Lunes, 17 de julio de 2006
Homil?a del Se?or Arzobispo de Valencia en el Congreso Teol?gico-Pastoral



en el Congreso Teol?gico-Pastoral
-V Encuentro Mundial de las Familias-

Valencia, 6 julio 2006



Eminent?simos Se?ores Cardenales
Estimados hermanos en el episcopado
Queridos sacerdotes
Estimados hermanos y hermanas que particip?is en este congreso



1. La importancia del tiempo en Nazaret

No podemos entender el misterio de la vida p?blica de Jes?s sin dirigir nuestra mirada a su vida oculta en Nazaret.

Es aqu?, en el ?mbito de la vida de su familia, donde el Hijo de Dios hecho hombre ?crec?a y se fortalec?a, llen?ndose de sabidur?a; y la gracia de Dios estaba sobre ?l? (Lc 2, 40).

En Nazaret Jes?s ?viv?a sujeto a Jos? y Mar?a? (Lc 2, 51).

All? Mar?a ?conservaba cuidadosamente? en su coraz?n? todos los acontecimientos en los que se revela la identidad del Hijo de Dios hecho hombre (Lc 2, 51).

El tiempo de Nazaret forma parte del plan de salvaci?n. Su vuelta de Egipto recuerda el ?xodo y presenta a Jes?s como el liberador definitivo (cfr. CIC 530).

Los ejemplos de Mar?a, que no hab?a conocido el pecado original, y de Jos?, le acompa?an en su crecimiento.

Jes?s comparti?, durante la mayor parte de su vida, la condici?n de la inmensa mayor?a de los hombres: una vida cotidiana sin aparente importancia, vida de trabajo manual, vida religiosa jud?a sometida a la ley de Dios, vida en la comunidad (CIC 531).

Nazaret nos ense?a lo que es la familia, su comuni?n de amor, su austera y sencilla belleza, su car?cter sagrado e inviolable (cfr. Pablo VI, Discurso 5 enero 1964, en Nazaret).

El tiempo de la vida oculta no es tiempo perdido, es tiempo de gracia, es el tiempo en el que se van forjando las actitudes y las disposiciones con las que el Hijo de Dios afrontar? su misi?n.

2. El Hijo de Dios creci? en el seno de una familia

El hecho de que el Hijo de Dios, someti?ndose a las leyes del crecimiento humano, aceptara este tiempo de vida oculta y viviera la mayor parte de su vida en el seno de la familia de Nazaret, nos revela, en primer lugar el aprecio de Dios por la instituci?n familiar.

La familia humana forma parte del proyecto de Dios sobre el hombre desde el momento de la creaci?n. Es el ?mbito natural del crecimiento de las personas.

El matrimonio y la familia son un bien fundamental y un patrimonio com?n de toda la humanidad.

S?lo la familia ha sido considerada por Dios como el ?mbito humano natural de crecimiento de su Hijo.

Si Dios se hace hombre en medio de una familia normal y corriente, naciendo de una madre, Mar?a, casada con Jos?, entonces la familia es un lugar de privilegio. El ?mbito natural donde vivir los amores humanos m?s verdaderos, buenos y bellos.

A la luz de la importancia de la familia de Nazaret descubrimos tambi?n la importancia de la familia para toda persona que viene a este mundo.

La familia es el ?mbito de acogida de una nueva vida, el ?mbito donde toda persona puede llegar a alcanzar la perfecci?n de su humanidad.

En la experiencia del buen amor en familia descubrimos la manera como Dios nos ama. Dios mismo puso esas se?ales en la familia.

Ninguna instituci?n ni realidad humana puede sustituir el papel de la familia para la humanizaci?n de nuestro mundo.

El Estado no puede dar amor.

La familia s?, porque es una comunidad ?ntima de amor y de vida entre personas concretas, de la misma carne y sangre.

Contemplando c?mo Dios mira a la familia de Nazaret, a esta familia que ?l ha querido para su Hijo, descubrimos tambi?n el valor que todas las familias tienen a los ojos de Dios.

3. En Nazaret comienza el Reino de Dios

En Nazaret todo es gracia. La casa de Nazaret es lugar de recogimiento. Jes?s, Mar?a y Jos? viven una vida amistad con Dios, en medio de las dificultades y las persecuciones. Dentro de su casa todo es gracia.

