Martes, 30 de mayo de 2006
En la revista "Iluminare", perteneciente a Abril 2006 n? 367, aparece un Estudio Pastoral de Manolo Rodicio Pozo, delegado diocesano de Misiones de Ourense.



Compromiso Vocacional Misionero



No, no tenemos suerte, porque es ?sta una campa?a que s?lo puede entender un creyente. Aqu? no tenemos las posibilidades que ofrecen Domund o Infancia Misionera, donde el compromiso por lo humano va tan unido a lo estrictamente cristiano que resulta f?cil conseguir la colaboraci?n de quien no est? cerca de la Iglesia. En el caso de la Jornada de las Vocaciones Nativas (Obra misional pontificia de San Pedro Ap?stol) estamos ante una obra que dif?cilmente puede entender quien no ame profundamente a la Iglesia.
Por eso digo que no tenemos suerte? Esta jornada pretende responder a la ?necesidad de que cada Iglesia particular pueda formar, en su propio contexto espiritual y cultural, el personal religioso propio y en concreto, a los ministros ordenados?
(Estatutos de las OMP 2005, 13).



?Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad? (1 Tim 2,4)

Para entender esta Jornada hay que estar muy convencido de que Dios nos quiere tan apasionadamente como s?lo un padre o una madre puede querer. Es algo de lo que todos estamos convencidos, aunque las apariencias tantas veces parecen negarlo. Abrir la Sagrada Escritura es adentrarnos en el Misterio de Dios Amor que ya desde el principio sale al encuentro del hombre de cada hombre buscando su felicidad. ?Te compadeces de todos porque todo lo puedes y disimulas los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y nada de lo que hiciste aborreces, pues, si algo odiases, no lo habr?as hecho. Y ?c?mo habr?a permanecido algo si no hubieses querido? ?C?mo se habr?a conservado lo que no hubieses llamado? Mas t? con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Se?or que amas la vida? (Sab 11,23-26).

Este misterio del Dios amor lleg? a su culminaci?n en Jesucristo, sacramento de Dios. ?Tanto am? Dios al mundo que le entreg? a su Hijo?(Jn 3,16) ... que nos ?am? hasta el extremo? (Jn 13,1) de dar la vida en la cruz, por amor a nosotros. Y sin embargo resucit? y su Esp?ritu vive en la Iglesia.



?Y sobre esta piedra edificar? mi Iglesia? (Mat 16, 18)

En Pentecost?s naci? una Iglesia pluriforme sacramento del Resucitado. Pentecost?s es un regalo, el ?ltimo regalo del Resucitado que parec?a dejarnos hu?rfanos, pero no, nos dej? acompa?ados, bien acompa?ados y llenos de vida, la Vida del Esp?ritu, su Esp?ritu que se convirti? en el alma de la Iglesia naciente. Por eso podemos decir con certeza que la Iglesia es mediaci?n de ese amor apasionado de Dios. Por eso cada d?a la Iglesia ha de mirarse en el espejo de su Hacedor para preguntarse si est? siendo transparencia de lo que Dios le ha encomendado. Santa y pecadora, lo es algunas veces, aunque otras, por el contrario, desgraciadamente desdice a su Se?or.

Ser transparencia del amor del Se?or, he ah? el reto diario, ir siendo testigo del amor misericordioso, d?ndose a manos llenas, creando vida, haciendo que el Reino de Dios sea posible. Ese Reino que es don, regalo de Dios, inabarcable, inapresable, no controlable por la mano humana, pero que al mismo tiempo es tarea, fruto maduro del empe?o de los hombres que unen su hacer al hacer de Dios. Una Iglesia, cada d?a m?s novia resplandeciente, deseable, digna de ser amada. Esa es la Iglesia so?ada, la que queremos, la que no hacemos. Iglesia Madre que a todos sin distinci?n acoja, aun a los hijos que se revelan, que la consideran m?s madrastra que tierna Madre.



