Lunes, 29 de mayo de 2006

Análisis digital) Redacción - 30/05/2006

El arzobispo de Madrid subraya en la entrevista publicada en el libro "Europa a debate. 20 años después (1986-2006)" que "la Iglesia ha intervenido en asuntos que tienen que ver con su enseñanza y que viven los católicos, aspectos de la vida personal o familiar"

El arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela, concedió una entrevista para el libro "Europa a debate. 20 años después (1986-2006)" cuyos autores son Miguel Ángel Benedicto Solsona y Ricardo Angoso García, editado por el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación y Plaza y Valdés, editores.


-¿Cuáles son los valores de Europa?

-Son aquellos que han nacido y se han desarrollado con la realidad europea. Desde mi punto de vista hay que hacer un ejercicio de objetividad de la historia de Europa que parte de la cultura grecorromana, de la historia cristiana que entra en ese mundo y emprende un camino que se define explícitamente como europeo a partir de Carlomagno.

Por otro lado, no hay que olvidar Bizancio, ya que Europa no sólo se construye desde e! lado occidental. Afirmar eso sería un error histórico. Juan Pablo II, uno de los grandes europeos del siglo XX, hablaba de los dos pulmones de Europa: oriental y occidental. Y si se quiere ser realista no se puede ignorar la Europa dividida y fraticida del siglo XX, y cómo se superó ese gran trauma.

Aunque la historia de Europa se inicie con Carlomagno, el discurso sobre los valores europeos comienza en la ilustración con la parte más radical y menos laicista y con una filosofía más inmanentista. Esa filosofía del Estado, de los derechos fundamentales, de la libertad, la fraternidad y la igualdad, no se explica sin una historia anterior, y desde el punto de vista intelectual no debe olvidar a los grandes teólogos. Creo que el presente europeo no reconoce plenamente los grandes valores a los que ha dado a luz: la raíz cristiana, la civilización judeocristiana y la herencia clásica grecorromana a las que hay que hay que añadir la visión ilustrada del siglo XVIII que no es separable de esa primera fuente.

-¿Cree usted que la UE tiene fronteras geográficas? ¿Hay que imponer un veto a países como Turquía o Ucrania?

-Juan Pablo II siempre dijo que Europa no es un concepto geográfico sino una categoría cultural. y es a la luz de esa definición cuando nos podemos plantear el asunto de las fronteras. Es evidente que Europa está dentro de! mundo cultural europeo y, evidentemente, Turquía no lo está. Europa fue cristiana y después laica. Es un problema grave y crítico sobre el que hay que reflexionar. Es bueno que haya relación y diálogo entre el mundo cristiano y el musulmán, un diálogo que ya existe desde el punto de vista religioso. Hay que actuar responsablemente dentro de la UE y saber si se quiere una Europa que ha sido un espacio cultural común o se quiere romper con esto.

-¿Qué modelo europeo prefiere usted?, ¿un modelo más económico en línea con el anglosajón u otro más político?

-Hay que buscar un modelo de Europa que permita una unidad lo más honda posible, trabada a través de relaciones mediatas y personales en los niveles pre económicos y pre políticos de las relaciones humanas, religiosas y morales.

Cuando visito Alemania no visito un país extraño, igual que cuando voy a Suiza, Francia o Italia. Se ha ganado mucho por la vía expresa, con una pedagogía cultural o religiosa cultivada a fondo. y es que no basta sólo con que se constituya un aparato político-jurídico-administrativo. Hay que hacer Europa desde abajo, desde las relaciones más personales: de amistad, de comunicación personal o de capas más hondas como la religión y la espiritualidad, para pasar después a las deportivas, a las culturales y al turismo. Eso es muy importante si se quiere construir Europa.

En un segundo momento, es evidente que cuantos más principios de unidad y solidaridad impregnen la organización del marco político europeo, mejor. Por ejemplo, el principio de subsidiariedad está impregnado de la tradición cristiana que tiene un peso en la construcción europea. No puede desaparecer la rica variedad de Europa, pero hay que buscar un equilibrio. En Europa hay grandes lenguas y deberíamos dominar dos o tres idiomas.

-¿No sería mejor tener una lengua común?

-Tiene que haber un equilibrio entre unidad y pluralismo, aunque en la práctica lo buscas cuando viajas y te comunicas con la gente.

«LA RELIGIÓN ES EL FACTOR DE MAYOR UNIDAD DE EUROPA.»
-¿ El acercamiento entre ciudadanos e instituciones se podría facilitar a través de la religión?


-La religión es el factor de mayor unidad en Europa, y la Iglesia católica es el mayor fenómeno de unidad en la UE. Aparte de los instrumentos de coordinación pastoral a nivel europeo, la unidad de inspiración, educación, cultura y valores del hombre son católicos y dan una fuerza de unidad grande. Un cristianismo vivo y una Iglesia católica joven y comprometida serían un servicio impagable e insustituible para el futuro de la UE. Se ofrece una especie de programa religioso, ético y espiritual.

