S?bado, 10 de junio de 2006
Jacinto B?t?z,
presidente de la Comisi?n Deontol?gica
del Colegio de M?dicos de Vizcaya.
Diario M?dico, 12 de mayo de 2006

Con dignidad

Los profesionales de la medicina procuramos el alivio del sufrimiento de los enfermos en fase terminal limitando el esfuerzo terap?utico para evitar tratamientos que no van a aportarles ning?n beneficio e impedir as? el encarnizamiento terap?utico o sed?ndolos, cuando no conseguimos aliviar el padecimiento tanto f?sico como ps?quico al final de sus vidas. A algunos de nosotros nos incomoda leer titulares como: la muerte del pentapl?jico reabre el debate de la eutanasia ?Por qu?? En primer lugar, porque ni lo de Ram?n Sampedro ni lo de Jorge Le?n se trata de eutanasia, sino de suicidio asistido. Si se quiere hablar de eutanasia, hag?moslo, pero no basados en estos ejemplos.
Hay quienes aprovechan para reabrir el debate sobre la eutanasia. Perm?tanme que yo prefiera hacerlo para dar esperanza a los enfermos y a sus familias que, padeciendo una enfermedad en fase terminal, no desean sufrir mientras llega la muerte. Pretendo en este art?culo dar el siguiente mensaje: para aliviar el sufrimiento del enfermo no es necesario eliminarle. Creo que es un buen momento para hablar de la sedaci?n en los enfermos en fase terminal. Y lo es porque han pasado ya varios meses desde el caso Leqan?s, y porque cuando se plantea el debate de la eutanasia, como ahora, se est? transmitiendo a los ciudadanos que la ?nica manera de aliviar el sufrimiento es provocando la muerte.

La sedaci?n en la agon?a se ha de considerar hoy como el tratamiento adecuado para aquellos enfermos que, en los pocos d?as u horas que preceden a su muerte, son presa de sufrimientos intolerables que no han respondido a las intervenciones paliativas con las que se ha intentado aliviarlos. Quienes padecen una enfermedad terminal presentan a veces en sus momentos finales alg?n s?ntoma que les provoca un da?o insoportable que puede ser dif?cil o, en ocasiones, imposible de controlar. Esto obliga al m?dico a disminuir la conciencia del enfermo para garantizar una muerte serena.

Ya s? que hay ideas confusas acerca de la sedaci?n en la agon?a. La necesidad de disminuir la conciencia de un enfermo en las horas anteriores a su muerte ha sido y es objeto de controversia en sus aspectos cl?nicos, ?ticos, legales y religiosos. Adem?s, quienes no conocen las indicaciones y la t?cnica de la sedaci?n o carecen de experiencia en medicina paliativa pueden confundirla con una forma lenta de eutanasia. Respetar la vida y la dignidad de los enfermos implica, cuando ya su curaci?n no es posible, los deberes cualificados de atender a sus instrucciones previstas, verbales o escritas, de no causarles nunca da?o y de mitigar su dolor y sus otros s?ntomas con la prudencia y energ?a necesarias. En la situaci?n de enfermedad terminal, la aut?ntica profesionalidad m?dica impone tambi?n la obligaci?n de acompa?ar y consolar, que no son tareas delegables o de menor importancia, sino actos m?dicos de mucha categor?a, elementos necesarios de la calidad profesional. No tiene cabida hoy la incompetencia terap?utica ante el sufrimiento terminal, ya tome la forma de tratamientos inadecuados, por insuficientes o excesivos, ya la del abandono.

Tiempo atr?s, cuando no exist?a una cultura sanitaria de cuidado y acompa?amiento al moribundo, la sedaci?n en la agon?a podr?a haber sido ignorada u objeto de abuso. Hoy, la correcta asistencia a estos enfermos implica que se recurra a ella s?lo cuando es rigurosamente necesaria. La sedaci?n representa, pues, el recurso ?ltimo que se aplica ante la inoperancia demostrada por los otros medios terap?uticos frente a los s?ntomas biol?gicos, emocionales o existenciales del enfermo. La sedaci?n, en s? misma, no es buena ni mala; lo que puede hacerla ?ticamente aceptable o reprobable es el fin que busca y las circunstancias en que se aplica.

La sedaci?n implica, para el enfermo, una decisi?n de profunda significaci?n antropol?gica: la de renunciar a experimentar conscientemente la propia muerte. Tiene tambi?n para la familia del paciente importantes efectos intelectuales y afectivos. Tal decisi?n no puede tomarse a la ligera por el equipo m?dico sino que hade ser el resultado de una deliberaci?n sopesada y compartida acerca de la ineludible necesidad de disminuir el nivel de conciencia del paciente como estrategia terap?utica.

El enfermo adecuadamente sedado no sufre. En contraste con lo que puede suceder a allegados o cuidadores, no tiene prisa alguna para que su vida termine pronto. Es, por ello, necesario evitar, en la intenci?n, en la palabra y en la acci?n, el m?s remoto indicio de que la sedaci?n en la agon?a se instaura para aliviar la pena de los familiares o la carga laboral de las personas que le atienden.

Creo que es l?cito tratar con energ?a el sufrimiento de un enfermo en fase terminal, incluso cuando ese tratamiento pudiera provocar el entorpecimiento o menor lucidez, o condujera a una hipot?tica anticipaci?n no querida ni buscada de la muerte, sino simplemente tolerada como efecto indeseado del tratamiento.

No he pretendido confrontar posiciones sobre la eutanasia ni convencer a quien la defiende, sino manifestar que los sanitarios estamos en disposici?n de evitar el sufrimiento no deseado. Tal vez las voces que se alzan para solicitar la despenalizaci?n de la eutanasia debieran hacerlo con la rnisma intensidad para solicitar la formaci?n acad?mica y reglada de una medicina paliativa que pueda universalizar su cobertura y as? podamos decir que morir bien no es un privilegio de algunos, sino un derecho que tenemos todos los ciudadanos.




Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios