S?bado, 15 de julio de 2006
Exhortaci?n Colectiva, sobre la realidad nacional y eclesial, que ha difundido el episcopado de Venezuela el mi?rcoles, 12 de Julio, con ocasi?n de su 86? Asamblea Plenaria.



?PENSAMIENTOS DE PAZ Y NO DE AFLICCI?N?


(Jr 29, 11)

Exhortaci?n Colectiva del Episcopado Venezolano
en ocasi?n de su LXXXVI Asamblea Plenaria Ordinaria



Servidores de un pueblo noble

1. Cada a?o, en los meses de enero y julio, al t?rmino de nuestra Asamblea Ordinaria, nosotros, Obispos de Venezuela, Pastores del pueblo de Dios, hacemos llegar a todos los venezolanos, junto con nuestro fraterno saludo y bendici?n, una Exhortaci?n sobre la realidad nacional y eclesial. Lo hacemos por fidelidad a nuestra misi?n pastoral y moral, y como servicio a nuestro pueblo. Su confianza en nuestra orientaci?n y acci?n nos anima a transmitirle los pensamientos de paz del Dios del amor (Cf. Jr 29, 11). Nuestro ?nico prop?sito, pues, es ayudar a los fieles cat?licos y a los hombres y mujeres de buena voluntad a discernir, conforme al Evangelio y a la Doctrina Social de la Iglesia, las actitudes y opciones que han de asumir en estos tiempos tan confusos y desafiantes de nuestra presente historia republicana.

2. Conocemos bien las notables virtudes de nuestro pueblo, sus anhelos e inquietudes, sus temores y esperanzas. Su inmensa mayor?a es gente honesta, trabajadora y amante del orden, de la convivencia social amistosa y de la paz. Por ello bendecimos y damos gracias a Dios. Reconocemos los grandes esfuerzos que hacen las familias de escasos recursos por dar afecto, comida, techo y educaci?n a sus hijos. Sabemos tambi?n de la dedicaci?n, cari?o y capacidad con que se desempe?an los docentes; de la m?stica y competencia de hombres y mujeres honestos, profesionales o no, en el ejercicio de su vocaci?n y en el cumplimiento de sus deberes y responsabilidades laborales. Todos ponen su cuota de esfuerzo o sacrificio anhelando un ma?ana mejor. Sus principales demandas, hechas p?blicas de modos muy diversos y reiterados, son: seguridad, empleo, salud, vivienda, alimentaci?n, educaci?n, eficiencia y pulcritud en la gesti?n p?blica, justicia y paz. Si bien reciben del Estado diversos subsidios, entienden cada vez menos c?mo los inmensos recursos que proporciona la renta petrolera no se traducen en empleos decentes y estables, en salarios suficientes para el sustento familiar, y en un r?gimen de seguridad social universal, justo y efectivo. Exigen al Estado unas condiciones b?sicas y suficientes para una vida digna y pac?fica. Por eso viven y luchan con la esperanza de que su situaci?n puede cambiar, aunque la mayor parte se pregunta de d?nde y c?mo vendr? ese cambio.

Violencia y criminalidad en el pa?s

3. El tema de la vida ha sido recurrente en nuestros documentos. Creemos en el Dios viviente, y mediante la celebraci?n de la resurrecci?n de Cristo proclamamos el valor inviolable de la vida humana y el respeto por ella. Estas convicciones del pueblo cristiano chocan, desgraciadamente, con la cruda realidad nacional del momento. Tr?gica, pero paulatinamente, los venezolanos nos estamos acostumbrando a una cultura o modo de pensar seg?n el cual la muerte parece ganarle cada d?a la batalla a la convivencia entre los ciudadanos. Estudios recientes han puesto de relieve la aterradora realidad de un pa?s que se desangra en las manos de la violencia y el odio. Seg?n la UNESCO, Venezuela encabeza la lista de los cincuenta y siete pa?ses m?s violentos e inseguros, con un promedio de cuarenta y cuatro homicidios por d?a, lo que significa un asesinato cada media hora (1).

4. El espectro de la violencia es sumamente amplio. Sus manifestaciones son muy diversas y no se pueden esconder. Golpean constante y dolorosamente a la familia venezolana delitos tales como la extorsi?n, el secuestro y el narcotr?fico, con particular virulencia en las regiones fronterizas. Una situaci?n de inaudita deshumanizaci?n, de protestas y de sangrientos enfrentamientos persiste en las c?rceles. Hay otras manifestaciones, menos denunciadas, pero no menos perjudiciales y traum?ticas, como el maltrato a la mujer y la violencia dom?stica. Lamentablemente, algunos medios de comunicaci?n contribuyen a la exaltaci?n de actitudes violentas, difundiendo contenidos e im?genes reprobables.

