Lunes, 26 de junio de 2006
26 de junio


Colocamos en nuestro blog el art?culo de Sebasti?n Mora Rosado, Responsable de Relaciones Externas de Caritas de Madrid, que ha sido piblicado en la revista "Punto de Encuentro" de Movimiento Social, n?mero 27 (2006) Las Palmas de Gran Canaria.


Los latidos de la pobreza


La campa?a "pobreza cero" que cientos de organizaciones en todo el mundo tienen en marcha afirma que "somos la primera generaci?n capaz de erradicar la pobreza en el mundo". En este inicio de siglo XXI tenemos las posibilidades y potencialidades necesarias para acabar con una situaci?n que conlleva la muerte silenciosa de millones de personas. La pobreza en el mundo no es resultado de recursos escasos en el planeta sino de un estilo de vida incompatible con un desarrollo justo y sostenible.

El 80% de los recursos del planeta son consumidos por el 20% de la poblaci?n. Si no cambian las cosas, morir?n 45 millones de ni?os y ni?as entre hoy y el 2015, 247 millones de personas del ?frica Subsahariana tendr?n que sobrevivir con menos de 1 d?lar al d?a y 97 millones de menores seguir?n sin escolarizar en el 2015. son algunos de los ejemplos de la sociedad mundial que estamos construyendo.

Podemos pensar que en las llamadas sociedades occidentales, con sus caudales de desarrollo t?cnico y econ?mico, los latidos de la pobreza y la exclusi?n son cantos excepcionales. Sin embargo, las sinfon?as amargas de la exclusi?n social son cotidianas en nuestro mundo. Personas durmiendo en las calles, emigrantes que zozobran en el mar de la indiferencia o se estrellan contra las vallas del olvido, mujeres v?ctimas de la violencia y la discriminaci?n, poblados chabolistas hundidos en el barro de la indignidad. En nuestro mundo, la gran mayor?a de las personas viven en condiciones de pobreza.

No son peque?as minor?as sino las ?inmensas minor?as? que nos refiere Vallejo. Galeano dice con raz?n que la gran mayor?a de la humanidad s?lo tienen el derecho de ver, oir y callar. Hay poblaciones enteras que, no es que sean explotadas, sino que se convierten en "poblaci?n sobrante". Si existen hermanos nuestros que s?lo tienen el derecho de callar, nosotros tenemos el deber de no silenciar y aclamar por todos los mares y caminos que nuestro mundo est? roto, es injusto e inviable a medio plazo.

El sufrimiento de las personas se convierte en imperativo ?tico para los que vivimos con m?s de lo necesario. "Soy responsable del otro sin esperar la rec?proca" (Levin?s) es una obligaci?n actual y urgente. La escucha atenta de los rumores de la desesperaci?n de millones de almas, tiene que retumbar en nuestros petrificados corazones. Las llamadas constantes del llanto amargo del hambre y la violencia necesitan sensibilidades que las reconozcan. Los caminos ignotos de esperanza necesitan personas que lo "di-sue?en" y lo construyan.

Enfocando nuestra mirada a las llamadas sociedades desarrolladas podemos caracterizar la exclusi?n social como una din?mica compleja que tiene su origen en la articulaci?n de diversos procesos econ?micos, sociales, culturales y personales. La exclusi?n no es hija de una sola variable sino que se conjuga desde la complejidad en su origen y manifestaciones. La exclusi?n, en primer lugar, es fruto de procesos estructurales que definen nuestra capacidad de acceso a bienes y servicios. En segundo lugar, queda definida por la cualidad de nuestras redes de apoyo que amortiguan las situaciones de vulnerabilidad. Por ?ltimo, la exclusi?n siempre dispara a nuestro sentido vital y capacidades personales que nos permiten afrontar situaciones dif?ciles.

Los procesos estructurales vienen definidos por la capacidad de acceso a bienes y servicios. Cuando en sus estudios C?ritas hablaba de ocho millones de pobres en el Estado espa?ol, estaba mostrando la realidad de personas que estaban por debajo del "umbral de la pobreza" y no pod?an acceder a algunos bienes necesarios para la vida. Personas que dispon?an de menos del 50% de la renta media disponible mensual. Este ?ndice acoge diversas divisiones en su interior que van desde la denominada pobreza relativa a la ignominiosa pobreza absoluta. En nuestra rica sociedad existen personas que "mal-viven" con unos ingresos m?nimos en situaciones de gran vulnerabilidad.

Es importante notar que la vida es mucho m?s que la mera subsistencia. Hemos escuchado reiteradamente que entre nosotros nadie pasa hambre, existen comedores, se reparten bocadillos... Pero no es menos cierto que entre nosotros hay muchas personas que les "falta la vida". El desempleo y la precariedad laboral es un buen ejemplo de vulnerabilidad en este primer escenario. La precariedad laboral afecta radicalmente a las personas m?s vulnerables no permiti?ndoles gestionar un proyecto vital a medio plazo. Firmando contratos mensualmente con salarios y condiciones laborales precarias es muy dif?cil permitirse pensar en el ma?ana. El trabajo acaba convirti?ndose en un fin en s? mismo y no en un medio para la vida. Adem?s, en la situaci?n competitiva del mercado laboral existen muchas personas que quedan fueran del mismo por su baja empleabilidad o por las discriminaciones que existen en dicho mercado. Personas sin hogar, drogodependientes o que han salido de cumplir penas privativas de libertad lo tienen extremadamente dificultoso. Podr?amos seguir analizando el acceso a otros bienes como por ejemplo la vivienda, tan sangrante en nuestras ciudades, pero exceden las posibilidades de este escrito.

Sobrevolemos ahora la cualidad de nuestras redes de apoyo. Una estructuraci?n familiar buena, con unas relaciones con el entorno pr?ximo positivas y un nivel de integraci?n aceptable en el sistema educativo genera personas con m?s posibilidades de afrontar las situaciones de vulnerabilidad que en otros escenarios. Si pensamos en personas en situaci?n de desempleo con las caracter?sticas anteriormente descritas podr? apoyarse en sus familiares, vecinos o acceder a las posibilidades de ayuda de los diversos subsistemas de protecci?n social. No estar solo en nuestras sociedades es el mejor colch?n contra la exclusi?n social. Sentirse apoyado, acompa?ado y con las espaldas cubiertas permite ir definiendo la vida m?s all? de la subsistencia. Nos hace posible resaltar la vida con may?scula, transida de valores, de relaciones personales, de afectos tiernos y otras veces rugosos, de palabras y silencios.

La exclusi?n social, en ?ltimo lugar, hace que encaremos las capacidades y posibilidades de las personas. En las muchedumbres solitarias que conforman nuestras ciudades tener un sentido vital fuerte y ?gil es capital. El individualismo que separa y atomiza a las personas genera riesgos de consecuencias patentes en los procesos de empobrecimiento y marginaci?n. Caer en la exclusi?n no es dif?cil, salir de ella es una tarea espinosa y costosa.

Si somos la primera generaci?n capaz de acabar con la pobreza, ?qu? podemos hacer? Lo m?s trascendental es no desresponsabilizarnos de la exclusi?n. Somos, en alguna medida, corresponsales de las situaciones de pobreza existentes. Como cantaba Neruda en Los Versos del Capit?n "?Qui?nes son los que sufren? No s?; pero son m?os". Quiz? no tenga el suficiente conocimiento, pero son m?os, son mis hermanos. Adem?s, debemos hermanarnos con el riesgo y la osad?a del cambio social. "Salgamos a los espacios abiertos, arriesgu?monos por el otro" (E. S?bato) es la s?ntesis de un modo de vida apasionante. Tratar de convertirnos en resonancia de la preocupaci?n por los otros, desvelando las posibilidades de transformaci?n social, en un mundo cargado de malas noticias, descubrirse pre?ados de buenas noticias en el riesgo por el otro y con el otro.

En la experiencia en contextos de exclusi?n hay un hecho central y categ?rico: la pasi?n (el sufrimiento). El dolor de millones de personas que no tienen la vida dada por supuesta como la tenemos nosotros. El grito desgarrado de personas heridas de muerte "gimiendo bajo dolores de parto" (Rom 8,22). Para los cristianos tambi?n resuenan cantos de esperanza desde la cercan?a y proximidad . Para los cristianos, vivir en plenitud es "ocuparse y preocuparse por el otro" ("Deus caritas est" n? 6).
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios