Domingo, 02 de julio de 2006
2 de julio

Seremos felices


Evangelio: Bienaventuranzas (Difuntos)

Todos buscamos la felicidad. Es lo m?s deseado. Es algo innato que llevamos todos en el coraz?n y que responde al plan de Dios al llamarnos a este mundo.
Pero la realidad es que en bastantes ocasiones sufrimos o porque se nos presenta la enfermedad, o porque nos llega un menosprecio, o porque nos visita la muerte y nos lleva a un ser querido. Parece un contrasentido, pero es as?. Estamos hechos para ser felices, pero sufrimos.

Jes?s se hizo uno de nosotros y se meti? en nuestra historia para ense?arnos el camino para ser felices. Las formas en que se nos presenta la felicidad son muchas y muy diversas. Unas veces " parece " que la podemos encontrar en las diversiones, otras en el dinero, otras en triunfos y honores... He dicho "parece", porque resulta que en todas estas cosas de la vida no hay felicidad completa. En todas ellas hay una sombra, un hueco que no se termina de llenar, porque dura po?co o porque se nos escapa como el humo.

La sociedad actual ha multiplicado las oportunidades para el placer, para el disfrute, para el pasatiempo. Con todo, m?s bien parece que esta sociedad ha con?tribuido a aumentar el hast?o, el vac?o interior, el sin sentido, incluso la angustia y a veces hasta la desesperaci?n.
Los cristianos ante cualquier situaci?n humana miramos a Jes?s. Y Jes?s vivi? y cumpli? las Bienaventuranzas que son un precioso mensaje de felicidad.
Desde luego que las Bienaventuranzas no son f?ciles de entender y mucho menos de cumplir. Y por eso el mundo y nosotros mismos hemos preferido crear otro tipo de bienaventuranzas, otros caminos muy distintos, casi-casi diametralmente opuestos a los que nos propone Jes?s para alcanzar la felicidad.

Para Jes?s son felices los desprendidos de todo; los que no tienen el coraz?n puesto en el dinero, ni se afanan locamente por tener m?s. De ellos dice que es el Reino de los Cielos, porque tienen a Dios por rey.

Para Jes?s son felices los mansos. Es decir, los que tienen siempre una palabra amable y una sonrisa para los dem?s; los que saben devolver bien al que hace el mal; los que tienen " detalles " precisamente con aquellos que se han por?tado mal con ellos; los que est?n siempre dispuestos a ayudar y a servir a los dem?s. Son un reflejo de lo bueno que es Dios. Ellos poseer?n la tierra.

Para Jes?s son felices los que lloran. Y hay muchas personas que lloran: los enfermos curables o incurables; los inv?lidos por accidente o de nacimiento; los que han de estar siempre en cama o en silla de ruedas; los que no saben sonre??r; los que est?n solos; los ?ltimos en todo, porque no tienen cualidades; los que son despreciados. Dichosos si aceptan con entereza su situaci?n y participan con paciencia de la Cruz de Cristo. Ellos ser?n consolados.

Para Jes?s son felices los que tienen hambre y sed de justicia; los que tienen ideales altos, no se consideran los mejores, sino que aspiran siempre a me?jorar; trabajan por quitar sus propios defectos; nunca piensan que todo lo hacen bien; les duelen las injusticias, y hacen lo que pueden por quitarlas. Ellos ser?n sa?ciados.

Para Jes?s son felices los compasivos; los que salen corriendo a auxiliar a cualquier necesitado; los que comparten todo lo que tienen; los que no son envidiosos, sino que se alegran del bien ajeno. Ellos alcanzar?n misericordia.

Para Jes?s son felices los que son limpios en sus pensamientos, palabras, obras y deseos; los que no se dejan llevar del respeto humano ante conversaciones subidas de tono; los que no se buscan a s? mismos; los que tienen unos ojos tan limpios, que son un reflejo de la limpieza de su coraz?n. Ellos ver?n a Dios.

Para Jes?s son felices los pac?ficos, los que saben controlarse; los que son capaces de sembrar paz; los que llevan a todas partes la reconciliaci?n; los que ayudan a hacer las paces entre los enemigos; los que llevan a todas partes la sonri?sa, el perd?n, el olvido de las ofensas. Ser?n llamados los hijos de Dios.

Para Jes?s son felices los que padecen persecuci?n por la justicia; los incomprendidos por su actitud cristiana ante la vida; los que prefieren quedar mal con tal de no traicionar a su fe; los que quedan en rid?culo por dar testimonio de su fe; los que nunca se dejan llevar por el qu? dir?n. De ellos es el Reino de los Cielos.

Yo estoy seguro de que nuestro hermano N. ha intentado en muchas ocasio?nes seguir estas pautas que nos da Jes?s en las Bienaventuranzas. El ha sido un hombre servicial, cumplidor de su deber, sencillo, cordial, pac?fico, amigo de Jes?s y buen amigo de sus amigos. Desde la vivencia y la pr?ctica de estas actitudes po?demos decir que fue feliz y que hizo felices a los dem?s.
Una felicidad que no puede tampoco quedar truncada por la muerte. Nos lo dec?a claramente el Libro del Apocalipsis: "Dios enjugar? las l?grimas de nuestros ojos y no habr? ya llanto, ni luto, ni dolor porque el primer mundo ya ha pasado".

Para nuestro hermano N. termin? ya el sufrimiento y ha comenzado su plena liberaci?n del dolor y de la enfermedad. Podr? ahora disfrutar de su condici?n de hijo de Dios en toda su plenitud.
Al ofrecer esta Eucarist?a por su eterno descanso, pedimos al Se?or que disfrute de la felicidad plena junto al Padre.
Publicado por verdenaranja @ 20:50  | Homil?as
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