Martes, 09 de mayo de 2006
Discurso a la Asamblea Plenaria del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias.

Lunes, 8 mayo 2006 ZENIT publica el discurso que pronunci? Benedicto XVI este lunes al recibir en audiencia en la Sala Clementina del Vaticano a los participantes en la Asamblea Plenaria del Consejo Superior de las Obras Misionales Pontificias.


Se?or cardenal,
venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado,
queridos directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias:

Os dirijo mi cordial saludo a cada uno de vosotros, en particular al se?or cardenal Crescenzio Sepe, a quien le agradezco las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre, y a monse?or Henryk Hoser, presidente de las Obras Misionales Pontificias. Bienvenidos a este encuentro, que tiene lugar con motivo de la anual asamblea general ordinaria de vuestro Consejo Superior. Vuestra presencia testimonia el compromiso misionero de la Iglesia en los diferentes continentes y el car?cter ?pontificio? que caracteriza a vuestra asociaci?n subraya el lazo particular que os une con la Sede de Pedro. S? que, despu?s de un intenso trabajo de ?actualizaci?n?, hab?is terminado la redacci?n y alcanzado la aprobaci?n de vuestro Estatuto. Deseo que este paso contribuya a ofrecer m?s perspectivas a?n al trabajo de animaci?n misionera y de ayuda a la Iglesia en que est?is comprometidos.

En vuestra asamblea general quer?is reflexionar sobre el mandato misionero que Jes?s confi? a sus disc?pulos y que representa una urgencia pastoral experimentada por todas las Iglesias locales, recordando tambi?n lo que afirma el Concilio Vaticano II, es decir, que ?el compromiso misionero es esencial para la comunidad cristiana? (?Ad gentes?, 2). Al ponerse al servicio de la evangelizaci?n, las Obras Misionales Pontificias, desde su nacimiento en el siglo XIX, han experimentado que la acci?n misionera consiste en definitiva en comunicar a los hermanos el amor de Dios que se revel? en el designio de la salvaci?n. Conocer y acoger este Amor salv?fico es, de hecho, una cuesti?n fundamental para la vida, he escrito en la enc?clica ?Deus caritas est?-- y plantea preguntas decisivas sobre qui?n es Dios y qui?n somos nosotros (Cf. n. 2). A trav?s de actos de caridad concreta y generosa, las Obras de Propagaci?n de la Fe, de San Pedro Ap?stol, y de la Santa Infancia, han difundido el anuncio de la Buena Nueva y han contribuido a fundar y consolidar las Iglesias en nuevos territorios; la Uni?n Misionera del Clero ha favorecido el crecimiento de la atenci?n del clero y de los religiosos por la evangelizaci?n. Todo esto ha suscitado en el pueblo cristiano un despertar de fe y de amor, junto a un gran entusiasmo misionero.

Queridos amigos de las Obras Misionales Pontificias: gracias tambi?n a la animaci?n misionera que realiz?is en las parroquias y en las di?cesis, la oraci?n y el apoyo concreto a las misiones hoy son experimentados como parte integrante de la vida de todo cristiano. As? como la Iglesia primitiva hac?a llegar a Jerusal?n las ?colectas? recogidas en Macedonia y Acaya para los cristianos de aquella Iglesia (Cf. Romanos 15, 25-27), as? hoy un responsable esp?ritu de coparticipaci?n y de comuni?n involucra a los fieles de toda comunidad en el apoyo a las necesidades de las tierras de misi?n y esto constituye un signo elocuente de la catolicidad de la Iglesia. Vuestro Estatuto, subrayando que la misi?n, obra de Dios en la historia, ?no es un mero instrumento, sino un acontecimiento que pone a todos a disposici?n del Evangelio y del Esp?ritu? (art?culo 1), os alienta a trabajar para que los cristianos crezcan en la conciencia de que el compromiso misionero les involucra en el dinamismo espiritual del bautismo, reuni?ndoles en comuni?n en torno a Cristo para participar en su misi?n (Cf. ib?dem).

Este intenso movimiento misionero, que afecta a las comunidades eclesiales y a cada uno de los fieles, se ha desarrollado en estos a?os con una prometedora cooperaci?n misionera. Vosotros sois un significativo testimonio de la misma, pues ayud?is a alimentar por doquier ese esp?ritu de misi?n universal, que ha sido el signo distintivo de vuestro nacimiento como Obras Misionales y la fuerza de vuestro desarrollo. Seguid ofreciendo este precioso servicio a las comunidades eclesiales, favoreciendo su cooperaci?n rec?proca. La armon?a de objetivos y la deseada unidad de acci?n evangelizadora crecen en la medida en que toda actividad tiene como punto de referencia a Dios que es Amor y al coraz?n traspasado de Cristo, en el que este amor se expresa en su plenitud (Cf. ?Deus caritas est?, 12). De este modo, cada una de vuestras acciones, queridos amigos, no se reducir? nunca a mera eficiencia organizativa, ni quedar? ligada a intereses particulares de cualquier tipo, sino que siempre se revelar? como manifestaci?n del Amor divino. Vuestras diferentes di?cesis de origen muestran claramente que las Obras Misionales Pontificias, ?si bien son las Obras del Papa, son tambi?n de todo el episcopado y de todo el Pueblo de Dios? (?Cooperatio missionalis?, 4).

Queridos directores nacionales: os agradezco en particular todo lo que hac?is para salir al paso de las exigencias de la evangelizaci?n. Que vuestro compromiso estimule a todos los que se benefician de vuestra ayuda a acoger el don inestimable de la salvaci?n y a abrir el coraz?n a Cristo, ?nico Redentor. Con estos sentimientos, invocando la materna asistencia de Mar?a, Reina de los Ap?stoles, os imparto a los aqu? presentes y a las Iglesias particulares a las que represent?is, una especial bendici?n apost?lica.
Publicado por verdenaranja @ 0:10  | Habla el Papa
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