S?bado, 10 de junio de 2006
(Alfa y Omega 24 de marzo de 2005) Se recoge un amplio extracto del art?culo de Robert Spaemann El sentido del sufrimiento, que acaba de ser publicado en Humanitas, revista de Antropolog?a y Cultura, de la Pontificia Universidad Cat?lica de Chile.


(Con dignidad) La pregunta acerca del sentido del sufrimiento es la pregunta acerca de la experiencia de la falta de sentido, pues justamente en esa experiencia consiste el verdadero sufrimiento. ?Qu? sentido tiene la experiencia de lo sin-sentido? ?Tiene esa pregunta alg?n sentido? Es seguro que no apunta hacia ning?n tipo de instrucciones para conseguir experiencia (lit. praxis): el sufrimiento es el l?mite de la praxis. El sufrimiento es aquello contra lo cual yo, al menos de momento, nada puedo hacer. La r?plica de quien, hablando del sentido del sufrimiento, afirmase que debe ser combatido all? donde se d?, justifica de hecho el sufrimiento, y no debe ser tenida en cuenta como tal r?plica. Porque no se pregunta c?mo podemos disminuirlo, sino qu? sentido tiene aquella situaci?n en la que todos nuestros esfuerzos para disminuirlo o evitarlo llegan a un l?mite. Todos experimentamos alguna vez tales situaciones: los esfuerzos humanos llegan a su fin, y sucede lo que no queremos. El tema sentido del sufrimiento es id?ntico al tema sentido de lo que no queremos, de lo que nadie puede querer para s? mismo.


Miedo ante el sufrimiento

Si alguien, de quien se pudiera suponer que sufre menos que otros, hablase sobre el sufrimiento, se le podr?a objetar: ?Para ti es f?cil hablar; deber?as antes pasar por una situaci?n de verdadero sufrimiento: se te acabar?a entonces el discurso?. Pero ?sta no es tampoco una r?plica razonable, pues si yo sufriera de manera extrema por un instante, me encontrar?a entonces, de hecho, en una situaci?n en la que nada podr?a decir sobre el sentido del sufrimiento. No hay l?mites exactos entre sufrir y no sufrir; y no los hay, porque al hombre ?como dijo Thomas Hobbes? el hambre futura ya le convierte hoy en un hambriento. Tenemos miedo del sufrimiento, y ya ese mismo miedo es sufrimiento.
Pero el sufrimiento es algo distinto del dolor f?sico. El temor ante el dolor f?sico es, con frecuencia, peor que el propio dolor. Y siendo esto as?, el miedo ante el sufrimiento es con frecuencia miedo del miedo. El temor ante la muerte no es en realidad miedo a estar muerto, sino miedo ante la situaci?n en la que ?mi coraz?n se llenar? del m?ximo temor?.
Sufrir es un fen?meno complejo. Hay un grado moderado de dolor f?sico que de ning?n modo podemos denominar sufrimiento. El hambre, por ejemplo, tiene el sentido de mover a un ser vivo a que se preocupe por la comida. Una sensaci?n aguda de hambre no supone ning?n sufrimiento para el que sabe que, dentro de cinco minutos, se sentar? ante una mesa bien provista. Sin embargo, la misma hambre es un sufrimiento para otra persona que sabe que, en un tiempo razonable, no va a tener nada que comer; esto se convierte entonces en sufrimiento.
El dolor corporal como tal es sufrimiento cuando devora todas las perspectivas positivas o negativas de futuro. Si ese dolor se va, se va de una manera notablemente perfecta. Los dolores desaparecidos gustan en cuanto tales, nada se tiene ya contra ellos; s?lo queda la alegr?a de que han pasado. El mal (moral) pasado, por el contrario, sigue siendo mal, y es objeto de pesar.
All? donde no se acierta a integrar una determinada situaci?n dentro de un contexto de sentido, all? comienza el sufrimiento. El t?rmino alem?n sufrimiento tiene, de manera an?loga a sus t?rminos correspondientes en otras lenguas, un doble sentido. Significa tristeza (infelicidad, desagrado...), y tambi?n sencillamente pasividad (en el sentido de passibilitas), o, por decirlo a la moda, frustraci?n. La pregunta acerca del sentido del sufrimiento es, ante todo, una pregunta parad?jica. Apenas es posible darle una respuesta teor?tica, pues tal pregunta quedar?a resuelta si desapareciera, pero no desaparece porque se resuelva.
El sufrimiento en la sociedad
moderna y en la primitiva

