Lunes, 19 de junio de 2006
19 de junio

Nos hemos reunido en esta Iglesia con motivo del funeral de N. Es f?cil, es seguro que a m?s de uno le habr? venido el pensamiento de: "qu? poca cosa somos, qu? poco valemos" y es verdad, muchas veces hemos o?do comentar que todas las personas llevamos dentro de nosotros un gran tesoro, pero que el recipiente es muy fr?gil.
Ese gran tesoro es nuestra vida, el alma, con sus cualidades de inteligencia, de libertad, de voluntad, con sus sentimientos...
El recipiente fr?gil es nuestro cuerpo, con cualquier golpe, o peque?a enfermedad ya se rompe.
Nuestra propia vida est? condicionada, est? como aprisionada por nuestro propio cuerpo. Se puede decir que incluso estamos en lucha con nosotros mismos...
?Cu?ntas cosas nos gustar?a conseguir! Cu?ntas cosas desear?amos hacer y vemos que no llegamos, que no podemos, que nuestro cuerpo no responde...
Y finalmente ah? est? la muerte, la gran limitaci?n, la gran debilidad del hombre, la gran verdad de lo poco que somos y sin embargo y a pesar de todo, aunque falle nuestro cuerpo, el alma, la vida, sigue, porque hemos nacido para la inmortalidad.
Junto a esta verdad de limitaciones de nuestra propia experiencia y de la de los dem?s, est? la verdad de la Palabra de Dios, de diversas maneras nos dice y nos asegura que hemos nacido para no morir, para ser inmortales.
En la primera lectura se nos ha dicho: Dios cre? inmortal al hombre y lo form? a su imagen y semejanza.
El hombre es el ser m?s importante de la creaci?n, con cualidades que nos asemejan y acercan a Dios.
En el Evangelio tambi?n se afirma la misma idea: " Venid a mi todos los que est?is cansados y agobiados"... ?Qui?nes son estos cansados y agobiados? Pues cualquiera de nosotros cuando nos visita la enfermedad grave, cuando en la vida todo nos sale mal, cuando ya no podemos con los a?os...
Dios mismo quiere ser nuestro alivio y nuestro descanso, lo cual quiere decir que seguiremos viviendo despu?s de la muerte. La muerte es ese paso seguro y desconocido a esa nueva situaci?n de descanso y de paz.
La mayor parte de nosotros venimos a orar por el difunto y por sus familiares, porque sabemos que Dios escucha nuestra s?plica.
Estos son los momentos que nos ponen en la realidad de la vida y nos recuerda que la vida es corta, que la vida es don de Dios y que tenemos que aprovechar el tiempo, llenando nuestra vida de bellas acciones, porque es de verdad lo que nos va a servir:
Nuestra solidaridad, compa??a, comprensi?n, cercan?a, el estar cerca del otro, pues si a Dios le tenemos por Padre, consideremos a los dem?s hermanos que corren nuestra misma suerte.
Publicado por verdenaranja @ 9:24  | Homil?as
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