S?bado, 01 de julio de 2006
1 de julio

Escrito sacado de las p?ginas amarillas de IGLESIA DOMINICAL,a?o XXXV, n?mero 14.


NUESTRA ORACI?N
Y LOS DIFUNTOS


En el primer p?rrafo que el Catecismo dedica a la celebraci?n de las exequias se dice: "El ministerio de la Iglesia pretende expresar tambi?n aqu? la comuni?n eficaz con el difunto, y hacer participar en esa comuni?n a la asamblea reunida para las exequias y anunciarle la vida eterna". Es significativo que se repita la palabra comuni?n. Y con una bella cita de san Sime?n de Tesal?nica, completa el Catecismo: "Una vez muertos no estamos en absoluto separados unos de otros, pues todos recorremos el mismo camino y nos volveremos a encontrar en un mismo lugar".

El s?mbolo (credo) niceno-constantinopolitano empieza cada p?rrafo con la afirmaci?n "creo". Pero en la ?ltima cambia y dice: "Espero la resurrecci?n de los muertos y la vida del mundo futuro". Evidentemente, esta esperanza final ?podr?amos decir: esta dif?cil esperanza final? se basa y alimenta en la fe que en el credo antes afirmamos y pedimos. Pero no deja de ser significativo que ante la humana inc?gnita del despu?s de la muerte, profesemos espec?fica-mente esperanza.

Comuni?n y esperanza es lo que debe expresar la celebraci?n y la predicaci?n exequial (y tambi?n la propia de la solemnidad de Todos los Santos y de la conmemoraci?n de los Fieles Difuntos). Con respeto y atenci?n a los distintos niveles de fe y de esperanza que puedan tener los asistentes, y tambi?n sin escamotear que con frecuencia perduran en bastantes ?y en el imaginario colectivo, que dicen sabiamente? unas concepciones sobre el m?s all? de la muerte que no se corresponden con lo m?s propio y nuclear de la fe cristiana. M?s cercanas a lo que quiz? podr?a denominarse religiosidad natural, o al modo que todo esto se vivi? y expres? entre el pueblo cristiano en siglos pasados (los ejemplos cl?sicos son cantos como el "Dies Irae" o el "Libera me"). En siglos pasados y a?n en costumbres y concepciones actuales. No en vano el Vaticano II afirm? que "el rito de las exequias debe expresar m?s claramente el sentido pascual de la muerte cristiana". Se ha avanzado por este camino pero probablemente queda bastante por recorrer (por ejemplo, en parte de la eucolog?a).

A qu? Dios rezamos

Es posible que el fondo del problema est? en clarificar cu?l es la imagen de Dios que tenemos cuando pedimos por los difuntos. Si la de un Dios ante todo justiciero, lejano, incluso irascible, a quien nosotros necesitamos aplacar, a quien pretendemos convencer para que perdone (casi como si nosotros fu?ramos mejores que ?l, o nuestro amor por los difuntos fuera de mejor calidad que el suyo), que exige sacrificios, oraciones o limosnas para inclinar la balanza de su perd?n. O la imagen del Padre que Jes?s nos revel?, el Dios de amor y misericordia, que entreg? gratuitamente incluso a su Hijo para abrirnos caminos de vida y vida m?s abundante.

Es en comuni?n con este Dios de Jes?s con quien rezamos, tambi?n en comuni?n con nuestros hermanos que forman ya parte de aquella inmensa multitud cuya primicia es el Se?or resucitado. Y ello no significa que banalicemos el amor exigente de Dios como si tanto le importara una conducta humana como otra: ?l quiere que nos esforcemos por realizar su voluntad "en la tierra como en el cielo", pero es Padre de perd?n antes que Juez puntilloso. Como tampoco significa que ?como sucede a veces en algunas celebraciones exequiales?"canonicemos" al difunto como si el dios salvador fu?ramos nosotros: siempre hay un misterio en la vida y en la muerte ante el cual se impone el respeto, la esperanza, pero no el pronunciar sentencias ni a favor ni en contra.


Importancia de la oraci?n por y con los difuntos

No rezamos para convencer a Dios ni para pagar supuestas deudas del difunto. Pero ello no significa que no sea importante y v?lida nuestra oraci?n. Porque es la expresi?n muy humana y muy cristiana de nuestra esperanza ("Todo lo que es objeto de esperanza lo es tambi?n de oraci?n", escribe J. Llopis en su art?culo sobre las exequias del Nuevo Diccionario de Pastoral). Pedir a Dios que perdone, que acoja con amor en su casa, que reciba en su Reino... ?son algunas peticiones que repetimos en las plegarias eucar?sti?cas?, es expresar no s?lo nuestros deseos ante el trauma y el misterio de la muerte, sino tambi?n nuestra comuni?n con Dios y con los difuntos. La oraci?n es sinton?a no abstracta y supuesta sino concreta y expresada (como hace la persona humana en todo lo que le es m?s importante).

Por eso se puede decir ?como explica el te?logo gallego Torres Queiruga en su reciente libro Repensar la resurrecci?n? que nuestra oraci?n no es tanto por los difuntos como con los difuntos. Es expresi?n de comuni?n, basada en la fe y la esperanza. Di?logo en el seno de la comuni?n de los santos, gracia del Santo.

JOAQUIM GOMIS
Publicado por verdenaranja @ 14:27  | Liturgia
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