Martes, 30 de mayo de 2006
En el Bolet?n "al margen", n? 61, enero - abril 2006, de Mater Christi aparece este interesante art?culo que nos hace pensar sobre ciertas paradojas en la sociedad actual.


La vida tiene dos direcciones.

Una por la que el hombre avanza haciendo camino, mientras va gastando el tiempo de su jornada terrenal.
La otra viene hacia ?l, tray?ndole acontecimientos y situaciones que no preve?a, que no esperaba, que sencilla-mente le rompen o alteran los c?lculos con los que hab?a planteado sus objetivos laborales, sociales, familiares... 0 que, por el contrario, le brindan otras posibilidades que no hab?a tenido en cuenta.

Como quiera que sea, vivir en esta sociedad de comienzos del siglo XXI, no es nada f?cil siempre que se quiera hacer desde valores y principios morales, que chocan frontalmente con el doble juego al que acuden las personas para ir, dir?amos, trampeando. Para conseguir conciliar algo tan opuesto a veces, como es seguir la vida desde los principios de honradez y honestidad, y, a la vez, ir asumiendo todo lo que nos llega, venga de donde venga, aunque suponga sacrificar algunos de los principios propuestos, desde los que ?nicamente se pueden construir una sociedad justa y solidaria.
No pocas veces se presentan ante s? unos panoramas desalentadores, que se apoyan en intereses, bien de tipo personal o colectivo, pero intereses, al fin, que no se sustentan en esa justicia y solidaridad necesarias en toda sociedad, que se proponga crecer al servicio de la persona y de su bienestar social y espiritual.
El hombre, vemos que es capaz de sacrificar cosas esenciales por ir consiguiendo peque?as cosas que le seducen, pero que son tan transitorias y pasajeras, como caducas en el tiempo m?s inmediato.
Todo aquello que da fundamento a la persona en su propia identidad, en su propia personalidad, cuesta mucho trabajo irlo consi?guiendo, manteni?ndolo y, al mismo tiempo, consolid?ndolo; pero este trabajo, que no es otra cosa que sacrificio y renuncia personal, no se le quiere porque resulta negativo y poco pro?ductivo en la mentalidad mercantilista en la que se ha instalado esta sociedad.
Ante estas actitudes, la persona se hace totalmente vulnerable a las influencias que le llegan del exterior, convirti?ndose en un ser manipulable y dirigido por los intereses f?cticos de una sociedad corrompida en tantos aspectos, que antepone cualquier objetivo econ?mico o materialista a los valores morales que planteamos m?s arriba.
Sin duda, podr?amos poner infinidad de ejemplos que est?n ah? y que cualquiera los ve, pero que como seres anestesiados, las per?sonas miran, ven, oyen, o comentan, incluso, pero ante los que, a la vez, no hay reacci?n en contra si, por el contrario, no lo decide alguno de los poderes que dirigen o manipulan la sociedad.

?Queremos ver alg?n ejemplo? Pues ah? est? el aborto.
La sociedad se subleva, y con raz?n, contra la pena de muerte o contra la guerra, pero al mismo tiempo consiente y va dando muerte, a una cantidad, en crecimiento cada a?o, de seres no nacidos, por el simple hecho de no aceptar un embarazo al que en principio se aspiraba al mantener expl?citamente aquellas relaciones sexuales que est?n orientadas a propiciar precisamente los embarazos. Y aqu?, una vez m?s, est? ese doble juego que mantienen las personas.
Pero volviendo a este ejemplo del aborto, al que, como tantas otras cosas, la sociedad se va acostumbrando, porque as? lo tienen decidido los poderes manipuladores de esta sociedad, nos ofrece unas cifras que cualquier persona de bien ante ellas, no puede, por menos, que sentir escalofr?os.
En Espa?a, seg?n los datos oficiales, en el a?o 2004 hubo 84.985 abortos, un 6,5% m?s que el a?o anterior. Como cada a?o, una tasa en crecimiento que habla por s? sola de lo que estamos planteando, sin olvidar que se trata de datos oficiales, y, por tanto, est?n excluidos aquellos otros abortos que se escapan del control oficial y que seguro que incre?mentar?n notablemente la estad?stica.
Desde la despenalizaci?n del aborto en Espa?a, en el a?o 1985, se contabilizaron hasta 2004 la cantidad oficial, m?s que alarmante, de 929.363.abortos, lo que quiere decir que al momento presente, se habr?n rebasado ya con creces el mill?n de abortos. ?Puede esta sociedad estar orgullosa y satisfecha de estos hechos desgraciados, tan evidentes como elocuentes?.
Pero ah? est?, tambi?n, la respuesta hip?crita de una sociedad que para nada se revela masivamente, ni protesta, ni hace nada para que no siga corriendo sangre inocente, pues ?puede haber sangre m?s inocente que la de un ser humano indefenso, tan indefenso que no ha visto la luz de la vida humana?.
Pero esta misma sociedad, en cuanto la den el grito de "en pie" saldr? a la calle a gritar en favor de la vida y contra la guerra o la pena de muerte, al tiempo que sigue admitiendo junto con los abortos, los des?rdenes, atropellos, cr?menes fruto de la violencia dom?stica, o cualquier otra manifestaci?n de destrucci?n que van emanando de una forma natural y espont?nea de la misma sociedad enferma.
Indudablemente, la grav?sima responsabilidad de aquellos que mueven los hilos de esos poderes f?cticos, que dirigen la sociedad seg?n los propios intereses, es absolutamente condenable. Pero tambi?n hay que se?alar con toda firmeza que cada persona tiene su responsabilidad propia, de la que en modo alguno puede abdicar y aunque sea verdad, que generalmente y en la pr?ctica cotidiana se comporta pasivamente ante su responsabilidad personal y social, hay que afirmar que no existe otra alternativa posible para alcanzar un poco de cordura, que frene la deriva moral y social por la que se va avanzando con una apariencia tan natural, que hacer un ejercicio frecuente y serio de toma de conciencia de la realidad, para luego hacer el esfuerzo de una lucha personal y colectiva contra todas estas realidades.
Una sociedad enferma conduce inexorablemente al fin de la propia civilizaci?n, porque va socavando los pilares y principios que la cimientan y la sostienen.
Es curioso, que siendo el hombre un ser con capacidad de memoria, de pensar y de razonar, y por ello, capaz de darse cuenta de los resultados que dar?n unos u otros comportamientos, no se esfuerce un poco por ver la verdadera realidad y tomar, frente a ella, las actitudes que sean necesarias.
No hay disculpa posible. Si la persona es manipulada y dirigida seg?n intereses ajenos por completo a los valores m?s esenciales y queridos por la propia persona, la responsabilidad termina estando en aquel que se deja manipular, aunque sea a cambio de unos bienes materiales que se tornan tan ef?meros como portadores de la infelicidad que dicen evitar en el momento m?s inmediato.
Pero, cuando no se reflexiona, cuando no se quiere ver m?s all?, cuando no se quiere aceptar un m?nimo de sacrificio y de renuncia personal inmediata, es imposible neutralizar la avalancha agresiva de quien manipula y dirige las masas por intereses, propios de una sociedad materialista y paganizada
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios