Viernes, 23 de junio de 2006
23 junio 2006 ZENIT publica el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del 25 de junio de 2006, XII Domingo del Tiempo Ordinario.


Se levant? una gran tempestad

XII Domingo del Tiempo Ordinario
Job 38, 8-11; 2 Corintios 5, 14-17; Marcos 4, 35-41


El Evangelio de este Domingo es el de la tempestad calmada. Al atardecer, despu?s de una jornada de intenso trabajo, Jes?s sube a una barca y les dice a los ap?stoles que vayan a la otra orilla. Agotado por el cansancio, se duerme en popa. Mientras tanto se levanta una gran tempestad que anega la barca. Asustados, los ap?stoles, despiertan a Jes?s, grit?ndole: ?Maestro, ?no te importa que perezcamos??. Tras levantarse, Jes?s ordena al mar que se calme: ??Calla, enmudece?. El viento se calm? y sobrevino una gran bonanza. Despu?s, les dijo: ? ?Por qu? est?is con tanto miedo? ?C?mo no ten?is fe??.

Vamos a tratar de comprender el mensaje que nos dirige hoy esta p?gina del Evangelio. La traves?a del mar de Galilea indica la traves?a de la vida. El mar es mi familia, mi comunidad, mi coraz?n mismo. Peque?os mares, en los que se pueden desencadenar, como sabemos, tempestades grandes e imprevistas. ?Qui?n no ha conocido algunas de estas tempestades, cuando todo se oscurece y la barquita de nuestra vida comienza a hacer agua por todas las partes, mientras Dios parece que est? ausente o duerme? Un diagn?stico alarmante del m?dico, y nos encontramos de repente en plena tempestad. Un hijo que emprende un mal camino dando de qu? hablar y ya tenemos a los padres en plena tempestad. Un rev?s financiero, la p?rdida del trabajo, el amor de novio, del c?nyuge, y nos encontramos en plena tempestad. ?Qu? hacer? ?A qu? podemos agarrarnos y hacia qu? lado podemos tirar el ancla? Jes?s no nos da la receta m?gica para escapar de todas las tempestades. No nos ha prometido que evitaremos todas las dificultades; nos ha prometido, sin embargo, la fuerza para superarlas, si se lo pedimos.

San Pablo nos habla de un problema serio que tuvo que afrontar en su vida y que llama ?un aguij?n en mi carne?. ?Tres veces? (es decir, infinitas veces), dice, rog? al Se?or que le liberarse de ?l y ?que le respondi?? Le?moslo juntos: ?Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza?. Desde aquel d?a, nos dice, comenz? incluso a gloriarse de sus debilidades, persecuciones y angustias, hasta el punto de poder decir: ?cuando estoy d?bil, entonces es cuando soy fuerte? (2 Corintios 12, 7-10).

La confianza en Dios: este es el mensaje del Evangelio. En aquel d?a, lo que les salv? a los disc?pulos del naufragio fue el hecho de llevar a Jes?s en la barca, antes de comenzar la traves?a. Esta es tambi?n para nosotros la mejor garant?a contra las tempestades de la vida. Llevar con nosotros a Jes?s. El medio para llevar a Jes?s en la barca de la propia vida y de la propia familia es la fe, la oraci?n y la observancia de los mandamientos.

Cuando se desencadena en el mar la tempestad, al menos en el pasado, los marinos sol?an echar aceite sobre las olas para calmarlas. Nosotros echamos sobre las olas del miedo y de la angustia la confianza en Dios. San Pedro exhortaba a los primeros cristianos a tener confianza en Dios en las persecuciones, diciendo: ?confiadle todas vuestras preocupaciones, pues ?l cuida de vosotros? (1 Pedro 5, 7). La falta de fe que reproch? Jes?s en esa ocasi?n a los disc?pulos se debe al hecho de poner en duda el que le ?importe? su vida e incolumidad: ??no te importa que perezcamos??.

Dios nos cuida, le importa nuestra vida, ?y de qu? manera! Una an?cdota citada con frecuencia habla de un hombre que tuvo un sue?o. Ve?a dos pares de huellas que se hab?an quedado grabadas en la arena del desierto y comprend?a que una par de huellas eran las de sus pies y el otro par las de los pies de Jes?s, que caminaba a su lado. En un cierto momento, un par de huellas desaparece, y comprende que esto sucedi? precisamente en un momento dif?cil de su vida. Entonces se lamenta con Cristo, que le dej? s?lo en el momento de la prueba. ?Pero, ?yo estaba contigo!?, responde Jes?s. ?C?mo es posible que estuvieras conmigo, si en la arena s?lo se ven las huellas de dos pies??. ?Eran las m?as --responde Jes?s--. En esos momentos, te hab?a cargado a hombros?.

Record?moslo cuando tambi?n nosotros sintamos la tentaci?n de quejarnos con el Se?or porque nos deja solos.
Publicado por verdenaranja @ 23:45  | Espiritualidad
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