Martes, 20 de junio de 2006
20 de Junio

En el n?mero 10 del a?o 2005, XXXVII, de las p?ginas amarillas de Iglesia Dominical aparece art?culo de J. Aldaz?bal sobre la selecci?n de cantos en la liturgia.

VARIEDAD Y ECLESIALIDAD
en la selecci?n de los cantos


Hay momentos en nuestra celebraci?n en que tenemos una cierta libertad a la hora de elegir los cantos.

As?, podemos elegir un canto de entrada entre los muchos que cumplen esa finalidad de introducir en la celebraci?n, o un canto de comuni?n de entre los apropiados a ese momento que encontramos en los cantorales.

Pero hay cantos que los mismos libros lit?rgicos nos dicen que no cambie-mos en cuanto a su "letra".

El Gloria a Dios en el cielo, el himno que los d?as m?s festivos cantamos en el rito de entrada, no es sustituible con cualquier otro canto, aunque sea de alabanza y empiece con palabras semejantes el Gloria. La nueva edici?n de la introducci?n del Misal lo recuerda: "el texto de este himno no puede cambiarse por otro" (IGMR 53). El Gloria es antiqu?simo y com?n a todas las confesiones cristianas. Est? lleno de teolog?a (alaba al Padre, alaba e invoca a Cristo, nombra la unidad del Esp?ritu) y a la vez tiene un lenguaje que todos pueden entender ("te alabamos, te bendecimos.. t? que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros... t? solo eres santo"...). Aqu? no pega para nada un canto que hable de la caridad fraterna (aunque empiece con el "gloria, gloria, aleluya"). Ni un canto que nos parezca de alabanza, pero que no llega a presentar ni de lejos la riqueza del Gloria. Lo que s? se puede es buscar la m?sica apropiada para la comunidad: desde el gregoriano hasta la polifon?a, o el Gloria cantado a dos coros por la comunidad, o con estrofas cantadas por el solista y contestadas con una ant?fona repetida por la comu?nidad. Pero la "letra" debe ser la del Misal.

El Credo o profesi?n de fe es otro momento delicado, en que el texto debe ser claramente eclesial. Las formas aprobadas son ahora tres: el s?mbolo de los ap?stoles, el breve, el que aprendimos de peque?os en el catecismo; el s?mbolo de los concilios de Nicea y Constantinopla, el largo; y el dialogado de la Vigilia Pascual y de los sacramentos de la iniciaci?n cristiana. Tambi?n aqu? se pueden buscar formas distintas: cantarlo todos a dos coros; recitarlo todos; cantarlo con estrofas por el solista y contestados por una aclamaci?n de profesi?n de fe repetida por la comunidad; dialogarlo con las preguntas y respuestas del Credo de la Vigilia Pascual. Pero lo que no se pueden intro?ducir son formulaciones privadas o que se le han ocurrido a un grupo. En ambiente catequ?tico ya ser?a dudoso si conviene introducir f?rmulas nuevas (?no es mejor que los ni?os sepan ya una f?rmula de memoria, sin confusio?nes?), pero en la celebraci?n eclesial, ciertamente no.

Lo mismo hay que decir de la aclamaci?n del Sanctus dentro de la Ple?garia Eucar?stica. Motivada por la sinton?a con los ?ngeles y los santos, y con unas palabras que est?n tomadas de la Biblia (del profeta Isa?as y del evangelio de Mateo), el Santo es una de las f?rmulas fijas de nuestra cele?braci?n, compartida por las otras confesiones cristianas. Hay que variar la m?sica, escogiendo la que sea m?s din?mica y breve, porque no es un canto independiente, sino una aclamaci?n que no debe interrumpir la ora?ci?n que est? pronunciando el presidente, sino subrayarla: por tanto, sin excesivas repeticiones, y con m?sica ?gil y festiva. Tambi?n aqu?, el conte-nido es riqu?simo (la alabanza a Dios por la creaci?n y por habernos enviado a Cristo) y con un lenguaje claramente asequible a todos ("llenos est?n los cielos y la tierra... bendito el que viene..."). Hay que desterrar las formu?laciones glosadas ("no, no pasar?n... llenos est?n de tu amor..."), aunque est?n en los cancioneros.

M?s grave es todav?a esta observaci?n cuando se refiere al Padrenuestro, la oraci?n que nos ense?? el Se?or. Pedag?gicamente es cuestionable que inventemos una oraci?n "corrigiendo" la del Se?or, a veces duplic?ndola, porque nos damos cuenta que la que decimos no es la aut?ntica. Pero adem?s no tenemos derecho a obligar a la comunidad a rezar una ora?ci?n distinta de la que nos ense?? Jes?s. Hay que excluir, por tanto, de nuestro repertorio (y de nuestros cantorales) los muchos Padrenuestros "glosados" ("t? que est?s en los que aman la verdad"... "Padre nuestro que est?s en la calle"...). Los cristianos orientales y protestantes est?n con raz?n escandalizados de la facilidad con que nosotros a veces susti?tuimos la oraci?n de Cristo por otras, aunque sean piadosas (s?lo faltar?a que no fueran piadosas).

En todos estos casos, no se trata de que las f?rmulas alternativas est?n llenas de disparates, sino de que son momentos tan importantes, que se exige que los textos cantados o rezados sean "eclesiales" y que sean puntos fijos de referencia, en medio de otros cantos que s? pueden variar.

J. ALDAZ?BAL
Publicado por verdenaranja @ 22:01  | Liturgia
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