Una Iglesia no existe si no contiene los carismas fundamentales para su servicio y el de otras Iglesias

Una Iglesia as? necesariamente ha de contener en s? a todos con todos los carismas, entre los que el ministerio ordenado, la vida consagrada, no son unos m?s sino fundamentales, expresi?n permanente de Dios que sale al encuentro sin pedir nada a cambio, tomando siempre ?l la iniciativa primera, siendo gratuidad absoluta y a la vez v?nculo de comuni?n con el proyecto universal de salvaci?n que se llama Iglesia en camino hacia el Reino.

En este proyecto se han dado pasos muy significativos. Pasamos de ser una Iglesia profundamente clerical, donde el pueblo ?no tiene m?s misi?n que aceptar lo mandado por sus pastores?, a ser una Iglesia donde todos hemos descubierto la grandeza de sentirnos Pueblo de Dios. ?Contigo soy cristiano?, dec?a el Santo de Hipona. Y ello dio lugar a un crecimiento espectacular del compromiso laical. Bien lo expresaba un obispo ecuatoriano cuando les dec?a a sus diocesanos: ?Nuestra Iglesia paso de ser una tarea de cuatro curitas a ser obra de todos?. Iglesia donde todos tenemos un papel, una tarea importante. Sin embargo, en no pocos lugares, este avance eclips? el papel de los consagrados. No pocas Iglesias de territorio de misi?n que hab?an vivido gracias al impulso de los ?misioneros llegados de la vieja cristiandad?, sintieron en sus carnes el descenso vocacional de la vieja Europa, unida a una incapacidad, acompa?ada a veces de desconfianza, de generar sus propios pastores. Se dijo, con raz?n, ?es la hora de los laicos?, aunque esta afirmaci?n conllevase un olvido de otros carismas y ministerios.

S?, es la hora de los laicos comprometidos con su fe... y tambi?n la de los sacerdotes, religiosos, religiosas...

No es un tema neutro. Una Iglesia sin ministerio ordenado, no es la Iglesia del Resucitado. Una Iglesia sin carismas, no es la Iglesia de Jes?s. La Iglesia es Casa Grande, Familia Abierta, Mesa Compartida, donde todos tienen un papel importante. Sin laicos comprometidos s?lo conseguiremos Iglesia clericalizada, deforme Iglesia como cuerpo descompensado. Pero tambi?n a la inversa, sin clero, sin religiosas y religiosas, igualmente caemos en la tentaci?n de querer construir un cuerpo deforme donde faltan elementos estructurantes, signos visibles del Resucitado, sacramentos de la presencia amorosa de Dios.

El papel de los ministros ordenados es irrenunciable. Las Iglesias tal como hoy son entendidas, no pueden subsistir sin ellos.

Y cuando en los viejos pa?ses de cristiandad estamos viviendo un largo oto?o con s?ntomas invernales en el ?mbito vocacional, y cuando resulta imposible no s?lo enviar nuevos misioneros a los territorios de misi?n, sino que ni siquiera tenemos fuerzas para mantener nuestros viejos compromisos y ya empezamos incluso a pensar que nuestras iglesias locales pueden necesitar la vitalidad de consagrados que vengan de otras tierras, Dios nos regala una Primavera Vocacional. S?, porque es una primavera la que est?n viviendo muchas Iglesias j?venes donde el Esp?ritu empuja con fuerza y alegr?a. ?Qu? hermoso ver esas Iglesias j?venes donde falta casi de todo ?formaci?n, medios, estructuras...? pero est?n llenas de ilusi?n y con ansias de compromiso! Y, casi sin darnos cuenta, lo que parec?a una tragedia (la ausencia de presb?teros y consagrados), se est? convirtiendo en una oportunidad extraordinaria: ?Hay vocaciones! Regalo del Resucitado. Y hay m?s de las que cab?a so?ar. Abundante en vocaciones se presenta el momento actual en muchas iglesias locales de territorio de misi?n. ?Hay peces! ?Qu? falta? Faltan redes, aparejos, medios, que hagan posible la pesca milagrosa, la abundancia de pastores, de consagrados.

