S?bado, 15 de julio de 2006
Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap. --predicador de la Casa Pontificia-- a la liturgia del pr?ximo domingo, XV del tiempo ordinario.



Les envi? de dos en dos



XV Domingo del tiempo ordinario (B)
Am?s 7, 12-15; Efesios 1, 3-14; Marcos 6, 7-13



?Y llama a los Doce y comenz? a enviarlos de dos en dos, d?ndoles poder sobre los esp?ritus inmundos. Les orden? que nada tomasen para el camino, fuera de un bast?n; ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino ?Calzados con sandalias y no vist?is dos t?nicas?...?.

Los estudiosos de la Biblia nos explican que, como de costumbre, el evangelista Marcos, al referir los hechos y las palabras de Cristo, tiene en cuenta la situaci?n y necesidades de la Iglesia en el momento en el que escribe el Evangelio, esto es, despu?s de la resurrecci?n de Cristo. Pero el hecho central y las instrucciones que en este pasaje da Cristo a los ap?stoles se refieren al Jes?s terreno.

Es el inicio y como las pruebas generales de la misi?n apost?lica. Por el momento se trata de una misi?n limitada a los pueblos vecinos, esto es, a los compatriotas jud?os. Tras la Pascua esta misi?n ser? extendida a todo el mundo, tambi?n a los paganos: ?Id por todo el mundo y predicad la Buena Nueva a toda la creaci?n? [Mc 16, 15. Ndt.].

Este hecho tiene una importancia decisiva para entender la vida y la misi?n de Cristo. ?l no vino para realizar una proeza personal; no quiso ser un meteorito que atraviesa el cielo para despu?s desaparecer en la nada. No vino, en otras palabras, s?lo para aquellos pocos miles de personas que tuvieron la posibilidad de verle y escucharle en persona durante su vida. Pens? que su misi?n ten?a que continuar, ser permanente, de manera que cada persona, en todo tiempo y lugar de la historia, tuviera la posibilidad de escuchar la Buena Nueva del amor de Dios y ser salvado.

Por esto eligi? colaboradores y comenz? a enviarles por delante a predicar el Reino y curar a los enfermos. Hizo con sus disc?pulos lo que hace hoy con sus seminaristas un buen rector de seminario, quien, los fines de semana, env?a a sus muchachos a las parroquias para que empiecen a tener experiencia pastoral, o les manda a instituciones caritativas a que ayuden a cuantos se ocupan de los pobres, de los extracomunitarios, para que se preparen a la que un d?a ser? su misi?n.

La invitaci?n de Jes?s ??Id!? se dirige en primer lugar a los ap?stoles, y hoy a sus sucesores: el Papa, los obispos, los sacerdotes. Pero no s?lo a ellos. ?stos deben ser las gu?as, los animadores de los dem?s, en la misi?n com?n. Pensar de otro modo ser?a como decir que se puede hacer una guerra s?lo con los generales y los capitanes, sin soldados; o que se puede poner en pi? un equipo de f?tbol s?lo con un entrenador y un ?rbitro, sin jugadores.

Tras este env?o de los ap?stoles, Jes?s, se lee en el Evangelio de Lucas, ?design? a otros setenta y dos, y los envi? de dos en dos delante de s?, a todas las ciudades y sitios a donde ?l hab?a de ir? (Lc 10, 1). Estos setenta y dos disc?pulos eran probablemente todos los que ?l hab?a reunido hasta ese momento, o al menos todos los que le segu?an con cierta continuidad. Jes?s, por lo tanto, env?a a todos sus disc?pulos, tambi?n a los laicos.

La Iglesia del post-Concilio ha asistido a un florecimiento de esta conciencia. Los laicos de los movimientos eclesiales son los sucesores de esos 72 disc?pulos... La vigilia de Pentecost?s brind? una imagen de las dimensiones de este fen?meno con esos cientos de miles de j?venes llegados a la Plaza de San Pedro para celebrar con el Papa las V?speras de la Solemnidad. Lo que m?s impresionaba era el gozo y el entusiasmo de los presentes. Claramente para esos j?venes vivir y anunciar el Evangelio no era un peso aceptado s?lo por deber, sino una alegr?a, un privilegio, algo que hace la vida m?s bella de vivir.

El Evangelio emplea s?lo una palabra para decir qu? deb?an predicar los ap?stoles a la gente (?que se convirtieran?), mientras que describe largamente c?mo deb?an predicar. Al respecto, una ense?anza importante se contiene en el hecho de que Jes?s les env?a de dos en dos. Eso de ir de dos en dos era habitual en aquellos tiempos, pero con Jes?s asume un significado nuevo, ya no s?lo pr?ctico. Jes?s les env?a de dos en dos ?explicaba San Gregorio Magno? para inculcar la caridad, porque menos que entre dos personas no puede haber ah? caridad. El primer testimonio que dar de Jes?s es el del amor rec?proco: ?En esto conocer?n todos que sois disc?pulos m?os: si os ten?is amor los unos a los otros? (Jn 13, 35).

Hay que estar atentos para no interpretar mal la frase de Jes?s sobre el marcharse sacudi?ndose tambi?n el polvo de los pies cuando no son recibidos. ?ste, en la intenci?n de Cristo, deb?a ser un testimonio ?para? ellos, no contra ellos. Deb?a servir para hacerles entender que los misioneros no hab?an ido por inter?s, para sacarles dinero u otras cosas; que, m?s a?n, no quer?an llevarse ni siquiera su polvo. Hab?an acudido por su salvaci?n y, rechaz?ndoles, se privaban a s? mismos del mayor bien del mundo.

Es algo que tambi?n hay que recalcar hoy. La Iglesia no anuncia el Evangelio para aumentar su poder o el n?mero de sus miembros. Si actuara as?, traicionar?a la primera el Evangelio. Lo hace porque quiere compartir el don recibido, porque ha recibido de Cristo el mandato: ?Gratis lo hab?is recibido, dadlo gratis?.
Publicado por verdenaranja @ 9:20  | Espiritualidad
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