Jueves, 08 de junio de 2006
8 de Junio


Evangelio.- Los de Emaús



Solemos decir que "la vida es un camino". Y es verdad. Lo comenzamos al nacer y lo terminamos al morir. N. ha terminado su recorrido, su camino de etapas, con X años. Y ha llegado a la meta.
Hacer solos este camino de la vida a veces es penoso. La fe nos dice que no caminamos solos. Que el Señor viene con nosotros. Nos lo acaba de decir el Evangelio al hablarnos de aquellos dos discípulos que se dirigían a un pueblo llamado Emaús. Sin ellos darse cuenta, iban acompañados por Uno al que luego reconocieron. En ocasiones, como ellos, tampoco nosotros nos demos cuenta de que el Señor camina a nuestro lado.

Y sin embargo cuando todo parece que se hunde, cuando no encontramos sentido a la vida, cuando estamos más abatidos Jesús, el Señor Resucitado, nos sale al encuentro y nos habla. Y con su palabra nos mete en la verdad de las cosas, nos descubre el sentido de los acontecimientos y, además, se pone a recorrer con nosotros el camino de nuestra vida, como lo hizo con los de Emaús.

Esto es muy consolador para todos y en especial hoy para vosotros, los familiares y amigos de N. Todos hemos venido a pedir al Señor que nos ilumine el sentido de la muerte de N. Algunos se habrán acercado a vosotros, familiares de N. estas últimas horas para deciros una palabra de consuelo. Tal vez os habrán dicho: "Os acompañamos en el dolor, os acompañamos en el sentimiento" , lo sentimos. o algo parecido. Y oír esto siempre se agradece porque significa solidaridad. Es un gesto de buena educación y de amistad.

Pero, parece como que es poco, como que necesitamos algo más. Y la única Palabra que puede llenar de paz vuestro corazón es la Palabra de Jesús, porque su Palabra hace que el dolor sea menos dolor. Entra en nuestro interior como un rayo de esperanza que nos inunda de paz.
Ser cristiano es tener la suerte de habernos encontrado con Jesús, como aquellos discípulos. Ser cristiano es ir descubriendo por propia experiencia personal, sin que nadie nos lo tenga que decir, que Jesús es el que da sentido a toda la vida, que Jesús es la alegría, la norma, el criterio a seguir, el principio y el fin de todo. Ser cristiano es poder decir, desde la propia experiencia, que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida.

1.-En primer lugar, DESCUBRIRLO COMO CAMINO. Jesús acertó en todo lo dijo y en todo lo que hizo y por eso el Padre lo levantó de la muerte y lo ha constituido Señor de todo. Si es el camino a seguir, habrá que escuchar lo que El dice para no desviarnos o no ir por otros caminos más fáciles pero que tal vez no conducen a ninguna parte o tienen mal fin.
Si El es el camino a seguir, habrá que subir con El las cuestas arriba (los momentos dolorosos) como habrá que bajar con El las cuestas abajo (los momentos alegres y gloriosos). La vida tiene de todo: luces y sombras, nubes y sol radiante, penas y gozos. Lo importante es que nos acompañe la luz de la fe y la compañía del que se sabe el camino.

2.- En 2° lugar DESCUBRIR A JESUS COMO VERDAD. Descubrir que la única verdad es vivir para amar. "El que no vive para servir, no sirve para vivir". El hombre sólo es hombre en el amor: cuando se acerca al que sufre y al que está olvidado.

3.- En tercer lugar, DESCUBRIR A JESUS COMO VIDA. Ser cristiano no es admirar a Jesús, sino tratar de vivir con sus mismas actitudes. Hablamos de "vida" cristiana. De la fe llevada a la vida. La vida sólo nos viene del amor de Dios, de amarle y de sentirnos amados por El. Lo mismo nos pasa a nosotros: somos felices en la medida en que damos vida haciendo felices a los demás, o recibimos de los otros acogida, comprensión, calor humano.

Este es un modo de caminar por esta vida. Siguiendo a Jesús por sus Caminos, viviendo en el amor que es la Verdad y dando y recibiendo Vida ayudando y sirviendo. Esta es una manera honda, lúcida, de entender la vida.
Nuestro hermano N. también habrá intentado ir por estos caminos, con tropiezos y ascensiones, como nos pasa a todos, pero teniendo fijos los ojos en el que es Camino, Verdad y Vida. Ahora recoge lo que sembró y recibe el premio de todo lo que dijo e hizo bien. Deseamos que el Señor le llene de su Vida. Que le perdone sus fallos e infidelidades y lo lleve a gozar de la Vida Nueva que El nos ha lo-grado a todos los que hemos quedado injertados en El por el Bautismo.
Como los discípulos de Emaús le decimos al Señor: "Quédate con nosotros". Y El a su vez nos dice a nosotros: poneos a mi mesa que yo os iré sirviendo.
Que el Señor en su misericordia nos ayude a vivir con la certeza de que El camina a nuestro lado y nos sostiene. Que no perdamos nunca la esperanza en los bienes que nos aguardan, de los que nuestro hermano N. está ya disfrutando.
Seguimos intercediendo por él, para que goce de la vida feliz que el Señor tiene reservada para todos aquellos que han intentado en este mundo hacer su voluntad.


Publicado por verdenaranja @ 21:26  | Homil?as
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