Comenzaba diciendo que no tenemos suerte... Aunque tal vez s? que tenemos suerte, porque es seguro que en esta Jornada se van a volcar todos los cristianos convencidos. Es seguro. No puede ser de otra manera, porque es imposible ser cristiano y no comunicarlo. Es imposible vivir la fe de forma eclesial y no sentir el urgente impulso de buscar que otros tengan esa misma experiencia. Esta es la hora de hacer posible que las Vocaciones Nativas lleguen a su feliz t?rmino. Ellos pueden poner las personas, porque medios no tienen. Nosotros podemos ayudarles con medios materiales. ?Por qu? no unimos nuestros poderes?

Ya lo est?n haciendo muchos buenos sacerdotes, que a?o a a?o re?nen sus escasos ahorros para darlos con motivo de esta Jornada, o que celebran sus grandes acontecimientos sacerdotales (Bodas de Oro) fundando una beca. Hermoso, s?. Ellos ya han dado lo mejor de s? mismos y ahora, cuando las fuerzas fallan, su generosidad se vuelve oraci?n y ofrenda econ?mica para que otros contin?en la tarea. Pero ahora toca implicar a m?s, implicarnos m?s. Tenemos medios, m?s medios que nunca. ?Sabemos compartirlos? Si no compartimos ni siquiera lo econ?mico, es que nuestra fraternidad y valoraci?n de la vocaci?n recibida es bien escasa. ?Despertemos y dispong?monos a mejor servir!



Es tu hora. T? puedes tener un hijo misionero

Recuerdo a?n el d?a que le dije a mi p?rroco en la sacrist?a de la Capilla del Santo Patrono de mi pueblo: ?Habl? con el obispo. Me voy por unos a?os a misiones?. Me mir?, sonri? y dijo: ?Siempre fue mi ilusi?n y nunca pude realizarla. Enhorabuena y cuenta con mi ayuda?. Ese es el esp?ritu de esta Jornada. ?Yo no puedo ir? pero ?cuenta conmigo? porque la tarea eclesial es crucial y es tambi?n m?a. ?Qu? f?cilmente nos escudamos dando un poco de dinero que no significa apenas m?s que lo que gastar?amos en un momento de compartir con un amigo! Si amo a la Iglesia, comprendo lo crucial del momento, lo importante de implicarme. Todos podemos ir de alguna manera a la misi?n, haciendo posible que otros vayan, o lo que es mejor, animando el crecimiento propio de las vocaciones que surgen en aquellas Iglesias j?venes, vitales, necesitadas, por hacer.

?T? puedes tener un hijo misionero? fue el lema que movi? hace a?os muchos corazones. Hoy tal vez tengamos que cambiar un poco la palabra pero no la idea. T? puedes tener un hijo sacerdote, religiosa, religioso, haciendo posible que el muchacho o muchacha de la joven Iglesia pueda hacer su largo y costoso camino vocacional. Es momento de orar y sacrificarnos. Es momento de sentirme familia cristiana capaz de abrir mis puertas a la misi?n universal. Nuestras familias quiz? no puedan dar un hijo de sangre, pero pueden ayudar que la sangre viva de una vocaci?n nacida en misi?n, camine hacia la plenitud. Para que esto sea posible tendr?n que renunciar a algo que deseaban, pero que es renunciable y en esa renuncia crece el amor y el compromiso por un mundo a la medida de Dios, donde todos seamos m?s hermanos.

El Resucitado sigue entre nosotros y nos regala vocaciones abundantes en las J?venes Iglesias. A nosotros nos toca hacer posible que crezcan y den frutos all?, ac?, dondequiera, porque el Reino de Dios ya est? creciendo. ?No lo veis?

Por Manolo Rodicio Pozo
Delegado de Misiones de Ourense
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