S?bado, 10 de junio de 2006
Monse?or Javier Echevarr?a: "La riqueza es una responsabilidad social, un instrumento para aliviar la miseria del mundo".
Vittorio Messori

5.06.06 LA RAZ?N


El hombre que tengo ante m? es obispo, y como tal, tiene derecho al t?tulo de "excelencia", no de "eminencia", reservado a los cardenales, pero que ha sido utilizado constantemente por Dan Brown. Un peque?o, pero significativo detalle de lo ajena que le resulta la Iglesia sobre la que jura haberse informado con rigor. El americano es, adem?s, alguien para quien los numerarios del Opus Dei, orgullosamente laicos, al parecer son "monjes" y llevan una saya negra con capucha. Y no ?como ocurre en la realidad? vestidos normales, similares a los de cualquier otro.

En cualquier caso, el sacerdote con el que converso en su estudio lleva una simple vestidura talar negra y s?lo quiere ser llamado "Padre". "Padre", le digo en consecuencia, "?me permite ver su anillo episcopal?". Me mira sorprendido pero, afable como es, se lo quita. Lo examino; un ligero c?rculo de oro con una incrustaci?n de coral y una Virgen con un Ni?o. Me vienen a la cabeza ciertas tiendecitas de Sorrento. Sacudo la cabeza. No. ?l rehuye la masa de cr?dulos. Ni siquiera en esto se adecua a su contra-figura: Su Eminencia Manuel Aringarosa, Prelado del Opus Dei a la b?squeda, cueste lo que cueste -cuatro homicidios incluidos- de "El C?digo Da Vinci". Brown asegura que su anillo es ?leo?"de oro macizo, constelado de amatistas y diamantes y con los emblemas de la mitra y el b?culo".

Monse?or Javier Echevarr?a, madrile?o con ascendencia vasca,74 a?os y durante treinta secretario del fundador, Escriv? de Balaguer, y su segundo sucesor como Prelado de la "Sociedad de la Santa Cruz y del Opus Dei", sonr?e: "Ese fantasioso se?or nos ha aportado ganancias -y no s?lo en d?lares- mientras muchos otros nos agreden: seg?n las ense?anzas de nuestro Padre, rezamos con el mismo fervor por quien nos alaba que por quien nos difama". "Naturalmente -le digo- usted conocer? bien el libro". "En absoluto, s?lo lo he hojeado. No puedo perder el tiempo con novelitas para cr?dulos. Sin embargo, no la rechazamos por lo que dice sobre nosotros, son las t?picas cosas que nos hacen sonre?r. Lo que me duele de verdad son los delirios grotescos sobre Nuestro Se?or y sobre nuestra Santa Madre Iglesia. Que digan lo que quieran sobre la Obra, pero que no blasfemen sobre la fe". El obispo sabe bien que, a requerimiento tambi?n de Leonardo Mondadori, que hab?a vuelto a la fe junto a ellos, me dediqu? un a?o entero a documentarme sobre el Opus y saqu? un libro. Conozco, por tanto, la leyenda negra que los acompa?a desde sus comienzos, pero le pregunto tambi?n a ?l lo mismo que le pregunt? a su predecesor, ?lvaro del Portillo, en cuyo proceso de beatificaci?n he testimoniado.

De retiro en Manhattan.
"?Por qu? este encarnizamiento con el Opus Dei?" La respuesta es clara: "Porque se conoce nuestra fidelidad al Papa, a la Iglesia, nuestro rigor en cuanto a la ortodoxia de la fe. Se nos ataca a nosotros para atacar estas realidades: no somos m?s que la criatura hip?crita de una Iglesia cat?lica que no puede dar m?s que frutos envenenados. Y adem?s porque, cuando ya no se cree en el diablo, en el verdadero, se buscan otros imaginarios. La p?rdida de la fe lleva siempre a la superstici?n..."

