte en una aut?ntica relaci?n de ayuda, un buscar y afrontar juntos, incluso ?para el que es creyente- en un celebrar a nivel religioso (aqu?, en este final, entrar?a lo que antes dec?amos de los sacramentos de la reconciliaci?n y la unci?n de los enfermos; nunca antes, ya que los ritos ser?an vac?os y lejanos).
Este acercamiento y acompa??amiento es para mi un reto que implica mucha energ?a (m?s afectiva que f?sica), pero tambi?n un gozo. En una sociedad donde los sentimientos, valores y comunicaci?n son los parientes pobres dentro de la educaci?n y de los mensajes que se nos lanzan desde todas partes, la enfermedad ?como experiencia- se convierte en un momento clave de vivencia y toma de conciencia de la realidad p?tica (pathos=sufrimiento) de la vida. Dicen muchos psic?logos y pedagogos que sin vivir esta dimensi?n no se puede crecer integralmente (por ejemplo: a todos os sonar? "El camino de las l?grimas" de Jorge Bucay). De ah?, que mi ser-vicio de cada d?a versa sobre la ayuda al crecimiento de las personas. Y esto resulta precioso.
El adjetivo usado en el t?tulo "APASIONANTE" es para mi la s?ntesis de este encuentro con el enfermo. `Apasionante' tiene dos acepciones en nuestras conversaciones: pasi?n-amor y pasi?n-dolor. Cuando alguien ama hasta el extremo se habla de amar con pasi?n o apasionadamente; y en el hospital al pie de la cama del enfermo veo y me encuentro con infinidad de padres, hijos, esposas, maridos, familiares o personal sanitario que ama, y en muchos casos hasta el extremo entreg?ndose apasionadamente por el enfermo/a. En esas mismas personas encuentro tambi?n la otra acepci?n: pasi?n-dolor (sufrimiento) ?cuantas y cuantas personas sufriendo por alguien que quieren, por alguien que en ese instante es lo m?s importante de su vida, por el que cambiar?an la suya deseando ellos sufrir lo que est? sufriendo la persona que aman!.
Es este mismo sentimiento `pasi?n' lo que yo personalmente vivo. A personas que no conoc?a acab? am?ndolas en el encuentro y compartir en la enferme-dad, en un encuentro que estuvo y est? lleno de amor: Blanca, Rosa, Pilar, Jos?, Juan, Lourdes, Raquel, Mar?a y Encarna, Hugo y familia,... Pero en ese amar tambi?n sufr?, tambi?n sufr? apasionada-mente
y sigo sufriendo por ellos. Se trata de las dos caras de la misma moneda: no se puede amar sin sufrir, pero tampoco sufrir? nadie si primero no am?. Amar y sufrir, sufrir y amar, van juntos, irremediablemente inseparables. De esa experiencia funda-mental y b?sica que vivo en mi d?a a d?a surge el t?tulo de este art?culo "el placer de un servicio apasionante".
Claro que soy feliz en ?l, porque ?aunque se piense lo contrario- en un hospital, si entras en el coraz?n de cada persona, experimentas y descubres mucho m?s gozo que sufrimiento. Des-cubres la vida en estado puro y no pantallas/m?scaras enga?osas y tristes con las que a veces nos paseamos en nuestro d?a a d?a. Los corazones de nuestra gente est?n llenos de riqueza, alegr?a y vida, pero a veces no les permitimos abrirlos. Mi felicidad en el hospital consiste en abrir corazones.
Es verdad que encuentras mucho dolor, es verdad que encuentras tambi?n muerte, es verdad que sufro, pero incluso en ?stos encuentras siempre un rayito de esperanza. A?n cuando parece que no hay salida, ni esperanza (puede no haber esperanza m?dica, de curaci?n) siempre cabe la esperanza de tener alguien a tu lado que te va a estar acompa?ando pase lo que pase. Dicho con otras palabras, "estoy convencido que la Esperanza existe all? donde otro ser se preocupa por t?", a?n cuando ese ser sea Dios (para quien cree y viva la soledad total). De ah? que uno de nuestros retos sea ser esperanza para los dem?s, a?n cuando ?sta parece oculta. En esto consiste mi servicio al lado de la persona, especial-mente para quien se encuentra en el fin de su vida: escucha de sus miedos y sue??os, sufrimientos y esperanzas; y acompa?ante en la soledad, en una palabra, ser ESPERANZA.
