S?bado, 15 de julio de 2006
Reflexi?n que hace el Padre Antonio Mar?a Hern?ndez del Hogar Santa Rita de El Puerto de la Cruz, publicada en la revista Como las Abejas Mayo-Junio, n?mero 27


Hombres antes que Santos

Recuerdo a un director espiritual que insist?a que para ser Santos antes hab?a que ser hombres igual que nosotros, del mismo material, igualmente queridos por Dios. Dios tiene la ilusi?n puesta en ti y en m?, que ya hemos nacido y seguimos vivos en este planeta Tierra. Es un sue?o de Dios. C?mo sue?an los padres con el porvenir de sus hijos.
Qu? diferente ser?a todo en el mundo, si t? y yo nos hici?ramos mejores.
?Queremos regenerar al mundo? Empecemos, pues, t? y yo, y ya seremos dos los que nos estemos regenerando, sin meternos con nadie. La crisis de nuestro tiempo no es crisis econ?mica o pol?tica, es crisis de hombres, crisis de amor y solidaridad. Hacen falta verdaderos hombres y verdaderas mujeres en el sentido m?s digno de la palabra. Hombres y mujeres como Dios quiere que seamos. Hombres y mujeres de Dios.
El famoso Di?genes se paseaba por Atenas con una vela encendida en pleno d?a "buscando un hombre" ?Qu? es un hombre? Alguien que es responsable, que el trabajo o la misi?n que le han encomendado lo hace poniendo todo el inter?s. No hace falta que se lo recuerden, ni que le digan que est? obligado. Da mayor importancia al deber que al tener. Nunca act?a por premios o amenazas. Es fiel a la palabra dada, por eso no se compromete, cuando sabe que no podr? cumplir. No se deja sobornar ni por dinero, ni por la amistad, ni por parentesco o adulaci?n. No le importa lo que digan los dem?s, ni lo que hagan. No le espanta el quedarse s?lo. Sabe que Dios est? con ?l hasta que se acabe el mundo. El lo dijo. A ese hombre o mujer que tiene el ideal maravilloso de ser Santo, no le busques perdiendo el tiempo en ninguna parte. Siempre estar? haciendo algo de provecho. Nunca deja las cosas a medias, las dificultades no le tiran para atr?s. Busca con serenidad y sin ponerse nervioso, ni descontrolarse, la soluci?n al problema que se presenta, muchas veces, muy dif?cil. Sabe sufrir sin darlo a entender a los dem?s. Aguanta, traga saliva y calla, no pierde el humor ni la alegr?a ante el problema o la contrariedad, tiene muy presente que el dolor acompa?a a las grandes obras y a los grandes hombres y cuanto m?s grande es la obra, mayores son los problemas y sufrimientos. Mas que criticar a los dem?s aporta ideas y pone a disposici?n sus cualidades y su persona. No anda buscando la fama, ni los aplausos, ni que le digan qu? bien lo has hecho.
Hace lo que tiene que hacer y punto, sin esperar a que se lo agradezcan o se lo tengan en cuenta. Busca, por encima de todo, la verdad. Por eso le queda f?cil encontrar a Dios. Cuanto un hombre es m?s grande m?s se da cuenta de que depende de Dios, agradece gozoso la acci?n de Dios, est? siempre en manos de la divina providencia. Los Santos, pues, eran personas normales que siempre apuntaban alto y sent?an la repugnancia, como cualquiera. Se cuenta en la historia de un alma de Santa Teresita que estuvo a punto de enfadarse con una hermana que en el lavadero la hab?a rociado con agua sucia y el traj?n de una compa?era con el rosario durante la meditaci?n le pon?a tan nerviosa que el esfuerzo que hizo para dominar su impaciencia le ocasion? un ba?o de sudor. Se cuenta de San Francisco que durante la enfermedad que le llev? a la muerte, llam? un d?a a sus compa?eros para decirles: ya saben de qu? manera la Se?ora Jacoba de Siete Soles me era y me es extraordinariamente devota y por esto pienso que ser?a un gran consuelo para ella si le di?semos la noticia de mi estado de enfermo y as? nos enviara aquellos mazapanes que tantas veces amas? para m?, en la ciudad.
Qu? detalle de los Santos, hasta parece un antojo. En los Santos van unidos la flexibilidad y el tacto, con la tenacidad de la voluntad y su firmeza de car?cter. "Hacerse todo para todos". La vida de los Santos est? llena de sorpresas. Por regla general cuanto m?s nos aproximamos a un hombre importante menos grande nos parece; pero en los Santos es al rev?s, cuanto m?s nos acercamos y conocemos su vida, m?s grande
