Mi?rcoles, 21 de junio de 2006
21 de Junio

El responsable de la revista "FAMILIA HOSPITALARIA" el Padre Fernando Lorente escribe el art?culo que a continuaci?n colocamos.

"La Historia es como un quinto evangelio que nunca debemos dejar de meditar."

"Ella nos ense?a cu?les fueron los momentos en que la Iglesia ha convertido a los hombres, y cu?les fueron los momentos en que ella no ha tenido la misma fuerza para convertirlos".


EL QUINTO EVANGELIO


Fernando Lorente, o.h


La historia de un instituto religioso se puede resumir diciendo que es la historia de una fidelidad, al esp?ritu evang?lico que le infundi? su fundador. Pero fidelidad - y ah? est? el drama -que se encuentra permanentemente sometidas a un doble riesgo: al ataque desde fuera y desde dentro. La defensa del esp?ritu contra los enemigos que ha abierto o insidiosamente lo acechan, es la que se desarrolla en la historia de la Iglesia yen la de los institutos religiosos.

La Orden Hospitalaria, es uno de los Institutos religiosos de la Iglesia. El pasado d?a 15, en la Cl?nica (hoy hospital) de San Juan de Dios, en Tenerife, se inaugur? una secci?n de cirug?a, con cinco quir?fanos y servicios correspondientes. Estuvieron presentes, el Provincial de la Orden, Hno. Jos? Ram?n P?rez, las diversas autoridades de la comunidad aut?noma: Excmo. Presidente auton?mico, D. Ad?n Mart?n, Delegados del municipio y Cabildo, consejeros de Sanidad, de servicios sociales, directivos y personal de la cl?nica y un centenar de invitados. Todos los medios de comunicaci?n de nuestra Isla, se hicieron eco muy suficientemente, cuya informaci?n se recoger? en la Revista
Familia Hospitalaria. Por eso esta referencia period?stica la centro en la importancia evolutiva eficaz, en la obra m?dico-asistencial de este Centro Hospitalario, que, desde su origen tiene algo tan fundamental, como es el mensaje evang?lico, "la caridad con medios modernos", herencia de San Juan de Dios, para todos los tiempos, y que hay que resaltar como gracia y compromiso para todos los que han pasado y los que ahora siguen, Hermanos, m?dicos, auxiliares, administrativos, bienhechores y admiradores de esta obra.

Las reflexiones que aqu? manifiesto, las escrib? a?os despu?s del Concilio Vaticano II (1980), respondiendo a la evoluci?n de todos los centros de esta Provincia religiosa en Espa?a, Hispanoam?rica y Camer?n, como responsable directo.

Vida y responsabilidad de los institutos religiosos ante la participaci?n profesional seglar en sus obras socio-apost?licas.

Hay que destacar con gozo la gran atenci?n e inter?s que se viene dando a la renovaci?n de todos los institutos religiosos en lo que se refiere al conocimiento y comportamiento de lo que significa y es una vida consagrada (i). Pero, paralelamente, no se ha dado -ni se est? dando- la misma atenci?n e inter?s al conocimiento social que significa la acci?n profesional y a la ley com?n del trabajo en las obras asistenciales de estos institutos, realizadas por sus miembros con la participaci?n profesional del personal seglar, que es cada vez mayor.

A este compromiso creemos que no se ha dado -ni se est? dando- la atenci?n e inter?s suficiente y de una forma sistem?tica, inmediata y real. Posiblemente aqu? est? el origen de la falta de discernimiento para poder encontrar la posible soluci?n al problema. Un hecho hist?rico como es actualmente la participaci?n profesional del seglar en las obras socio-apost?licas de todos los institutos religiosos (2) que en vez de convertirse en un verdadero alivio y en una verdadera promoci?n profesional y apost?lica, est? constituyendo un tremendo agobio econ?mico y, moral progresivo, y con el peligro, por tanto, de hacer perder la vitalidad existencial de estos institutos, en cuanto que toda su fuerza se est? quedando reducida a soportar y lamentar este fen?meno hist?rico que, por otra parte, es irreversible.

Son m?ltiples las expresiones que se oyen y se escriben para expresar esta situaci?n y sus consecuencias. Aunque ?stas no dejan de se?alar un fondo real de este agobio econ?mico-social, pero quedarse aqu? s?lo, es llegar a un t?rmino, a corto o a largo plazo, con resultados extremadamente negativos. Como v?a de testimonio transcribimos resumidamente algunas de estas ex-presiones:

?ANTES las obras se realizaban s?lo o casi s?lo por nosotros mismos:
- indic?bamos las directrices para llevar a cabo estas obras;
- incluso, sin tener en cuenta las determinaciones generales dadas por la ley civil al respecto, bien porque ?stas no se nos impon?an o porque la misma autoridad civil nos las consideraba excusadas para nuestros centros por confiar en nuestra capacidad por el mero hecho de ser religiosos.

AHORA, estas leyes nos vienen impuestas, aunque sean dictadas con cierta o total oposici?n a las normas que tenemos por regla en torno a nuestro ambiente de vida religiosa?.

?ANTES nosotros mismos se?al?bamos el horario de trabajo, promov?amos los puestos de trabajo en nuestros centros o los limit?bamos. AHORA es la ley laboral la que determina este horario, los puestos de trabajo que corresponden a cada centro, las atribuciones y las obligaciones que corresponden a nuestros funcionarios?.

