Domingo, 25 de junio de 2006
(Alfa y Omega) La editorial Planeta ha lanzado al mercado el libro del cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio Mar?a Rouco Varela, titulado Espa?a y la Iglesia cat?lica. Ofrecemos a nuestros lectores algunos p?rrafos del libro, pertenecientes al cap?tulo titulado El laicismo: el retorno intelectual de una vieja categor?a pol?tica

El laicismo vuelve a ser tema de actualidad en los medios de comunicaci?n, en las declaraciones de los pol?ticos y en el debate cultural. El t?rmino laicismo, y el significado que encierra, han vuelto al primer plano de las teor?as sobre la sociedad, la concepci?n del Estado y, sobre todo, a la hora de plantearse las bases ideol?gicas para definir jur?dicamente las relaciones entre Iglesia y Estado e, incluso m?s gen?ricamente, entre religi?n y sociedad; tanto en el actual marco de la discusi?n abierta en Espa?a en torno a una posible reforma constitucional, como en el de la Europa del Tratado sobre la Constituci?n Europea. La grave problem?tica pol?tica, cultural y religiosa, planteada con la presencia creciente del Islam en todos los pa?ses europeos, a?ade un dato nuevo y preocupante a la cuesti?n.
En las distintas definiciones (en sentido amplio), que se pueden encontrar en los l?xicos y manuales al uso, hay coincidencias en atribuir al concepto dos significados: uno jur?dico, referido al sistema de relaciones Iglesia-Estado, y, otro, filos?fico-teol?gico, relacionado con la doctrina y teor?a general sobre el Estado: su origen, fin y naturaleza. Laicismo designar?a, en primer lugar, una forma de total separaci?n de la Iglesia y el Estado. La Iglesia quedar?a situada dentro del ordenamiento jur?dico ?seg?n la m?s positiva de las hip?tesis? en el campo asociativo estrictamente privado. Esta f?rmula vendr?a exigida por un modelo de constituci?n y funcionamiento del Estado en el que se desecha toda presencia y cualquier tipo de influjo sobre el mismo por parte de la Iglesia o de cualquier concepci?n religiosa o trascendente de la vida. En segundo lugar, laicismo significar?a el apoyo intelectual ?ltimo que recibe este laicismo pol?tico y jur?dico radical de corrientes de pensamiento con una proveniencia com?n: el mundo ideol?gico de la Ilustraci?n; la tesis de la no trascendencia de los fundamentos del orden pol?tico y, consiguientemente, de su car?cter completamente inmanente.
La doctrina del Vaticano II sobre la libertad religiosa y la relaci?n de la Iglesia con el mundo y en especial con la comunidad pol?tica, vino a vaciar de cualquier pretexto o raz?n intelectualmente seria al laicismo y a un posible renacimiento pol?tico suyo en el futuro. La Declaraci?n Dignitatis humanae sobre la libertad religiosa asienta el derecho de la libertad de la Iglesia en la base com?n del derecho a la libertad religiosa, dise?ado como un derecho personal y social, privado y p?blico a la vez, cuyos fundamentos se encuentran en la dignidad trascendente de la persona humana y cuyo ejercicio pertenece al bien com?n y a la realizaci?n solidaria de todos los dem?s derechos fundamentales como uno de sus esenciales aspectos. La Constituci?n Pastoral Gaudium et spes afirmar? netamente y desarrollar? en sus consecuencias pr?cticas el principio de la autonom?a de las realidades temporales y de la responsabilidad propia e intransferible de los seglares en la vivencia de su vocaci?n cristiana en el mundo.

Claves para el discernimiento

No parece que haya que vacilar en la contestaci?n afirmativa respecto a que nos encontramos frente a una oportunidad hist?rica ?nica para elaborar una renovada versi?n te?rica y pr?ctica del orden pol?tico, libre y solidario, enraizado en la dignidad trascendente y el bien de cada persona y de toda la comunidad humana. Para abordar con eficacia hist?rica su puesta en pr?ctica, habr?a que tener en cuenta los siguientes criterios de discernimiento:
* La situaci?n de los derechos humanos atraviesa un momento extremadamente delicado no s?lo en el campo de los derechos sociales y culturales, sino tambi?n en el de los derechos personales, lo que resulta m?s peligroso y amenazador de cara al futuro; es sobre todo en lo que se refiere al derecho a la vida, en conexi?n con el derecho a la libertad de conciencia, a la libertad religiosa y a la libertad de educaci?n donde el cuestionamiento es m?s flagrante.
* La subsistencia y no digamos el desarrollo del modelo pol?tico y jur?dico de una sociedad dise?ado en torno al eje de la dignidad de la persona humana y de sus derechos fundamentales, va a depender en gran medida de la forma como se integre en el tejido social y cultural, espa?ol y europeo, esta nueva realidad de la emigraci?n, singularmente la que procede de los pa?ses de religi?n isl?mica. Mucho depender? de la forma como se les proponga y fundamente la visi?n del hombre y del mundo que ha guiado y gu?a la configuraci?n de la sociedad europea hasta el presente.
* Para afrontar el reto de la integraci?n de una realidad social, cultural y religiosamente tan compleja, en el marco pol?tico-jur?dico irrenunciable del Estado de Derecho, el mero retorno, pol?tico y cultural, a un laicismo puro y duro y a su doctrina de la remisi?n de la religi?n al estricto ?mbito de lo privado, supondr?a -aun prescindiendo de la cuesti?n de su verdad te?rica- un nuevo y reiterado error hist?rico. El choque de las conciencias con una doctrina pol?tica, en virtud de la cual el Estado pretendiese constituirse no ya en la fuente ?nica y ?ltima del Derecho, sino incluso de la moral p?blica, conducir?a no muy a la larga a totalitarismos insostenibles.
Espa?a quiso tambi?n emprender y consolidar en las ?ltimas d?cadas un camino de reconciliaci?n y de un futuro fraterno, solidario y libre. La Constituci?n de 1978 y los Acuerdos firmados con la Santa Sede en 1979 encauzaron y expresaron ese prop?sito colectivo, asumido y sostenido finalmente por la inmensa mayor?a de los espa?oles, con frutos materiales y espirituales evidentes. Su teor?a inspiradora significaba una superaci?n de la infeliz ant?tesis Estado confesional-Estado laicista. Casi treinta a?os despu?s no ha perdido ni un ?pice de actualidad, en el sentido m?s realista de la expresi?n; m?s bien la ha ganado, y mucho.
Publicado por verdenaranja @ 0:35  | Art?culos de inter?s
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