Martes, 13 de junio de 2006
13 de Junio

Juan Mart?n Velasco reflexiona sobre el informe publicado por la Fundaci?n Santa Mar?a acerca de la Juventud espa?ola.


Es el t?tulo del ?ltimo informe sobre la juventud, publicado por la Fundaci?n Santa Mar?a. Sus datos muestran una "precipitada aceleraci?n del proceso de secularizaci?n" de la que son indicios inequ?vocos: los j?venes que se conside?ran cat?licos han pasado, en diez a?os, del 77%, a menos del 50; el n?mero de los que creen en Dios ha descendido diez puntos desde 1999; el de los ateos, agn?sticos e indiferentes se ha elevado al 46%; casi el 70% declara no asistir nunca o casi nunca a misa, y s?lo el 5% dice asistir semanalmente; la Iglesia ocupa el ?ltimo lugar entre las instituciones en el aprecio de los j?venes. Por otra parte, el panorama se ensombrece si se tiene en cuenta que la juventud aparece, desde el punto de vista ?tico, "inmadura e irresponsable", y que los j?venes se presentan a s? mismos como "consumistas, ego?stas, preocupados s?lo por el presente, con escaso sentido del deber y del sacrificio", y se confiesan "escasa-mente maduros, generosos, trabajadores, solidarios y leales en la amistad".
La lectura del Informe me tra?a a la memoria un texto de ese profeta del siglo XX que fue Fernando Urbina: "La gran voz silenciosa de Dios nos habla tambi?n a trav?s de todo lo real. Los datos de una encuesta, las experiencias aportadas por los m?todos activos y la grande y ahogada voz del pueblo [...] son trozos de realidad viva; son palabra de Dios". ?Sabremos escuchar lo que el Esp?ritu dice a la Iglesia que est? en Espa?a a trav?s de los datos de este informe?
Condici?n indispensable para esa escucha es que estudiemos con toda aten?ci?n y con todos los recursos a nuestro alcance los datos que el informe nos ofrece, y sin pensar que la teolog?a o nuestra condici?n de eclesi?sticos nos garantizan una visi?n infalible, una interpretaci?n correcta y una valoraci?n ade?cuada de la realidad socio-cultural y religiosa. La escucha exige que nos dejemos interpelar por los hechos, sin buscar chivos expiatorios sobre los que cargar la responsabilidad de la situaci?n, y viendo en ella una llamada a la conversi?n personal y a la siempre necesaria reforma de las estructuras. Ser?a iluso, adem?s, pensar que un solo estamento de la Iglesia, ni siquiera el jer?rquico, puede hallar una respuesta adecuada a una situaci?n tan cr?tica. De la jerarqu?a cabe esperar que convoque a todos; que dialogue con todos, escuchando a las muchas personas ?fieles y menos fieles, incondicionales y menos incondiciona?les? que tienen algo que aportar; y que anime a todos, por supuesto con toda la sabidur?a de que sea capaz, pero, sobre todo, con el ejemplo de una vida verdaderamente evang?lica que movilice al conjunto de la Iglesia. A los que no seamos capaces de ese ejemplo de vida se nos exigir? al menos atender las llamadas prof?ticas de los que lo son.

Juan Mart?n Velasco
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