5. La criminalidad conmociona al pa?s. Sin olvidar ning?n caso, no podemos menos de referirnos al Pbro. Jorge Pi?ango, sacerdote de la Arquidi?cesis de Barquisimeto, muy apreciado por la feligres?a, quien para el momento de su homicidio era el Subsecretario de la Conferencia Episcopal. La intenci?n de algunos sectores de desprestigiar a la Iglesia y amedrentarla, no tuvo eco en la poblaci?n. La Iglesia, por su parte, sabe que la cruz y la persecuci?n son consecuencias inseparables de la vocaci?n prof?tica y del discipulado cristiano, y sabe tambi?n que "la verdad nos har? libres" (Jn 8, 32). Exigimos que el Ministerio P?blico y los ?rganos jurisdiccionales act?en conforme a la verdad para que ?ste y otros cr?menes sean completamente aclarados, y que los culpables sean debidamente sancionados de acuerdo a las leyes y dentro del Estado de derecho.

6. Junto a este cuadro de violencia desatada, Venezuela presencia, con asombro y rechazo moral, la promoci?n de un clima b?lico y la militarizaci?n de la sociedad, entre otras cosas por la creaci?n de milicias civiles. Es contradictorio ofrecer un discurso contra la violencia y planes de desarme de la poblaci?n y, al mismo tiempo, adiestrar en el uso de las armas a los j?venes y adolescentes. El militarismo, el exceso de armas, los abusos policiales y la impunidad, crean un estado de zozobra y sobresalto en la ciudadan?a y neutralizan la capacidad de leg?tima protesta. Es imprescindible una lucha frontal contra estos males y una sana depuraci?n de las fuerzas del orden, tanto en sus niveles de comando como en sus ?reas operativas, sin otro criterio distinto a la profesionalizaci?n, habilidad, conocimiento y ?tica en el ejercicio de sus funciones. En este mismo sentido, el Proyecto de Ley de Polic?a Nacional no debe propiciar la centralizaci?n, y ha de luchar contra la corrupci?n y el amedrentamiento. Urge, por tanto, en el pa?s una campa?a nacional en favor de la cultura de la vida y de la civilizaci?n del amor, que incluya una educaci?n para la paz y la reconciliaci?n, que penetre todos los sectores, ambientes e instituciones. Ha de promoverse de modo eficaz la reorientaci?n del gasto armamentista, disminuyendo el mismo y aumentando la inversi?n en programas de prevenci?n y seguridad de las personas, de manera muy especial, de los ni?os y j?venes de los estratos m?s pobres y abandonados. En este mismo sentido, ser?a muy deseable que la Asamblea Nacional estableciera definitivamente la Ley de Seguridad Social universal e integral como instrumento de justicia social. "La justicia es el objeto y, por tanto, la medida intr?nseca de toda pol?tica" (Benedicto XVI, Carta Enc?clica Dios es Amor, N? 28b).

Familia, educaci?n y sociedad

7. La educaci?n es asunto de todos los venezolanos y a todos afecta. A los obispos nos preocupa la orientaci?n de todo el sistema educativo. El problema fundamental reside actualmente en el intento, recogido en el anteproyecto de Ley Org?nica de Educaci?n, de asignar al Estado los derechos educacionales originarios de la sociedad. En efecto, tales derechos no tienen su origen en el Estado sino en el ni?o, en la familia y en la sociedad, porque ?stos son anteriores al Estado. Por eso, son ellos los que determinan la exigencia de que el Estado garantice una educaci?n de calidad. Considerar al Estado como actor supremo de la educaci?n, adem?s de socavar los derechos de la familia y de la sociedad, es peligroso, porque lleva a consagrar el monopolio estatal-partidista de la educaci?n y a herir de muerte el pluralismo o libertad educativa. Es inaceptable, por inconstitucional, y violatorio de la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos, el prop?sito manifestado por funcionarios del Gobierno de "politizar" la educaci?n y convertir a los docentes en agentes de adoctrinamiento de un determinado modelo pol?tico. "Cuando el Estado reivindica el monopolio de la educaci?n, sobrepasa sus derechos y ofende a la justicia?; el Estado no puede, sin cometer injusticia, contentarse solamente con tolerar la llamada escuela privada" (Instrucci?n de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe acerca de la libertad cristiana y la liberaci?n, 1986, N? 94).