La sociedad moderna concentra sus esfuerzos en la evitaci?n y en la disminuci?n del sufrimiento. Los m?todos y t?cnicas para evitar el sufrimiento tienen, sin embargo, por desgracia, efectos parad?jicos. Tomados en su conjunto no aumentan la felicidad, ya que transforman el horizonte de las expectativas, y no eliminan con ello la discrepancia entre lo que cre?amos poder esperar y lo que realmente sucede.
Cuando leemos con frecuencia que algunos colegiales se suicidan porque han llevado a casa malas notas, no cabe buscar la raz?n simplemente en que el juicio sobre las calificaciones escolares sea en los padres de hoy m?s severo que en los del siglo XIX. La raz?n est? m?s bien en un ?ndice m?s bajo de tolerancia respecto de las sensaciones de frustraci?n. Konrad Lorenz ha hablado del creciente infantilismo que impulsa sin cesar hacia una inmediata satisfacci?n, y que incapacita por ello para soportar situaciones en las que no se da una satisfacci?n inmediata. Aqu? es donde acaece el verdadero sufrimiento: de una actitud motivada absolutamente por el intento de evitar el sufrimiento. Max Scheler ha mostrado que las formas m?s altas de felicidad son aquellas que no se pueden alcanzar directamente. Una civilizaci?n fundamentada en el lamento, en la que cada uno tiende a compadecerse de s? mismo y a quejarse de su nefasta situaci?n, apenas tiene ya impulso para hacer a los hombres felices. En la literatura psicoanal?tica se dicen muchas cosas sobre el triunfo del placer, pero nunca se habla de la alegr?a. La alegr?a guarda relaci?n con la experiencia del agradecimiento. Cuando la alegr?a es vista s?lo como exigencia de felicidad, se pone en movimiento un automatismo que imposibilita la felicidad. Cuando se utilizan m?s los psicof?rmacos para suprimir molestias normales, para evitar sensaciones de malestar, para disminuir todo temor o nerviosismo, disminuye tambi?n, l?gicamente, la intensidad de la felicidad.
En las sociedades primitivas hay figuras (el mendigo, la viuda...) relacionadas con el sufrimiento que nosotros hemos perdido. En ellas se cuenta con el sufrimiento que desarrolla su rol, su funci?n. Dicha funci?n hace posible transformar, hasta cierto punto, el propio sufrimiento en actividad, ya que cada rol exige del que lo desempe?a un cierto rendimiento. El sufrimiento no es propiamente algo que no debe suceder, y que si sucede convierte al paciente en v?ctima, en objeto pasivo de auxilios. El sufrimiento est? all? previsto. Vivimos en una sociedad din?mica que, a diferencia de las sociedades primitivas, tiende a la abolici?n del sufrimiento. Pero la realidad es que una tal sociedad con su creciente actividad, cuando llega al l?mite m?s all? del cual no puede disminuir el sufrimiento, no tiene ya nada m?s que decir.
Era propio del primitivo dominio del sufrimiento una particular ritualizaci?n de las situaciones extremas. Nuestra sociedad, sin embargo, es incapaz de hacer algo semejante con la muerte, que es desviada hacia el anonimato de las cl?nicas. En ning?n sitio se habla de ella y, desde luego, de ning?n modo con los moribundos. Pero, sobre todo, ya no se ense?a a morir. Los ni?os ya no ven c?mo mueren los ancianos; no se ense?a a morir, y as? la mayor parte de la gente se encuentra con la muerte por vez primera en la suya propia. En la sociedad primitiva morir no significaba verse forzado a una actitud de pura pasividad: el morir pertenec?a a la plena realizaci?n de la sociedad.
La extremada concentraci?n en el puro evitar el sufrimiento, renunciando a cualquier interpretaci?n, es la eutanasia. Cuando ya no se puede detener el sufrimiento, se acaba con la vida, pues una tal existencia ya no tiene sentido. Plantear la pregunta sobre el sentido del sufrimiento en este contexto es un s?ntoma del aislamiento del hombre, para quien el cosmos ya no es una patria, sino que se siente realmente desprotegido, como solo ante ese silencio del espacio infinito del que habl? Pascal.

