Mi?rcoles, 14 de junio de 2006
Recogemos art?culo aparecido en el Diario de Avisos en el apartado OPINI?N, titulado "Espigas en el Corpus Christi" de Mar?a Zelmira Guerra Guti?rrez.



Dedicado a mi marido y a su amor al Corpus


(Diario de Avisos, 14 - VI) Y lleg? ese d?a al borde del est?o para, en el marco incomparable de rosas y azules, con el campo ya verde bajo el cielo inmenso y puro, sorber de nuevo la caricia del viento y el calor de las flores y en esta querida ladera rendirnos al reiterado homenaje a vuestra realeza.

Conmemorar es ante todo recordar, evocar su origen, su sentido, su supervivencia.

Corpus ha sido siempre delicioso quehacer en las brisas, misterio renovado de la primavera, solemnemente. Volver a leer en el pasado de las tradiciones es siempre ocupaci?n nost?lgica donde las reminiscencias aparecen para hablarnos de un tiempo, dejando constancia de una tradici?n que no debe ni puede perderse porque es en su dif?cil simplicidad la se?al de la comunicaci?n profunda y continuada.

Ya los prados se han cubierto y hay mies en la ladera. Hay un olor al nutrido grano limpio que bajo el cielo se amontona en las eras, en un so?oliento cansancio.

Mayo le abri? como una primavera su flor may?scula como portada de camino, encendida por la luna con paz, gracia y amor.

Los d?as son ahora dorados y azules, las flores est?n enredadas y su aroma las pierde en las sombras. Por los campos ven?a con millones de simientes formando cadenas, como un relicario, porque tambi?n el sol era de tibia estaci?n y al ponerse sembraba cada d?a largos regueros de oro sensitivo y en ?l prend?a fuego a las rosas para el borde de su gala, porque el viento ya hab?a desnudado ramas enteras para que el hombre escribiera con el sabor de plegaria una alfombra real, siempre sentida, con desvelos y sacrificios.

Ya crepitan las hogueras con lujo de bengalas y altanera arrogancia.

Hay olor a sierra en el misterio del pinar. Sus tardes eran fusi?n de azucena y poniente, y as? subir? el Se?or por la ancha e inclinada calzada. Esta belleza hace todo como eterno, y hay firme gala de oro, preludio de est?o. Todo se cubre de amor, es un d?a abierto como campo renovado.

Hoy es un D?a Eucar?stico, Fiesta de Dios, Aurora de Fuego, Fiesta de la Subida del Se?or, y todos nos esperamos para hacer juntos esta dulce ofrenda cuya tradici?n se disuelve en la bruma de los tiempos junto a la honra del sentimiento por la Eucarist?a.

Y este sentimiento se qued? aqu?, y estar aqu? es estar junto al Corpus, donde las mujeres y hombres de la Villa de Mazo encuentran reposo en la intimidad de su ofrenda, en la serenidad que rima con las flores y entre los ?rboles sosiega el viento, es donde late el pueblo y nace la esencia del paisaje.

Y no era esta tierra desconocida de la otra tierra hacia la que apuntaron con sus blancas velas desplegadas, las naves que iban allende los mares, portadoras luego, desde las Antillas, de ricos aderezos y vistosos mantones, para engalanar las cuestas, en los amarillos ?rboles seguros de verdecer, alumbrando a un lado y otro vivamente, como suaves hogueras de dulces fuegos cuyo esplendor ca?a como sauces de sangre que goteasen flores de luz.

La Villa de Mazo, con majestad incomparable, es ladera abierta hacia la mar oc?ana con rocas celosas de tanta belleza como hablan en el silencio las piedras mudas y como cantan en el viento las viejas sabinas y el esbelto pinar.

Pueblo blanco colgado en la pendiente con sus miradores incomparables vigilantes sin sue?o, atalaya inexpugnable, con su iglesia catedral y con sus viejas ermitas elev?ndose al cielo y oteando el horizonte, como faros y como reliquias, como estrellas y como memoria.

