Viernes, 16 de junio de 2006
?Cu?ntas veces en nuestra vida hemos pensado o dicho yo no podr?a ser as? o yo no podr?a hacer eso?, pregunta la autora del art?culo "Fuera de control", que trae la revista "Punto de encuentro" n?mero 27, mes de Junio 2006.


Fuera de control


?Vive actualmente alguien fuera de control? ?Del control de qui?n? ?Y por qu? y para qu? elige alguien vivir fuera de control? En el n?mero anterior de la revista hablamos sobre la norma y lo normal. Y yo me hab?a comprometido a recoger en esta ocasi?n el testigo de las consecuencias que supon?an para la persona mantenerse al margen, voluntariamente o no, de ella.

Mantenerse al margen de la norma supone en cierta forma, de ah? el t?tulo, mantenerse fuera de control. Personas no controladas son las que no contribuyen con los mismos tributos, no gastan su dinero en los mismos objetos o con los mimos fines, no se ci?en a la tendencias homog?neas en cuanto al aspecto f?sico, no sienten de la misma manera lo que les rodea y no esperan algo estipulado previamente de los que est?n a su alrededor. No se rigen, en fin, por las reglas por las que se rige el resto. Y, a la vez, casi todos intentamos estar un poco fuera de control. Es, precisa y curiosamente, ese poco, lo que atrae de nosotros, lo que nos caracteriza o diferencia frente a los dem?s. Ese pizco de rebeld?a impl?cita en cada uno es incluso necesario. Es como nuestra marca. Pero no conviene pasarse. El esp?ritu gregario que nos determina hace que dejemos al otro la justa libertad para que pueda sentirse libre, ni menos ni, por supuesto, m?s.

Por ello, es tan dif?cil asumir propuestas como las que hacen algunas asociaciones de consumidores de lo que entendemos usualmente por droga (coca?na, hero?na). He tenido conversaciones en las que me han planteado por qu? no permitir un consumo responsable. Una persona adulta es libre de hacerlo o no. Si alguien se quiere gastar parte de sus ingresos mensuales en una sustancia x, ?por qu? es una opci?n peor que gastarlo en cualquier otra cosa mejor aceptada socialmente pero igual de da?ina? S? que es un asunto bastante pol?mico en el que no me interesa entrar. S?lo he puesto el ejemplo para poder observar c?mo nuestra reacci?n de rechazo se hace patente siempre ante lo que nos plantea desaf?os, lo que se sale de lo com?n.

Otro caso, de muy distinto calibre. El de una amiga. Es un caso real, no una hip?-tesis. Esta chica tiene una ni?a, trabaja por su cuenta y estudia las ?ltimas asignaturas de su carrera, en las que le exigen como obligatoria la asistencia a clase. No puede asistir a clase a primera hora porque no puede dejar de llevar a su hija al colegio. Y no puede estudiar tanto como quisiera porque no puede dejar de trabajar todo lo que lo hace para mantenerse a s? misma y a la ni?a. ?No es contradictorio que le denieguen todas las becas que ha solicitado por no alcanzar los criterios establecidos (pensados, con seguridad, para j?venes sin cargas familiares, y no para mujeres independientes con hijos), no le den ninguna ayuda social por no poseer un contrato laboral y no le permitan aprobar las asignatura sin asistir a clases? La excluimos, aunque nos sentimos mal al leer esto. La excluimos nosotros. La excluyes t? y la excluyo yo. La excluyen las leyes, las normativas, los baremos y los c?nones que hemos considerado aptos para medir el mundo.

Las consecuencias de salirse de la norma son mucho m?s dolorosas que el leve jugueteo con los l?mites, y la posterior vuelta al redil. Las consecuencias de no caber dentro de lo que se concibe que debe ser cuando debe ser y como debe ser son mucho m?s terribles para los y las que tienen los mismos derechos que una, pero le
son vulnerados en nombre de esa devastadora normalidad.

?Cu?ntas veces en nuestra vida hemos pensado o dicho yo no podr?a ser as? o yo no podr?a hacer eso? Yo no podr?a ser gorda, yo no podr?a dormir en la calle, yo no podr?a ser madre soltera, yo no podr?a convertirme al islam, yo no podr?a venir en patera (cayuco, que est? de moda), yo no podr?a vivir con tan poco dinero... Yo no podr?a. Probablemente s?. Pi?nsalo. Podr?as, pero no tienes que hacerlo. ?Qu? suerte!

Son las ideas negativas individuales y las del susceptible imaginario colectivo, las actitudes de rechazo interiorizadas sin cuestionamiento y los prejuicios, los que nos hacen llegar al resultado del amplio y r?gido listado de ESTO S? y ESTO NO. Creo que este listado hay que flexibilizarlo, porque todos s? y todos no en momentos determinados. Adem?s, en este mundo de comunicaci?n global, creo que nos ha perjudicado enormemente lo que Abraham Moles define como experiencia vicaria. A partir de lo que vemos, o?mos y leemos a trav?s de los medios, hemos simplificado enormemente nuestros esquemas de vida. Hemos dejado de ser nosotros y nuestras circunstancias. Ahora unos pocos perfilan unas circunstancias estandarizadas y el resto vamos intentando adaptarnos a ellas. Si antes una nac?a con las caderas anchas ten?a las mismas posibilidades de ser feliz que cualquier otra u otro. Hoy en d?a esas posibilidades son ciertamente menores, aunque contin?an intentando mantenerse con dignidad por aquello del aceptarse a uno mismo. Antes, las tallas 42 ? 44 eran lo normal para la mujer. Hoy lo es la 38, e incluso la 36, pero a ver cu?ntas de nosotras la usamos. Es decir, hay casos, como ?ste, en el que hemos llegado a asumir como norma algo que muy pocos de nosotros cumplimos. Y la gran mayor?a vivimos, con mayor o menor angustia, en sus m?rgenes. ?No es parad?jico que manejemos nuestras vidas dentro de un horizonte de expectativas que nos excluyen? ?No es incluso rid?culo?
?Fuera de control o controles fuera?

Aixa Lorenzo, fil?loga
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