?ANTES nosotros compens?bamos y sancion?bamos a los funcionarios de nuestros centros. AHORA estas compensaciones y sanciones no pueden ser inferiores ni superiores dichas leyes laborales en uno y en otro sentido.

Etapa importante y comprometida para los institutos

Este proceso socio-econ?mico-laboral en los institutos religiosos as? concebido y soportado sin m?s aspiraci?n y recurso, apartado de la aut?ntica visi?n cristiana, es una actitud que no es positiva por parte de los miembros de cada instituto. Por tanto, tampoco es apost?lico; y en la vida religiosa lo que no se hace con una actitud positiva, ni con un fin apost?lico, dif?cilmente puede santificarse. Y todo instituto religioso tiene recursos suficientes para no claudicar en este empe?o ante cualquier situaci?n hist?rica por m?s apremiante que sea para la vida de sus miembros y para sus obras. Ahora bien, en la medida que huyamos los religiosos de estos recursos y compromisos, se ir? obrando en nuestra conducta una verdadera contradicci?n entre lo conceptual y lo pr?ctico en esta situaci?n. Por una parte, intentaremos ser radicalmente exigentes como respuesta a estar siempre al servicio de las personas y lugares menos favorecidos, que en verdad para algunos esto es s?lo una evasiva de la situaci?n que tocamos y a la cual tenemos que enfrentarnos. Pero, por otra parte, a la hora de la verdad, esos recursos propios personales y de la instituci?n, que en el plan ordinario lleva consigo ser ?propietario?, ?empresa? -usando la terminolog?a t?cnica y el sentido moderno de servicio- y que constituyen el patrimonio de cada instituto, nos olvidamos que son talentos y bienes puestos actualmente en nuestras manos; que con nuestro trabajo diario los hagamos fructificar en bien de los dem?s y en funci?n del esp?ritu del propio instituto; nunca para nuestro provecho perso?nal; nunca permitirnos concesiones que la ley com?n del trabajo no permite a los funcionarios seglares que est?n en nuestros centros.


El esp?ritu y acci?n de los fundadores de los institutos en estas circunstancias

Terminamos estas sencillas reflexiones concretando estos criterios en el esp?ritu y acci?n de los fundadores de los Institutos religiosos dedicados a la vida activa, pues, sin duda, ellos nos dar?n pautas seguras para salvar esta situaci?n si sabemos vivir su misma actitud, con la cual superaron las suyas y con menos recursos, m?s conflictivas que la nuestra.

Como testimonio vamos a contemplar el esp?ritu del fundador de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios. Esta figura del siglo XVI, no redujo sus energ?as personales y los medios que consegu?a para remediar las necesidades de los pobres y enfermos de su hospital y fuera de ?l -con ser tantas las que despleg? en este servicio-, sino que, precisamente, para asegurar y alcanzar mayor y mejor resultado extendi? su esfuerzo y atenci?n apost?lica a personas seglares que le pudieron ayudar en tal empresa. Entonces, ?l lo hizo con el reclamo apremiante de la caridad cristiana. Hoy, adem?s, lo har?a tambi?n para iluminar e interpelar nuestras mismas exigencias sociales y laborales para remediar las necesidades de los enfermos y necesitados, haciendo cumplir sus leyes y promover?a ?stas donde no existieran. Igual-mente exigir?a el fiel ejercicio profesional, con sus DERECHOS y DEBERES, de los funcionarios seglares que necesitaran sus centros o les impusiera la ley laboral, y todo como base de su acci?n apost?lica.

Juan de Dios se ?empe?ar?a? y se ?preocupar?a? hoy de todo esto y ?s?lo por Jesucristo? (3), antes que dejar deshumanizar cobardemente la labor de sus centros, por muchos que tuviera, en la asistencia a sus hospitalizados y en el ejercicio profesional de las personas seglares, como irrenunciable compromiso social y apost?lico en estos dos campos, y como garant?a de su propia santificaci?n. Esta exigencia es evang?lica tan brillantemente resaltada por el Concilio Vaticano II en la Constituci?n Gaudium
et spes, n? 43; por esto se compromete a vivir la fe cristiana en la vida religiosa o seglar en la profesi?n y estado que hayan elegido. As? viene expresada:

"Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aqu? ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta que la propia fe es un motivo que les obliga al m?s perfecto cumplimiento de todas ellas seg?n la vocaci?n personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse totalmente a los asuntos temporales, como si ?stos fuesen ajenos del todo a la vida religiosa, pensando que ?sta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones orales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los m?s graves errores de nuestra ?poca. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvaci?n. Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerci? el artesanado, al?grense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales haciendo una s?ntesis del esfuerzo humano, familiar, profesional, cient?fico o t?cnico, con los valores religiosos, bajo cuya alt?sima jerarqu?a todo coopera a la gloria de Dios".
A este compromiso firme y decisivo est?n llamados los que participamos -de la manera que fuere- en las obras de la Orden Hospitalaria. As? estamos viviendo y escribiendo el quinto Evangelio.

Capell?n de la Cl?nica San Juan de Dios

(i) Con la creaci?n de la CONFER en las diversas naciones y toda su expansi?n derivada de este Organismo.
(2) En algunos Institutos, como la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, esta participaci?n configura su misma constituci?n fundacional hasta nuestros d?as.
(3) Cartas del santo.
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