-¿Qué echa de menos en la construcción europea?

-Echo en falta un cuadro de principios éticos y morales bien definidos; y una relación entre ese cuadro y la declaración de Derechos Humanos. Y también una concepción clara y no limitada de la relación entre el Estado social y democrático de Derecho y la economía social de mercado, que presidan e! despegue de! mundo y de Europa.

Deberían despejarse esas dudas y vacilaciones en torno a temas centrales como el derecho a la vida, a la familia y al matrimonio, que al igual que los derechos sociales, económicos y, como no, el derecho a la libertad, deseo que se establezcan.

-Pero se definieron bien en el tratado constitucional.

-Hay un intento de recogerlo anteriormente, y también en el preámbulo de! tratado, pero en términos mínimos y muy indefinidos.

-¿Qué han significado los veinte años de pertenencia de España a la UE?

-En la valoración de los resultados políticos y económicos coincido con la mayor parte de la opinión pública española. Desde el punto de vista de los valores, han sido buenos en general, y no veo que de la UE hayan salido asuntos muy negativos, pese a que ha habido algunas resoluciones problemáticas del Parlamento europeo, en cuanto a la bioética y el derecho a la vida, que no han ejercido una influencia muy decisiva.

-¿Cómo ve el papel de la familia en Europa?

-Es uno de los problemas más graves de la sociedad europea. Los datos demográficos son tan increíblemente alarmantes que a veces uno se pregunta cómo los responsables políticos permiten el descenso de la natalidad europea, que es perturbadora.

-Pero la inmigración parece que puede paliarlo.

-Se hace una cuenta muy materialista y poco valorativa de las personas. Una Europa que no quiere tener hijos y que espera a ver si los demás se los dan no se encuentra en la mejor disposición humana. En términos economicistas los resultados son muy inciertos, pero el problema, más que económico, es de convivencia. Es un problema de primer orden en todos los aspectos, políticos, familiares y de valores culturales. Una Europa así, cada vez con una proporción más enorme de personas mayores de 65 años que se sostiene a base de! endeudamiento progresivo, como en el caso de Alemania, donde no funciona e! sistema de seguridad social.

-¿Es el catolicismo en Europa uno de los retos de Benedicto XVI?

-Creo que sí. Es un reto que se plantea en términos positivos. El catolicismo europeo se encuentra con una presencia numérica y cualitativa que ha sido pujante, sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial en Alemania, Austria, Francia y Suiza. Actualmente, no es lo mismo desde un punto de vista numérico, a excepción de Francia, España e Italia donde hay menos crisis. Sin embargo, tras la caída del Muro ha emergido un mundo católico con una vigorosa presencia en Polonia, Hungría, Eslovaquia, Ucrania y Rumania; y también en parte de los Balcanes. Juan Pablo II fue decisivo para animar y dar aliento a nuevos movimientos juveniles con una esperanza renovadora de la fe católica que aparece en toda la geografía europea. El Papa tiene un reto con un excelente futuro y un camino despejado pastoralmente.

-¿Existe una crisis de legitimidad en las instituciones europeas? ¿Se siente representado por ellas?

-No las hemos vivido como organismos representativos de la sociedad europea, sino como una representación de los Estados europeos. Pese a las elecciones al Parlamento europeo, las relaciones son débiles, ya que se viven a través de los gobiernos y los Estados. Además, no hay una noción del bien común. Es una de las lecciones a aprender.

-¿No cree que hay un desequilibrio en el colegio cardenalicio, al tener América Latina el 45% de los católicos del mundo y sólo 20 cardenales electores; mientras que Europa, con menos del 25%, cuenta con 58 cardenales?

-Hay que relativizar el valor de las dos categorías. No se determina en función de los criterios de población, sino más en función de razones personales. Se elige Papa en función de la calidad humana, no de la nacionalidad.

-¿No cree que la Iglesia se «entromete» en exceso en las labores del poder político?

-Se puede hacer la pregunta contraria. ¿Hasta donde puede el poder político regular los aspectos morales y éticos de la vida humana? Creo que el problema no es hasta dónde se mete la Iglesia en el terreno del poder político, sino más bien al revés, y además lo ha sido a lo largo de todo el siglo XX. Los Estados europeos del siglo pasado han intentado absorber al hombre y la sociedad. Ahora se quiere identificar con ética, la ética pública; pero se termina recortando la libertad y el desarrollo digno de la persona. Esta tentación es más fuerte que la contraria. La Iglesia ha intervenido en asuntos que tienen que ver con su enseñanza y que viven los católicos, aspectos de la vida personal o familiar.

Hemos sido neutrales con los partidos políticos como una pauta constante desde la preparación de la Constitución hasta hoy. Se legisla desde el Parlamento, pero se opina desde la sociedad y desde la Iglesia.


Publicado por verdenaranja @ 23:31
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