Tambi?n para la familia. ?Que papel tan central tiene en la recuperaci?n de la salud la familia!; tiene un poder terap?utico de primer orden, muy por encima de muchos f?rmacos. Acercarme a ellos, conocerlos, compartir y con-sufrir con ellos (?cuantas y cuantas personas, especialmente padres de ni?os enfermos, sufren tremendamente y casi siempre en silencio!). Para cuantos de ellos fui `pa?uelo' en estos ?ltimos cinco a?os, pero tambi?n ? ?cuanto aprend? con ellos, cuanto me ense?aron, qu? lazos de uni?n tan fuertes instaur? con ellos!! El sufrimiento compartido une, ata; y noso?tros nos unimos para la vida: a muchos de ellos los recuerdo en momentos de mi vida; y tambi?n en mi servicio diario, al recordarlos, me dan fuerzas para seguir, porque vuelvo a sentir que mi vida es para ellos.
Esto no quiere decir -seamos rea-listas- que todo mi tiempo y fuerzas est?n siempre en el enfermo y familia. Yo necesito de tiempos de "oxigenaci?n", disfrutar de los d?as libres, de los amigos, del mar, del campo,... La vida -lo recordaba antes- tiene tambi?n gozo, alegr?a, y para ayudar en el sufrimiento debo disfrutar, amar, sentir, orar. En definitiva, llenarme peri?dicamente yo, para vaciarme en los dem?s. Esto es b?sico, y sin ?sto os aseguro que no podr?a resistir ni un mes en lo anterior. Llevo seis a?os viviendo sufrimiento y gozo, ayudando; pero sin los amigos y la vida fuera del hospital no ser?a ayuda para nadie, por eso quiero desde aqu? agradecer a todos aquellos que hac?is posible el Suso que soy. Gracias. Gracias tambi?n en nombre de los enfermos e de sus familias.
Finalmente, al lado de este servicio directo con el enfermo/a, al que dedico tanto tiempo y fuerzas, se sit?a un ser-vicio indirecto: el servicio a la humani?zaci?n del hospital y la atenci?n ?tica. En este sentido trato de estar cerca del personal sanitario. Tambi?n ellos tienen y viven dificultades, sufrimientos y gozos en sus vidas y debo compartir mi vida con ellos. A veces necesitan hablar con alguien para no trasladar problemas familiares o laborales (hoy se trabaja con mucha presi?n) al enfermo, que ya tiene bastante con lo suyo. Tambi?n dar ?nimos cuando est?n cansados o no encuentran respuesta a tantos cambios en la sanidad o en la relaci?n profesional-paciente. Tambi?n ?sta es ayuda y tarea m?a dentro del hospital. Y, como no, agradecerle en no me de los enfermos tantas y tantas horas dedicadas a ellos (horas muchas veces robadas a sus familias).
Y otro campo de acci?n es servir a la iluminaci?n-reflexi?n ?tica ante problemas sanitarios en los que se juegan los derechos o la dignidad del paciente. Para esto formo parte del Comit? de Bio?tica del hospital donde se debaten, reflexionan y resuelven casos o preguntas ante posibles decisiones sobre el enfermo. Se trata de un servicio m?s bien te?rico, pero con consecuencias indirectas realmente pr?cticas y de primer orden. Propuestas que pareciendo insignificantes, crean un marco ?tico en el que actuar todos, defendiendo especialmente los derechos de los m?s desfavorecidos o indefensos, de aquellos que, a la maquinaria gestora (por qu? no decirlo, la "empresa" hospitalaria) no les interesar?an porque son `no productivos' o decisiones de `mucho coste sanitario'. Tambi?n ?ste es un ser-vicio, desde la sombra, apasionante.
Y, para concluir, apuntar que me resulta francamente rico tambi?n el trabajo interdisciplinar con los compa?eros de trabajo (me refiero aqu? a los compa?eros capellanes, as? como a las trabaja-doras sociales y a la psic?loga cl?nica). Estos tres servicios: social, psicol?gico y religioso tengo claro que, para responder eficazmente en la ayuda al enfermo, estamos llamados a trabajar siempre y plenamente coordinados. El compartir informaci?n y acci?n juntos es a mejor forma de servir a aquellos por los que estamos aqu?. Andar cada uno por su lado es fallarles. Y lo digo por experiencia, mi servicio en equipo me result? de gran riqueza y de un sentimiento de bien-hacer (ni soledad ni impotencia, al contrario) de apoyo, donde compartir dudas, de est?mulo a seguir adelante, de un compartir tambi?n sufrimientos y tristezas vividas en el servicio,...; en definitiva, esta forma de trabajar tambi?n fue y sigue siendo uno de los muchos motivos de satisfacci?n y gozo dentro de esta vocaci?n a la que trato de responder y vivir cada d?a. Una vocaci?n apasionante, al fin y al cabo ?no crees?
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