S?bado, 17 de junio de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del pr?ximo domingo, solemnidad del Sant?simo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi) en numerosos pa?ses en los que se traslada la fiesta lit?rgica del jueves pasado.


Solemnidad del Sant?simo Cuerpo y Sangre de Cristo
?xodo 24, 3-8; Hebreos 9, 11-15; Marcos 14, 12-16. 22-26


?En medio de vosotros hay uno a quien no conoc?is!



Creo que lo m?s necesario que hay que hacer en la fiesta del Corpus Domini no es explicar tal o cual aspecto de la Eucarist?a, sino reavivar cada a?o estupor y maravilla ante el misterio. La fiesta naci? en B?lgica, a principios del siglo XIII; los monasterios benedictinos fueron los primeros en adoptarla; Urbano IV la extendi? a toda la Iglesia en 1264, parece tambi?n que por influencia del milagro eucar?stico de Bolsena, hoy venerado en Orvieto.

?Qu? necesidad hab?a de instituir una nueva fiesta? ?Es que la Iglesia no recuerda la instituci?n de la Eucarist?a el Jueves Santo? ?Acaso no la celebra cada domingo y, m?s a?n, todos los d?as del a?o? De hecho, el Corpus Domini es la primera fiesta cuyo objeto no es un evento de la vida de Cristo, sino una verdad de fe: la presencia real de ?l en la Eucarist?a. Responde a una necesidad: la de proclamara solemnemente tal fe; se necesita para evitar un peligro: el de acostumbrarse a tal presencia y dejar de hacerle caso, mereciendo as? el reproche que Juan Bautista dirig?a a sus contempor?neos: ??En medio de vosotros hay uno a quien no conoc?is!?.

Esto explica la extraordinaria solemnidad y visibilidad que esta fiesta adquiri? en la Iglesia cat?lica. Por mucho tiempo la del Corpus Domini fue la ?nica procesi?n en toda la cristiandad, y tambi?n la m?s solemne.

Hoy las procesiones han cedido el paso a manifestaciones y sentadas (en general de protesta); pero aunque haya ca?do la forma exterior, permanece intacto el sentido profundo de la fiesta y el motivo que la inspir?: mantener despierto el estupor ante el mayor y m?s bello de los misterios de la fe. La liturgia de la fiesta refleja fielmente esta caracter?stica. Todos sus textos (lecturas, ant?fonas, cantos, oraciones) est?n penetrados de un sentido de maravilla. Muchos de ellos terminan con una exclamaci?n: ??Oh sagrado convite en el que se recibe a Cristo!? (O sacrum convivium), ??Oh v?ctima de salvaci?n!? (O salutaris hostia).

Si la fiesta del Corpus Domini no existiera, habr?a que inventarla. Si hay un peligro que corren actualmente los creyentes respecto a la Eucarist?a es el de banalizarla. En un tiempo no se la recib?a con tanta frecuencia, y se ten?an que anteponer ayuno y confesi?n. Hoy pr?cticamente todos se acercan a Ella... Entend?monos: es un progreso, es normal que la participaci?n en la Misa implique tambi?n la comuni?n; para eso existe. Pero todo ello comporta un riesgo mortal. San Pablo dice: ?Quien coma el pan o beba la copa del Se?or indignamente, ser? reo del Cuerpo y de la Sangre del Se?or. Exam?nese, pues, cada cual a s? mismo y despu?s coma el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo?.

Considero que es una gracia saludable para un cristiano pasar a trav?s de un per?odo de tiempo en el que tema acercarse a la comuni?n, tiemble ante el pensamiento de lo que est? apunto de ocurrir y no deje de repetir, como Juan Bautista: ??Y T? vienes a m??? (Mateo, 3,14). Nosotros no podemos recibir a Dios sino como ?Dios?, esto es, conserv?ndole toda su santidad y su majestad. ?No podemos domesticar a Dios!

La predicaci?n de la Iglesia no deber?a tener miedo --ahora que la comuni?n se ha convertido en algo tan habitual y tan ?f?cil?-- de utilizar de vez en cuando el lenguaje de la ep?stola a los Hebreos y decir a los fieles: ?Vosotros en cambio os hab?is acercado a Dios juez universal..., a Jes?s, Mediador de la nueva Alianza, y a la aspersi?n purificadora de una nueva sangre que habla mejor que la de Abel? (Hebreos 12, 22-24). En los primeros tiempos de la Iglesia, en el momento de la comuni?n, resonaba un grito en la asamblea: ??Quien es santo que se acerque, quien no lo es que se arrepienta!?.

Uno que no se acostumbr? a la Eucarist?a y habla de Ella siempre con conmovido estupor era San Francisco de As?s. ?Que tema la humanidad, que tiemble el universo entero, y el cielo exulte, cuando en el altar, en las manos del sacerdote, est? el Cristo Hijo de Dios vivo... ?Oh admirable elevaci?n y designaci?n asombrosa! ?Oh humildad sublime! ?Oh sublimidad humilde, que el Se?or del universo, Dios e Hijo de Dios, tanto se humille como para esconderse bajo poca apariencia de pan!?.

Pero no debe ser tanto la grandeza y la majestad de Dios la causa de nuestro estupor ante el misterio eucar?stico, cuanto m?s bien su condescendencia y su amor. La Eucarist?a es sobre todo esto: memorial del amor del que no existe mayor: dar la vida por los propios amigos.
Publicado por verdenaranja @ 15:17  | Espiritualidad
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