Como todos los americanos, Brown gira siempre y s?lo alrededor de los "States", parece como si creyera que hasta la sede central de la Prelatura no estuviera en este edificio de Monti Parioli sino en un rascacielos de Manhattan que le obsesiona, como prueba de la riqueza y del poder de la Obra. La r?plica viene del portavoz, presente en el coloquio: "Nuestra vocaci?n es llamar a cada hombre a santificarse a trav?s del trabajo. No pod?amos no echar ra?ces en la capital profesional del mundo, Nueva York. Ten?amos una sede en la periferia, pero era dif?cil llegar hasta all? y, a petici?n de amigos y agregados, decidimos no s?lo concentrar en la "City" las oficinas para toda Am?rica, sino construir all? una sede para los ejercicios espirituales, una de las claves de nuestro apostolado. ?El ?nico lugar de retiro y de silencio en el coraz?n de Manhattan, una especie de monasterio metropolitano! Pero, con sus 17 pisos, el edificio no s?lo es un "enano" al lado de los aut?nticos rascacielos que lo rodean, sino que, adem?s, est? construido en un ?rea min?scula, un lugar donde antes hab?a una gasolinera. La superficie del local equivale a un peque?o edificio de cuatro plantas". Brown precisa el coste: 47 millones de d?lares. La respuesta del portavoz es inmediata: "En Roma, por iniciativa de nuestro miembros, se est? construyendo un modern?simo policl?nico, el Campus Bio-M?dico, abierto a todo aquel que lo necesite. Las obras van a buen ritmo, el valor final rondar? los 250 millones de euros. Siempre en Roma, desde hace cuarenta a?os gestionamos un gran centro profesional, el ELIS, del que han salido m?s de 10.000 j?venes especializados. J?venes de barrio que, gracias al oficio que aprenden, son apreciados y pueden vivir bien".

M?s que dinero, generosidad. "En todo el mundo la gente del Opus Dei crea y se hace cargo de las m?s diversas obras sociales: centenares de millones de d?lares que no provienen de la Obra -que est? s?lo al servicio de la formaci?n espiritual- sino de la generosidad de los 85.000 hombres y mujeres que forman parte de ella y que viven el esp?ritu del fundador". Interviene el prelado: "Recuerdo que una vez San Josemar?a fue a visitar al Papa Roncalli, que nos quer?a mucho. Paternalmente, le pic?: "Monse?or, ?es cierto que tienen ustedes bancos?" Respondi? don Josemar?a: "?Falsedades, Santidad, por desgracia. Pero si los tuvi?ramos podr?amos hacer mucho m?s bien del que ya intentamos hacer!". Una respuesta en la que se encuentra una de las claves de la perspectiva del Opus Dei: la riqueza no como culpa o pecado por expiar, sino como responsabilidad social, como instrumento para aliviar la miseria del mundo".

Transparencia.
El 17 de mayo se cumpli? el aniversario de la triunfal beatificaci?n de Escriv? de Balaguer; y precisamente ese d?a "El C?digo Da Vinci" inaugur? el festival de Cannes. Esa misma tarde, como ?nica medida contra el estreno, la Prelatura abri? las puertas del centro ELIS, en el Tiburtino, a todo aquel que quisiera, para mostrar qu? se hace y c?mo se trabaja en realidad en la Obra. Que no ha dado, ni dar? indicaci?n alguna a sus miembros para que boicoteen el filme o los productos de la Sony. Me dicen: "Si alguien decide hacerlo, es cosa suya y de su libertad. Nosotros s?lo recomendamos multiplicar el esfuerzo para recordar cu?l es la verdad sobre los Evangelios y sobre la Iglesia". El embargo sobre la pel?cula ha sido total, pero algo se iba filtrando: se dec?a que ?quiz? por prudencia? la Sony, productora del film, habr?a borrado el nombre "Opus Dei", aludiendo s?lo a una secta oscurantista no precisada. Sin embargo, s? que aparece la Obra con su nombre.

Citando un refr?n americano ?"Transformar los limones en limonada"?, la Prelatura no s?lo ha evitado toda pol?mica, sino que ha encontrado en la difamaci?n una buena oportunidad. Las visitas a su p?gina web (en Espa?a, "www.opusdei.es") son ya, en el mundo, unos tres millones al mes, adem?s de los innumerables impactos en prensa y televisi?n. La estrategia de la transparencia ("mostrar al Opus Dei como es, no polemizar con el c?mo no es") est? dando resultados sorprendentes, ampliando el n?mero de amigos y simpatizantes.

Una ?ltima, in?dita noticia: en el famoso minirrascacielos de Nueva York, el responsable americano de la Obra y el de las Doubleday Editions anunciar?n una reedici?n, de tirada elevad?sima, de "The Way" (Camino). El librito que contiene las 999 m?ximas de San Josemar?a Escriv?, el manual de formaci?n espiritual para los disc?pulos de la fuente del Mal, seg?n Brown. Pero, he aqu? la sorpresa: Doubleday es la editora de "El C?digo Da Vinci". En el mismo cat?logo se encontrar?n, por tanto, "veneno" y "ant?doto", cada uno podr? comparar y juzgar. Como me repet?a monse?or Javier Echevarr?a, "para nosotros, que creemos en la Providencia, no hay mal que por bien no venga..." .




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