Martes, 27 de junio de 2006
27 de junio

Junto al Padre (Difuntos)

Evangelio.- Jn. 6, 37 - 40

Queridos familiares, parientes y amigos de nuestro hermano N.
La muerte de un ser querido siempre produce dolor. Pero este sentimiento humano tan leg?timo se puede transformar en gozo cristiano a la luz de la fe en Jes?s Resucitado. Lo expresa el Prefacio de la Misa cuando dice: "Aunque la certeza de morir nos entristece, nos consuela la promesa de la futura inmortalidad".
Los cristianos nos distinguimos de otros creyentes principalmente por la fe en la Resurrecci?n. Pero esta fe no nos ahorra pasar por la amarga experiencia de la muerte.

Pero, precisamente porque creemos y esperamos en la Resurrecci?n del Se?or y en nuestra propia Resurrecci?n, es por lo que nos hemos congregado aqu?, como asamblea santa, para rezar y pedir por el alma de nuestro hermano.
Nuestra reuni?n es ante todo una celebraci?n de la fe que profesamos. El coraz?n de la fe cristiana est? en una sola palabra: RESUCITO. Jes?s, el que pas? por la muerte igual que nosotros, est? vivo y resucitado para siempre. De lo contrario nuestra fe ser?a vana. No servir?a para nada. Y esto, " que Cristo ha resucitado", s?lo lo creemos los cristianos. Y no se puede ser verdadero seguidor de Jes?s si no se cree en esta verdad.

Pero hay algo m?s que nos ense?a San Pablo: "Cristo ha resucitado como primicia de todos los que creyentes". Jes?s ha sido la primera espiga que ha granado y ha madurado. Despu?s viene el resto de la cosecha. Esa primera espiga es anuncio de todo lo que viene detr?s. Igual que la Resurrecci?n de Jes?s es anuncio y garant?a segura de la Resurrecci?n de todos los que vienen detr?s de El.

Afianzados en esta verdad, que profesamos brota nuestra Esperanza en el m?s all?, la seguridad del encuentro definitivo con Dios nuestro Padre. "Al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansi?n eterna en el Cielo.
"Esta vida nos hace estar siempre de camino... Nos levantamos y nos ponemos en marcha. Buscamos sentido para nuestro trabajo, para nuestras relaciones.
A veces hemos de cambiar de vivienda y plantar de nuevo nuestra tienda en otro lugar. Al final nuestro peregrinaje se acaba y llegamos a la morada definitiva y eterna junto a Dios la que Jes?s nos ha preparado. Un lugar donde Dios lo es TODO. Nuestra incansable vida llega a su Meta y se ve completada.
Por eso decimos que la muerte no tiene la ?ltima palabra. La ?ltima palabra la tiene la Vida. La muerte no es el final del camino. Al contrario, no es m?s que el paso a la nueva vida mejor.

De ah? nuestra esperanza y nuestro gozo. La esperanza de la Iglesia es ciertamente gozosa, pues la gloria que esperamos es tan grande que hace pregustar ya las alegr?as del Cielo.
La Esperanza suscita, adem?s, la oraci?n y el amor fraterno. Nuestra presencia aqu? tiene tambi?n como finalidad, ejercer la caridad.

Rezar por los difuntos es un acto de caridad cristiana. La Iglesia a lo largo de los siglos siempre ha pedido oraciones por los difuntos. Los sacrificios, las obras buenas y las plegarias que nosotros hagamos por ellos, tienen un valor expiatorio, es decir, pueden purificarlos de sus faltas y pecados. Esta es la ense?anza de la Iglesia que arranca de la misma Sagrada Escritura.

La Iglesia confiesa as? mismo la Comuni?n de los Santos. Todos los que creemos en Cristo formamos un solo cuerpo. Entre todos existe una solidaridad, una uni?n. De este misterio arranca nuestra oraci?n.

Nuestro hermano N. a quien estamos dando nuestro adi?s desde la fe en esta Eucarist?a, tambi?n ha cre?do en Cristo, en su Resurrecci?n y ha tratado mientras ha vivido en esta vida de seguirle lo mejor que ha podido. Se ha entregado con ge?nerosidad al Se?or y a todos los que han vivido junto a el, principalmente a voso?tros los m?s cercanos, como sois los familiares.
Con su temperamento alegre, bondadoso y comunicativo, ha tratado de hacer el bien y de hacer felices a todos aquellos con los que ?l ha convivido. El ha vivido su fe cristiana en profundidad y con autenticidad. El ha tratado de seguir a Cristo haciendo todo el bien que ha podido. Ha alimentado su fe cristiana con la pr?ctica de los Sacramentos, sobre todo de la Eucarist?a.

En estos momentos la constataci?n de estos hechos os debe dar una gran satisfacci?n, porque la Eucarist?a es garant?a de Resurrecci?n y de Vida Eterna. Lo escuch?bamos al final del Evangelio: "Esta es la voluntad de mi Padre, que todo el que cree en Mi, tenga la Vida Eterna y yo lo resucitar? en el ?ltimo d?a".
Nuestro hermano N. est? ya participando de esa Vida Eterna. Es la confianza que tenemos de que ya est? junto al Padre. Esto os debe consolar en medio del dolor que sent?s por esta separaci?n. Y porque es posible que a?n tenga que purifi?carse de las deficiencias propias de su condici?n humana, es por lo que presentamos ahora al Se?or algunas peticiones en su favor.
Publicado por verdenaranja @ 10:06  | Homil?as
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