Materialismo: la apuesta
por la praxis


Hay dos maneras de dificultar una respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Una de ellas es el naturalismo o materialismo, cuya postura se fundamenta en que el sentido est? ligado al obrar del hombre, fuera del cual no existe ning?n sentido. El sentido termina all? donde la praxis llega a su t?rmino, all? donde tropieza con la invencible naturaleza. El sufrimiento no es un sin-sentido, pues la naturaleza ?que no es ni buena ni mala? no guarda absolutamente ninguna relaci?n con el sentido, sino que es el reino de la necesidad. Lo necesario es aquello que no se puede cambiar. Ante ello es absurdo (sin-sentido) preguntar por un sentido.
Algo semejante ocurre con la pregunta sobre Dios. Existe una tendencia en la teolog?a contempor?nea a unir el discurso sobre Dios exclusivamente con la praxis. Esa teolog?a no tiene en el fondo nada que decir a quien no tiene capacidad de obrar, a quien s?lo padece y cuyo obrar podr?a consistir, en todo caso, en transformar ese sufrimiento en una relaci?n con Dios, es decir, en oraci?n. Detr?s de lo que decimos est? la m?xima de evitar incondicionalmente el sufrimiento.


Estoicismo y budismo

Los estoicos hab?an desarrollado una doctrina sobre la evitaci?n del dolor que no estaba ligada con la actividad transformadora del mundo, sino que dejaba al mundo tal como es. Su pregunta sonaba as?: ?qu? podemos hacer para que lo que sucede no sea experimentado como sufrimiento, es decir, para que no disminuya nuestra libertad? Si yo consiento desde el principio con la necesidad, si acepto desde el principio voluntariamente lo que no puedo cambiar, entonces no puede sucederme realmente nada adverso. Entonces soy tan libre como Dios. Entonces tampoco Dios puede hacer nada contra m?, porque si yo, desde el principio, ante lo que ?l me env?a, digo: ?Eso es justamente lo que yo quer?a?, entonces ?l no puede hacer nada que vaya contra mi voluntad.
Los propios estoicos eran conscientes de que la posesi?n real del m?todo estoico, de la apat?a (la impasibilidad), nunca se ha dado verdaderamente. Adem?s, tampoco pod?an negar que el dolor f?sico puede alcanzar tal grado de intensidad, que nos condene contra nuestra voluntad al sufrimiento. S?lo quedaba entonces para ellos un recurso ?el suicidio? como ?ltimo acto de afirmaci?n de libertad.
Una forma a?n m?s consecuente y extrema de evitar el sufrimiento se da en el budismo. Su programa tiende a una anulaci?n del sufrimiento justamente a trav?s de la anulaci?n de la voluntad. Si el sufrimiento es frustraci?n, obst?culo para algo que yo quiero, entonces la soluci?n m?s segura es, l?gicamente, salir al encuentro de lo que de ning?n modo quiero. Los estoicos quer?an afirmar su libertad en el yo. El budismo pone en ese mismo yo la condici?n de posibilidad del sufrimiento; a trav?s de la praxis meditativa debe desaparecer el yo: entonces se desvanece tambi?n el sufrimiento.
En todas estas soluciones se trata siempre de evitar el sufrimiento, y no de plantear la pregunta sobre su sentido, porque el sufrimiento es en s? mismo lo sin-sentido, aquello que yo no puedo asociar a ning?n sentido por m? mismo.


La ilimitada totalidad de sentido

La cuesti?n sobre el sentido del sufrimiento es espec?ficamente b?blica. Presupone la fe en una ilimitada totalidad de sentido. S?lo donde se acepta y se cree en un sentido universal, como sucede en la religi?n b?blica, llega a ser planteada como tal la pregunta sobre el sufrimiento. La pregunta sobre el sentido del sufrimiento, adem?s, presupone el hecho real de que vivimos en un mundo que nos es com?n, en el que seguimos los m?s divergentes fines; y que existe un mundo externo al hombre que es indiferente respecto a los gustos de cada cual y que, por eso, le opone resistencia.
El Nuevo Testamento, en la pasi?n de Cristo, nos sit?a de manera extrema ante la dolorosa experiencia de la falta de sentido: ?Dios m?o, ?por qu? me has abandonado?? Jes?s reza un vers?culo de un salmo, y representa el papel del Siervo sufriente de Dios del Antiguo Testamento. El sentido es la experiencia de la falta de sentido. No cabe ver en esa historia de la Pasi?n ning?n vestigio del hero?smo estoico. La pasi?n de Jes?s est? descrita expresamente como algo que se hace contra su voluntad. A ella pertenece el ruego que dice: ?Haz que este c?liz pase de m??. Si nos preguntamos por el sentido cristiano del sufrimiento, debemos considerar c?mo es interpretada la Pasi?n de Jes?s en el Nuevo Testamento. Hay en ?l dos pasajes centrales que ofrecen esa interpretaci?n, uno del ap?stol Pablo, quien afirma que Jes?s se hizo ?obediente hasta la muerte?, y otro de la Ep?stola a los Hebreos, en el que de manera a?n m?s fuerte se dice que ?aprendi? a obedecer a trav?s del sufrimiento?


Sufrimiento y desobediencia

?Qu? significa esto? En esos pasajes se presupone que los hombres en su conjunto viven en un estado que no es el normal. El sufrimiento se manifiesta como el reverso pasivo del mal, que ha sido causado por la desobediencia. El cristianismo ense?a que todos nos encontramos en una situaci?n como la descrita. La doctrina cristiana sobre el pecado original no dice sino que todos vivimos en un contexto general de culpa, en el que todos entran a formar parte cuando comienzan a pertenecer a la sociedad humana. No se trata de que cada uno sea s?lo una v?ctima pasiva, sino de que cada uno forma parte del juego, participa en la injusticia que cada uno comete contra los otros.
La desobediencia es no escuchar, no o?r el sentido del todo. S?lo puede representar bien su papel quien presta atenci?n a las ?rdenes del director y escucha el papel de los otros. El tirano monologa: el sentido s?lo es para ?l su sentido. Trata activamente de imponerlo sin consideraci?n al sentido del conjunto, en el que los obedientes proyectos de sentido de los co-actores podr?an ser tambi?n desarrollados. El culpable debe experimentar c?mo se siente la v?ctima.
La interpretaci?n cristiana del sufrimiento dice, seg?n creo, que los hombres viven en un contexto general de culpa que se caracteriza porque cada uno se ve a s? mismo como el punto central (el ombligo) del mundo. Ese contexto de culpa s?lo puede ser eliminado si es experimentado como sufrimiento. Mientras el malo encuentre aceptable y perfectamente en orden vivir a costa de los dem?s, ?para qu? cambiar la situaci?n? El que sufre se ve obligado a experimentar la falsedad de la situaci?n. Esto se ha puesto de relieve constantemente en la tradici?n cristiana. Todos los grandes santos y doctores de la Iglesia han entendido el sufrimiento como el irremediable reverso de la arbitrariedad individual, por el que el hombre vuelve a ser conducido a la verdad.
Eichendorff dice: ?T? eres el que destruye dulcemente sobre nosotros lo que construimos, para que miremos al cielo; no me quejo de eso?. Aqu? se ve de nuevo que, en nuestras reflexiones, no se trata nunca de un sufrir superficial que pudiera ser evitado. Un padecer evitable no tiene ya el car?cter de educaci?n en la obediencia en el sentido neotestamentario. El sufrir se experimenta con mucha mayor intensidad justamente all? donde hubo antes una intensa actividad, y esa actividad fracasa. Lutero cuenta la historia de un misionero que no convierte a nadie y combate contra el destino. Dice Lutero: La voluntad de ese hombre no era buena, porque ?es se?al segura de mala voluntad que no sea capaz de soportar los obst?culos?. Cristo est? dispuesto a aceptar tambi?n el fracaso de sus esfuerzos humanos, como voluntad del mismo Dios que le exige esa actividad.
All? donde alcanzamos el l?mite de nuestra capacidad de obrar, all? nos encontramos con el sufrimiento del que aqu? hablamos. Adem?s, cualquier discurso sobre el sentido del sufrimiento s?lo tiene plenitud de sentido en cuanto discurso sobre el propio sufrimiento. En el sufrimiento ajeno s?lo hay para m? una llamada a mitigarlo. No significa esto que ?con puras t?cnicas modernas de disminuci?n del dolor? se le evite a la persona esa situaci?n que le impidiera alcanzar la plena madurez de su humanidad. Eso s?lo ser?a una c?moda huida de la verdadera y profunda solidaridad. La verdadera solidaridad significa ayudar a encontrar el sentido del sufrimiento.

El consuelo del sentido

En el sufrimiento hay siempre un momento de comprensi?n. Su sentido aparece s?lo puntualmente, como ?una luz que alumbra lo que piso? (lit. luz para mi pie) y no como iluminaci?n de todo el terreno. Yo he podido ser testigo en Lourdes de c?mo un enfermo quedaba curado de una manera incomprensible para la medicina. No fue la curaci?n lo que me produjo la impresi?n m?s honda, sino los enfermos que se iban de Lourdes sin haber sido curados. El mayor milagro de Lourdes es la serenidad de los que la abandonan sin ser curados. ?C?mo puede suceder eso? Tal realidad est? relacionada con el hecho de que para ellos la curaci?n milagrosa de alguno les hace entender que el sufrimiento que padecen no es un fatal destino. Si Dios puede curarme, debe tener un motivo para no hacerlo. Un motivo, es decir, ?un sentido!, y el sentido consuela.
La actividad curativa de Jes?s no consisti? en sanar a todos los hombres, sino puntualmente a uno o a otro. Su actividad que sana al mundo s?lo se hace visible de vez en cuando, lo suficientemente visible para que el creyente sepa en Qui?n cree y por qu?. El sentido del sufrimiento es una paradoja. ?l no puede por s? mismo estar lleno de sentido, sino cumplir una funci?n de referencia al sentido. S?lo bajo el presupuesto de que existen Dios y el pecado, puede cumplir el sufrimiento su funci?n. Y el sentido del sufrimiento es, entonces, ayudar al que lo padece a refugiarse en Dios, en Quien podr? encontrar todas las dem?s posibilidades de felicidad. El escritor ingl?s C.S. Lewis escribi? una vez que es evidente que para Dios no es una desgracia ser el tapa-agujeros. La mayor parte de los hombres se encontrar?an maltratados en su dignidad si alguien acudiera a ellos s?lo porque no queda m?s remedio. Dio ? dec?a Lewis? no es tan bueno consigo mismo.
Podr?a decirse: ?La religi?n es el opio del pueblo?. ?Por qu? no? Cocteau escribi? que se debe recibir la comuni?n como una tableta de opio. Los que consumen drogas dicen que tienen el efecto de ?aumentar la consciencia?. Se dice con ello que alguien, en una situaci?n de extremo vac?o, puede agarrarse a algo que le lleva a sentirse como si no tuviese ninguna necesidad. Experimentar la privaci?n es necesario para la vida, es vital. Quien nunca tiene hambre est? enfermo, porque el hombre necesita alimento. El hambre es s?lo el indicador de que lo necesita. El hombre debe tener hambre.
Si el hombre no alcanza objetivamente su destino sin Dios, la exigencia subjetiva de un sentido absoluto, la necesidad de Dios, es una muestra de salud. Y la no necesidad de Dios, un defecto. Lo que ponga al hombre en la ocasi?n de descubrir subjetivamente la necesidad de Dios, es un medio para alcanzar la salvaci?n.


?Todos los que sufren entienden el sentido?

Quedan a?n dos cuestiones por tratar. La primera, ?qu? sucede con el dolor al que no le podemos encontrar un sentido?; ?qu? sucede con el dolor de los animales, con el dolor de los ni?os peque?os? Nos situamos aqu? ante una oscuridad que no podemos penetrar. No sabemos qu? es el dolor para un ser que no entiende el sentido (incapaz de preguntarse por el sentido), un ser que tampoco experimenta el sin sentido porque se mueve en una perspectiva no trascendente. Para un ser as? s?lo es puntualmente real el dolor actual. Qu? sea el dolor para ?l no es comprensible para nosotros ni positiva ni negativamente. Sabemos que experimenta el dolor. Lo vemos. Pero no podr?amos decir que sufre, porque el sufrimiento es un fen?meno complejo al que le pertenece la experiencia de la falta de sentido, la cual s?lo tienen los seres capaces de entender el sentido.
A esto se a?ade que el dolor no es algo acumulativo a muchos individuos. El dolor es siempre mi dolor, y el dolor de miles de hombres no es ni peor ni mejor que el dolor de uno solo, no es sino el dolor de miles de individuos singulares. El dolor de un solo hombre plantea el mismo problema que el dolor de miles de hombres. Auschwitz no plantea ning?n problema de teodicea que no estuviera ya planteado desde Ca?n y Abel. Todo esto no son sino pr?logos a los que no sigue ning?n ep?logo, porque estamos ante una situaci?n que no sabemos interpretar. La Sagrada Escritura nos dice que el sufrimiento de la criatura tiene su ?ltimo fundamento en la desobediencia del Pr?ncipe de este mundo, y que ser? tambi?n objeto de una redenci?n.