8. La cuesti?n de Educaci?n Religiosa en las escuelas p?blicas y privadas preocupa a los Obispos, a toda la Iglesia y a la gran mayor?a de la poblaci?n. Al respecto, la Iglesia no pide privilegios; reclama los derechos de los educandos, de los padres y de la sociedad y el derecho que ella y otras comunidades religiosas tienen de ejercer su misi?n. La Educaci?n Religiosa Escolar (ERE), en particular, es un derecho de todo ni?o, de acuerdo con el credo religioso que profesan sus padres, dentro del concepto de educaci?n integral y del respeto a la libertad religiosa como un derecho humano. "El principio reconocido universalmente de la libertad religiosa y de la libertad de conciencia? no s?lo entra en la lista de derechos del hombre admitidos por todos, sino que ocupa el puesto clave" (Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo Diplom?tico, 12-1-1979). Si el Estado no respetase este derecho de los ni?os y de la familia, la educaci?n no ser?a democr?tica. Si a la educaci?n le faltase la dimensi?n religiosa, ser?a incompleta. Adem?s, la historia de Venezuela demuestra que la educaci?n laica, es decir, no confesional, puede coexistir perfectamente con la pr?ctica secular en Venezuela de la ense?anza religiosa en las escuelas. Sorprende que, por una parte, cuando se reconoce el d?ficit moral de la sociedad, se pretenda excluir la educaci?n religiosa de las escuelas, y, por otra, se proclame e introduzca el manejo ideologizado tanto de la religiosidad popular, vaci?ndola de su genuina raigambre espiritual, como de todo el hecho educativo.

Riesgos de conciencia para la democracia

9. El aumento de la conflictividad social y de las protestas callejeras, que a diario protagonizan, especialmente, los sectores m?s pobres del pa?s, son una consecuencia del sentimiento de abandono y escasa atenci?n a los problemas m?s urgentes. A prop?sito de esto, la sociedad percibe, en algunos sectores del gobierno, una falta de capacidad para dar respuestas a los planteamientos y a las cr?ticas, por muy bien intencionados que ?stos sean, una tendencia a descalificar a quien pregunta o cuestiona, y asignar a sus intervenciones un prop?sito de desestabilizaci?n o, incluso, de "traici?n a la patria". La persecuci?n y discriminaci?n por razones de discrepancia ideol?gica, as? como la presencia de presos por actividades vinculadas con su posici?n pol?tica, resultan no s?lo reprobables desde cualquier consideraci?n ?tica y democr?tica, sino que son ajenas al talante tradicionalmente tolerante de la cultura pol?tica del venezolano.

10. Las declaraciones y actuaciones contra la autonom?a de las universidades y el ejercicio de la libertad de expresi?n, as? como las normas contenidas en el Proyecto de Ley de Cooperaci?n Internacional en referencia a la libertad y actividades de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), constituyen en su conjunto amenazas ciertas a la pluralidad y diversidad democr?ticas. Todos estamos llamados a reflexionar sobre el inmenso riesgo que tales discursos y conductas encierran, por la sustentaci?n ideol?gica que se les da y los modelos que de hecho proponen como referencia. Tales hechos permiten deducir algo que nos preocupa grandemente: que ellos puedan constituir el intento de imponer un pensamiento ?nico. Ante esto es imperativo que el Gobierno y el sector pol?tico oficial precisen, sin ambig?edad ni dilaci?n, su reiterada propuesta englobante de "Socialismo del Siglo XXI". "Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales". (Benedicto XVI, Dios es Amor, N? 28).

Interrogantes en un a?o electoral

11. Estamos en un a?o electoral, a escasos meses de las elecciones presidenciales. Las interrogantes y preocupaciones son muchas. La incertidumbre, el temor y la desconfianza parecen ser los rasgos psicol?gicos y las actitudes sociopol?ticas que definen el estado de ?nimo general de los venezolanos. ?Qu? va a pasar en el pa?s? es la pregunta m?s com?n, que genera angustia y par?lisis. Es menester, por tanto, superar cuanto antes, adecuadamente, esta situaci?n.

12. Por ello nos dirigimos hoy, sincera y responsablemente, al Consejo Nacional Electoral: toda colaboraci?n o medida de correcci?n se hace necesaria cuando el objetivo es rescatar la confianza de todos los sectores del pueblo en la instituci?n del voto, siendo ?ste el mecanismo democr?tico por excelencia para dirimir de manera pac?fica los conflictos propios de quienes piensan distinto. En tal sentido, solicitamos a este organismo que escuche las sugerencias de la Comisi?n de Seguimiento del Proceso Electoral de la Conferencia Episcopal. El CNE tiene el deber hist?rico de extremar todos los esfuerzos para que el inmediato proceso electoral sea constitucional, legal, pol?tica y ?ticamente irreprochable, garantizando de esta manera que todos los venezolanos puedan ejercer su derecho al voto sin miedo a represalias y con la seguridad de que la decisi?n de la mayor?a ser? respetada. Por otra parte, la dirigencia pol?tica debe, con un mensaje y una actuaci?n coherentes, ganarse la confianza de la colectividad, en orden a contrarrestar la tendencia al abstencionismo, mediante ofertas alternativas que encarnen y afiancen la viabilidad de la democracia.

