Domingo, 25 de junio de 2006
25 de Junio

Llevamos dos historias (Para difuntos)



En primer lugar, quiero manifestaros a vosotros, los familiares de N., en nombre propio y en el de la comunidad parroquial de X nuestro dolor y nuestro sentimiento ante el trance penoso por el que est?is pasando.
En esta celebraci?n, motivados por la fe en Jes?s Resucitado y desde este Sacramento de la Eucarist?a que es el centro de nuestra vida cristiana, queremos rendir a vuestra madre, hermana, nuestro ?ltimo obsequio. Y lo mejor que podemos hacer por ella, ahora que se ha ido a los brazos del Padre, es rezar y reflexionar.
La muerte es una realidad que vivimos todos los d?as en muchos seres que conocemos y que est?n cerca de nosotros. Es algo que siempre nos viene mal y siempre se nos presenta con tristeza. Y se nos presenta as? porque estamos llamados a la vida: La muerte de una madre, que es fuente de vida, es m?s dolorosa, es m?s dif?cil.
Yo os invito a hacer una lectura creyente de este acontecimiento. Y esta lectura comienzo diciendo que N, vive. ?Vive! Y est? junto a Dios. No solo vive en el recuerdo de su hijo, de su esposo y de sus hermanos, que por cierto todos hemos sido testigos de c?mo la hab?is tratado, con un mimo exquisito, con un cari?o, atenci?n y delicadeza ejemplares. Lo que hab?is hecho con ella quedar? en vuestro recuerdo, pero es que adem?s, ahora vive presente en Dios.
La muerte no es el final de la vida humana. Es el paso obligado para entrar en ese mundo Nuevo, fuera del tiempo y del espacio, que Dios reserva a sus hijos fieles. All? sabremos lo que es vivir de verdad, sin sufrimientos, sin limitaciones f?sicas, sin ego?smos, sin injusticias. Nuestros seres queridos no desaparecen para siempre. Siguen viviendo de otra manera en el seno de Dios.
Y cuando uno llega a la Casa del Padre, a ese encuentro amoroso con El, cada uno lleva lo que es. Cada uno lleva "su vida", lo que es m?s suyo. Por eso, tenemos que dejar aqu? las cosas que nos rodean. Porque eso es peso muerto. Lo material vale para andar por aqu?, por esta vida, pero nada m?s. All? se cotizan otros valores.
All? llevamos nuestra vida personal, nuestra propia historia. Una vida y una historia que tienen dos partes. Una parte bonita, gloriosa, buena. Todo el bien que hemos hecho, el amor que hemos puesto en circulaci?n cada d?a, nuestra amistad con el Se?or, toda esa cosecha almacenada a lo largo de los a?os, hecha de servicio, de justicia, de verdad, de limpieza de coraz?n, de generosidad.
Y llevamos tambi?n la otra cara de la vida, nuestra parte de historia que no nos gusta tanto. Es la historia m?s negra. Lo que hemos hecho de pecado, de desorden de rebeld?a al plan de Dios .
Nuestra hermana N. ha llevado, como todos, su historia. Pero cu?nto en su parte buena y bonita. Todos los que la hab?is conocido sab?is de su bondad, de su sencillez, sab?is de su alegr?a, de su paciencia, de su religiosidad.
Esa historia bonita se la tiene que contar al Se?or. Tiene que destapar el frasco del perfume de su vida como lo fue destapando con vosotros ayud?ndoos, am?ndoos, sirvi?ndoos, ofreci?ndoos su cari?o y su ternura. Nuestra hermana `puede presentarse ante el Se?or con un equipaje repleto de amor y de sencillez, de fe y de confianza en el Se?or, de buen hacer, de ilusi?n por la vida, de ilusi?n por las cosas.
Y porque como humana tambi?n pudo tener de la otra faceta, la oscura que todos tenemos, es por lo que ahora elevamos una oraci?n por ella al Se?or. A El nos dirigimos, en El nos apoyamos, pues ninguno de nosotros se va a salvar por sus m?ritos.
El final de las personas no es como el de las m?quinas, que cuando se estropean y ya no son ?tiles, las tiramos al desguace y las sustituimos por otras. Eso les pasa a las m?quinas, porque est?n hechas a imagen y semejanza del hombre, no a imagen y semejanza de Dios. Por eso al morir nacemos a la Vida de Dios. Hay una continuidad. Entramos en el amor entra?able con el Se?or y participamos de su misma vida gloriosa.
Este acontecimiento lo vivimos tambi?n cerca de vosotros, sus familiares. Vivid este paso del Se?or por la vida de N., con esperanza. Que teng?is en este momento la experiencia de que Dios os quiere, de que El no os abandona, de que El os abre la puerta y os invita a su mesa.
Nuestra hermana N. ha ido a ese encuentro con el Se?or. No es un encuentro en el vac?o. Se va a encontrar con la Verdad suprema, con el Amor m?s grande, con la Dicha que no pod?a ni imaginar. Es decir, se va a encontrar con el Amor de Dios y con Jesucristo Resucitado.
Vamos a apoyarnos en esta fe y en la Palabra que nos infunde esta Esperanza. Que el Se?or perdone a esta hermana, objeto de nuestra reuni?n, sus fallos, sus pecados, porque delante de El todos somos pecadores y necesitamos de su perd?n y misericordia. Y que el Se?or tambi?n le premie sus buenas obras, actitudes y trabajos hechos con tanto amor.
Oremos, en fin por todos nosotros, para que busquemos en todo al Se?or y en El encontremos el consuelo que da la fe y el est?mulo para seguir sembrando en este mundo semillas de Vida Eterna.
Publicado por verdenaranja @ 21:20  | Homil?as
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