S?bado, 24 de junio de 2006
24 de Junio


Reflexi?n en IGLESIA DOMINICAL N?MERO 15, A?O XXXV (2003)



Uno de los pensamientos m?s confortantes que me gusta tener en la celebraci?n de la Eucarist?a es el de que, en aquellos momentos, estoy realizando la culminaci?n y la fuente de todo el ministerio que el Se?or me ha confiado. No hay, para un sacerdote, ning?n otro momento en que de un modo m?s directo est? actuando in persona Christi que cuando repite las palabras del Se?or en la santa cena sobre el pan y el c?liz. Es cierto que la acci?n ministe?rial es, toda ella, in persona Christi, especialmente en los sacramentos, pero en la Eucarist?a las palabras del Se?or son dichas por el ministro con toda la fuerza de la palabra de Dios, que hace lo que dice. Y son dichas, por ello, no como simple narraci?n, sino como palabras que deciden sobre el ser de las cosas, palabras definitivas. Son dichas, adem?s, en el contexto de la plegaria eucar?stica, bajo la invocaci?n de la presencia activa del Esp?ritu Santo, que es el que convierte, para nosotros, el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Una f?rmula antigua (1079) de profesi?n de fe eucar?stica dice as?: "Creo y confieso que el pan y el vino que se ponen en el altar, por el misterio de la sagrada oraci?n y las palabras de nuestro Redentor, se convierten sustan?cialmente en la verdadera y propia y vivificante carne y sangre de Jesucristo nuestro Se?or..." (DS, n. 700). No es muy distinta de lo que en nuestros d?as formulan algunos acuerdos ecum?nicos sobre la Eucarist?a cuando hablan de la acci?n de la Palabra y del Esp?ritu creador como agentes de la conversi?n eucar?stica.

Todo esto es lo que me lleva a esta imagen del eco. El eco nos trae la voz de un sonido lejano en el tiempo, nos hace presente aquella voz. Nosotros, en la Eucarist?a, somos como un eco de la palabra de Jes?s en la santa cena, y adem?s con la convicci?n de que el propio Jes?s no est? lejos de nosotros. Es su palabra, su persona, la que llega hasta cada una de las asambleas eucar?sticas, permiti?ndonos escuchar lo que dijo entonces. Nosotros, los minis?tros, ponemos nuestra voz, identific?ndonos con ?l no s?lo con las palabras sino con lo que las palabras significan: la entrega al Padre para la salvaci?n del mundo. Actuar como eco humano del Se?or es para nosotros un momento espiritual de excepci?n: el Padre del cielo, el Se?or vivo, la Iglesia en oraci?n, el Esp?ritu, nosotros mismos... todo est? en acci?n.

PERE TENA
Publicado por verdenaranja @ 10:08  | Espiritualidad
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