El sufrimiento vicario

La segunda cuesti?n, que es central para una interpretaci?n cristiana del sufrimiento, se refiere al sufrimiento vicario, es decir, al sufrimiento de quien en s? mismo no es culpable, sino que padece por otros. Esta noci?n es insustituible para la tradici?n cristiana. Para acercarnos a ?l, imaginemos una familia o un grupo ?ntimo de personas que sufre una alteraci?n: los unos se enfrentan a los otros agresivamente. Para cada uno s?lo los otros son los malos; todo ir?a bien si los otros fuesen de otra manera. Supongamos ahora que entre ellos existiese uno sano, es decir, uno que no tomase parte en esa situaci?n. ?l s?lo sufre por ellos. Y supongamos que carga sobre s? mismo las agresiones de los dem?s, de modo particular las que recibe ?l mismo. Se convierte en la oveja negra, pero no por ser malo, sino, precisamente, porque no lo es. Su sufrimiento es un reproche para los otros. Y entonces ocurre algo espantoso: es herido y muerto. Podemos imaginar que esa muerte produjera una catarsis; que los otros descubrieran que ?l hab?a padecido porque ellos hab?an combatido entre s?. ?l hab?a asumido ?ntimamente aquella situaci?n como sufrimiento. Su padecimiento era sustitutorio, porque realmente eran ellos los que deb?an haber sufrido. Y as?, se produce una transformaci?n de la entera situaci?n. Ahora todos sufren; ante todo por aquella pasi?n y muerte, pero tambi?n porque tal cosa haya sido posible.

Si hablamos del sufrimiento vicario de Jes?s, nos situamos ante un sufrimiento que se corresponde al absurdo del mal en toda su profundidad. Lo que Cristo ense?aba era el sentido. Sencillamente, el bien. Ense?aba una situaci?n del mundo tal y como deber?a ser; y justamente ah? fracas?. El sufrimiento que padeci? es el sufrimiento por el fracaso del sentido absoluto: es el sufrimiento absoluto. Ese sufrimiento es comprendido en el Nuevo Testamento como sufrimiento vicario. Y as?, en toda la tradici?n cristiana ha sucedido que los que sufren se han visto en una misteriosa relaci?n con el mundo y sus culpables enredos, y han entendido el sufrimiento como una ayuda para dar la vuelta a esta situaci?n de culpa.

La hora del G?lgota es la hora de la verdad. Cuando el mismo Dios, bajo figura finita, muere, destruye la enemistad en su propia persona, y de ese modo tiene lugar lo que en el Nuevo Testamento se designa como resurrecci?n. ?sa es, ciertamente, la ?ltima respuesta del cristianismo a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Sobre ella se debe hablar, porque sin la supresi?n del sufrimiento no tiene ?ste ning?n sentido. Sentido del sufrimiento s?lo puede significar la integraci?n del sufrimiento en un contexto absoluto, donde al final ya no sea sufrimiento. El sufrimiento aparentemente total s?lo alcanza a tener sentido cuando ha sido ya relativizado por una m?s total alegr?a.
De eso se habla en el Nuevo Testamento cuando Jes?s llama bienaventurados a los tristes, ?porque ser?n consolados?. Es posible, como se ha hecho, llamar absurda a esa esperanza, pero sin ella la respuesta al sufrimiento no es una respuesta cristiana. Y debe quedar muy claro que, fuera de esa perspectiva, de ning?n modo se puede hablar del sentido del sufrimiento. El sufrimiento s?lo puede tener sentido si es relativo, y s?lo es relativo si todos los sufrimientos pueden ser suprimidos. El sufrimiento s?lo es suprimido cuando el sufrimiento de cualquier hombre se transforme en alegr?a. De eso se habla en el Apocalipsis, al final del Nuevo Testamento: ??Mira, ?sta es la morada de Dios con los hombres! ?l habitar? con ellos y ellos ser?n su pueblo, y el Dios con ellos ser? su Dios. Enjugar? toda l?grima de sus ojos y ya no habr? muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque lo anterior ha pasado (...) Mira, hago nuevas todas las cosas?. S?lo desde esa perspectiva puede hablarse de un significado cristiano del sufrimiento.

Robert Spaemann
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