S?bado, 27 de mayo de 2006
Josep-Ignasi Saranyana
Facultad de Teolog?a
Universidad de Navarra
21 de mayo de 2006: La Vanguardia (Barcelona)


Una persona parece haber pedido ayuda para morir y ha muerto. Este hecho luctuoso ha renovado la diatriba sobre la eutanasia, aunque muchos no saben a ciencia cierta qu? se debate y qu? criterios ?ticos est?n en juego. La pol?mica resulta incomprensible por la confusi?n terminol?gica.

Con la expresi?n eutanasia activa se denomina el acto deliberado de dar fin a la vida de un paciente, por su propio requerimiento o a petici?n de sus familiares. Es contraria a la ?tica m?dica y constituye, adem?s, una grave transgresi?n de la ley moral. Es matar.

Se habla tambi?n de eutanasia pasiva para designar el rechazo de todo ensa?amiento terap?utico que, al fin, tampoco produce la curaci?n. Pero esto no es eutanasia, sino algo muy distinto. Oponerse a un tratamiento obstinado, aunque sin rehusar los medios normales o comunes que permiten sobrevivir, no implica una voluntad decidida de acabar con la vida del enfermo. No es, por ello, una acci?n eutan?sica.

El sintagma eutanasia pasiva trastorna el uso admitido de las palabras, porque s?lo existe eutanasia (a secas) o, en todo caso, eutanasia activa. Nos hallamos ante un vuelco sem?ntico, quiz? pretendido, porque la contraposici?n entre eutanasia activa y eutanasia pasiva confunde a la opini?n p?blica y busca convencerla de que hay dos tipos de eutanasia: una buena y otra mala.

No es eutanasia ni equivale al suicidio: aceptar la inevitabilidad de la muerte con sentido cristiano; contentarse con los medios paliativos que mitigan el dolor, aunque no tengan una virtud curativa; y rechazar medicaciones u operaciones en fase experimental, porque son caras o peligrosas. ?sta es, en efecto, la doctrina recordada repetidamente tanto por la Santa Sede como por la Conferencia Episcopal Espa?ola.

De ah? la importancia, reconocida por todos, de desarrollar mucho m?s la medicina paliativa, que constituye una forma civilizada de entender y atender a los pacientes terminales, opuesta a los dos conceptos extremos ya aludidos: obstinaci?n terap?utica y eutanasia.

La obligaci?n del m?dico es suprimir la causa del dolor f?sico o, al menos, aliviar sus efectos; dar consuelo moral y psicol?gico al enfermo que sufre. Pero no matar.



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