De este modo, la familia de Nazaret se manifiesta como lugar privilegiado donde el Reino de Dios comienza a hacerse presente entre nosotros.

A la luz de esto podemos comprender por qu? la Iglesia, llamada a ser germen y comienzo del Reino de Dios en nuestro mundo, concede tanta importancia a la familia.

La evangelizaci?n de nuestro mundo pasa por la evangelizaci?n de la familia.

Cuando por los efectos del pecado en el coraz?n de los hombres se destruye una familia, se dificulta el crecimiento del Reino de Dios.

La fidelidad prueba el grado de verdad del amor.

La fidelidad escribe una concreta historia de vida, sacrificada en alg?n momento, pero siempre verdadera, buena y bella.

La infidelidad escribe otra vida. Roba la verdad y bondad del amor, su sinceridad y transparencia. La infidelidad impulsa a ocultar, fingir y mentir.

Hace falsas a las personas? y el reconocimiento de la falsedad se convierte en un nuevo problema.

Cuando en el seno de la familia se ense?an y transmiten las virtudes humanas y sobrenaturales, se vive una verdadera vida cristiana, se est? construyendo el Reino de Dios.

Es lo que San Pablo recuerda a los Colosenses: Revest?os de entra?as de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia? de caridad que es el v?nculo de la perfecci?n (Col 3,12).

4. Jes?s en el centro de la familia
En la familia de Nazaret hay alguien que ocupa el centro de las miradas de Mar?a y de Jos?: es el Hijo de Dios hecho hombre.

Su presencia y su persona es lo que une a Mar?a y a Jos?. El amor entre ambos se fortalece por la presencia de Jes?s.

Los hijos que Dios regala a unos padres no rompen el amor entre ellos, sino que lo fortalecen. La presencia de un nuevo ser en el seno de una familia es fuente de gracia para los padres y para los hermanos.

?Qu? gran maestro es un hijo: con solo existir ense?a a sus padres a amar!

No hay mayor poder en el mundo que el de engendrar personas humanas. Dios no confi? este poder a ning?n poder humano, ni pol?tico, ni religioso. Dios se lo confi? al var?n y a la mujer.

5. La misi?n de la familia

En Nazaret se nos revela que toda familia est? al servicio de una misi?n recibida de Dios.

Mar?a y Jos? realizan la misi?n que han recibido al servicio del Hijo de Dios y del plan de salvaci?n de los hombres. Se trata de una misi?n que viene de Dios y que, por tanto, es sagrada.

Cuando los padres besan y abrazan a sus hijos, cuando les cuidan y educan, cuando trabajan por ellos, Dios Padre les besa y abraza, les cuida y educa.

Dios es el origen de la paternidad y de la maternidad. Dios comparte los goces, dolores, sudores, alegr?as y penas, esperanzas y des?nimos, ?xitos y fracasos de la paternidad y de la maternidad.

Jesucristo es el Hijo de Dios y Hermano primog?nito nuestro. Todos somos hijos. Llevemos a Jes?s en nuestra vida de hijos hacia nuestros padres. Llevemos a Jes?s en nuestra vida de hermanos con nuestros hermanos.

Recordemos que la Virgen Mar?a es madre de Jesucristo y madre nuestra.

Toda familia est? para cumplir una misi?n. Del cumplimiento de esa misi?n depende la santidad de los esposos. Forma parte esencial de esa misi?n el acoger, servir, acompa?ar, ayudar a los hijos a que abran su coraz?n a Dios, ense?arles a amar a todos los hombres. Eso es transmitir la fe de una manera viva, con un testimonio aut?ntico.

6. Conclusi?n

Estimados hermanos: Durante estos d?as que preceden a la venida del Santo Padre, reflexionamos sobre la misi?n de la familia en la transmisi?n de la fe a los hijos.

La Eucarist?a que celebramos nos permite unir a nuestra reflexi?n la contemplaci?n. La familia de Nazaret es la escuela en la que estamos llamados a aprender.

Que Jes?s, Mar?a y Jos? bendigan a nuestras familias.

Que bajo su mirada todas las familias se sientan fortalecidas y vivan con alegr?a su misi?n.

Que as? sea.

Agust?n Garc?a-Gasco Vicente
Publicado por verdenaranja @ 23:53  | Hablan los obispos
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