Viernes, 26 de mayo de 2006
Intervenci?n de monse?or Renato Volante en la sesi?n de la Conferencia regional para Am?rica Latina y el Caribe de la Organizaci?n de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentaci?n (FAO) celebrada entre el 24 y el 28 de abril.



1. Esta Reuni?n nos recuerda, una vez m?s, el compromiso fundamental de buscar los instrumentos m?s id?neos para actuar, con eficacia y coherencia, los programas de la FAO dirigidos a garantizar la seguridad alimentaria, dando prioridad concreta a aquella parte de la poblaci?n que es m?s vulnerable y que se encuentra en mayor desventaja. Se trata de un esfuerzo que -perm?tame subrayarlo- no puede dejarnos indiferentes; al contrario, debe preocuparnos sobremanera por su conexi?n directa con el respeto de la dignidad de la persona humana.

La Santa Sede sigue con atenci?n especial la grav?sima cuesti?n del hambre y de la malnutrici?n, sosteniendo todo esfuerzo que pueda eficazmente contribuir a la actuaci?n de adecuadas opciones pol?ticas y concretizar intervenciones a la altura de las necesidades de hoy. Es por ello que tambi?n aqu? quiere ofrecer, junto a la propia disponibilidad de concertaci?n y acci?n en esta cuesti?n, algunos puntos de reflexi?n que, partiendo de los datos puestos a disposici?n de la Conferencia, puedan expresar algunas indicaciones de car?cter ?tico que pertenecen m?s apropiadamente a su naturaleza y misi?n.

2. En su sensibilidad los pueblos de esta Regi?n bien saben c?mo es necesario intervenir en las situaciones que impiden a much?simos el crecimiento integral de la persona, el reconocimiento de su centralidad en la sociedad, o que limitan sus libertades fundamentales. La falta de desarrollo rural es ciertamente una de estas situaciones que, como subraya la acci?n de la FAO, para ser enfrentada necesita opciones de pol?tica interna e internacional que deben traducirse en l?neas gu?a tambi?n para la actividad agr?cola y la producci?n alimentaria.

Esta Conferencia recibe un significado ulterior del objetivo de predisponer instrumentos y estrategias necesarios para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, cuya validez debe ser confrontada con la situaci?n de la seguridad alimentaria en la Regi?n. Se trata de datos que no dejan de provocar preocupaci?n frente al alejamiento de las metas fijadas, incluso en presencia de un desarrollo general tambi?n en los niveles de disponibilidad de alimentos y, por lo tanto, de la debida nutrici?n. En efecto, existe aqu? una contradicci?n evidente entre las potencialidades concretas y la voluntad de actuar compromisos precisos para garantizar no s?lo el consumo, sino las condiciones sociales m?s amplias, la salud y el nivel nutricional de la poblaci?n, con particular atenci?n a los sectores estructuralmente en riesgo o hechos tales a causa de factores ambientales o por la acci?n humana. La primera referencia debe ser en primer lugar a los peque?os agricultores, con frecuencia olvidados por las instituciones y por las formas de cooperaci?n, o a las comunidades ind?genas, desarraigadas de su h?bitat y obligadas a modelos de producci?n y consumo lejanos de sus tradiciones.

La reciente Conferencia sobre Reforma Agraria y Desarrollo Rural, realizada en Porto Alegre (Brasil), ha confirmado que toda estrategia o normativa dirigida al mundo rural debe tener presente la centralidad de la persona y sus necesidades concretas, favoreciendo as?, en la acci?n de los Estados y en las actividades de cooperaci?n, una primera superaci?n de meras consideraciones de orden t?cnico, vinculadas, es decir, a los niveles de producci?n, al acceso a la tierra, a la disponibilidad de v?veres, al crecimiento del consumo.

Esta recuperaci?n de la dimensi?n antropol?gica tambi?n para el mundo agr?cola significa, entre otras cosas, que la seguridad alimentaria no puede confinarse a las urgencias o al socorro en las situaciones de absoluto degrado no m?s sostenibles, tambi?n si en estos contextos la acci?n inmediata parece como la ?nica meta posible. En esta misma l?nea se encuadran tambi?n las propuestas de reforma de la FAO que pueden constituir no s?lo una referencia para el funcionamiento y la administraci?n de la Organizaci?n, sino m?s bien una manera nueva de proceder por parte de los responsables y funcionarios hacia una acci?n eficaz a favor de los m?s pobres, con la conciencia de que "un primer requisito fundamental es la competencia profesional, pero por s? sola no basta. En efecto, se trata de seres humanos, y los seres humanos necesitan siempre algo m?s que una atenci?n s?lo t?cnicamente correcta. Necesitan humanidad. Necesitan atenci?n cordial" (Benedicto XVI, Carta Enc?clica Deus Caritas Est, 31).

3. Se?or presidente, ubicar nuestros trabajos en la perspectiva de la centralidad de la persona significa hacer un llamado a los valores que fundan la historia, las diversas culturas, la experiencia religiosa, la vida social de esta Regi?n, caracteriz?ndola por la capacidad de percibir y manifestar un concepto concreto de justicia que debe realizarse en pol?ticas, normas y acciones inspiradas por la solidaridad. Pero si es verdad que en cada uno se manifiesta, cotidianamente, la conciencia de cu?nto la miseria en todas sus formas, materiales y espirituales, es motivo de sufrimiento, a pesar de los progresos en los campos cient?fico y t?cnico, es tambi?n verdad que se nos pide una nueva disponibilidad para estar cercanos a los que tienen necesidad, animados por un fuerte sentimiento de solidaridad que en este Continente bien podemos llamar fraternidad (cf. Ibid., 30).

En una ?poca caracterizada por la globalizaci?n, la referencia a la fraternidad significa abatir efectivamente las barreras y otros obst?culos que pueden manifestarse tambi?n en las formas de cooperaci?n cuando no se toma en cuenta la posici?n de desventaja evidente en la que se encuentran los que viven en las ?reas de bajo r?dito y de d?ficit alimentario. Por lo tanto, un h?bil m?todo de intervenci?n en la lucha contra el hambre deber? prestar atenci?n a todos estos factores, potenciales o efectivos, de la malnutrici?n, pero cuidando de no vincular la seguridad alimentaria a las solas situaciones de orden t?cnico que, a pesar de ser importantes, corren el riesgo de no poner a disposici?n todas las fuerzas necesarias, tambi?n en raz?n de diferentes objetivos y criterios inspiradores.

La cooperaci?n entre los pa?ses de Am?rica Latina y el Caribe est? llamada hoy a mantener alta la consideraci?n del respeto de la conciencia de cada uno, de la visi?n religiosa y de las diversas culturas, como ?nico camino para apoyar seriamente a las personas m?s d?biles, comenzando por la familia rural con su irreemplazable funci?n de guardiana y continuadora de conocimientos, tradiciones, valores morales, sentido de la armon?a y valor de la vida, presupuestos todos de una concreta solidaridad entre las personas y las generaciones.

Es este el auspicio que la Delegaci?n de la Santa Sede quiere presentar, consciente de las dificultades, pero tambi?n confiada en las capacidades de todas las fuerzas vivas comprometidas cotidianamente en las diferentes funciones y responsabilidades en la Regi?n, permiti?ndose tambi?n recordar que de tantas partes se mira a Am?rica Latina y al Caribe con particular inter?s, para verificar c?mo tambi?n sus ra?ces humanas, espirituales y religiosas le permiten superar el flagelo del hambre, que aflige a muchas otras partes del mundo.

Muchas gracias.
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