Llamados a la responsabilidad

13. Es urgente iniciar un camino de recuperaci?n de la concordia nacional tanto entre los ciudadanos, como entre ?stos y las instituciones p?blicas. Exhortamos a los venezolanos a rechazar cualquier conducta de discriminaci?n e intolerancia, venga de donde viniere, a combatir con vigor las actitudes de indolencia, indiferencia, resignaci?n y desesperanza; a defender la libertad y la dignidad de la persona humana. Nada ni nadie, ll?mese l?der o proyecto pol?tico, econ?mico o social, del tipo o color que sea, puede estar por encima de la persona. Nuestro pueblo clama al cielo por justicia desde el miedo y la opresi?n, generados por la violencia o la pobreza. Desentenderse del problema, porque nos acostumbramos a ?l, o porque nos hemos convencido de que no se puede hacer nada, es la negaci?n del mensaje esencial del Evangelio, contenido en el Serm?n de la Monta?a (Cf. Mt 5-7).

14. Se requiere una revisi?n profunda del sistema judicial, a fin de liberarlo de los yugos del partidismo, el amiguismo, y el clientelismo que se nutren de las cercan?as del poder, y que terminan no s?lo d?ndole la espalda al pueblo necesitado de justicia y paz, sino reforzando y estimulando a los hacedores de violencia.

15. Reiteramos nuestro llamado a todos los sectores, especialmente del gobierno, para que abandonen el discurso incitador a la confrontaci?n y a la violencia; para que estimulen la unidad entre los venezolanos, evitando acciones que propicien y refuercen la divisi?n y la discriminaci?n, y para que enfaticen la tolerancia, el respeto por el adversario y por la dignidad de quienes piensan distinto. En este sentido renovamos la solicitud que hici?ramos en el pasado mes de enero por "medidas de gracia, beneficios procesales y trato humanitario para todos los presos pol?ticos" (Exhortaci?n Pastoral "Ser Luz del mundo y Sal de la tierra en la Venezuela de hoy", N? 11). Ello ser?a un signo concreto y eficaz de reconciliaci?n. "No hay orden estatal, por justo que sea ? dice el Papa Benedicto XVI ? que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre" (Enc?clica Dios es Amor, Ib?dem).

16. Llamamos a las comunidades cristianas de todas nuestras iglesias particulares a asumir con gozo, ilusi?n y compromiso la gran iniciativa global de la Iglesia venezolana en los ?ltimos a?os del siglo pasado y los primeros del nuevo milenio: el Concilio Plenario. Es ?sta una propuesta org?nica de renovaci?n eclesial, de anuncio prof?tico del Evangelio y de contribuci?n a la gestaci?n de una nueva sociedad. El Concilio ha sido escuela de comuni?n y es fuente de esperanza para la Iglesia y el pa?s. El pr?ximo 7 de octubre tendr? lugar la solemne clausura de sus sesiones, y entrar? en su etapa m?s importante, la aplicaci?n concreta en la vida pastoral.

17. En momentos dif?ciles y en horas de calma acudimos siempre con filial afecto a la que es vida, dulzura y esperanza nuestra, la Virgen de Coromoto, Patrona de todos los venezolanos, con la seguridad de que ella nos obtendr? de su divino Hijo fuerza para proseguir el camino de reconstrucci?n de nuestra historia, promoviendo pensamientos de paz y no de aflicci?n.

18. Pedimos a los sacerdotes leer y comentar esta Exhortaci?n en las diversas reuniones de grupos y movimientos eclesiales.

Con nuestra afectuosa bendici?n.

Los Arzobispos y Obispos de Venezuela

Caracas, 12 de julio de 2006

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(1) M?s de 30% de las victimas de homicidios son j?venes entre 15 y 29 a?os. De hecho, el homicidio es la primera causa de muerte entre los j?venes de ambos sexos de 15 a 29 a?os de edad. El promedio de ni?os asesinados alcanza la cifra de 42 infantes por mes. En los ?ltimos tres a?os han sido secuestradas 380 personas. Los muertos por resistencia a la autoridad superan los 200 por a?o. Menos del 2% de los funcionarios policiales y militares investigados por estos ajusticiamientos son finalmente condenados. Fuentes de los datos: Anuarios de Mortalidad del MSDS, Divisi?n de estad?stica del CICPC, Centro para la Paz y los Derechos Humanos de la UCV; UNESCO y Banco Mundial.
Publicado por verdenaranja @ 1:08  | Hablan los obispos
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