Y en la quebrada sinfon?a de esta geograf?a ins?lita es donde se encaja el marco espl?ndido de su arquitectura, en la espesura de sus bosques que sue?an bajo el sol y abre sus senderos con mesura y con historia, cabalgando en el recuerdo, con la tierra cavilando en la esperanza y con la savia y el aliento del arado remangados de amor y canto.

El macense es hombre de horizontes y lontananza, es hombre luchador, hombre de intento, que pone coraz?n y pone acento, que ha a?adido el paisaje del volc?n al de los pinos y casta?os, al de los brezos, la palmeras y las vi?as, las m?s dulces sinfon?as de colores ha inspirado a que el poema se haga paisaje sublimemente bello, levantando arcos como monumentos fulgurantes, con el sentido religioso para que el pueblo entendiera la llama de amor viva y al final la suprema uni?n con Dios, porque los santos expresan como nadie las vivencias m?sticas y hablan de azucenas y de rosas, del s?ndalo, del ruise?or, de la esmeralda, del verde temblor de las vi?as y todo fue recogido por este pueblo como ofrenda, pintada por el ala con la mano hecha brisa, con c?firo de colores y pincel de aire fino.

Y con esta exaltaci?n a tanto arte bello se ha dado un noble salto que no puede entenderse sino reconociendo que entre la tierra y el cielo, el puente es la belleza de Corpus Christi, belleza que ha tomado cuerpo en el coraz?n y las manos de sus hijos que se han desbordado en este rinc?n y no han encontrado l?mite a sus virtudes, con inquietudes, evocaciones, voces y palabras. Largos tendr?an que ser los d?as para recoger tanta estrella, tanto sue?o, tanto encanto caminando hasta la aurora o, qui?n sabe, hasta muchas auroras, sintiendo el resplandor del arte en este asomarse a los otros con cumbres y valles como respaldo, en la serenidad esmeralda de nuestros campos con el horizonte turquesa de nuestro mar y con el m?gico anticipo de una di?fana alborada en el amanecer de paz y amor.

Y como dijo el poeta, es la hora de la poes?a: escr?bela gentilmente sobre el papel blanco, como caen con suavidad los p?talos del ?rbol florecido.

Bajo los rayos de la Custodia habr? m?s pueblos, porque los pueblos crecen cuando se habla al coraz?n de cada uno y de todos, en ese d?a en que hemos convocado a las flores, a las espigas, al lienzo, a la paleta y al amor. Y con tan alto amparo y tan elevado empe?o, bordemos una custodia para el Se?or, custodia con verdes espigas de lumbre y con la ternura de sus sombras, con las espigas recogidas en las sendas y las cumbres, con espigas que se requiebren en los surcos dejando volar todo su aroma en la plenitud de los est?os, con alabanzas en la ternura maternal del brote. Con espigas verdaderas maduras en amor, con espigas eternas en el impulso del sembrador que las entierre por todo el haz de la tierra para que en verdor y en amor hasta las estrellas. Volvamos a las eras donde revienten las espigas gallardas al olor penetrante del nuevo y buen pan, al aroma sereno de la tierra mojada.

Entreguemos las llaves doradas para que se abran puertas azules en este lugar y siempre detr?s de ellas, se encuentre lo que hemos amado en este campo el relicario. Que sea la ofrenda el abanico de oro en este solemne d?a sobre un suelo florecido que parece de ensue?o con encaje antiguo, y que el Se?or recoja las espigas y aqu? se quede siempre en esta ladera llena de primavera, junto a sus flores envueltas en brisas y junto al mar que da distancias de infinitos sue?os en la ternura de cada amanecer.

Flor divina y flor desnuda / como el diamante del agua / como rosas solitarias / que abren su fresco c?liz / en las sombras y en las cumbres / y en la gloria de la ofrenda.
Publicado por verdenaranja @ 9:52  | Art?culos de inter?s
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