se nos presenta. Los Santos son personas adaptables, flexibles, no se obstinan en nada, est?n a la altura de todas las circunstancias y ocasiones.
Los Santos est?n dotados de sentido com?n. Dec?a San Ignacio de Loyola: hemos de adaptar la compa??a de Jes?s a los nuevos tiempos y no los nuevos tiempos a la compa??a. Es mostrar una mente estrecha, el querer mantenerse a toda costa en lo que ya se ven?a haciendo, porque simplemente ?siempre se ha hecho as??. Los tiempos cambian y para caminar en armon?a hay que ser pr?cticos y modificar nuestros m?todos.
Una de las cualidades sobresalientes de San Vicente de Pa?l consisti? en comprender claramente que el Sol no se para, ni retrocede en su camino, que Dios se manifiesta de muy diversos modos y que si queremos mejorar el mundo debemos comenzar por mejorarnos a nosotros en el mundo, tal como lo encontramos.
Santa Teresa de Jes?s, en lugar de estar detallando nada acerca de la humildad, sencillamente dice: la humildad es la verdad. Uno es lo que es ante Dios, ni m?s, pero tampoco menos. Conocedora de sus propias fuerzas no se hac?a problema de sus virtudes ni de sus defectos, le gustaba ser hombre porque de serlo hubiera sido sacerdote y predicador.
No obstante su esp?ritu de penitencia Santa Teresa amaba una habitaci?n desde la cual se disfrutaba de una hermosa vista a trav?s de la ventana. Dec?a tambi?n, que si la obediencia les env?a a comer seis veces al d?a vayan y est?n contentas. Dec?a San Francisco de Sales: el alma debe corregir al cuerpo como una madre a un hijo, corregirle sin herirle. Hemos de tener paciencia con todo; pero especialmente con nosotros mismos. Quien pierde el amor, lo ha perdido todo.
Hemos de someternos a la prueba de ser humanos, convencernos de que antes que Santos hay que ser hombres o mujeres. Se cuenta en la vida de San Francisco de As?s que una noche le despert? el clamor de uno de sus frailes gritando: me muero, me muero de hambre y San Francisco prepar? la comida y comi? con ?l, para que no se avergonzase de comer solo, predicando luego acerca del sentido com?n.
Cada uno de ustedes debe tener en cuenta su propia naturaleza. No todos tenemos las mismas fuerzas, ni la misma gracia. Aceptarse como es, dec?a San Juan Cris?stomo. Hay que andar en la verdad porque no experimentar placer al sentirse uno alabado, es, a mi juicio, una cosa que jam?s ha ocurrido a hombre alguno. No le gustaban las aficiones extremas, ni violentas, ni la descalificaci?n, sin m?s.
La vida del campo tiene sus inconvenientes, lo mismo que la de la ciudad. Del mismo modo que existen buenas y malas compa??as, as? hay soledad buena y soledad que es peligrosa. De la mala soledad se ha dicho, "ay del s?lo". Lot, que en medio de un pueblo corrompido como Sodoma y Gomorra, se conserv? puro, sin embarg? se contamin? y corrompi? cuando estaba solo.
Hay muchas virtudes que no pueden practicarse en soledad. Al Santo cura de As?s no le gustaba que le hicieran fotos. Sin embargo a San Francisco no le importaba que le hicieran retratos y luego los distribuyeran. No veo en esto peligro mayor, dec?a, que la comunicaci?n de las propias ideas a un amigo. Nunca permiti? que sus ideas se antepusiesen al sentido com?n. "los que viven del mar habitualmente mueren en el mar". Le dec?a una Se?ora a San Vicente Ferrer, que le gustaba predicar en p?lpitos muy limpios y ?l, personalmente, llevara siempre blanqu?simo su h?bito de dominico. Cuando le dec?an que si esto no era vanidad, ?l respond?a: todo lo hago por amor a Dios y cuando llega la vanidad ya llega tarde.
Santa Catalina, cuando iba a confesar le ten?a tantas cosas que decir al confesor, que a veces ?ste se quedaba dormido y ella le despertaba diciendo: despierte padre. ?Estoy hablando con usted o con la pared? A san Jer?nimo no le importaba nada cuando las malas lenguas, que siempre las han habido, le criticaban o le levantaban calumnias; pero cuando trataban de difamar la obra que estaba haciendo, entonces se defend?a. ?Es que acaso he recibido dinero de ustedes? ?Acaso no he rechazado siempre que me den a m? algo personalmente? ?Me han o?do ustedes hablar mal de nadie o insultar a alguien?

Antonio Mar?a Hern?ndez Hern?ndez
Publicado por verdenaranja @ 16:04  | Espiritualidad
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